748 AMBITO SOCIOLINGUÍSTICO. PROYECTO: EL ARTE DE CREAR CULTURA




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Este es un espacio de trabajo educativo pensado especialmente para vosotros. Es una plataforma  interactiva donde se desarrolla toda una serie de Actividades del ámbito de las Ciencias Sociales. Observarán además que cada actividad va enlazada a una serie de apuntes que os ayudarán a reforzar vuestro aprendizaje. 
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AMBITO  SOCIOLINGUÍSTICO. 

PROYECTO: EL ARTE DE CREAR CULTURA



Durante el presente curso trataremos diferentes proyectos de trabajo y talleres.. Espero que te sean sugerentes y motivadores. Todos son interesantes. Y sin darnos cuenta, nuestras capacidades se irán desarrollando y alcanzaremos las competencias deseadas. ¡Animo! Os deseo un feliz curso de aprendizaje

  


CONTENIDOS
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APUNTES


Antes de empezar, recuerda que vamos a trabajar con diferentes Talleres.  Las temáticas se irán desarrollado en cada bloque propuesto



En este enlace tendrás una Guía inicial de dichos talleres. que poco a poco, irenmos desarrollando





1ª EVALUACIÓN


BLOQUE 7

T1. Descripciones

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Taller ortografía: Dictado.
LENGUA: TALLER DE LECTURA. NOS EXAMINAMOS
ORTOGRAFÍA: REGLAS
-Mayúsculas y puntuación. Acentos

T2. Un día en la vida

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Taller literario:
Cómo aprender a redactar bien

T3. Itinerarios

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LA SALIDA DE CAMPO. ITINERARIOS GEOGRÁFICOS.


Taller ortografía: Dictado.
LENGUA: TALLER DE LECTURA. NOS EXAMINAMOS
ORTOGRAFÍA: REGLAS
-normas ortograficas.

T2-El curriculum vitae 
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Curriculum Vitae Paso a Paso - YouTube
http://www.gipe.ua.es/es/como-hacer-un-curriculum-vitae-ejemplo
Para qué vale tu currículo (si es que sirve)

- TALLER DE GRAMÁTICA:
   La estructura de la oración: sujeto y predicado
   Predicado nominal y predicado verbal

   Análisis sintáctico - Sintaxis - 


T3. La entrevista de trabajo.
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20 Preguntas y Respuestas en una Entrevista de Trabajo
Entrevista de Trabajo: Los Errores más Frecuentes en la Entrevista

T4. La literatura Medieval

TALLER DE LITERATURA
- Los registros lingüísticos

2ª EVALUACIÓN


BLOQUE 9

T1.Argumentar

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texto argumentativo y el ensayo

Taller ortografía: Dictado.

Taller ortografía: Dictado.
LENGUA: TALLER DE LECTURA. NOS EXAMINAMOS
ORTOGRAFÍA: REGLAS


T2. Las modalidades oracionales. El sintagma nominal.

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TALLER DE GRAMÁTICA

-Análisis sintáctico - Sintaxis -  El sintagma nominal.

- Comparaciones. El adjetivo: Funciones

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Comparar las diferencias entre hombres y mujeres


T3. La literatura Renacimiento

TALLER DE LITERATURA


BLOQUE 10

T1. Los medios de comunicación 

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Cortometraje: Una Vida Social¿Son las Redes Sociales el Principal medio de Comunicación Hoy?
Influencia de las redes sociales en la comunicación verbal y no verbal

EL PODER DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

  Taller ortografía: Hacemos un periódico
LENGUA: TALLER DE LECTURA. NOS EXAMINAMOS
ORTOGRAFÍA: REGLAS

T.2Leer un periódico 

Taller de Gramática:- TALLER DE GRAMÁTICA:

-El verbo y los tiempo verbales
El Verbo, modos y tiempos verbales
-El sintagma verbal
El Sintagma Verbal - Análisis sintáctico Lengua Española sintaxis
SINTAGMA VERBAL EJEMPLO. ANALISIS SINTÁCTICO  Análisis sintáctico - Sintaxis -

 T. La literatura : El Barroco

TALLER DE LITERATURA


3ª EVALUACIÓN



BLOQUE 11
A VIAJAR

T1. Antes de hacer las maletas

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-La comunicación-
-Funciones del lenguaje
-Defensa del Andaluz - Discurso de Jose Maria Perez Orozco
-
Habla andaluza: la identidad lingüística de Andalucía
-SIEMPRE NOS QUEDARÁ CÓRDOBA mundoficcion  
-PARA SABER MÁS, VER: ---ITINERARIO DESCUBRIR CÓRDOBA.

VEMOS CINE:
Porque cada Película es un Viaje. Porque convertimos nuestros Viajes en Películas. Porque utilizamos las películas de nuestra vida para viajar, para soñar, para seguir soñando fuera de la pantalla.
-Viaje a la Luna,Georges Méliès, 1902
-El viaje de Arlo
-Lios viajes de Gulliver
-2001: Odisea Espacial
-Alicia en el país de las Maravillas
-El viaje de tu vida
PARA SABER MÁS, VER: Enseñar a través del cine. Historia, Territorio y Cultura.
CINE EN TUS CIENCIAS SOCIALES
CINE-GEO



-Taller ortografía: Dictado.

VEMOS CINE:
En busca del fuego. Jean-Jacques Annaud 1981
-Modificadores del predicado los circunstanciales 

T3. Durante el viaje.
Cómo hacer una carta informal

- SMS, correo electrónico, chat, blog, etc
Comunicación electrónica-

VEMOS CINE:
-Cristobal Colon

T4. Viajes de papel

VEMOS CINE
El Viaje Mas Largo

Literatura: Romanticismo/Realismo

TALLER DE LITERATURA
- Fernández Moratín: El sí de las niñas 
- Galdós. Misericordia


BLOQUE 12
AHORA TE TOCA A TI. LA CLASE INVERTIDA.

Elige un bloque temático de los expuestos, realiza una presentación y expón en la clase.

T1. El Cómic

Una historieta es una serie de dibujos que constituyen un relato, con o sin texto, así como al medio de comunicación en su conjunto.

