621 REGIONALISMO-ANACIONALISMO EN ANDALUCÍA


ANDALUCÍA Y EL MOVIMIENTO POLÍTICO-CULTURAL REGIONALISTA. 
BLAS INFANTE.

El deseo autonómico andaluz comienza con e la Revolución gaditana de 1868 prendió la mecha del federalismo en toda la región. El levantamiento del pueblo se frustró, pero la voluntad independentista siguió alimentándose a pesar de la constante represión del Gobierno central. La Constitución de Antequera de 1883 es un proyecto de los andalucistas que propugna el federalismo cantonal. Un concepto que años después retomaría Blas Infante 

            a.- La vertiente cultural del andalucismo.

            En la segunda mitad del Siglo XIX tuvo lugar un amplio movimiento intelectual en Andalucía en el que influyeron de forma muy importante los principios de la teoría evolucionista y el Krausismo, que favorecen un clima de renovación y abrieron la investigación científica con la aplicación de los métodos experimentales.

            El principal difusor de los principios evolucionistas en Andalucía fue Antonio Machado y Núñez y del Krausismo Federico de Castro. La colaboración entre ambos dio como fruto una nueva visión de la educación y de la ciencia, que quedó plasmada en la publicación de revistas como la Revista de Filosofía, Literatura y Ciencias de Sevilla o la fundación de sociedades como la Sociedad Antropológica de Sevilla y, sobre todo, el Ateneo de Sevilla, que sobresalió por la actividad desplegada en pro de la difusión del andalucismo. El Ateneo, por ejemplo, convocaba anualmente Juegos Florales que sirvieron para difundir la obra y el pensamiento de autores como Luis Montoto, Los hermanos Guichot o José María Izquierdo.

            Gracias a sus estudios, se hizo posible ir señalando los rasgos físicos definitorios de los andaluces y ponerlos en relación con la existencia de un pueblo que tiene una historia común, que vive en un marco geográfico preciso y que tiene una cultura común. Era, pues, la primera vez que se hablaba de una identidad andaluza, a partir de una serie de datos observables, que se mantenía inalterable en el tiempo y estaba por encima del desarrollo histórico y de las condiciones socio-económicas.   

            Así, en 1869, Machado y Núñez en su Cathalogus Methodicus Mammalium  ofrece una relación bastante completa de los rasgos propios del andaluz, que van desde los materiales (aspecto físico o gustos culinarios) hasta los que definen su espiritualidad (espíritu independiente, orgullo y sentido igualitario). Por su parte, Federico de Castro investigó y puso de relieve todo un mundo sobre las creaciones populares andaluzas.

            Una nueva figura del andalucismo cultural fue el hijo de Machado y Núñez, Antonio Machado y Álvarez. Sus trabajos se distinguen por su afán científico y por la profundización en las raíces de las costumbres populares. Así, en su obra Cantes Flamencos presenta a el Flamenco como un elemento definidor de la cultura andaluza.

            Los principios teóricos y metodológicos que rigen los trabajos de estos estudiosos van a formar una nueva disciplina científica: el Folclore, término que procede del inglés arcaico y que significa “saber del pueblo”. Durante años, la cultura se había asociado al conocimiento científico, olvidando que existe una sabiduría popular que no está en los libros. Machado y Álvarez sentó las bases de una sociedad nacional cuyo objetivo era estudiar la cultura popular de cada uno de los pueblos de la Península, recogiendo sus proverbios, cantares, adivinanzas, creencias y formas de expresión.

            La Sociedad del Folclore Andaluz, creada en 1881 y presidida por Machado y Álvarez, fue la primera en constituirse. Bajo su dirección, publicaron estudios sobre las formas de vida y del pensamiento popular andaluz importantes autores y se comenzó a publicar la revista el Folclore Andaluz, la más importante de su tiempo en este tipo de estudios. Por otra parte, también se crea la Biblioteca de Tradiciones Populares, que en once volúmenes recogió una muestra representativa de los trabajos de los folcloristas españoles.

            Sin embargo, este amplio movimiento cultural andalucista no logró nunca tener ninguna repercusión política, pues no conectó ni con las clases populares, ni con la burguesa. Por un lado, los campesinos estuvieron más preocupados por los problemas de la tierra y fueron ganados por el socialismo y, sobre todo, por el movimiento anarquista. Por otro, la burguesía andaluza estuvo siempre a favor del proyecto centralista impuesto por la Restauración, participando activamente en él y desdeñando cualquier movimiento autonomista.
           
            b.- La vertiente política del andalucismo. Blas Infante.

