171 NACIONALISMOS/REGIONALISMOS ESPAÑA


           La irrupción de los Regionalismo y de los Nacionalismo (se diferencian en la radicalidad de sus posiciones)  es uno de los hechos más característicos del período de la Restauración y, con el tiempo, uno de los fenómenos más importantes del siglo XX español.
  • Los nacionalismos periféricos surgen a finales del siglo XIX en la Restauración, como reacción a los profundos cambios que estaba viviendo España  (políticos, económicos y sociales) y a la centralización que impuso el sistema canovista. El desarrollo del nacionalismo es parte de un proceso similar que afecta a toda Europa a nivel político y cultural. En un principio domina el carácter cultural, posteriormente se impone el carácter político, por lo que aumenta su importancia. El gran desarrollo nacionalista era indicativo de un problema que adquirió gran importancia en estos años; la identidad de España, especialmente después de la crisis del 98.
  • Estos nacionalismo y regionalismos van a surgir en  los territorios forales y en regiones rurales menos desarrolladas como Andalucía y Galicia. Los movimientos nacionalistas catalanes y vascos fueron los más importantes, precisamente las zonas más desarrolladas y más independientes económicamente.   
  • Dos posturas se manifestaron entre sus filas

    Regionalismo: que aspiraba a la creación de instituciones propias o a la consecución de cierta autonomía administrativa en el marco de una mayor descentralización con un mayor uso de la lengua propia. Casos gallego o andaluz
    Nacionalismo: radicalización de las propuestas anteriores con vistas a la consecución de mayores cotas de poder político que llegaban incluso a la independencia. En ambos casos dominaron dos tendencias contrapuestas, la conservadora y liberal, partidaria de recuperar los antiguos fueros, y la progresista, federal y republicana.                  


NACIONALISMO CATALÁN


surgido durante el Sexenio con un corte federalista y republicano, evolucionaría hacia otro tipo más conservador, rural y tradicionalista.

Se extendió esencialmente entre la burguesía y el campesinado. Tras una primera etapa de carácter cultural (Renaixença), el nacionalismo catalán evoluciona hacia posturas más políticas. 

Previo: entre 1707 y 1714 la dinastía borbónica trata como tierras conquistadas en
guerra de sucesión a reinos de corona de Aragón: abole por decretos de Nueva
Planta los fueros de  Cataluña, Valencia y Mallorca en castigo por apoyar

al archiduque Carlos. Es política de unificación y castellanización de leyes, cargos
e idioma.
1.- Orígenes: dos teorías históricas, la de Solé Tura, que el nacionalismo expresa intereses de burguesía industrial y comercial de finales del XIX, y que se expresa en proyecto de Prat de la Riba; y la de Termes, que hay un catalanismo popular constante que brota en el s. XIX de modo anticentralista y federal, y a esto se une la actividad de intelectuales y luego los intereses de la burguesía. Corrientes que convergen en catalanismo:
  • a) Renaixença: recuperación cultural y lingüística a través de poesía y del cultivo de la historia. En 1833, la “Oda a la Pàtria” de B. C. Aribau. Poemas de J. Rubió i Ors, Lo Gaiter del Llobregat, desde 1843. En 1859 se restauran Jocs Florals. Se asienta literatura en catalán desde años setenta.Obras de J. Verdaguer, A. Guimerá y Narcís Oller. Así, la cultura fue un elemento integrador del catalanismo. 
  • b) Republicanismo federal: personalidad diferenciada de Catalunya. Líder, Valentí Almirall publica el periódico El Estado Catalán en 1870, y crea la Jove Catalunya, disuelta en 1875. Importancia del sexenio democrático, 1868-73 y de la I República. 
  • c) Carlismo, vigatanisme: guerra carlista de 1872 a 76 con bandera de fueros. Surten la corriente tradicionalista del catalanismo político posterior, tienen su centro en Vic, sede del obispado y con revistas como “La Veu de Montserrat” (vigatans=habitantes de comarca de Vic). El ideario de este sector lo expresa Torras i Bages, “La tradició catalana” (1892) que establece ecuación entre catalán y católico. Este espíritu se trasplanta desde 1890 al semanario barcelonés La Veu de Catalanya y dará apoyos a
    la tendencias conservadoras del catalanismo. 
  • d) Industrialización: en la Restauración se consolida burguesía industrial con intereses propios y comienza inmigración y proletarización. Alejada del catalanismo hasta finales del s. XIX, cuando capta su fuerza electoral. 
 
