625 ¿QUIÉN ES JULIO ROMERO DE TORRES? ITINERARIO POR LA CREATIVIDAD DE LA CÓRDOBA DEL S. XX

¿QUIÉN ES JULIO ROMERO DE TORRES? ITINERARIO POR LA CREATIVIDAD DE LA CÓRDOBA DEL S. XX

¿Te gusta esta fotografía? Su tema. la composición. la perspectiva, los elementos complentarios, la mujer... ¿Dónde nos encontramos?
- Efectivamente no has fallado

Novias flamencas,

“¡Ay chiquita piconera, mi piconera chiquita!/
Esa carita de cera a mí el sentío me quita/
Te voy pintando y pintando/ al laíto del brasero/
y a la vez me voy quemando/
de lo mucho que te quiero/
Válgame San Rafael/
tener el agua tan cerca y no poderla beber”.


 La chiquita piconera (1930).  Quizá  el oleo más conocido de nuestro protagonista.  Óleo y temple sobre lienzo. 100 x 80 cm. en el  Museo Julio Romero de Torres. Córdoba. Estampa colgada hasta no hace mucho en las casas cordobesas.

 En 1930 Julio Romero de Torres afectado de una dolencia hepática  que lo llevaría a la muerte con 56 años  (9 de noviembre de 1874 - 10 de mayo de 1930) realiza en Córdoba la que será su obra final: La chiquita piconera. Considerado por la crítica como su mejor cuadro. Al año siguiente se inauguró el Museo Julio Romero de Torres en su ciudad natal. Durante el velatorio, Pacheco se pasó toda la noche aullando lastimeramente al lado del cadáver del que fue su amo. Parecía con ello querer rendirle un último tributo de fidelidad. Su entierro en Córdoba fue toda una multitudinaria manifestación de duelo de todas las clases sociales.

 La chiquita piconera resume la concepción que el artista tenía de la pintura. La modelo se mueve dentro de un realismo idealizado, nos mira de forma directa y sosegada, mientras deja caer sus brazos relajadamente. El fondo es un atardecer sobre Córdoba.


María Teresa López González, se convirtió en icono de la belleza española en esa época, posó en Fuentesanta y en la Piconera cuando tenía 16 años.  Vivió toda su vida desmintiendo ser la amante del pintor, para quien comenzó a posar cuando aún era una niña. Era hija de un matrimonio cordobés que emigró a Argentina, regresando cuando ella contaba con siete años de edad. Vivían cerca de la residencia de Romero de Torres, quien no tardó en sentirse atraído por su esbelta figura, sus grandes ojos y su negra melena.Se dice que el pintor paró el coche de caballos en el que iba montado para pedirle que posara para él. Los profundos ojos negros de Daniela, su mirada enigmática y su peinado «a lo garçon» impactaron a Romero de Torres. Aparece altiva, en este cuadro, reposando los brazos sobre un cántaro de cobre, brindándonos una mirada desafiante y seductora a través de esos ojos negros.

La Fuensanta

La obra  de Julio Romero de Torres se caracteriza por la exaltación de valores típicamente andaluces y sus tradiciones populares, como son el flamenco, la copla o el toreo. También se interesará por los prototipos humanos, siendo la mujer cordobesa la protagonista de sus pinturas. El primero en pintar a la mujer de la calle, pintadas  como se vestía en la época, con el peinado de la Córdoba de la época o de la clase social imperante. En su mirada hay una ocultación del deseo, al mismo tiempo, que provocan una intensa sensación de ardor y erotismo. Son figuras ensimismadas, encerradas por su propia pasión, alegorías de la sensualidad y del pecado. Se ha dicho de él que fue el pintor del alma de Andalucía.



ITINERARIOS POR  LA CÓRDOBA DE LA CREATIVIDAD

Cuando uno pasea por Córdoba vemos paisajes conocidos o imaginados que ciertamente estimulan nuevas preguntas. A veces, nos convertimos en cicerones de cultura cordobesa. ¿Qué mostrar?,  ¿Cuál Córdoba destacamos?  La romana, la árabe, la contemporánea...  Nuestro proyecto didáctico plantea nuevas preguntas. Habla de procesos e itinerarios. La Córdoba milenaria y patrimonial como hemos visto a lo largo de este proyecto presenta múltiples paisajes culturales, y por tanto, nuevas rutas.  La elegida ahora tampoco se puede desligar de un paisaje integral. Ahora aprovechamos para destacar la figura de un artista conocido, buscado por el curioso turista o el estudiante animosoEs una muestra para profundizar en la Córdoba del arte o la creatividad. La ruta es un comienzo o estímulo. La ciudad se abre para pasear por ella, y diseñar nuevos itinerarios patrimoniales.

 PARA SABER MÁS, VER:

 ¿Cuál es esta otra obra? ¿Qué relación tiene con Córdoba?