            1.- Raíces del andalucismo.

            Algunos historiadores opinan que las primeras manifestaciones anticentralistas andaluzas, de claro matiz regionalista, aparecieron con el movimiento juntero en 1835. Tuvo este movimiento especial incidencia en Cataluña, Aragón y Andalucía, donde llegó a formarse una Junta Suprema en Andujar en defensa de los campesinos andaluces de los abusos del poder central, considerada por Blas Infante como el antecedente más importante del andalucismo.

            A partir de 1880, tras los fracasos de la República Federal y el movimiento cantonalista, se produce un resurgimiento de las ideas federalistas que alcanzan importante eco en Andalucía. Claro reflejo de este resurgimiento es la Constitución de Antequera de 1883, considerada como el punto de arranque del regionalismo andaluz y en la que se pedía una amplia autonomía para Andalucía, dentro de un estado español organizado como una república federal. Con este proyecto, que no logra concretarse en la práctica, se iniciaba un frente político alternativo al centralismo del Estado. A ello, hay que añadir el desarrollo del movimiento cultural andaluz como hemos visto antes.

            En conclusión, entre 1868 y 1900 se desarrollan en Andalucía importantes movimientos culturales, políticos (cantonalismo y federalismo) y sociales (conflictos por la propiedad de la tierra y las malas condiciones laborales) que, si hubieran actuado unidos, podrían haber desembocado en la formación de una fuerza nacionalista andaluza importante. Sin embargo, la falta de unión entre ellos, así como la inexistencia de una clase social que apoyara al andalucismo, trajeron como resultado su debilidad y poca importancia. Habría que esperar a los primeros años del Siglo XX para que el andalucismo tomara fuerza e importancia.

            2.- Blas Infante.

            Nació en el pueblo malagueño de Casares en 1895, en el seno de una familia de pequeños labradores acomodados. En Casares pasó su niñez y conoció la dramática realidad del campo andaluz. Estudió derecho en Granada y se hizo notario, obteniendo su plaza en Cantillana (Sevilla) en 1906.
         Sevilla era en estos años un importante foco cultural y su Ateneo se había convertido en un foro de debate sobre temas del regionalismo andaluz. Blas Infante participó como contertulio en estos debates y publicó artículos en las revistas Bética y Andalucía entre 1913 y 1917, difundiendo sus ideas. En Sevilla conoce, también, las ideas del Georgismo, de Henry George, economista y político norteamericano, que colocaba la política agraria en el primer plano de la reforma socioeconómica de un país y de las que Infante tomará las ideas para acometer la reforma del campo andaluz.
  
            A partir de 1910, Blas Infante se fue distanciando del ambiente culturalista y poco comprometido con el andalucismo del Ateneo y comenzó la tarea de formar un movimiento andalucista en busca de la plena autonomía.

            En 1915, publica su libro El Ideal Andaluz, con el que pretendía despertar la conciencia histórica del pueblo andaluz y orientarlo hacia su liberación y emancipación. El Ideal Andaluz se va a convertir en la base del movimiento andalucista: Había que defender la idea de la existencia de una identidad propia de Andalucía y de movilizar a los andaluces para solucionar los graves problemas que tenían planteados. Para Blas Infante, el andalucismo pasaba por la recuperación espiritual y material de Andalucía y la superación de su tradicional atraso. Desde esta óptica regeneracionista, había que conseguir una Andalucía culta, industrial, orgullosa de su ser y de su historia. El movimiento andalucista de Infante, por tanto, no se opone a la integración de Andalucía en España, no es separatista, pero sí demanda una amplia autonomía y descentralización del Estado.

            En 1916, funda en Sevilla el Centro Andaluz, institución destinada a la difusión de las ideas andalucistas. Las bases del Centro quedaron reflejadas en su Manifiesto fundacional, redactado por Blas Infante, y que, entre otras cosas, recogía los siguientes objetivos: Búsqueda de la regeneración de España a través de la vía regionalista; Fortalecer y difundir el espíritu andaluz, la identidad andaluza, la conciencia de pertenencia a un pueblo; Búsqueda de soluciones a los problemas del paro, analfabetismo y mal reparto de la tierra en Andalucía.

            Estos centros se difundieron por toda Andalucía, agruparon a intelectuales y miembros de la pequeña burguesía y contribuyeron a la difusión de las ideas del andalucismo.

            Durante los años del “Trienio Bolchevique” en Andalucía, Blas Infante y sus colaboradores, preocupados por unir la cuestión regional al problema de la tierra, decidieron convocar una serie de Asambleas Regionalistas en las que se fue definiendo el programa político y económico del andalucismo.