2.- Catalanismo político: nace con la Restauración y el forjador es Valentí Almirall que reorienta el federalismo hacia el catalanismo: en 1879 funda el primer periódico en catalán, Diari Catalá, y en 1880 el I Congreso Catalanista, con objetivos interclasistas; más tarde abandona el partido federal y crea el Centre Catalá que promovió en 1885 el “Memorial de Greuges” ante el rey para defender intereses morales y económicos de Cataluña; en 1886 Almiral publica la obra Lo catalanisme: meta de crear frente interclasista catalán para conseguir autonomía política.
  • En 1882, Valentí Almirall crea el Centre Catalá, organización política que reivindicaba la autonomía y denunciaba el caciquismo de la España de la Restauración.
  • La burguesía se haría con su control a través de la “Unió Catalanista” (1891) y su propuesta descentralizadora de las “Bases de Manresa” (1892), el primer catalanismo que incluía un proyecto de Estatuto de Autonomía, que reclama la soberanía de Cataluña dentro del Estado; proceso luego culminado por la Lliga Regionalista” de Francesc Cambó y Prat de la Riba en 1901
  • Su manifestación cultural sería el “modernismo”. Este nacionalismo tendrá un carácter conservador y burgués, no siendo hasta 1917 que aparece el Partit Republicà Català de Companys y la Esquerra Catalana, que acabarán uniendo en Esquerra Republicana de Catalunya, que desplazará a la Lliga en 1931.
  FUENTE: PEDABAGON 
Cataluña y España .

Estás son las fechas clave que han marcado la convivencia entre la comunidad catalana y el resto de España en los últimos 300 años

Decretos de Nueva Planta (1716)

En concreto, desde que el 11 de septiembre de 1714, Barcelona cayera en manos de las tropas borbónicas de Felipe V, tras un año y dos meses de asedio.

Dos años después de la caída de Barcelona en manos de las tropas borbónicas, los Decretos de Nueva Planta, del 16 de enero de 1716, abolieron la gran mayoría de las instituciones catalanas. Con la aprobación del Consejo de Castilla, se suprimieron las Cortes y el Consejo de Ciento, el idioma oficial de la administración dejó de ser el catalán y se impuso castellano (aplicándose obligatoriamente en escuelas y juzgados) y se establecieron nuevos impuestos sobre las propiedades, beneficios del trabajo, la industria o el comercio. A esto, según otros autores, hay que sumar una represión sistemática que abocó al exilio a más de 25.000 catalanes.

Un estado catalán… de dos días (1873)

El 5 de Marzo de 1873 fue proclamado por sorpresa el Estado catalán. Un pequeño éxito de catalanismo que duró sólo dos días y fue aplastado por la fuerza. Periódicos como La Correspondencia de España « informaban de que «16.000 voluntarios han declarado independiente el Estado catalán y preso a las autoridades».
La Revista política asegurando que aún faltaba que «se formen del mismo modo estados semi-independientes o independientes, por donde quiera. Luego surgirán las rivalidades entre ciudad y ciudad por la capitalidad de cada Estado, entre provincia y provincia por ser independientes unas de otras, y no formar un estado mismo; y hasta entre villa y villa y aldea y aldea».
Pero no se trataba de una proclamación de independencia realmente, sino federalista republicana promovida por la burguesía que utilizó el independentismo como modo de presión. Antes de que el 7 de septiembre la sublevación fuera aplastada, se habló de formar un gobierno provisional que convocaría elecciones a las Cortes catalanas y la disolución del ejército español en la región.