-ART-COMIC

"La princesa Leia estableció la importancia del mensaje cuando en uno de ellos pidió ayuda a Luke Skywalker, siendo éste su "única esperanza".  Con este sello Correos como la princesa Leia que quiere hacer que los mensajes de los españoles lleguen a su destino. Este sello de correos se caracteriza por su efecto 3D, una ilusión óptica que hace pensar que el sello está en movimiento según desde el ángulo en el que sea visto."

Taller ortografía: Dictado.
 LENGUA: TALLER DE LECTURA. NOS EXAMINAMOS
ORTOGRAFÍA: REGLAS

 T2. Érase una vez.

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  La narración 
 -oral o escrita, en prosa o en verso-
cuenta con numerosas modalidades: novelas, cuentos, biografías...

"Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.

Lo dejo suelto, y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas... Lo llamo dulcemente: «¿Platero?», y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal...
Come cuanto le doy. Le gustan las naranjas mandarinas, las uvas moscateles, todas de ámbar, los higos morados, con su cristalina gotita de miel...
Es tierno y mimoso igual que un niño, que una niña...; pero fuerte y seco por dentro, como de piedra. Cuando paso sobre él, los domingos, por las últimas callejas del pueblo, los hombres del campo, vestidos de limpio y despaciosos, se quedan mirándolo: Tiene acero. Acero y plata de luna, al mismo tiempo."
El cine.También son narraciones las películas

De la misma forma que un texto está formado por enunciados y estos por palabras, una película está formada por secuencias y estas por planos.
  • El cine también es un acto de comunicación.
  • El cine es un arte por eso también utiliza recursos y tiene su propio lenguaje.
    • Posición de la cámara: panorámica, travelling, picado y contrapicado.
    • Planos: plano general o primerísimo primer plano.
  • Géneros cinematográficos: western, comedia, cine de aventuras, musical, documental, de terror, ciencia ficción, histórico.
  • El cine también es una técnica. Es una obra colectiva en la que intervienen: productores, guionistas, actores, técnicos de montaje...
VEMOS CINE

La literatura española del S. XX 
TALLER DE LITERATURA

- Historia de una escalera,  ANTONIO BUERO VALLEJO
- La Colmena. CELA

T3. Poesía eres tú
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La lírica. ¿Qué es poesía? 
  Composición literaria que se concibe como expresión artística
de la belleza por medio de la palabra,
 en especial aquella que está sujeta a la medida 
y cadencia del verso
- Rasgos esenciales del texto lírico:
 Expresión de sentimientos.
 Visión personal de la realidad.
Abundancia de recursos expresivos.
Características del verso: medida y rima.
Licencias que afectan a la medida de los versos.
Normas de la rima
Clasificación de las estrofas:
- por el contenido: sátira, oda y elegía.
- por la forma. Cómo son los tipos de versos y estrofas

Recursos retóricos. 

Figuras literarias o retóricas 
FIGURAS RETÓRICAS(1)
FIGURAS RETÓRICAS (2) 
FIGURASRETÓRICAS ( y 3)



T4. Ser o no ser
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El género teatral.


 Pertenecen a él las obras que se transmiten mediante la representación por lo que carecen de narrador.
Lo más importante en ellas son los personajes.

El texto teatral.
Característica principal el diálogo (monólogo).
Las acotaciones son orientaciones para la representación.
Las posibles divisiones en el texto teatral son los actos, las escenas y los cuadros.
Actos. Generalmente son tres y corresponden a los tres momentos de la acción: el planteamiento, en que se inicia el conflicto; el nudo, en que se desarrolla y complica, y el desenlace, en que se prepara el final.
Escenas. Son los fragmentos de la obra en que participan los mismos personajes.
Cuadros. Son las partes de una obra teatral que se desarrollan en un mismo escenario. 
El espectáculo teatral.
 Son necesarios un local, unos actores y una escenografía.
La tramoya o escenografía es el conjunto de materiales que se utilizan en una representación teatral: decorado, vestuario e iluminación.
Subgéneros teatrales.

Tragedia.
Comedia.
Drama.
- TALLER DE GRAMÁTICA:
Análisis sintáctico - Sintaxis -
Tipos de oraciones simples
Tipos de oraciones compuestas
Oraciones Subordinadas y sus clases: sustantivas, adjetivas o de relativo y adverbiales
                                                                                                                   
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PARA SABER MÁS, VER:
http://permanente.ced.junta-andalucia.es/educacion/permanente/materiales/index.php?etapa=2&materia=7#space
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CUADERNO DE TAREAS

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Ver Boletines trimestre 1ºVer Boletines trimestre 2º


Para comenzar, recuerda las siguientes 

TÉCNICAS DE ESTUDIO

Pulsa en el enlace que te muestro. Una vez dentro del programa sigue los siguientes pasos:

CONSEJOS Y TÉCNICAS DE ESTUDIO

Asimismo, podemos iniciar nuestro Blog particular. En él irás insertando las actividades propuestas-. Lo titularás con tu nombre, e indicarás que son las propuesta de tareas de los diferentes proyectos de lengua presentado.

    



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NOS EXAMINAMOS 
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EVALUACIÓN INICIAL
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  ¿Sabes más de Lengua y Literatura que un alumno de Primaria?


  DICTADO


"- ¿Y que pasó con Moby Dick?.
- Estuvimos detrás de ella durante mucho tiempo, y sólo al cabo de unos meses me enteré que era famosa por su ferocidad.
- ¿La has visto alguna vez?.
- Sí, un par de veces nos hemos cruzado con ella. Pero me he mantenido al margen. ¡Al diablo las ballenas asesinas!. No quiero arriesgar ninguna vida para cazarla, a pesar de que significaría mucho para mí y para el barco. Usted opina de otra manera, ¿no es cierto?.
- Yo tengo la obsesión de cazarla y vengarme. ¿Dónde la vio por última vez?.
- Cerca del archipiélago de Madeira. Se dirigía hacia el Este.
- Gracias.
Y sin añadir otra palabra gritó a sus marineros para que le bajasen al bote. Volvió inmediatamente a su barco, el Pequod, y ordenó poner rumbo al Este. No tardó el Pequod en conectar con un banco de
ballenas, pero pasarían meses antes de volver a ver a Moby Dick."
(Adaptado de Herman Melville)


A. ¿Qué significa...?:
-feroz
-archipiélago
- rumbo
B.  Comenta sobre qué trata.
C. Tu profesor te corregirá las faltas. Debes a continuación indicar por qué es falta
 


2. Escribe un relato a partir de la siguiente viñeta (10 líneas)


Ros, 18.5.15




3. Explica brevemente qué entiendes por:

-Lenguaje verbal y no verbal
-Lenguaje oral y escrito
- Las funciones del lenguaje


4. ¿Qué  es una oración y de qué partes consta?