            En 1918, se celebra la Asamblea regionalista de Ronda. En ella, se defiende que el estado español debería adoptar una forma federal que conllevaría una amplia autonomía regional y municipal. Se fijaron, también, una serie de objetivos para que Andalucía progresara económica y culturalmente y dejara de ser el “país del hambre y la incultura”. Pero, lo más importante de esta Asamblea es que se fijaron los símbolos de Andalucía: La bandera verde y blanca, el himno y el escudo.
            En 1919, se celebra la Asamblea Regionalista de Córdoba. En ella se exige la plena autonomía para Andalucía y se estableció un programa económico: se pide al gobierno central una profunda reforma agraria para Andalucía basada en los principios georgistas: colectivismo, reparto de las tierras, impuesto único, socialización de las tierras..etc. También se adopta el lema de Andalucía que figuraría en el escudo: “Andalucía por si, para España y la Humanidad”.

            Podo después, la proclamación de la dictadura de Primo de Rivera provocaría una crisis en el movimiento andalucista. Fueron cerrados los Centros y clausurada la prensa de orientación andalucista. Blas Infante se “exilió” voluntariamente a Isla Cristina abandonando toda actividad política.
            Como balance de estos años hay que señalar que el andalucismo siguió siendo un movimiento minoritario, que careció del apoyo popular. Hay que tener en cuenta que en Andalucía era muy difícil llegar a un nacionalismo que uniera a todos los grupos sociales. Por otra parte, los planteamientos andalucistas eran muy idealistas, careciendo de un programa adecuado a la realidad de la región.

            La II República vigorizó el movimiento andaluz. La nueva Constitución proclamaba un estado unitario y federal, en el que se reconocían las distintas regiones y su derecho a la autonomía.

            En este marco, los centros andaluces formaron la Junta Liberalista de Andalucía presidida por Blas Infante, cuyos objetivos fueron: conseguir el Estatuto de Autonomía; fortalecer el espíritu andaluz y elevar el nivel económico y cultural de Andalucía. A pesar de la oposición de los terratenientes y de la mayoría de la burguesía, en 1932 una reunión de diputados andaluces en Sevilla elaboró las bases para un anteproyecto de Estatuto, que ,en 1933, en una Asamblea reunida en Córdoba se convirtió en el Anteproyecto de Estatuto de Autonomía para Andalucía.

 La Asamblea Regional Andaluza celebrada durante los días 30 y 31 de enero de 1933 en Córdoba. 

Un total de 215 asambleistas registrados , además de órganos oficiales y entidades que completaron un aforo de 729 individuos que asistieron a este evento andalucista en el Salón Liceo del Círculo de la Amistad. Se aprobó a duras penas las Bases para el Estatuto de Autonomía. De aquella asamblea el Círculo guarda celosamente en su biblioteca un álbum con el nombre de sus participantes, regalo de la Diputación de Sevilla como muestra de agradecimiento por la acogida dispensada a todos los representantes de las ocho provincias andaluzas. 

            La llegada de un gobierno conservador en 1933 bloqueó todo impulso autonomista, hasta la victoria del Frente Popular en febrero de 1936. En Junio de 1936, Blas Infante y la Junta Liberalista redactaron el proyecto definitivo de Estatuto que, una vez sometido a referéndum entre los andaluces, sería presentado en las Cortes españolas para su aprobación. El 15 de Julio, Blas Infante publicó su manifiesto “A todos los andaluces”, en el que defendía al Estatuto y que sería muy bien recibido por la mayoría de andaluces.
En junio de 1936, Infante es elegido presidente de la futura Junta Regional de Andalucía, pero su proyecto, que se sometería a referéndum en septiembre, pereció ante el levantamiento militar contra el Gobierno de la República, el 18 de julio.

El triunfo del Frente Popular en las elecciones legislativas de febrero de 1936 dio un fuerte impulso a la causa autonomista andaluza. El letargo de las tesis autonomistas que se había producido durante el llamado Bienio Negro (1933-1935) dio paso a unos meses de efervescencia política en los que la Junta Liberalista de Andalucía, presidida por Blas Infante Pérez, además de varios representantes de ayuntamientos y diputaciones andaluzas, hicieron posible el renacer del movimiento en pro de la autonomía andaluza, hasta tal punto que en julio de 1936 todo indicaba que el proceso estatutario quedaría concluido antes de finales de año.