Primera manifestación (1901)

Se trata probablemente de la primera manifestación verdaderamente independentista de Cataluña. Fue convocada por Lluís Marsans i Sola junto con varias asociaciones como «Catalunya i Avant». La marcha acabó ante el monumento de Rafael Casanova, uno de los considerados mártires de aquella caída de Barcelona de 1714 que, en contra de lo que algunos creen, murió 30 años después en su cama.
Tras colocar una corona de flores sobre el monumento de Casanova, igual que se hace en la actualidad, se produjeron enfrentamientos con la policía en la que resultaron detenidas más de 30 personas. Esto provocó que se fundaran nuevas sociedades de apoyo a los presos y se convocaran manifestaciones de protesta que llegaron a concentrar a más de 12.000 personas. Fue el mismo año en el que entraron en las Cortes españolas los primeros diputados catalanistas, a los que se vio entonces como una amenaza que podría convertir a Cataluña en la nueva Cuba, por sus deseos de abandonar una patria maltrecha como aquella tras el desastre del 98.

La Mancomunidad catalana (1914)

Las diferencias en torno al termino «nación» y Cataluña estaban a la orden del día desde años antes. Enric Prat de la Riba impulsó, desde que asumió su cargo en la presidencia de la Diputación Provincial de Barcelona en 1907, el proyecto de integrar por primera vez a las cuatro diputaciones en un instrumento de autogobierno. En 1913, el político conservador Eduardo Dato autorizó la unión de estas, pero con fines puramente administrativos. Y el 6 de abril de 1914, se constituyó finalmente la Mancomunidad bajo la presidencia de Prat de la Riba.
Constaba de una Asamblea General con 96 diputados y un Consejo permanente, que incluía nada menos que las consejerías de Caminos y Puertos, Cultura e Instrucción, Agricultura y Servicios Forestales, Beneficencia y Sanidad, Obras Hidráulicas y Ferrocarriles, Teléfonos, Política Social y Hacienda. Es cierto que carecía de capacidad legislativa y recursos propios, pero desarrolló una importante labor de cohesión en torno al catalanismo.

Proyecto de Estatuto catalán (1919)

Fue aprobado por la Mancomunidad el 24 de febrero de 1919 y votado a favor por más del 98% de los ciudadanos (2.076.251 de los 2.099.218 consultados). Pero el conflicto de intereses entre el Gobierno catalán y el español pusieron freno a este primer proyecto de Estatuto, que fue descartado finalmente por Miguel Primo de Rivera tras el golpe de Estado de 1923.
Fue otro de los momentos de tensión entre Cataluña y España, debido al apoyo no sólo de los partidos catalanes, sino de radicales como Alejandro Lerroux o socialistas como Largo caballero, además de varias entidades cívicas y corporaciones tales como el Centro Regionalista Andaluz, el F.C. Barcelona o el Bloque Regionalista Castellano.

Referéndum de 1931

En las Cortes Constituyentes de 1931, durante la Segunda República, sumergió con fuerza el debate. El nuevo estatuto, que otorgaba a Cataluña un amplio autogobierno, fue todo un éxito para los catalanistas, aprobado en referéndum por más del 99% de los votantes, primero, y por las Cortes españolas, después, con 314 a favor y 24 en contra.
Pero los enfrentamientos no tardaron en llegar. Para los catalanistas, aquel primer Estatuto rebajaba las pretensiones originales del proyecto, que en vez de declarar que «Cataluña era un Estado autónomo dentro de la República española», establecía que «Cataluña se constituye en región autónoma dentro del Estado español». Aún así, creían que era un paso importante para la «emancipación de la patria catalana». Entre los partidarios del Estado unitario, en cambio, provocó una profunda alarma, pues creían que España se desintegraba.
 Niceto Alcalá Zamora, presidente de la República, había traicionado sus propios principios otorgándole a Cataluña tantos poderes. Con la llegada Franco, como era de esperar, el estatuto fue suprimido de inmediato.

 Cataluña y España: hitos de una relación históricamente complicada

 Estudiantes contra Maciá, 1932,ABC

Un millón de manifestantes (1977)

Bajo los últimos años del Franquismo, los autonomismos renacieron con fuerza. Tanto que, durante la Diada de 1977, un millón de personas se manifestaron en Barcelona pidiendo el retorno de las instituciones de autogobierno. Era la segunda fiesta nacional catalana que se pudo celebrar tras la muerte del dictador. «Más de un millón de gargantas y una sola voz: ¡autonomía!»,.
Tuvo un eco extraordinario entre la prensa nacional y extranjera, : «Por primera vez en la historia de los últimos cuarenta años, las emisoras barcelonesas no transmitieron en la tarde del domingo ningún espacio deportivo. La Diada nacional de Cataluña había conseguido movilizar al pueblo catalán de forma insospechada, demostrando claramente su voluntad de recuperar la autonomía».

