376 MEDIEVAL: EL PAPEL DE LA MUJER EN EL MEDIEVO

  EL PAPEL DE LA MUJER EN EL MEDIEVO

EL PAPEL DE LA MUJER EN EL MEDIEVO
La Mujer del Medievo


La imagen de la mujer medieval callada, sumisa e inútil es al mismo tiempo tan falsa como cierta. Verdaderamente, la mujer medieval no tenía los mismos derechos que el hombre, ni se le daba el mismo crédito ni se le permitía acceder a los mismos privilegios, pero toda esta costumbre era realmente más psicológica que realista. Era más un ignorar las concesiones de dichas normas sociales que un aferramiento pétreo a las mismas. Por así decirlo, la sociedad ignoraba tanto a la mujer debido a la centralización de los valores masculinos que había un enorme vacío que otras civilizaciones como la sarracena o la griega llenaban con prejuicios y prohibiciones, pese a que la Iglesia intentara llenar este vacío.

La mujer plebeya trabajaba exactamente en lo mismo que el hombre, y viceversa. Había herreras, labriegas, barberas (que también actuaban como dentistas en la época), cereras y curtidoras como también había herreros, labriegos, tejedores y sederos, aunque se consideraba que las manos de la mujer eran más delicadas, y por tanto más adecuadas para los trabajos delicados (cardar lana, tejer sedas, hilar…). Había también artistas femeninos, ya fueran juglares, soldaderas (una mezcla entre juglares y prostitutas que acompañaban a los ejércitos), malabaristas o trovadoras (aunque en este último campo los hombres eran grandemente mayoritarios); por supuesto este trabajo debía compaginarse con el cuidado y educación de los hijos del matrimonio hasta que éstos podían ser válidos para el trabajo, el cuidado de la casa como ama de la misma y cumplir con los dereres conyugales para con el marido.

La mujer noble, por su parte, tenía una larga lista de obligaciones que debía compaginar con su propia posición social, aunque ello no le impedía que tomara por suyos los derechos que la ley y la iglesia se empecinaban en quitarles. Una dama de la nobleza debía ser instruída en las Sagradas Escrituras, en la etiqueta cortesana y en historias y poemas románticos, siendo fuente de gran entretenimiento en tiempos de paz, especialmente durante los meses de invierno. Muchas eran grandes administradoras, por lo que las cuentas del castillo pasaban por sus manos, así como repartir limosna a los pobres, resolver disputas entre campesinos y llevar relaciones con la Iglesia local. Si su marido estaba ausente, la esposa era quien quedaba a cargo de toda la hacienda. No pocas castellanas sabían tanto de la defensa contra un asedio como sus maridos, y no era infrecuente que en tiempo de guerra defendieran una plaza y mandaran soldados. Muchas damas de la nobleza sabían cabalgar, cazar, usar una ballesta, lanzar una jabalina o manejar una lanza tan bien como la mayoría de los hombres. Además, muchas aprendían las artes de la medicina y la curación, y se esperaba de ellas que pudieran recomponer un hueso roto o coser una herida de espada con habilidad y fortaleza.
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