Poema de Córdoba, de  1913. 7 tablas. En el Museo Julio Romero de Torres

Señoras y señores: Vaya por delante la aclaración o aviso de que esto que va is a escuchar no es propiamente una conferencia y mucho menos todavía un estudio crítico de la labor pictórica del llorado artista cordobés, muerto en la plenitud de sus facultades y cuando más podía esperarse de su talenco creador. Quede para los pontífices y altos dignatarios de la critica el contrastar y aquilatar la calidad y el mérito de su obra formidable y personalísima

¡Julio Romero! ¡Córdoba! Van tan ligados ciudad y pintor, es tan fuerte su abrazo que no es posible señalar donde empieza y donde termina la línea divisoria. La vida de Julio Romero de Torres, cualquiera que sea la arista o faceta que elijamos para evocarla, nos llevará forzosamente al recuerdo de la que fué su cuna, marco, escenario y tumba. El espíritu, el alma de Córdoba, burbujea, tiembla y vibra en la obra toda de su pintor genial. Un lienzo cualquiera del maestro julio es Córdoba misma.

"Paseareis a la ventura por esa ininterrumpida serie de deliciosos parajes plenos de encanto y de poesía que enmarcan todos y cada un o de los típicos barrios cordobeses: Santa Marina, San Lorenzo, la Magdalena, la Mezquita, la Ribera, la judería, el Alcázar Viejo. . ."

(Conferencia leída por Juan Agustín Moreno, 193l )

Hay una reciprocidad entre la ciudad y el pintor como se da en pocas ocasiones a lo largo de la Historia. Julio Romero convirtió a Córdoba en una de sus musas, en otra de sus protagonistas. Muchas veces plasma una Córdoba fraccionada porque escoge diferentes partes de la ciudad y las ensambla para crear un escenario misterioso y siempre sugerente.

Córdoba se despreocupa en aquella época. Se desentiende de todo lo que no sea su vida de siempre, sus tradiciones y costumbres

PARA SABER MÁS, VER:

La sala 6 del museo “La esencia de Córdoba” se aprecia el sentimiento de Julio Romero de Torres por su tierra. Desde la distancia pinta con nostalgia su ciudad, el recuerdo de su río, el silencio de sus plazas; sus monumentos y sus costumbres se hacen protagonistas en esta serie de obras, como son “Virgen de los Faroles”, “Ángeles y Fuensanta”, “Poemas de Córdoba” donde rememora antiguas culturas de la ciudad. En estas obras confluyen tonalidades sombrías y tenebristas, característica que nos sitúan en los últimos años de la vida del pintor, en los que su paleta se oscurece.

Poema de Córdoba presenta diversos paneles con distintas versiones de la ciudad. La Córdoba guerrera, barroca, judía, cristiana, romana, religiosa y torera.


En el caso de Córdoba Judía actuó como modelo la gitana Amalia Fernández Heredia, la mujer que daba palmas en Alegrías. Se nos ofrece la estampa de una cordobesa de gran belleza que desprende una mirada de intensa complicidad al espectador. Como fondo de la composición Julio Romero nos ofrece una imagen simbólica de la Plaza de la Fuenseca, con una estatua del médico y filósofo judío Maimónides. Llama la atención el modo en que el autor conoció a la modelo, Amalia la Gitana. El propio Julio nos ha transmitido que una tarde de mayo cuando se encontraba en el Casino de Labradores, en lo que hoy es Avenida del Gran Capitán, al paso de una hermosa mujer pudo escuchar como un tipo adinerado le decía a su criado: “A esa morena, trotámela”. El pintor, siempre al acecho de mujeres, como el ricachón, se le anticipó, dirigiéndose rápidamente a la joven: “A mí me gustaría pintarla a usted –le dijo-; soy Julio Romero”. Desde ese momento la gitana, que era muy conocida en los tablados de Córdoba, pasó a ser una de las musas de nuestro pintor, de modo que su colaboración duraría hasta la muerte de este.



Julio Romero de Torres.  Rosas en la balconada. Círculo de la Amistad

VIDA

  El cordobés Julio Romero de Torres fue hijo del fundador de Museo Provincial de Córdoba y director de la Escuela de Bellas Artes, fue famoso por sus cuadros de mujeres. 

Julio Romero de Torres.  La madre del pintor, Rosario de Torres, con sus hijos, Julio -a su izqda.- y Enrique -a su dcha- y su sobrino Rafael. Ca. 1926

Su padre, el pintor romántico Rafael Romero Barros, nacido en Moguer, había llegado a la ciudad, en 1862, como conservador del Museo de pinturas, y se había instalado en una vivienda, aneja al mismo, con su esposa sevillana Rosario de Torres Delgado.
En este ambiente crecieron los ocho hijos del matrimonio rodeados de las salas del museo y las aulas de la Escuela y Conservatorio de Música, también instalado en el mismo recinto.


El cambio de siglo representa un momento definitivo en su vida. El 30 de octubre de 1899 contrae matrimonio con la corbobesa Francisca Pellicer López con la que tendrá tres hijos.

Con ojos maduros de mirar hondo, y la boca de finos labios sobre la cual se dibujaba un cuidado bigote. La frente despejada rematada por el cabello peinado a raya…

La noticia de este primer triunfo con el cuadro mira que bonita era produce un entusiasmo indescriptible en el Café del Gran Capitán, donde julio Romero tiene su tertulia . La mesa de los artistas, como llama la gente a la de Julio y a sus amigos, es un jubileo. Todo son parabienes y felicitaciones que los íntimos del pintor- lnurria, Pellicer, Muñoz Lucena, Emilio Flores, Miguel Algaba, Montis ... - aceptan complacidos en nombre del chaval que al!lá  en Madrid saborea las primicias de la popularidad, el aplauso y el halago.  No serán los únicos aplausos de su vida. 