Estatuto del Sau (1979)

El estatuto catalán de 1979 fue la siguiente fecha clave, aprobado en referéndum por un 88% de los votos, aunque con una abstención por encima del 40%. «Tanto el referéndum del Estatuto de 1932 como el de 1979 tienen en común que el pueblo catalán demuestra que desea autogobernarse», dijo Josep Tarradellas, primer presidente de la Generalitat, después de ver aprobado el texto con Adolfo Suárez como presidente del Gobierno.

Estatuto catalán de 2006

En 2003, un nuevo estatuto volvió despertar la tensión entre Cataluña y España, sobre todo después de que Zapatero, por entonces candidato a la presidencia, prometiera su apoyo al nuevo texto si ganaba las elecciones. El primer artículo, que proclamaba que «Cataluña es una nación», fue aprobado en 2005 con el aval de todos los partidos catalanes a excepción del Partido Popular, que quería definir a la comunidad autónoma como «nacionalidad» y no como «nación».
Con algunas diferencias sustanciales, sobre todo en lo referente a la financiación, el texto fue aprobado con el 73,24% de los votos en un referéndum que contó con una participación de tan sólo el 48,85%.
Finalmente, en el Congreso, en 2006, se sacó adelante con 189 diputados a favor y 154 en contra. Muy lejos de aquella proporción de 314-24 de 1932. Aunque la llama, a juzgar por los últimos episodios, parece que sigue muy viva.

  La multitudinaria manifestación independentista de la última Diada (septiembre 2012) o la intención del Parlamento catalán de declarar proximamente un Estado propio no son más que el último episodio de las complicadas relaciones que han mantenido Cataluña y España en los últimos 300 años.
abc.es, ISRAEL VIANA, 24/09/2012 



NACIONALISMO VASCO

El caso vasco, aun cuando el nacionalismo se construyó sobre una tradición cargada de mitos, los mismos se encontraban ya profundamente enraizados en la historia

A principios del siglo XVII, en la segunda parte apócrifa del Guzmán de Alfarache, un lacayo vizcaíno, “apasionado de su hidalguía y de su tierra”, suelta un interminable discurso sobre la excepcionalidad de Vizcaya. No faltan en él la idea de la independencia originaria, los fueros como expresión de su libertad y de la nobleza de sus habitantes, la limpieza de sangre protegida al impedir el avecindamiento de moros y judíos, la exaltación de la lengua, ni siquiera el recuerdo de la batalla de Padura, luego llamada Arrigorriaga por sus peñas tintas en sangre de los leoneses que quisieron conquistar Vizcaya.

En 1892 el libro-manifiesto de Sabino Arana Goiri, Bizkaya por su independencia
Los fueros se convierten en leyes viejas,legitimación de la independencia; la pureza de sangre se aplicará contra los inmigrantes maketos; el euskera y la religión han de verse liberados de la contaminación española. Pero el mensaje de guerra, ahora refrescado por las guerras carlistas, constituye el núcleo de la propuesta, con el árbol de Guernica por emblema, como ya lo fuera en la perorata del lacayo, de una “Vizcaya libre, soberana y sin señor”. Horizonte luego ampliado a Euskadi y al conjunto de Euskal Herria.
Se confirmó el nacionalismo finisecular como heredero inmediato del carlismo; pero el impacto de la industrialización en Vizcaya, con sus consecuencias de traslación de poder, y cambios demográficos y culturales, hizo que el sentimiento agónico —el ill da euskera!, ha muerto el vascuence, del poeta Arrese y Beitia— sirviera de impulso al nacionalismo agresivo de Sabino Arana

En el País Vasco surge una corriente de recuperación de la cultura vasca. El proceso de industrialización favorece la llegada de numerosos inmigrantes provenientes de otras regiones del país, lo que supone la ruptura de la sociedad tradicional vasca. 

Como reacción, se fortalece una corriente de defensores de la cultura y la lengua vascas (euskeros), contrarios al proceso de “españolización” por la llegada de trabajadores de otras partes de la Península.