5.–¿Cuándo llevan tilde las palabras esdrújulas?

a) Cuando terminan en vocal, -s o -n
b) Siempre
c) Cuando no terminan en vocal, -s o -n

6.–¿En qué sílaba tienen las palabras agudas su sílaba tónica?


a) En la primera
b) En la última
c) En la penúltima

7.– ¿Sabrías decir a qué obras medievales pertenecen estos personajes y realizar una pequeñas reseña de qué tratan cada una de ellas?


a) Rodrígo Díaz de Vivar
b) Calixsto y Melibea
c) Sancho Panza

8.  ¿Conoces a  los autores de Córdoba,? ¿ Reconoces los contextos literarios que hablen de córdoba? Pon ejemplos para realizar una Guía literaria de Córdoba


...
La mayor parte de los mortales, Paulino, se queja a una voz de la malicia de la naturaleza porque se nos ha engendrado para un período escaso, porque el espacio de tiempo que se nos da transcurre tan veloz, tan rápidamente que, con excepción de unos pocos, casi todos los demás quedan inhabilitados ya en la propia preparación de la vida. Y ante este mal, que según creen es general, no solloza solamente la masa y el vulgo necio, también este mismo sentimiento ha sacado quejas de personajes esclarecidos.

 Viene de ahí aquella proclama del más grande de los médicos de que la vida es breve,
la ciencia larga

 ...

«Yo he intimidado mucho con mujeres y conozco tantos de sus secretos, que apenas habrá nadie que los sepa mejor, porque me crié en su regazo y crecí en su compañía, sin conocerá nadie más que a ellas.... me enseñaron el Alcorán, me recitaron no pocos versos y me adiestraron a tener buena letra...» 

«No olvidé nada de lo que en ellas vi. Acaso por esto nació en mí una intensa desconfianza contra las mujeres, y la mala opinión que las tengo, que se ha hecho congénita en mi alma».

... 

-Cuatro cosas no pueden ser escondidas durante largo tiempo: la ciencia, la estupidez, la riqueza y la pobreza.


-Quien habla de cosas que no le atañen, escucha cosas que no le gustan. -Cuando se usan símbolos, cada tipo de personas, demostrativas, dialécticas o retóricas deben tratar de entender el sentido interior simbolizado o el restarle al contenido con el aparente sentido, de acuerdo a sus capacidades.
 ---

¡Oh excelso muro, oh torres coronadas
De honor, de majestad, de gallardía!
¡Oh gran río, gran rey de Andalucía,
De arenas nobles, ya que no doradas!

¡Oh fértil llano, oh sierras levantadas,
Que privilegia el cielo y dora el día!
¡Oh siempre glorïosa patria mía,
Tanto por plumas cuanto por espadas!

Si entre aquellas rüinas y despojos
Que enriquece Genil y Dauro baña
Tu memoria no fue alimento mío,

Nunca merezcan mis ausentes ojos
Ver tu muro, tus torres y tu río,
Tu llano y sierra, ¡oh patria, oh flor de España!