En 1923 la reina María Cristina visita su estudio madrileño, como hizo su hijo Alfonso XIII, al año siguiente, en su visita a Córdoba. También entonces se le concede la medalla de la Cruz Roja, aunque sobre todo hay que reseñar de qué manera, en estos momentos, continúa su ya demostrado interés por el flamenco, como se manifiesta en buena parte de sus pinturas

Las obras de la primera época de Julio Romero de Torres están marcadas por el luminismo, y pasan por el modernismo y simbolismo hasta llegar al realismo que expresa en sus paisajes y bodegones.

Sus influencias pictóricas, derivadas del realismo de Courbet y de Mariano Fortuny, del retratismo fotográfico de Federico de Madrazo, del paisajismo de Martí Alsina y del Impresionismo de Aureliano de Beruete y Darió de Regoyos, le llevarían a una técnica valiente y concisa.

En su primera etapa como artista pintó varias obras dentro de la línea de la pintura social, y con un mismo estilo que caracterizan y definen sus comienzos. Estilo influenciado por el tipo de pintura realista de su padre y su hermano Rafael. 

 Avanzando posteriormente por las rutas de la plástica pictórica cuando los aires del Simbolismo francés y del Prerrafaelismo inglés fructificaban en Cataluña dónde brotaba el modernismo.

Pintó y vivió intensamente la vida cultural cordobesa de finales del siglo XIX. A principios del XX, y ya en la ciudad de Madrid, frecuentó habitualmente el Café Nuevo Levante y el Ateneo de ésta ciudad, entrando en contacto con intelectuales de la época, los hermanos Alvarez Quintero, Ortega y Gasset, Pérez de Ayala, Pío Baroja, Ignacio Zuloaga, José Gutiérrez Solana, Rafael de Penagos y sobre todos ellos Ramón María del Valle-Inclán. En 1916 se convirtió en catedrático de Ropaje en la Escuela de Bellas Artes de Madrid y se instala definitivamente en la capital. A partir de aquí, representó el pabellón español en diversas exposiciones internacionales, convocados en París y Londres entre otras ciudades.

Fue un " don Juan " toda su vida, según sus historiadores era: “un hombre de gallarda apostura que rayaba lo extraordinario cuando vestía la airosa capa y el sombrero cordobés; con gesto entre pensativo y desdeñoso, y ademán reposado" 

Se cuenta que en las tertulias escuchaba más que intervenía pero era un hombre socialmente con mucho encanto y a partir de ahí se levanta un mito al que contribuyó su fallecimiento prematuro
Cuando le llegó el éxito a Julio Romero de Torres, o sea en la etapa final de su vida, adquirió fama internacional, sus cuadros se habían convertido para muchos países en iconos. Muchas mujeres quisieron ser retratadas por “el pintor que mejor pinta a las mujeres”.

Sus hagiógrafos cuentan la noticia de su muerte. El artista, postrado en el lecho, en un leve descenso de la fiebre agotadora, cambia impresiones con su hijo Rafael. Las luces blandas del atardecer se van adormeciendo lentamcnte. Alguien ha encendido la lámpara eléctrica del dormitorio y entonces, el maestro que tanto amó los crepúsculos y tanta emoción puso al inmortalizarlos con sus pinceles, se incorpora con gran trabajo y pide suplicante que no estropeen con la luz cruda las suaves claridades que todavía entran del jardín en su casa del Potro. Dos horas más tarde, un colapso que aun puede resistir el corazón. Son las "once y minutos" de la noche. 


Durante todo el día y la noche del domingo y aún el mismo lunes hasta la hora de los funerales, no cesa el desfile por la cámara mortuoria, que es ya insuficiente para tantas flores y coronas.

 A lo largo de la carrera de Julio Romero de Torres fueron numerosos paisajes de Córdoba como ya hemos mencionado. Son paisajes culturales hoy de incalculable valor para el estudio de la vida cotdiana. Asimismo quedan las personas,  los rostros conocidos. Cantantes, cupletistas y hasta escritoras posaron para él.



A la bailaora sevillana Pastora Imperio la retrató con vestido de lunares y guitarra o de negro y con mantilla; a Raquel Meller -cantante, cupletista y actriz de cine- la pintó al estilo de las venus de Tiziano en «Venus de la poesía». También inmortalizó a la bailarina y cortesana La Bella Otero, a la cantaora La Niña de los peines o a la actriz y realizadora francesa Musidora.

Hoy sigue dejando su influencia  con recuerdos de costumbrismo andaluz de la década de 1920 como hemos visto en el introito de este apunte.



 OBRA Y TEMÁTICAS

Su imagen folclórica, a pesar de ser un intelectual y de estar apoyado por miembros de la Generación del 98, provocó el rechazo de parte del mundo académico, que calificaba su obra (y vida) de escandalosa, mientras los pintores modernos lo consideraban ajeno a la vanguardia de esa época.En 1920 la sociedad española  no veía con buenos ojos estas mujeres desnudas,


 De los 220 cuadros que pintó, son admirables los de mujeres bíblicas, Salomé, Judit, Marta, María, Ruth, Noemí, etc; “mujeres morenas”, La Saeta, Malagueñas, Carceleras, Cante Jondo; y sus magníficos desnudos, El Pecado, La Gracia, La nieta de la Trini, Esclava, etc. 