1.- Orígenes: tiene tres peculiaridades:
  • a) importancia del fuerismo que se mantiene hasta 1839 y, en la práctica, bajo el Estado liberal hasta 1868; 
  • b) peso de la tradición carlista
  • c) frustración que supuso la abolición de los fueros en 1876. Así, la integración en el Estado liberal fue problemática, extraña.
Precedentes o bases sobre el que se erige el nacionalismo:
  • Reivindicó la defensa de los fueros perdidos y rechazó el proceso de industrialización porque facturaba y erosionaba la sociedad tradicional vasca. 
  • Identificó el capitalismo y el centralismo con lo español y señaló a los inmigrantes o maketos como los culpables de la degeneración de la raza vasca a causa del mestizaje. 
  • A partir de 1898, el nacionalismo osciló entre el independentismo radical y la integración autónoma dentro de España. 
  • En cierto sentido como continuador del carlismo, al suprimir la Restauración en 1876 parte de su antiguo régimen foral (servicio militar, iguales impuestos, supresión de algunas instituciones), el fuerismo es el primer movimiento regionalista vasco. A este fenómeno se unió el rápido proceso de industrialización unido a la emigración. 
  • Ello llevó a la creación por Sabino Arana en 1895 el Partido Nacionalista Vasco, cuyo objetivo era recuperar la conciencia nacional y hacer posible la independencia de Euskalerría. Tuvo pues un perfil mucho más conservador, tradicionalista y rural, apoyándose en la reivindicación de:
    •  los fueros perdidos, 
    • el rechazo del liberalismo y de la industrialización, que asociaban a la inmigración y el Estado centralista,
    •  y tuvo un carácter marcadamente católico
    • La impronta de Arana lo hizo moverse entre el independentismo radical, de base étnica e incluso racista, y la integración autónoma dentro de España.

a) Persistencia del autogobierno foral: propio del Antiguo Régimen, se mantienen en 1714 por ser Navarra y Vascongadas fieles a Felipe V. Frente a reinos de corona de Aragón, no se abolen sus fueros; es una excepcionalidad con el centralismo borbónico. Se mantiene idea de unión dinástica y religiosa pero salvaguardando instituciones propias, las Juntas Generales en Vascongadas y las Cortes en Navarra. Los liberales, en las Cortes de Cádiz establecen el principio revolucionario de la igualdad para todos los territorios y ciudadanos, pero en 1814 se vuelve al absolutismo. Así, la abolición formal de los fueros no se da hasta 1833, pero el fin de la guerra carlista crea una mixtura: las diputaciones forman parte del Estado liberal, pero son las que cobran los impuestos y pactan con el Estado lo que deben entregar (conciertos económicos), mantienen el “pase foral” (derecho de veto) contra leyes del Estado y están exentos del servicio militar. El Estado, sin embargo, logra suprimir aduanas interiores, se establece la frontera con Francia en 1842, y antes con Navarra se da la Ley paccionada de 1841 por la que la Diputación foral asume tareas del Estado. Cánovas acaba con esta situación en 1876, abole los fueros, obliga al servicio militar, pero conserva desde 1878 los conciertos económicos: así, de nuevo el Estado deja de estar presente porque delega en las diputaciones el poder fiscal. Es lo que deseaba la burguesía de Bilbao y San Sebastián: suprimir el fuerismo tradicional de ideología carlista y conservar bajo nueva forma jurídica las ventajas fiscales del fuerismo, ahora adaptadas al capitalismo. Suprimidas las instituciones forales, en 1878 se fija la cuantía de las contribuciones a pagar por las tres provincias en base a conc ierto negociado entre las nuevas Diputaciones provinciales y el gobierno central. Fe un regalo del Estado: en los siguientes veinte años se desarrolló la riqueza de modo extraordinario. Esta fórmula de los conciertos era nueva, no procede el Antiguo Régimen: cada concierto se decretaba para varios años, primero el de 1878, luego el de 1887, 1894, 1906 y en 1925 se negoció para 25 años, éste fue el último.