 ...
Era D. Calixto un caballerete cordobés, gracioso, bien plantado y con algunos bienes de fortuna.
Muchas mocitas solteras de Sevilla, donde él estaba estudiando, se afanaban por ganar su voluntad y conquistarle para marido; pero la empresa era harto difícil.
Don Calixto, y no sin fundamento, pasaba por un desaforado mariposón, seductor y picaruelo. Iba revoloteando siempre de muchacha en muchacha, como las abejas y las mariposas revolotean de flor en flor, liban la miel y sólo por breves instantes se posan en algunas.
La linda señorita D.ª Eufemia tuvo más maña y arte que otras y logró hacer en el corazón de nuestro héroe la herida amorosa más profunda que hasta  entonces había traspasado sus entretelas llegando a lo más vivo.
Él, sin embargo, como travieso que era, si bien ponderaba a la niña su mucho amor y le pedía y aun le suplicaba que de aquel mal le curase, siempre hablaba de la cura, pero no del cura.
Acudía a hablar por la reja con la señorita doña Eufemia; le aseguraba que tenía por culpa de ella, en su lastimado pecho, no uno sino media docena de volcanes en erupción; le rogaba que apagase sus incendios y que mitigase sus estragos, y lo que es de casamiento no decía ni daba jamás palabra.
Así se pasaban meses y meses; los novios pelaban la pava todas las noches sin faltar una; pero el asunto permanecía siempre sin adelantar, ni por el lado de la buena fin, ni tampoco por el lado de la mala.
Cuando él excitaba a su novia para que no se hiciese de pencas y fuese generosa y se ablandase y cediese, ella, o se enojaba porque él le faltaba al respeto y mostraba que no tenía por ella estimación, o bien derramaba amargas lágrimas y exhalaba suspiros y quejas considerándose ofendida. Con mil variantes, porque tenía fácil palabra y sabía decir una misma cosa de mil modos diversos, la niña solía contestar sobre poco más o menos lo que sigue:
-¡Huy, huy, Sr. D. Calixto! ¿Qué es lo que usted me propone? En el silencio de la noche, en la más profunda soledad, nunca estamos solos: Dios nos mira; Dios está presente y no podemos ni debemos ofender a Dios. Mi honra, además, está pura e inmaculada; está por cima de todo; hasta por cima del inmenso amor que usted ha logrado inspirarme. Y vamos... ¿qué diría usted de mí si yo en lo más mínimo faltase a mi deber, echase a rodar mi decoro y me olvidase de la honestidad y del recato con que me ha criado mi cristiana y severa madre? ¡Jesús, María y José! La cara se me caería de vergüenza si yo fuese liviana. Con sobrada razón me despreciaría usted entonces. Haría usted muy bien en abandonarme y en huir de mí como de una criatura depravada y viciosa.
En fin, D.ª Eufemia, con estas y otras frases se defendía todas las noches muy lindamente, aunque, para no descontentar al novio y retenerle cautivo, te otorgaba de vez en cuando y en sazón oportuna, tal cual favorcito, delicado, puro y semiplatónico, como, por ejemplo, abandonarle una de sus blancas y suaves manos, para que él la besase, la acariciase y la tuviese apretada entre las suyas, llegando, en algunos momentos de muy fervorosa pasión, a acercar ella, por entre los hierros de la reja, la virginal y tersa frente, a fin de que él, sin detenerse mucho y al vuelo, pusiese en ella los labios, imprimiendo un ósculo casi místico, con veneración devota, como quien besa una reliquia.
En suma, D.ª Eufemia lo manejó todo tan bien, que D. Calixto, cada día más deseoso y emberrenchinado, acabó por hablar del cura y por proponer el casamiento.
Ella, que no deseaba otra cosa, se mostró llena de gratitud y de amor. A pesar de todo y a pesar de la grande impaciencia que D. Calixto manifestaba, D.ª Eufemia redobló su austeridad y nunca quiso consentir en favores de más cuenta que los aquí mencionados hasta que al novio y a ella les echase el cura las bendiciones.
Llegó al cabo el suspirado día. El cura se las echó. Don Calixto y D.ª Eufemia fueron marido y mujer.
Aquella noche, muy tarde, casi ya de madrugada, D. Calixto dijo enternecidísimo a su adorada esposa:
-Bien hiciste, dueño mío, en no ceder a mis ruegos. Yo te adoro, pero, si hubieras cedido, hubiera dejado de adorarte, te hubiera despreciado y te hubiera plantado.
Ella, al oír esto, hizo a su marido mil amorosas y conyugales caricias, murmurando palabras ininteligibles y como quien reza. Tal vez daba gracias al cielo por el triunfo que habían obtenido su honestidad y su recato.
Hay, sin embargo, quien asegura que lo que ella dijo entre dientes y él no pudo entender fue:
Grandísimo tonto, pues por eso no cedí yo antes, porque ya había cedido a siete y los siete me habían plantado.
- See more at: http://albalearning.com/audiolibros/valera/delosescarmentados.html#sthash.dZPrX7rt.dpuf
Era D. Calixto un caballerete cordobés, gracioso, bien plantado y con algunos bienes de fortuna.
Muchas mocitas solteras de Sevilla, donde él estaba estudiando, se afanaban por ganar su voluntad y conquistarle para marido; pero la empresa era harto difícil.
Don Calixto, y no sin fundamento, pasaba por un desaforado mariposón, seductor y picaruelo. Iba revoloteando siempre de muchacha en muchacha, como las abejas y las mariposas revolotean de flor en flor, liban la miel y sólo por breves instantes se posan en algunas.
La linda señorita D.ª Eufemia tuvo más maña y arte que otras y logró hacer en el corazón de nuestro héroe la herida amorosa más profunda que hasta  entonces había traspasado sus entretelas llegando a lo más vivo.
Él, sin embargo, como travieso que era, si bien ponderaba a la niña su mucho amor y le pedía y aun le suplicaba que de aquel mal le curase, siempre hablaba de la cura, pero no del cura.
Acudía a hablar por la reja con la señorita doña Eufemia; le aseguraba que tenía por culpa de ella, en su lastimado pecho, no uno sino media docena de volcanes en erupción; le rogaba que apagase sus incendios y que mitigase sus estragos, y lo que es de casamiento no decía ni daba jamás palabra.
Así se pasaban meses y meses; los novios pelaban la pava todas las noches sin faltar una; pero el asunto permanecía siempre sin adelantar, ni por el lado de la buena fin, ni tampoco por el lado de la mala.
Cuando él excitaba a su novia para que no se hiciese de pencas y fuese generosa y se ablandase y cediese, ella, o se enojaba porque él le faltaba al respeto y mostraba que no tenía por ella estimación, o bien derramaba amargas lágrimas y exhalaba suspiros y quejas considerándose ofendida. Con mil variantes, porque tenía fácil palabra y sabía decir una misma cosa de mil modos diversos, la niña solía contestar sobre poco más o menos lo que sigue:
-¡Huy, huy, Sr. D. Calixto! ¿Qué es lo que usted me propone? En el silencio de la noche, en la más profunda soledad, nunca estamos solos: Dios nos mira; Dios está presente y no podemos ni debemos ofender a Dios. Mi honra, además, está pura e inmaculada; está por cima de todo; hasta por cima del inmenso amor que usted ha logrado inspirarme. Y vamos... ¿qué diría usted de mí si yo en lo más mínimo faltase a mi deber, echase a rodar mi decoro y me olvidase de la honestidad y del recato con que me ha criado mi cristiana y severa madre? ¡Jesús, María y José! La cara se me caería de vergüenza si yo fuese liviana. Con sobrada razón me despreciaría usted entonces. Haría usted muy bien en abandonarme y en huir de mí como de una criatura depravada y viciosa.