El grueso de su obra se encuentra en Córdoba en el Museo Julio Romero de Torres, donde se puede admirar el amplio repertorio de cuadros que fueron donados por su familia, por coleccionistas privados o comprados por el Ayuntamiento. Aprovecho àra resaltar los comenarios de sus obras emblemáticas.


PARA SABERMÁS,VER: 


Las características principales de su obra :

- Sus obras  están repletas de contenido y temáticas. Cada obra requiere un estudio de cada elemento presente 
- El Simbolismo está siempre presente. Símbolos y significados se encuentran en cada cuadro.  
- Con una precisión  dibujo en sus formas
- Composiciones rebuscadas, aunque otras veces aparece la sencillez de la figura humana, que te mira directamente, con ojos quizás demasiado tristes.
- Negruras o tenebrismos en ciertas obras . Pero también aparece una extraña luz de escenarios que dan cierta poética artificiosidad
–  Capacidad enorme para representar la figura humana , dominio de la morbidez y el erotismo de la figura femenina.
– Paisajes que refuerzan el simbolismo, paisajes donde la realidad se convierte en alegoría ,paisajes listos para ser degustados por el alma, paisajes desmaterializados para su última vivencia con el espectador.
- Costumbrismo y folklorismo, sociedad y vida, especialmente en sus obras relacionadas con el flamenco, aunque al final, lo desubrimos en todas sus obras
- Y paisaje cultural cordobés. Hombres y mejeres en un entorno conocido.

PARA SABER MÁS, VER:

  Con Mira qué bonita era  de carácter impresionista se da a conocer Julio Romero de Torres oficialmente en la Exposición Nacional de 1895, en la que obtuvo una Mención Honorífica. La escena que inspiró este lienzo, fue un hecho sencillo y cotidiano: en el popular barrio de Santa Marina, murió una joven de quince años. Julio Romero de Torres la vio en el ataúd y decidió pintar a la joven muerta en la habitación rodeada de sus parientes.
 
    Mira qué bonita era , 1895  Óleo sobre lienzo. 148 x 213 cm. Museo Julio Romero de Torres.


Ha muerto una mozuela amiga de Julio, alegre y bonita como un sol. Y él la ha visto en la caja blanca, rodeada de flores. Y ha sentido en su garganta el nudo amargo de la congoja. Y va a llorar, a rezar, y no acude a su memoria la letra del rezo.La escena representa a una joven que yace muerta en su ataúd, rodeada de familiares, que lloran a su alrededor. La iluminación de la escena procede de una ventana situada a la izquierda, por la que también se asoma un muchacho desde el exterior de la estancia. Custodiando el féretro, se encuentran dos velas que parecen a punto de apagarse por el viento que entra a través de la ventana.

Este lienzo reúne los tres aspectos que conmoverían más profundamente el espíritu de nuestro pintor: la mujer, la muerte y la copla. De ésta última, concretamente de una conocida soleá, es de donde el pintor obtiene el título de esta obra: ¡Mira qué bonita era!

 Es destacable en este momento también una obra primeriza de temática social.



Julio Romero de torres, Conciencia tranquila

Esta primera obra que vemos, de Julio Romero de Torres, se inscribe dentro de la línea del realismo social. Es


Un lienzo desgarrador con influencia de autores de ese movimiento como Jean-François Millet o de Honoré Daumier. En la escena un juez practica un registro en la habitación de un obrero anarquista, que se ve con los brazos atados. La mujer llora previendo la desgracia y tres guardias civiles aguardan las órdenes del juez mientras el anarquista soporta con dignidad el registro.

Con La siesta o en Pereza andaluza se observan ya las aportaciones de la pintura luminista.




"Descubrís una call juela intrincada y solitaria que, sin saber por qué, os atrae y seduce. Y os internais en ella. Las casas bajitas y blancas, enjalbegadas con esmero, parecen de nieve. En los balcones y en las rejas triunfan orgullosos y retadores claveles, geranios, gitanill as, alhelics, dompedros. Una puerta entreabierta os muestra trozos de un patio espacioso y alegre...
...Y hay además un pozo. Y macetas, muchas macetas. Y unas jaulas con pájaros. Y un grillo ...
Recostada en el blanco quicio de la puerta está ella; la mozuela morena ele rostro oliváceo; la de los cabellos de endrina y los ojos negros, graneles y profundos como abismos. Podéis observarla a vuestras anchas, que no repara en vosotros. Está muda, ausente, mu y lejos ...
La siesta_63x42, 1900_
Mal de amores 200x143 , 1905 
Pereza andaluza. 73x48cm. Museo BBAA Córdoba, 
1900_04


 El museo Tyssen consrva otra obra de esta época


 1895-00 Feria de Córdoba. 72x48. Museo Thyssen

  Y las piezas más significativas cercanas a la estética simbolista o modernista, son los murales elaborados para el Círculo de Amistad de Córdoba en 1905, con alegorías de La Pintura, La Música, La Literatura y La Escultura.


 Está en una corriente regionalista que trata como referente en sus temas y sus poéticas artísticas lo vernacular, lo castizo, pero además le aporta un universo simbólico. Creo que es probablemente uno de los mejores pintores del simbolismo en España



 la escultura 213x176, 1905
 el genio y la inspiracion 409x328, 1905
Canto de amor

En torno a 1890, el paisaje cordobés empieza a manifestarse en su pintura. El individuo o el grupo quedarán enmarcados en muchas de sus obras. Ya sus paseos por la vieja C6rdoba ha n prendido en su alma la semi lla prolífica de la melancolía que, más tarde, ha de Florecer en su obra.