            Sin embargo, el estallido de la Guerra Civil el 18 de Julio de 1936 pondría fin a las esperanzas de una Andalucía autónoma. Blas Infante sería detenido por fuerzas falangistas el 2 de Agosto, acusado de oponerse al Movimiento Nacional y de haber fundado un partido político andalucista. Sería fusilado en la noche del 10 al 11 de Agosto. No se vuelve a hablar públicamente de autonomía andaluza hasta el fin de la dictadura.

  PARA SABER MÁS, VER:
BLAS INFANTE. 125 años


AUTONOMÍA DE ANDALUCÍA

El 4 de diciembre de 1977, alrededor de millón y medio de andaluces se manifiestan en las capitales de provincia convocados por la Asamblea de Parlamentarios para demandar la autonomía.


Gran movilización por la autonomía de Andalucía que tuvo lugar en Málaga en 1977.

 (Foto: EL MUNDO)

El Pacto de Antequera de 4 de diciembre de 1978 aúna la voluntad de todos los partidos para lograr el mayor margen de autonomía en el menor tiempo posible.

El Decreto-ley 11/1978 instituye la Junta de Andalucía. Presidida por el Partido Socialista desde 1979, esta junta preautonómica persigue ser considerada 'histórica' como País Vasco, Galicia y Cataluña para lograr el mismo nivel competencial.

Sin embargo, como en 1936 no se llegó a celebrar referéndum, el Gobierno de UCD la equipara con la mayoría por la vía del artículo 143 de la Constitución.

Para alcanzar su techo competencial deberían transcurrir al menos cinco años. Andalucía, herida históricamente en su orgullo, no se conforma con quedar relegada a la segunda fila, y el 28 de febrero de 1980 organiza un referéndum con el fin de apuntalar su postura y lograr plenas competencias.

A pesar de la enrevesada pregunta: pronunciarse sobre «la ratificación de la iniciativa prevista en el artículo 151 de la Constitución a efectos de su tramitación por el procedimiento establecido en dicho artículo»

Todas las provincias, Cádiz, Córdoba, Granada, Huelva, Jaén, Málaga y Sevilla, menos Almería, ratifican su alineación con las pretensiones autonómicas. Se desbloquea así el acceso de Andalucía a la autonomía por la vía del artículo 151, mediante una modificación de la Ley Orgánica de Modalidades de Referéndum.

Los Acuerdos Autonómicos de 1981, suscritos por UCD y PSOE, resuelven no sólo el problema andaluz, sino que buscan una solución para el conjunto de autonomías, aunque la equiparación última difiere en el tiempo según cada caso.

El 11 de enero de 1982 se publica en el BOE como Ley Orgánica 6/ 1981 el Estatuto de Autonomía de Andalucía con un elevado —y peleado— ámbito competencial en base al artículo 151, por lo que hasta el momento no se ha producido ninguna reforma estatutaria.

En 2007 se procedió a la reforma del Estatuto de Autonomía de Andalucía, en cuyo preámbulo pasó a definirse a la comunidad como una realidad nacional, término que se corresponde en la Constitución Española de 1978 con el de nacionalidad histórica, de igual forma que era definida indirectamente en el anterior estatuto de autonomía

PARA SABER MÁS, VER:
HIS-ESP-ANDALUCIA-XXI

VEMOS CINE:

Una Pasión Singular


Ficha técnica
Director. Antonio Gonzalo
Año:2003, Duración: 104 min.

SINOPSIS

Agosto del 36. Durante el doloroso peregrinar de Blas Infante de prisión en prisión, siempre al borde de la muerte, aparecen las imágenes que cruzan su mente: retazos de su propio pasado, figuras, recuerdos, ensoñaciones... En medio de la oscuridad, del hacinamiento, de aquellos días terribles de fratricidas luchas, frustratorias de vidas y esperanzas; en medio de todas esas sombras aparece, en un contrapunto conceptual, la brillantez de una serie de escenas de cuidada plasticidad, libres de la esclavitud que imponen el tiempo y el espacio, y libres también de la brutal separación entre lo real y lo imaginado. Se trata de una visión global no solo de la figura de Blas Infante, sino también de su época y de todo aquello a lo que dedicó su vida.

 Una pasion singular  - El Criticon

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 CINE EN TUS CIENCIAS SOCIALES


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HIS-ESP-XIX-regionalismos
HIS-ESP-XX-ANDALUCÍA
GEOGRAFIA-DESCRIPTIVA-ESPAÑA-ANDALUCIA
HIS-ESP-ANDALUCIA-XXI
ANDALUCÍA (HIS-ESP-AND)

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