En fin, D.ª Eufemia, con estas y otras frases se defendía todas las noches muy lindamente, aunque, para no descontentar al novio y retenerle cautivo, te otorgaba de vez en cuando y en sazón oportuna, tal cual favorcito, delicado, puro y semiplatónico, como, por ejemplo, abandonarle una de sus blancas y suaves manos, para que él la besase, la acariciase y la tuviese apretada entre las suyas, llegando, en algunos momentos de muy fervorosa pasión, a acercar ella, por entre los hierros de la reja, la virginal y tersa frente, a fin de que él, sin detenerse mucho y al vuelo, pusiese en ella los labios, imprimiendo un ósculo casi místico, con veneración devota, como quien besa una reliquia.
En suma, D.ª Eufemia lo manejó todo tan bien, que D. Calixto, cada día más deseoso y emberrenchinado, acabó por hablar del cura y por proponer el casamiento.
Ella, que no deseaba otra cosa, se mostró llena de gratitud y de amor. A pesar de todo y a pesar de la grande impaciencia que D. Calixto manifestaba, D.ª Eufemia redobló su austeridad y nunca quiso consentir en favores de más cuenta que los aquí mencionados hasta que al novio y a ella les echase el cura las bendiciones.
Llegó al cabo el suspirado día. El cura se las echó. Don Calixto y D.ª Eufemia fueron marido y mujer.
Aquella noche, muy tarde, casi ya de madrugada, D. Calixto dijo enternecidísimo a su adorada esposa:
-Bien hiciste, dueño mío, en no ceder a mis ruegos. Yo te adoro, pero, si hubieras cedido, hubiera dejado de adorarte, te hubiera despreciado y te hubiera plantado.
Ella, al oír esto, hizo a su marido mil amorosas y conyugales caricias, murmurando palabras ininteligibles y como quien reza. Tal vez daba gracias al cielo por el triunfo que habían obtenido su honestidad y su recato.
Hay, sin embargo, quien asegura que lo que ella dijo entre dientes y él no pudo entender fue:
Grandísimo tonto, pues por eso no cedí yo antes, porque ya había cedido a siete y los siete me habían plantado.
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Era D. Calixto un caballerete cordobés, gracioso, bien plantado y con algunos bienes de fortuna.
Muchas mocitas solteras de Sevilla, donde él estaba estudiando, se afanaban por ganar su voluntad y conquistarle para marido; pero la empresa era harto difícil.
Don Calixto, y no sin fundamento, pasaba por un desaforado mariposón, seductor y picaruelo. Iba revoloteando siempre de muchacha en muchacha, como las abejas y las mariposas revolotean de flor en flor, liban la miel y sólo por breves instantes se posan en algunas.
La linda señorita D.ª Eufemia tuvo más maña y arte que otras y logró hacer en el corazón de nuestro héroe la herida amorosa más profunda que hasta  entonces había traspasado sus entretelas llegando a lo más vivo.
Él, sin embargo, como travieso que era, si bien ponderaba a la niña su mucho amor y le pedía y aun le suplicaba que de aquel mal le curase, siempre hablaba de la cura, pero no del cura.
Acudía a hablar por la reja con la señorita doña Eufemia; le aseguraba que tenía por culpa de ella, en su lastimado pecho, no uno sino media docena de volcanes en erupción; le rogaba que apagase sus incendios y que mitigase sus estragos, y lo que es de casamiento no decía ni daba jamás palabra.
Así se pasaban meses y meses; los novios pelaban la pava todas las noches sin faltar una; pero el asunto permanecía siempre sin adelantar, ni por el lado de la buena fin, ni tampoco por el lado de la mala.
Cuando él excitaba a su novia para que no se hiciese de pencas y fuese generosa y se ablandase y cediese, ella, o se enojaba porque él le faltaba al respeto y mostraba que no tenía por ella estimación, o bien derramaba amargas lágrimas y exhalaba suspiros y quejas considerándose ofendida. Con mil variantes, porque tenía fácil palabra y sabía decir una misma cosa de mil modos diversos, la niña solía contestar sobre poco más o menos lo que sigue:
-¡Huy, huy, Sr. D. Calixto! ¿Qué es lo que usted me propone? En el silencio de la noche, en la más profunda soledad, nunca estamos solos: Dios nos mira; Dios está presente y no podemos ni debemos ofender a Dios. Mi honra, además, está pura e inmaculada; está por cima de todo; hasta por cima del inmenso amor que usted ha logrado inspirarme. Y vamos... ¿qué diría usted de mí si yo en lo más mínimo faltase a mi deber, echase a rodar mi decoro y me olvidase de la honestidad y del recato con que me ha criado mi cristiana y severa madre? ¡Jesús, María y José! La cara se me caería de vergüenza si yo fuese liviana. Con sobrada razón me despreciaría usted entonces. Haría usted muy bien en abandonarme y en huir de mí como de una criatura depravada y viciosa.
En fin, D.ª Eufemia, con estas y otras frases se defendía todas las noches muy lindamente, aunque, para no descontentar al novio y retenerle cautivo, te otorgaba de vez en cuando y en sazón oportuna, tal cual favorcito, delicado, puro y semiplatónico, como, por ejemplo, abandonarle una de sus blancas y suaves manos, para que él la besase, la acariciase y la tuviese apretada entre las suyas, llegando, en algunos momentos de muy fervorosa pasión, a acercar ella, por entre los hierros de la reja, la virginal y tersa frente, a fin de que él, sin detenerse mucho y al vuelo, pusiese en ella los labios, imprimiendo un ósculo casi místico, con veneración devota, como quien besa una reliquia.
En suma, D.ª Eufemia lo manejó todo tan bien, que D. Calixto, cada día más deseoso y emberrenchinado, acabó por hablar del cura y por proponer el casamiento.
Ella, que no deseaba otra cosa, se mostró llena de gratitud y de amor. A pesar de todo y a pesar de la grande impaciencia que D. Calixto manifestaba, D.ª Eufemia redobló su austeridad y nunca quiso consentir en favores de más cuenta que los aquí mencionados hasta que al novio y a ella les echase el cura las bendiciones.
Llegó al cabo el suspirado día. El cura se las echó. Don Calixto y D.ª Eufemia fueron marido y mujer.
Aquella noche, muy tarde, casi ya de madrugada, D. Calixto dijo enternecidísimo a su adorada esposa:
-Bien hiciste, dueño mío, en no ceder a mis ruegos. Yo te adoro, pero, si hubieras cedido, hubiera dejado de adorarte, te hubiera despreciado y te hubiera plantado.
Ella, al oír esto, hizo a su marido mil amorosas y conyugales caricias, murmurando palabras ininteligibles y como quien reza. Tal vez daba gracias al cielo por el triunfo que habían obtenido su honestidad y su recato.
Hay, sin embargo, quien asegura que lo que ella dijo entre dientes y él no pudo entender fue:
Grandísimo tonto, pues por eso no cedí yo antes, porque ya había cedido a siete y los siete me habían plantado.
- See more at: http://albalearning.com/audiolibros/valera/delosescarmentados.html#sthash.dZPrX7rt.dpuf
 