   En 1907, con la obra Nuestra Señora de Andalucía inaugura su etapa de madurez y, tras los dos viajes a Italia, su estilo queda prácticamente definido, obteniendo su primera medalla en la Exposición Nacional de 1908 con La musa gitana. A este certamen también presentará Amor sagrado y amor profano


1907. Nuestra Señora de Andalucía. Óleo y temple sobre lienzo.


Se trata de un cuadro al óleo y temple sobre un lienzo de 169 por 200 cm., que data de 1907 ejecutado inmediatamente después del viaje que hizo por Italia, Bélgica, Francia e Inglaterra, Marruecos y Suiza, que marcaría sus obras posteriores.


La obra muestra cinco personajes, cuatro de ellos se encuentran sobre un reducido escenario mientras que el quinto, un autorretrato de Julio Romero, se encuentra justo delante del mismo a la derecha. Este porta un cigarrillo con un gesto elegante de la mano y, como los demás personajes, dirige su mirada hacia usted, tal vez identificándose como el director de la escena representada en este retablo pagano.

En el escueto escenario teatral posan sobre un paisaje costumbrista tres mujeres y un hombre detrás de ellas. Vagamente iluminados destaca el brillante vestido blanco de la figura central, que, según el autor, representa la “Divinación de la mujer andaluza”. A cada lado dos mujeres posan arrodilladas junto a ella en actitud sumisa. A la izquierda, y sosteniendo su manto blanco con las dos manos, una mujer de edad madura simboliza “La copla”, es la personificación del cante, una famosa cantaora de la época llamada Carmen Casena. A la derecha, una joven envuelta en un mantón rojo, que fue la famosa bailaora “La Cartulina”, simbolizando “el baile”. El hombre, que porta una guitarra, se situa detrás de ella a la derecha encarnando a “la música”, envuelto en una clásica capa negra española y cubierto por el típico sombrero cordobés. 

La obra desconcertó al público de entonces, el cual no entendía que una gitana vistiera manto y se hincara de rodillas ante una muchacha sin divinidad alguna, por mucho que el pintor quisiera adjudicarle dicho rango. La actitud solemne de los personajes y esta interpretación simbólica nada obvia, encarnada por personajes de aspecto tan popular, tiñen la obra de una extraña conjunción de realidad y simbolismo, de misterios y esencia que serían una constante en los trabajos posteriores del pintor.

Como telón de fondo se aprecia una composición imaginaria inspirada en el paisaje cordobés, con elementos de la ciudad. Dos escenas en miniatura de amor y muerte tiene lugar en la llanura más cercana de este paisaje
- La mística de la vida
 "Retablo del amor" (1910)

 El pecado" (1913) 


La escena se desenvuelve en un verdoso atardecer con el Castillo de Almodóvar como fondo; en primer plano la Iglesia cordobesa de San Hipólito, y la belleza de una mujer desnuda, recostada de forma similar a la Venus de Velázquez, vuelta de espaldas, indiferente a la escena que se desarrolla ante ella. Cuatro viejas y enlutadas alcahuetas razonan la conveniencia y la ocasión del pecado. La honra de esta mujer es el objeto de una animada conversación entre ellas.



 "La Gracia" (1915)


Junto con El pecado y Las dos sendas forma parte de una trilogía sobre el tema del amor místico y el amor profano con la mujer como protagonista de esta dualidad. Para ello utiliza la misma modelo que en el El pecado, cuadro complementario y sin el cual no es posible entender en su totalidad esta obra. 


En este lienzo de 1915 se observa el descendimiento de una joven desnuda que es recogido de forma sutil por dos monjas. Justo detrás y en el centro una anciana, símbolo de la sabiduría, se mantiene en actitud redentora y parece perdonar a la mujer que acaba de perder su honra. A la derecha, una joven vestida de negro llora mientras sostiene en una de sus manos una vara de azucena, símbolo de la pureza perdida. Al fondo un paisaje imaginario lleno de luz y de contrastes verdes y azules con el cementerio de San Rafael a la izquierda, la iglesia de la Fuensanta, el río Guadalquivir, la Calahorra y el Campo de la verdad, el Puente Romano, la Mezquita y su torre, la fachada de la iglesia de Santa Marina, San Lorenzo, el paisaje arquitectónico



- La Música, el flamenco, la copla, la saeta
 Julio Romero, no se conforma con pintar el espectro mágico de la copla y los palos del cante flamenco, sino que a través de sus pinceles rinde homenajes a antiguas cantaoras, retrató a las más grandes artistas de la época, cantaoras y bailaoras, y en otros muchos retratos incorpora la guitarra, como símbolo de su eterna afición al flamenco de este pintar de Andalucía, tierra de nostalgia y alegría. Un pintor “hondo” como el cante que tanto amó.