b) Ideología foral plasmada por historiadores y literatos desde los s. XV, XVI y XVII
: se crean mitos sobre origen del pueblo vasco, su lengua y fueros para justificar persistencia de fueros y los beneficios de una supuesta hidalguía universal. Surge el vasco-iberismo, el tubalismo, la tesis de la independencia originaria de vascos, el igualitarismo y el origen pactado del Señorío de Vizcaya.
Son parte de la concepción austracista de la monarquía del s. XVI y XVII: en el s. XVIII la polémica entre regalistas y foralistas continua. El jesuita Larramendi habla de unión de señoríos vascos contra centralización borbónica. Hubo movimiento de foralistas en la guerra con la Convención francesa (1793-95) de cambiar y pactar con la República francesa. En el s. XIX, primeros nacionalistas: los vascofranceses Garat y Joseph Augustin Chaho, republicano y laico, en 1836 es el primero que ve a carlistas como patriotas luchando por independencia, e inventa leyendas románticas sobre origen de vascos. Literatura fuerista y romántica:
Zamácola, Novia de Salcedo, Vicente Arana, A. Trueba y . V. Araquistain: mantienen mitos creados en s. XV y XVI y exaltan vida bucólica del mundo ruraligualitario.


c) el carlismo: desde 1834 asumen defensa de fueros como factor de movilización de clases populares, pero sobre todo se identifica con fueros tras derrota carlista en 1876. Así, el fuerismo se radicaliza y nutre el nacionalismo. El integrista Olazábal lanza lema a fines del XIX: “Un Dios: Jaun-Goikua. Una Patria: la Vasca. Un Código: nuestros Fueros. Una Nación: la Española”. En la 3ª guerra carlista los jefes presentan a tropas liberales como invasoras castellanas.


2.- Catalización y fundación: 

El nacionalismo vasco no dedica especial atención a la recuperación del euskara, sino que los antecedentes son más políticos e ideológicos: el fuerismo y el carlismo. Desde 1876 se percibe recuperación de literatura popular en euskara, extendidas por caseríos y romerías, con los
bertsolariak. Se crean asociaciones histórico-culturales con gran contenido de reivindicación fuerista. Así, el nacionalismo es radicalización de ideología fuerista e integrista-carlista: radicalización producida por cambios sociales y económicos de las tres últimas décadas de Restauración, por la industrialización e inmigración de “maketos”: vertiginosa modernización económica de Vizcaya: entre 1877 y 1920 la población de Vizcaya crece un 215% por inmigración: se crean guetos proletarios, miseria en vivienda e higiene pública, alcoholismo, criminalidad, el sindicalismo socialista crece en este medio. Así, el nacionalismo nace entre el fuerismo y el integrismo, contra la invasión maketa (
Sabino Arana), contra clase obrera extranjera, y por eso se exalta vida rural, el anticapitalismo, la raza propia, etc. Era el descontento de pequeña burguesía y sectores campesinos afectados por rápida industrialización contra l
os no vascos –más pobres- que traen conflictos y problemas. 

De esa pequeña burguesía bilbaína procede Sabino Arana (1865- 1903): de familia carlista, escribe desde 1888 sobre historia y política, publica en 1892 “Bizcaya por su independencia” donde recrea batallas medievales de vizcaínos contra leoneses y castellanos, en 1983 funda primer periódico nacionalista, Bizkaitarra. Su ideología es mezcla de integrismo católico, romanticismo agrario, anticapitalista y antimodernizador, racismo y rechazo de inmigrantes; reivindica la “edad de oro” de un país precapitalista, cuando era independiente. Se apoya en la historia: la nación vasca es opuesta a la española y hay que recuperar independencia para conservar: raza, lengua, fueros, costumbres y personalidad histórica. El vasco es católico, y el español es impío, ateo, liberal y revolucionario: rechazo clasista de obreros. Al principio sólo se refiere a Vizcaya, luego a las tres provincias, Navarra y las vascofrancesas e inventa un nombre para todo el conjunto: Euzkadi. También inventa la ikurrina, el himno y la gramática de euskara. Su lema, el catolicismo y la independencia, de ahí el lema del PNV: Jaun-Goikua eta Lagi-Zara: Dios y Leyes Viejas. Es español lo liberal, lo socialista, y eso es extranjero. En 1893 funda el Euzkeldun Batzokija, asociación cultural en la que sólo se entraba con ocho apellidos vascos; en 1895 funda el PNV: comienzos duraos, nadie lo apoya, lo persiguen autoridades por sus violentos artículos antiespañoles en el periódico Bizkaitarra. En 1898 acuerda con fueristas del periódico Euskalduna –de la burguesía industrial, liderado por Ramón de la Sota- y entra el PNV en vía pactista: así, en 1898 Arana es elegido diputado provincial y en 1899 logran varios concejales nacionalistas en Bilbao, Bermeo, etc.
Base social en pequeña burguesía vizcaína y propietarios rurales hasta expandirse a sectores fueristas y católicos.