Era D. Calixto un caballerete cordobés, gracioso, bien plantado y con algunos bienes de fortuna.
Muchas mocitas solteras de Sevilla, donde él estaba estudiando, se afanaban por ganar su voluntad y conquistarle para marido; pero la empresa era harto difícil.
Don Calixto, y no sin fundamento, pasaba por un desaforado mariposón, seductor y picaruelo. Iba revoloteando siempre de muchacha en muchacha, como las abejas y las mariposas revolotean de flor en flor, liban la miel y sólo por breves instantes se posan en algunas.
La linda señorita D.ª Eufemia tuvo más maña y arte que otras y logró hacer en el corazón de nuestro héroe la herida amorosa más profunda que hasta  entonces había traspasado sus entretelas llegando a lo más vivo.
Él, sin embargo, como travieso que era, si bien ponderaba a la niña su mucho amor y le pedía y aun le suplicaba que de aquel mal le curase, siempre hablaba de la cura, pero no del cura.
Acudía a hablar por la reja con la señorita doña Eufemia; le aseguraba que tenía por culpa de ella, en su lastimado pecho, no uno sino media docena de volcanes en erupción; le rogaba que apagase sus incendios y que mitigase sus estragos, y lo que es de casamiento no decía ni daba jamás palabra.
Así se pasaban meses y meses; los novios pelaban la pava todas las noches sin faltar una; pero el asunto permanecía siempre sin adelantar, ni por el lado de la buena fin, ni tampoco por el lado de la mala.
Cuando él excitaba a su novia para que no se hiciese de pencas y fuese generosa y se ablandase y cediese, ella, o se enojaba porque él le faltaba al respeto y mostraba que no tenía por ella estimación, o bien derramaba amargas lágrimas y exhalaba suspiros y quejas considerándose ofendida. Con mil variantes, porque tenía fácil palabra y sabía decir una misma cosa de mil modos diversos, la niña solía contestar sobre poco más o menos lo que sigue:
-¡Huy, huy, Sr. D. Calixto! ¿Qué es lo que usted me propone? En el silencio de la noche, en la más profunda soledad, nunca estamos solos: Dios nos mira; Dios está presente y no podemos ni debemos ofender a Dios. Mi honra, además, está pura e inmaculada; está por cima de todo; hasta por cima del inmenso amor que usted ha logrado inspirarme. Y vamos... ¿qué diría usted de mí si yo en lo más mínimo faltase a mi deber, echase a rodar mi decoro y me olvidase de la honestidad y del recato con que me ha criado mi cristiana y severa madre? ¡Jesús, María y José! La cara se me caería de vergüenza si yo fuese liviana. Con sobrada razón me despreciaría usted entonces. Haría usted muy bien en abandonarme y en huir de mí como de una criatura depravada y viciosa.
En fin, D.ª Eufemia, con estas y otras frases se defendía todas las noches muy lindamente, aunque, para no descontentar al novio y retenerle cautivo, te otorgaba de vez en cuando y en sazón oportuna, tal cual favorcito, delicado, puro y semiplatónico, como, por ejemplo, abandonarle una de sus blancas y suaves manos, para que él la besase, la acariciase y la tuviese apretada entre las suyas, llegando, en algunos momentos de muy fervorosa pasión, a acercar ella, por entre los hierros de la reja, la virginal y tersa frente, a fin de que él, sin detenerse mucho y al vuelo, pusiese en ella los labios, imprimiendo un ósculo casi místico, con veneración devota, como quien besa una reliquia.
En suma, D.ª Eufemia lo manejó todo tan bien, que D. Calixto, cada día más deseoso y emberrenchinado, acabó por hablar del cura y por proponer el casamiento.
Ella, que no deseaba otra cosa, se mostró llena de gratitud y de amor. A pesar de todo y a pesar de la grande impaciencia que D. Calixto manifestaba, D.ª Eufemia redobló su austeridad y nunca quiso consentir en favores de más cuenta que los aquí mencionados hasta que al novio y a ella les echase el cura las bendiciones.
Llegó al cabo el suspirado día. El cura se las echó. Don Calixto y D.ª Eufemia fueron marido y mujer.
Aquella noche, muy tarde, casi ya de madrugada, D. Calixto dijo enternecidísimo a su adorada esposa:
-Bien hiciste, dueño mío, en no ceder a mis ruegos. Yo te adoro, pero, si hubieras cedido, hubiera dejado de adorarte, te hubiera despreciado y te hubiera plantado.
Ella, al oír esto, hizo a su marido mil amorosas y conyugales caricias, murmurando palabras ininteligibles y como quien reza. Tal vez daba gracias al cielo por el triunfo que habían obtenido su honestidad y su recato.
Hay, sin embargo, quien asegura que lo que ella dijo entre dientes y él no pudo entender fue:
Grandísimo tonto, pues por eso no cedí yo antes, porque ya había cedido a siete y los siete me habían plantado.
Era D. Calixto un caballerete cordobés, gracioso, bien plantado y con algunos bienes de fortuna.
Muchas mocitas solteras de Sevilla, donde él estaba estudiando, se afanaban por ganar su voluntad y conquistarle para marido; pero la empresa era harto difícil.
Don Calixto, y no sin fundamento, pasaba por un desaforado mariposón, seductor y picaruelo. Iba revoloteando siempre de muchacha en muchacha, como las abejas y las mariposas revolotean de flor en flor, liban la miel y sólo por breves instantes se posan en algunas.
La linda señorita D.ª Eufemia tuvo más maña y arte que otras y logró hacer en el corazón de nuestro héroe la herida amorosa más profunda que hasta  entonces había traspasado sus entretelas llegando a lo más vivo.
Él, sin embargo, como travieso que era, si bien ponderaba a la niña su mucho amor y le pedía y aun le suplicaba que de aquel mal le curase, siempre hablaba de la cura, pero no del cura.
Acudía a hablar por la reja con la señorita doña Eufemia; le aseguraba que tenía por culpa de ella, en su lastimado pecho, no uno sino media docena de volcanes en erupción; le rogaba que apagase sus incendios y que mitigase sus estragos, y lo que es de casamiento no decía ni daba jamás palabra.
Así se pasaban meses y meses; los novios pelaban la pava todas las noches sin faltar una; pero el asunto permanecía siempre sin adelantar, ni por el lado de la buena fin, ni tampoco por el lado de la mala.
Cuando él excitaba a su novia para que no se hiciese de pencas y fuese generosa y se ablandase y cediese, ella, o se enojaba porque él le faltaba al respeto y mostraba que no tenía por ella estimación, o bien derramaba amargas lágrimas y exhalaba suspiros y quejas considerándose ofendida. Con mil variantes, porque tenía fácil palabra y sabía decir una misma cosa de mil modos diversos, la niña solía contestar sobre poco más o menos lo que sigue:
-¡Huy, huy, Sr. D. Calixto! ¿Qué es lo que usted me propone? En el silencio de la noche, en la más profunda soledad, nunca estamos solos: Dios nos mira; Dios está presente y no podemos ni debemos ofender a Dios. Mi honra, además, está pura e inmaculada; está por cima de todo; hasta por cima del inmenso amor que usted ha logrado inspirarme. Y vamos... ¿qué diría usted de mí si yo en lo más mínimo faltase a mi deber, echase a rodar mi decoro y me olvidase de la honestidad y del recato con que me ha criado mi cristiana y severa madre? ¡Jesús, María y José! La cara se me caería de vergüenza si yo fuese liviana. Con sobrada razón me despreciaría usted entonces. Haría usted muy bien en abandonarme y en huir de mí como de una criatura depravada y viciosa.