 La consagración de la Copla 1911-12 ,  290x230 Colección Prasa
  1917 Alegrías. 161x157. Museo Julio Romero de Torres. Córdoba.
Vemos en esta obra una magistral composición con la figura femenina del centro como protagonista. En un segundo plano aparece un guitarrista, cuyas manos son de su hijo Rafael. La figura femenina tumbada al modo clásicamente griego atraviesa la composición, dividiéndola así en dos zonas, una vertical y otra horizontal.
La escena compuesta a la forma de un “tablao” flamenco, parece más bien unA fiesta cortesana por el hermetismo de la composición  los recargados ropajes.
Al fondo el río y la lejanía iluminados por la última luz del día. La joven figura femenina en primer plano de rostro sereno y serio, transmite un sentir profundo, acentuado por el dibujo que con sus manos y su mismo cuerpo hace del baile que interpreta. El hombre de la guitarra se hace más pequeño, mientras la mujer que baila se eleva.


 La saeta, 1918. 180x177 cm. Colección Cajasur.   

La saeta, realizada entre 1917 y 1918, es la plasmación plástica de ese género y la expresión trágica de la Semana Santa andaluza. Para su realización, el pintor cordobés tomó como inspiración el texto de una saeta cordobesa dedicada al Cristo de Gracia. La obra tiene composición piramidal y en el centro sitúa a Amalia Fernández Heredia, la bailaora conocida como Amalia la gitana, vestida de mantilla. Al fondo aparecen dos procesiones; la de la Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores Coronada y el Santísimo Cristo de la Clemencia, y la del Santísimo Cristo de Gracia y María Santísima de los Dolores y Misericordia.
 




La Copla. 193x88cm. Museo Julio Romero de Torres. Córdoba. 1927

Este lienzo, además de ser una de sus mejores obras simbólicas, constituye un magnífico retrato, perfecto en cuanto al dibujo de líneas delicadas y justas, de forma que el artista transforma la copla en realidad plástica- La mujer de pelo negro, recogido en un moño, sostiene una guitarra que simboliza el lirismo andaluz, siendo la guitarra el máximo exponente del flamenco. Vestida con un mantón rojo que cruza su pecho, deja al descubierto uno de sus hombros. En sus piernas, envueltas en medias de seda, y sujeta por ligas negras, resalta el brillo de una navaja, como símbolo de la tragedia. Como fondo de esta obra, un paisaje inspirado en el atardecer de Córdoba.





 
-Retratos. Toreros. Mujeres. Artistas. Paisajes cordobeses


- Amor místico y Amor profano
Fechada en 1908, es un óleo y temple sobre lienzo que retrata a dos figuras de mujer que encarnan la castidad y la sensualidad, el amor divino y el amor profano, que casi juntan sus manos en el centro de la escena. Al fondo aparece un sepulcro, que será el fin de ambas. Se trata de un cuadro especialmente influido por el lienzo Amor Sagrado y Amor Profano de Tiziano.

 1909 Ángeles y Fuensanta 99 x 119 cm. Museo Julio Romero de Torres


Aparecen en escena sentadas junto al quicio de una ventana, por la que se divisa en la penumbra del atardecer la Ribera, el Campo de la Verdad y al fondo, las lomas de los Visos. Ángeles, figura de la izquierda, viste una blusa blanca de encaje, falda parda que se ciñe a sus piernas y mantón negro. Sus manos finas y alargadas sostienen un medallón con retrato en miniatura. Fuensanta, figura de la derecha, viste de negro, con encajes blancos en puños y cuellos. Sus manos sostienen una carta abierta, donde aparece la firma del pintor, y en las rodillas un mantón rojo. Esta obra responde a la época en que el pintor se inspira en una manera de expresión atrayente, algo enigmática, simbólica siempre



 de Córdoba y Sierra Morena.

1915 Las hermanas de Santa Marina. 120x89'5. Caja Rural de Córdoba.  


 1917-20 Carmen de Córdoba.  96x130cm. Óleo y temple sobre lienzo.

1920 Joven de Córdoba recostada en una puerta. 97x81 cm. Colección particular.  


La Buenaventura, 1922, óleo sobre lienzo, 106 × 163 cm
Este cuadro muestra a dos mujeres sentadas sobre el alféizar de una ventana y ,en el fondo, una vista de la ciudad  con la fuente de la Fonseca, el palacio del marqués de la Fuensanta del Valle y el Cristo de los Faroles
Se expone en el Museo Thyssen Málaga

 Pinta En la ribera, lienzo en el que se aparta de su temática habitual literarios para plasmar una impresión intimista de su estado de ánimo, la nostalgia.
 
Julio Romero de Torres fundamentalmente era retratista, con sus más de 500 retratos constituyó su producción, dedicándole a la mujer gran parte de sus obras. Pintó a la aristocracia y a las clases populares, personas de diferentes clases sociale

1911 Machaquito como apoteosis del toreo cordobés 165x104. Museo de BBAA. Córdoba

1919 Familia Besabé. 166x166cm. Colección particular. 
Retrato de la Famila Casana. Sala Municipal del Ayuntamiento de Córdoba,Córdoba (España)
  
  En la sala 3 del museo Julio romero titulada la capilla  se plantea la particular visión mística del artista.  otorgando una mezcla de espiritualidad e inusual sensualidad a las figuras. Las obras representadas en esta sala son: Contrariedad, Samaritana, Muerte de San Inés y Cabeza de Santa.

Muerte de Santa Inés

El cuerpo inerte de Santa Inés se presenta sobre una losa de piedra envuelta en un sudario. Su expresión es la de un dulce sueño y no de muerte. En cada extremo un ángel se inclina sobre la santa, uno le sostiene la cabeza y pide silencio a través de un gesto, y el otro le sujeta los pies, lanzando con su mano un rayo de luz vivificadora, sobre el cuerpo de la santa. 