3.- De 1900 a 1923: articulación social y política del nacionalismo. 

Al morir S. Arana, el PNV vive sobre dos tendencias:

 a) aranistas radicales, independentistas;
b) y autonomistas del grupo de Ramón de la Sota y del Euskalduna. Programa de 1906: no por la independencia sino por la “reintegración foral”, volver a antes de 1833. Ambigüedad política que permite expansión social del PNV. Se mantiene inflexible en catolicismo, en definición racial de lo vasco (en años 30 los no nacidos en P. Vasco pueden ingresar en PNV, previa aceptación) y en mitología fuerista. Líder es Zabala articula partido entre radicales y moderados, táctica posibilista, negocia conciertos de 1905 con Madrid a favor de burguesía, en
perjuicio de consumidores. 

De 1907 a 1915 preside el PNV Luis Arana con tres objetivos:

a) consolidar estructuras del PNV: se expande por las demás provincias.
Logra poder social con la fórmula de “partido-comunidad”: actividades cotidianas ofrece a las masas un espacio de participación, encuadramiento y ejercicio de la ciudadanía. PNV realiza oferta cultural de recuperar valores autóctonos, importancia de centros vascos o batzokis, y de grupos juveniles: organizan deportes populares, fiestas, montañismo, defensa del
euskara, prensa propia y así el periódico Euzkadi es uno de los principales hasta 1936.Agrupaciones del PNV crecen de 25 en 1904 a 124 en 1923 por todas las provincias.
b) Avanzar electoralmente: el centro era Bilbao, donde logran la alcaldía en 1907, y desde 1910 obtienen de un 15 a un 32% de votos; en 1917 es la primera fuerza en diputación de Vizcaya. En Guipúzcoa logra representación municipal desde 1905 y en la diputación desde 1915, hasta
ser los primeros en 1923. En Alava es fuerza marginal. En Navarra logra concejales en 1917 y es segunda fuerza en 1922; en 1918 logran un diputado en Cortes por Pamplona hasta 1923.
c) Debate ideológico interno ante la expansión: el PNV se llamó desde 1913 Comunión Nacionalista Vasca, CNV, que acentúa su contenido de comunidad para aliarse con fuerzas católicas. Le llegan apoyos sociales de sectores conservadores que votaban a carlistas o integristas católicos, opuestos a caciquismo oficial. Se expande y al crecer surgen tensiones: el
interclasismo obliga a desplazar a Luis Arana de la cúpula de la CNV en 1915; se le acaba expulsando por predicar neutralidad en 1ª guerra mundial cuando la CNV se declara aliadófila. Se democratiza el partido y se potencia órganos centrales frente a provinciales acentuando posibilismo estratégico. En 1911 habían fundado un sindicato propio, ELA-SOV: Euzko
Langille Alkartasuna-Solidaridad de Obreros Vascos en engloba a los de origen vasco y crece con la guerra mundial. Al incorporarse sectores obreros, más la burguesía, se sientan bases de ascenso electoral perceptibles desde 1917: lanzan campaña por la autonomía vasca, y la
CNV logra en elecciones generales de 1918 siete diputados en Madrid (5 por Vizcaya, 1 por Guip., 1 por Navarra). El gobierno de Maura bloquea en 1919 la campaña por la autonomía: eso radicaliza a las bases de la CNV y lleva a la crisis de la CNV en 1921 contra la derecha española que no los apoyó en reivindicación. Retroceso electoral y represión gubernamental
agrava división interna desde 1919; se escinden sectores que refundan como nuevo el PNV con un periódico oficial, el Aberri. El PNV era el partido de la juventud radical urbana, de capas medias bajas y de obreros nacionalistas, contra la derecha; atrae a Luis Arana, hecho de nuevo
presidente. Así, se llega a 1923 con nacionalismo escindido entre la CNV y el PNV “aberriano”.