En fin, D.ª Eufemia, con estas y otras frases se defendía todas las noches muy lindamente, aunque, para no descontentar al novio y retenerle cautivo, te otorgaba de vez en cuando y en sazón oportuna, tal cual favorcito, delicado, puro y semiplatónico, como, por ejemplo, abandonarle una de sus blancas y suaves manos, para que él la besase, la acariciase y la tuviese apretada entre las suyas, llegando, en algunos momentos de muy fervorosa pasión, a acercar ella, por entre los hierros de la reja, la virginal y tersa frente, a fin de que él, sin detenerse mucho y al vuelo, pusiese en ella los labios, imprimiendo un ósculo casi místico, con veneración devota, como quien besa una reliquia.
En suma, D.ª Eufemia lo manejó todo tan bien, que D. Calixto, cada día más deseoso y emberrenchinado, acabó por hablar del cura y por proponer el casamiento.
Ella, que no deseaba otra cosa, se mostró llena de gratitud y de amor. A pesar de todo y a pesar de la grande impaciencia que D. Calixto manifestaba, D.ª Eufemia redobló su austeridad y nunca quiso consentir en favores de más cuenta que los aquí mencionados hasta que al novio y a ella les echase el cura las bendiciones.
Llegó al cabo el suspirado día. El cura se las echó. Don Calixto y D.ª Eufemia fueron marido y mujer.
Aquella noche, muy tarde, casi ya de madrugada, D. Calixto dijo enternecidísimo a su adorada esposa:
-Bien hiciste, dueño mío, en no ceder a mis ruegos. Yo te adoro, pero, si hubieras cedido, hubiera dejado de adorarte, te hubiera despreciado y te hubiera plantado.
Ella, al oír esto, hizo a su marido mil amorosas y conyugales caricias, murmurando palabras ininteligibles y como quien reza. Tal vez daba gracias al cielo por el triunfo que habían obtenido su honestidad y su recato.
Hay, sin embargo, quien asegura que lo que ella dijo entre dientes y él no pudo entender fue:
Grandísimo tonto, pues por eso no cedí yo antes, porque ya había cedido a siete y los siete me habían plantado.
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Muchas mocitas solteras de Sevilla, donde él estaba estudiando, se afanaban por ganar su voluntad y conquistarle para marido; pero la empresa era harto difícil.
Don Calixto, y no sin fundamento, pasaba por un desaforado mariposón, seductor y picaruelo. Iba revoloteando siempre de muchacha en muchacha, como las abejas y las mariposas revolotean de flor en flor, liban la miel y sólo por breves instantes se posan en algunas.
La linda señorita D.ª Eufemia tuvo más maña y arte que otras y logró hacer en el corazón de nuestro héroe la herida amorosa más profunda que hasta  entonces había traspasado sus entretelas llegando a lo más vivo.
Él, sin embargo, como travieso que era, si bien ponderaba a la niña su mucho amor y le pedía y aun le suplicaba que de aquel mal le curase, siempre hablaba de la cura, pero no del cura.
Acudía a hablar por la reja con la señorita doña Eufemia; le aseguraba que tenía por culpa de ella, en su lastimado pecho, no uno sino media docena de volcanes en erupción; le rogaba que apagase sus incendios y que mitigase sus estragos, y lo que es de casamiento no decía ni daba jamás palabra.
Así se pasaban meses y meses; los novios pelaban la pava todas las noches sin faltar una; pero el asunto permanecía siempre sin adelantar, ni por el lado de la buena fin, ni tampoco por el lado de la mala.
Cuando él excitaba a su novia para que no se hiciese de pencas y fuese generosa y se ablandase y cediese, ella, o se enojaba porque él le faltaba al respeto y mostraba que no tenía por ella estimación, o bien derramaba amargas lágrimas y exhalaba suspiros y quejas considerándose ofendida. Con mil variantes, porque tenía fácil palabra y sabía decir una misma cosa de mil modos diversos, la niña solía contestar sobre poco más o menos lo que sigue:
-¡Huy, huy, Sr. D. Calixto! ¿Qué es lo que usted me propone? En el silencio de la noche, en la más profunda soledad, nunca estamos solos: Dios nos mira; Dios está presente y no podemos ni debemos ofender a Dios. Mi honra, además, está pura e inmaculada; está por cima de todo; hasta por cima del inmenso amor que usted ha logrado inspirarme. Y vamos... ¿qué diría usted de mí si yo en lo más mínimo faltase a mi deber, echase a rodar mi decoro y me olvidase de la honestidad y del recato con que me ha criado mi cristiana y severa madre? ¡Jesús, María y José! La cara se me caería de vergüenza si yo fuese liviana. Con sobrada razón me despreciaría usted entonces. Haría usted muy bien en abandonarme y en huir de mí como de una criatura depravada y viciosa.
En fin, D.ª Eufemia, con estas y otras frases se defendía todas las noches muy lindamente, aunque, para no descontentar al novio y retenerle cautivo, te otorgaba de vez en cuando y en sazón oportuna, tal cual favorcito, delicado, puro y semiplatónico, como, por ejemplo, abandonarle una de sus blancas y suaves manos, para que él la besase, la acariciase y la tuviese apretada entre las suyas, llegando, en algunos momentos de muy fervorosa pasión, a acercar ella, por entre los hierros de la reja, la virginal y tersa frente, a fin de que él, sin detenerse mucho y al vuelo, pusiese en ella los labios, imprimiendo un ósculo casi místico, con veneración devota, como quien besa una reliquia.
En suma, D.ª Eufemia lo manejó todo tan bien, que D. Calixto, cada día más deseoso y emberrenchinado, acabó por hablar del cura y por proponer el casamiento.
Ella, que no deseaba otra cosa, se mostró llena de gratitud y de amor. A pesar de todo y a pesar de la grande impaciencia que D. Calixto manifestaba, D.ª Eufemia redobló su austeridad y nunca quiso consentir en favores de más cuenta que los aquí mencionados hasta que al novio y a ella les echase el cura las bendiciones.
Llegó al cabo el suspirado día. El cura se las echó. Don Calixto y D.ª Eufemia fueron marido y mujer.
Aquella noche, muy tarde, casi ya de madrugada, D. Calixto dijo enternecidísimo a su adorada esposa:
-Bien hiciste, dueño mío, en no ceder a mis ruegos. Yo te adoro, pero, si hubieras cedido, hubiera dejado de adorarte, te hubiera despreciado y te hubiera plantado.
Ella, al oír esto, hizo a su marido mil amorosas y conyugales caricias, murmurando palabras ininteligibles y como quien reza. Tal vez daba gracias al cielo por el triunfo que habían obtenido su honestidad y su recato.
Hay, sin embargo, quien asegura que lo que ella dijo entre dientes y él no pudo entender fue:
Grandísimo tonto, pues por eso no cedí yo antes, porque ya había cedido a siete y los siete me habían plantado.
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...
 