 La Muerte de Santa Inés” fue realizada en 1920 y figuró en la Exposición de Buenos Aires en 1922 y en la Iberoamericana de Sevilla en 1930

 Esta obra es la más importante dentro de la pintura religiosa de Romero de Torres. Aquí el pintor se muestra como un creyente absoluto, para el que la muerte no es algo tétrico, sino el paso pacífico y dulce a otra vida, mediante un reposado sueño. El pintor religioso que hay en Romero de Torres alcanza toda su sublime inspiración, y lleva su obra hasta los límites de lo humano, con un realismo admirable.


1920 Samaritana. 108x88cm.  Museo Julio Romero de Torres. Córdoba.

Esta obra representa la escena bíblica de Jesucristo con la Samaritana. Es uno de los lienzos que inician a Julio Romero de Torres en la serie de temas religiosos, pero es la única vez que aparece el rostro de Jesús entre sombras. No obstante, la figura femenina, encarnada por Conchita Castillo, sigue acaparando la mayor parte del protagonismo.

 En Samaritana (1920), los ojos de la modelo tienen una mirada misteriosa. Su postura es relajada, reposa sobre un ánfora de cobre, proporcionando sensación de serenidad.
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Vividoras del amor (1906),, una escena en la que representa a las prostitutas de un prostíbulo, será rechazada por inmoral. una obra polémica, por la cuál fue rechazado por el jurado de la Exposición Nacional. Pinta un burdel en el que aparecen cuatro prostitutas describiendo una diagonal. El pintor acerca la escena al espectador y hay quienes despreciaban este tipo de pintura sobre todo por seguir un discurso muy lineal de la modernidad


La cordobesa Ana López vendía flores por los cabarés de la ciudad. El pintor, asiduo de esos ambientes, le ofreció diez reales a cambio de posar para él. Carasucia le trajo suerte, pues su desnudo de «La Musa gitana» le valió la primera medalla en la Exposición Nacional de 1908. Sus bonitas proporciones inspiraron al pintor para otros cuadros como «Carmen» o «Vividoras del amor».



Musa gitana (1908)

 Nocturno, Julio Romero de Torres, 1929



1929 La nieta de la Trini. 113x177cm. Museo Julio Romero de Torres. Córdoba.


Un desnudo integral en el que se trata el tema del flamenco y la copla. . Recostada en un diván tapizado por un oscuro mantón de Manila, donde el contraste con los rasos blancos hace resaltar aún más la tonalidad del bronce de la modelo. Su brazo derecho reposa sobre sus caderas, mientras que en su mano brilla la hoja de una navaja, símbolo de la muerte. Los ricos pendientes y la gargantilla de corales son los únicos adornos de la protagonista. Detrás, en la sombras, aparece sentada al filo del diván una mujer morena que avanza hacia el desnudo sosteniendo una guitarra. Como fondo, la Ribera, la Torre de la Calahorra iluminada por los últimos rayos del sol y el Puente Romano, donde el río transcurre tranquilo por un cauce imaginario.


Julio Romero de Torres, influenciado por la corriente francesa del cartel como medio de comunicación publicitaria, realizó algunas obras para ilustrar dichos almanaques. El cartel como medio de comunicación publicitaria nace en Francia a final el siglo XIX, su principal exponente fue el pintor francés Henri Toulouse Lautrec. Con este pintor el cartel tomó importancia de obra artística y comenzaba el primerizo modernismo, Desarrolló a la perfección la temática conocida como “mujeres de explosivos”, representando en sus carteles la mentalidad conservadora de la época. Las protagonistas de estos carteles: “Encendiendo la mecha” de 1924, “La escopeta de caza” de 1929, “Mujer con Pistola” de 1925 y “El cohete” de 1931, fueron algunas de sus modelos favoritas de esos años.
1902. FERIA de CÓRDOBA. LITOGRAFÍA SOBRE PAPEL _284X187cm.
1912. CÓRDOBA. ÓLEO SOBRE LIENZO. 212x130 cm.

 En el cartel  para la feria de Córdoba podemos apreciar dos mujeres que simbolizan la vida urbana, mujer de la izquierda, y la vida rural, mujer de la derecha, sobre un fondo lejano, en el que podemos ver el perfil de la ciudad reflejada en el río Guadalquivir. La figura de la izquierda lleva un vestido bordado, recogido con una flor roja en la cintura, y se cubre con una mantilla blanca sobre los hombros. Esta mujer está de perfil en actitud dialogante con la campesina. La mujer de la derecha, está ataviada con la vestimenta popular de la época, mostrándose indiferente al diálogo que le propone la otra figura. A su lado se puede apreciar, una hoz y un cesto con flores y frutas, símbolos de su condición social.
 Dora_la_cordobesita, 1925 

La obra nos muestra la admiración que sentía Romero de Torres hacia su paisana, la famosa cantante de cuplés Dolores Castro Ruiz (1902-1965), conocida como Dora La Cordobesita o La Niña Esta aparece sentada mirando al espectador mientras sujeta una guitarra. El fondo de color verde es indefinido, permitiendo así que resalte la silueta de la modelo, ataviada por un sombrero típico cordobés y un vestido que se ajusta a su cuerpo de manera sugerente.
Romero de Torres participó en la conocida corriente contemporánea nacida en Francia del cartel como medio de comunicación, y realizó una serie de obras en la que se integra en la nueva tendencia. Fueron los carteles los que marcaron definitivamente la popularidad del pintor. Esta actividad cartelista de Julio Romero de Torres fue conocida fundamentalmente por su participación en diversas empresas publicitarias, básicamente por los carteles ejecutados para las Bodegas Cruz Conde y la Unión de Explosivos Ríotinto.