 PARA SABER MÁS, VER:

EL ORIGEN DEL NACIONALISMO VASCO

Al llegar en noviembre de 2003 el centenario de la muerte de Sabino Arana, era previsible su triunfo póstumo. Fue el año en que ETA asesinó a Joseba Pagazaurtundua y en que Ibarretxe presentó en el Parlamento vasco su plan de constituir un Estado Libre Vasco en nombre de la inevitable “soberanía originaria”.

La convergencia entre independentismo político y lucha armada se estrelló con la pérdida del Gobierno por el PNV en 2009 (ocaso del maximalismo), y sobre todo contra la derrota inapelable de ETA en 2011. Los mitos no han desaparecido, ni la voluntad abertzale de mantener la tensión por el “proceso de paz”. Solo que la convivencia surgida tras el fin del terror y el reconocimiento de las ventajas económicas del Concierto, convertido en auténtica Constitución vasca asumida por todos, disiparon esa nube de violencia sembrada por Sabino Arana. Se acabó, esperemos que por siempre, Bizkaya por su independencia.Eso sí, como compensación el PNV lleva a su antojo una construcción nacional vasca donde la mitología sabiniana sigue vigente.

PARA SABER MÁS, VER:
Antonio Elorza es catedrático de Ciencia Política y autor de Tras la huella de Sabino Arana (2005).


REGIONALISMO GALLEGO

El regionalismo gallego surgió más tardíamente que el catalán y el vasco, como una reacción contra el atraso y marginación de sus respectivas regiones. El teórico Alfredo Brañas reivindica la descentralización administrativa y el uso de la lengua gallega sin llegar a crear un partido unificado.

La sociedad gallega, a diferencia de la catalana o la vasca, seguía siendo eminentemente rural. La presencia de la burguesía era débil frente a las clases dominantes tradicionales (vieja hidalguía y clero). En esta sociedad los sistemas caciquiles llegaron a tener mucho poder político y económico. El nacionalismo gallego nace en principio como movimiento literario e intelectual (Rexurdimento). Pese a su apariencia apolítica supone el inicio de la conciencia nacionalista en Galicia.

 Orígenes: convergen las siguientes tendencias y precedentes:
 
a) El provincialismo: corriente del liberalismo progresista de años de 1840 que aspira a libertades “provinciales” dentro del Estado liberal: era un modo de ampliar la democracia y se plasmó en pronunciamientos de 1843 y 1846.
Tuvo expresión en la Academia Literaria de Santiago, en prensa y en articulación de un orgullo romántico de lo gallego que mezclaba liberalismo, cristianismo, historicismo y preocupación por atraso económico; destacaron Antolín Faraldo, Neira de Mosquera, Martínez Padín. Eran jóvenes universitarios y profesiones liberales.
b) El Rexurdimento: iniciado en 1853 con publicación de a gaita galega de Pintos, continuado en 1861 por Xogos Florais e irrupción de escritores como Rosalía de Castro y Curros Enríquez.
c) La historia. Es el nudo ideológico que fortalece el galleguismo: en 1838 Verea y Aguiar escribe Historia de Galicia, Martínez Padín otra en 1849 y la más elaborada, el canon historiográfico, el de M. Murguía, publicada desde 1865: se elaboran mitos del celtismo gallego, de carácter, historia, costumbres, historia propia, etc.
d) Sexenio democrático. Los federalistas tuvieron primacía política y refuerzan
provincialismo. Líder, Sánchez Villamarín.
 

 Organización: 

Como el resto de nacionalismo, es la Restauración el momento en el que el nacionalismo español se refuerza desde el Estado, con el programa de Canovas, y entonces los federalismos democráticos del sexenio anterior se transforman en regionalismos o en nacionalismos. También en Galicia.
A fines del XIX el provincialismo se hace regionalismo e incorpora el renacimiento
literario: desde 1874 aparecen periódicos en gallego y de contenido regionalista.


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