 "Me voy convencido de que estoy en Córdoba", murmuró Quintín, y entró en el paseo de Gran Capitán, tomó después por la calle de Gondomar hasta las Tendillas, y de aquí, como si el día anterior hubiera pasado por aquellas calles, se plantó en su casa.

Lugares y calles que permanecen igual.

  ... Pasaron por cerca de San Nicolás de la Villa, y tomaron por la calle de Concepción, hacia la Puerta de Gallegos.

  Soplaba un viento fuerte, que hacía que persianas y balcones golpearan con estrépito.

  -¿En dónde está esa taberna? -preguntó Springer.

  -Aquí mismo -contestó Quintín-. Ésta es la calle del Niño Perdido, sin salida; no es la nuestra. Esta otra, la de los Ucedas, tampoco es la que buscamos.

  Dieron unos cuantos pasos.

  -Ésta es la calle del Bodegoncillo -dijo Quintín-, y aquí está la taberna.
 ...
  
Clara Ribalta, durante veinticinco años, es la hermana Nazaret dentro de un asilo de ancianos en Córdoba. Después, un deslumbrador descubrimiento de su intimidad la transformará de nuevo en Clara Ribalta. Las afueras de Dios trata del itinerario físico y espiritual de esa mujer, que vive y ama hasta la muerte y más allá. El amor es el alimento único de su cuerpo y de su alma, ya que ambos son inseparablemente ella. El amor en muchas de sus manifestaciones: el divino, con su noche oscura, y también el humano; el que asciende a las cumbres más altas y el que se entrega con la entrega del cuerpo; el amor franciscano a todas las criaturas y, sobre los demás, el amor a los ancianos, que configura su vida entera. Su experiencia, en el convento y fuera de él, le ha permitido comprender que es imposible amar a los hombres en Dios: hay que amar a Dios en los hombres; que los otros no son el infierno: los otros son precisamente Dios.
...
“Amanece en las calles. Córdoba se despierta.
Ya es de día. Te amo.
Ya van camino del río los areneros
con sus palas, sus asnos.
El invierno se va. La niebla se disuelve
en torno de los álamos.
Crecido viene el río como mi corazón.
Tu recuerdo desborda como el río mi vida,
inundándola toda con sus aguas violentas
donde flotan almiares, animales que aúllan,
negros troncos de árboles y despojos y ruedas.
Oh tú que una mañana -se diría esta misma-
paseaste conmigo, de mi brazo, mirando
los rojos remolinos estrellarse en el puente
que custodia impasible un arcángel de mármol.
Todo era igual. Diríase que no ha cambiado nada.
En San Francisco tocan las campanas a misa.
La Posada del Potro ha abierto ya sus puertas
y hay en el suelo paja que cayó de los carros,
y labriegos, y mulos que beben en la fuente.
Todo es igual. Diríase que no ha cambiado nada.
Amanece y te amo. Aún es Córdoba bella...
Tu casa está cerrada. ¿Me esperas todavía?
¿Duermes, o acaso esperas que llegue hasta tu puerta?”
Imposible. Aquel tiempo ya pasó para siempre.
Pero dime que todo es una pesadilla.
Dime que no han pasado los años, amor mío.
Dime que no has dejado de amarme, dulce amiga
---

Este año " Nadie escapa a la poesía" en Córdoba- Llega Cosmopoética. Vuelve la poesía a la ciudad. En realidad nunca se fue. Córdoba es poesía, sus generaciones de poetas, sus poemas volando a través de los siglos, en íntimos rincones, en cada calle de la ciudad. Cosmopoética se desarrolla en Córdoba porque la poesía ja sido el alimento para ser, comunicarse y relacionarse de las generaciones  de cordobeses.
...
"Mi madre poeta y además recita que te mueres, mi abuelo era poeta (mas flamenco), mi padre es poeta (hace ripios) y yo también tengo mis momentos poéticos y además me gusta. ¡Yo sí que puedo decir que no me escapo de la poesía! En micasa todo el mundo hace poesía y rimada. A esto también hay que sumarle la músca que también es poesía. ¡Nadie escapa a la poesía!"


Textos: -Seneca, Ibn Hazm. Averroes, Góngora, Pio -Baroja, Valera, Grupo Cántico,  Gala, Cosmopoética, Rakel Winchester


9. ¿A qué edad debemos dejar a los estudiantes ir solos al colegio?.

Redacta unas 5 líneas dando posibles razones ( Debe incluir alguna oración con CD, CI, CC, verbos en pasado, presente y futuro)

10 - Contesta a las preguntas y envíalas al correo electrónico de tu profesor (Competencia digital)



PARA SABER MÁS, VER:




BLOG ALUMNOS:

1º ESO LENGUA COMPESATORIA,  CURSO 2010

Lolarodriguez2014.blogspot.es
pilararroyo.blogspot.es
elenablog2014.blogspot.es
chaymaamani.blogspot.es/

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