Al igual que sus otros dos hermanos, Rafael y Enrique, comenzó su aprendizaje bajo las órdenes de su padre en la Escuela de Bellas Artes. De éste heredó el gusto por el realismo, como refleja en muchos de sus paisajes y bodegones.Cultivó poco el bodegón a pesar de que en muchos de sus cuadros figuran elementos propios de esta especialidad pictórica siempre están en un segundo plano

Viva el pelo.1928 26x20cm. Museo Julio Romero de Torres. Córdoba.


1928 Naranjas y limones, 104x74

Naranjas y limones (1928), representa a una joven que lleva entre sus pechos desnudos un puñado de naranjas. Sus ojos, que producen una intensa sensación de misterio, hacen que su mirada posea una enorme carga psicológica. A las naturalezas muertas, al bodegón frío de frutas y flores inexpresivas opone Romero de Torres esta representación de manera que mezcla el bodegón y la figura humana.


EL galgo negro, silencioso y señorial acostumbraba a dormir la siesta, mientras el maestro se entregaba a su arte. Pacheco, hierático y majestuoso contemplaba silenciosamente el basto desfile de periodistas, actrices, toreros y modelos de los que el pintor solía rodearse. Pacheco, era en la vida y decoración del estudio uno de los motivos principales


Diana Cazadora. 1924

Un galgo negro, traído desde Porcuna, una vez en Madrid, sería bautizado con el nombre de Pacheco, en memoria de aquel bandido valiente y leal, asesinado en Córdoba durante La Gloriosa. Pacheco desde entonces estará unido entrañablemente a la vida y al ambiente del pintor.

  En 1924 Julio Romero pintaba en Madrid su cuadro Cante Jondo, composición en la que se abrazan el amor y la muerte. Pacheco, ese perro largo, delgado y negro azabache, ocupa un lugar principal en la parte superior del lienzo, lanzando un lúgubre y supersticioso aullido de misterio, junto a una mujer desnuda, erguida e impasible, que simboliza la fuerza inexorable y ciega de la fatalidad




 En torno a la figura central, mujer y símbolo de la fatalidad, giran todos los sentimientos y pasiones del hombre: el amor, los celos y la muerte. La mantilla da a la figura cierto toque de erotismo, jugando entre la ambigüedad de lo sagrado y lo profano. Sobre sus manos sostiene una guitarra que sirve de eje de simetría, al tiempo que se eleva sobre un pedestal de platería cordobesa mezclado con angelotes barrocos. A sus pies tiene lugar una escena en la que el amante loco de amor, acuchilla y mata a navajazos a la mujer que quiere. A su derecha, se besan una pareja de enamorados y, tras ella, una joven yace muerta en un ataúd, mientras, a cada lado, sus hijos lloran sobre el féretro y su galgo Pacheco aúlla de dolor.

La muerte de Julio Romero de Torres fue sentida por toda Córdoba. Se cierran los comercios, los cafés, las tabernas, los taxis se enlutan con crespones negros, los pésames se suceden y la Casa del Pueblo insta a los obreros a honrar al pintor, Los homenajes se suceden, Romero de Torres se convierte en un mito y es a partir de entonces cuando la tradición popular comienza a crear una imagen tópica y distorsionada del artista
Nuestro itinerario por la creatividad sigue. Pasear por la calle nos hace encontrar justificaciones y respuestas. Siempre quedan los museos espacios de interiorización de los autores y sus creaciones.

"Ya abandonasteis la ciudad. El trajín de vuestras ocupaciones habituales os hizo olvidarla casi del todo. Pero un día, un lienzo de Romero de Torres, visto en el museo, en una Exposición, o simplemente en cualquier rcvista ilustrada, reverdece el recuerdo de aquel vuestro paseo por Córdoba".

PARA SABER MÁS, VER:


 Juan Cristóbal González de Quesada. Está fechado en el año 1934, realizado en bronce. Obtuvo el primer premio en el concurso público para la creación del monumento al pintor Julio Romero de Torres en Córdoba, sufragado por suscripción popular.El monumento está situado en los jardines de Agricultura de Córdoba. El retrato muestra al pintor con su habitual estampa, cubierto con capa española.

Textos escogidos:
Conferencia leída por Juan Agustín Moreno en el "Círculo de Bellas Artes" de Algeciras  en 193l
Catálogo Museo Julio Romero de Córdoba


PARA SABER MÁS, VER:
CORDOBA-ARTE
geografía patrimonial de córdoba - tus ciencias sociales


3 comentarios:

  1. Excelentes obras; gracias por la publicación.

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  2. Enhorabuena por esta recopilación de la obra de Julio Romero de Torres. De su primera época, de la que hay muy pocos cuadros, se podría añadir Jardín de Córdoba, óleo sobre tabla datado en 1898-1900.

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    1. GRACIAS. CON LA COOPERACIÓN DE TODOS, MEJORAREMOS

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