629 PROYECTO: MEMORIA HISTÓRICA. ¡POR DIOS! ¡UN JUEZ!

PROYECTO:
MEMORIA HISTÓRICA. ¡POR DIOS! ¡UN JUEZ!


"La memoria es un elemento indispensable, tanto en nuestras vidas como en las de las ciudades y sociedades en las que habitamos. Ella no solo es parte de nuestro pasado, es la realidad de nuestro presente y con ella, o sobre ella, debemos construir nuestro futuro".


PARA SABER MÁS, VER:

ELPAIS.COM, 12-4-2012

ACTIVIDADES

A) Realiza una reseña sobre el tema que te propongo en los siguientes enlaces (15 líneas mín.)
b) Algunos critican la Ley de Memoria Histórica afirmando que se ha hecho un uso perverso de la Historia, ¿Qué piensas de ello?


"Era 20 de noviembre de 1936. Tenía 55 años, mujer y seis hijos, tres de ellos menores de edad. “Esa noche, él debió intuir lo que iba a pasar porque antes de salir de casa, al contrario que las otras dos noches, se despidió de mi abuela y de mi tía con un beso”, explica su nieta, Ana Pereda.
Gaspar Pereda fue fusilado y arrojado a una fosa de 6,5 metros de largo y 2,5 de ancho en una finca de cultivo de Loma de Montija (Burgos) con otros 22 hombres y una mujer.

A Lucas lo fueron a buscar un mes antes de que mataran a mi abuelo. Los dos eran labradores, gente de campo. No estaban metidos en política, pero estaban marcados por votar a la izquierda. En el pueblo contaban que había sido el cura el que había hecho la lista de fusilados para los falangistas”, relata Pereda.
Tras el asesinato de Lucas, los hijos de Gaspar se fueron a esconder al monte. En la casa solo se quedaron las mujeres, el más pequeño de los hijos y el propio Gaspar, que no quiso dejarles solos. Hasta que la tercera noche, los falangistas no le dejaron volver a casa después de haberle obligado a cavar su tercera y última fosa.
Pero como en tantos otros pueblos, los asesinos no se conformaron con matar a los hombres. Y después de fusilar a Lucas y a Gaspar, humillaron a las mujeres. A las viudas. “El día de la fiesta del pueblo cogieron a mi abuela y a mi tía, les raparon la cabeza delante de todo el mundo y las obligaron a barrer así la plaza del pueblo. También les dieron aceite de ricino”, cuenta Pereda.

  fosa tras la exhumación. / ÓSCAR RODRÍGUEZ

¿Cómo retratar? ¿Cómo representar a través de imágenes el horror, la violencia, el crimen, el silencio? ¿Cómo hacerlo en estos tiempos en los que es tan sencillo contribuir a la intoxicación visual que vivimos? ¿Cómo contarlo haciendo que dichas imágenes sean herramientas que contribuyan realmente a tener un conocimiento de lo que pasó, a que sepamos diferenciar dónde está la línea que separa la convivencia en libertad y el totalitarismo?

Las imágenes abren puertas, indican caminos, cuestionan, inician, movilizan… Pruebe a preguntarse qué le dicen estas fotografías. Y verá la respuesta.
    

El fotógrafo Clemente Bernad resume en un libro y un vídeo la exhumación de fosas del franquismo. Bernard enseña explícitamente aquello que escupe la tierra.



Berlangas de Roa (Burgos), 2004. Exhumación de los restos de cinco vecinos de Haza (Burgos) detenidos y asesinados en agosto de 1936, entre los que se encontraba el alcalde de la localidad. En la fotografía, la hija del alcalde asesinado junto a los restos de su padre.

  1. Málaga, 2007. Dibujos esquemáticos de los restos hallados en las fosas comunes durante los trabajos de exhumación de las aproximadamente 4 500 personas asesinadas y enterradas en el cementerio de San Rafael a partir de la toma de la ciudad por las tropas franquistas en febrero de 1937.

    1. Loma de Montija (Burgos), 2011. Exhumación de los restos de 24 personas asesinadas y enterradas en una fosa común en noviembre de 1936. Más de la mitad de los esqueletos tenía las manos atadas a la espalda.

Ya en el siglo XXI, el Estado puso en marcha, aunque con mucha timidez, políticas públicas de memoria, recordar el pasado para aprender, y no para castigar o condenar. Una parte importante de la sociedad reaccionó en contra . No resulta extraño escuchar afirmar que la Segunda República fue un desastre y reproducir en ese tema las ideas de los vencedores de la guerra civil 

   MEMORIA EN ANDALUCÍA

Andalucía, la historia enterrada


La Guerra Civil de 1936 a 1939 sembró Andalucía con más de 600 fosas comunes con unos 60.000 muertos, según la Dirección General de Memoria Democrática. Y eso, son solo las catalogadas. La contienda del sur de España no se caracterizó por las grandes batallas, pero sí por una represión feroz y profunda que se prolongó también durante la posguerra. Ejemplos de enterramientos masivos como los cementerios de Málaga, con más de 4.000 represaliados amontonados, o Córdoba, con más de 2.000, no se dieron en muchos más puntos de la geografía española.
La dimensión de la tragedia ha hecho que, 65 años después del fin de los fusilamientos masivos (estos se prolongaron los diez años posteriores a la guerra), la gestión de estos espacios, su desenterramiento, estudio e identificación sea una labor extremadamente complicada, lenta y costosa, tanto por su dimensión económica como emocional.

 Las excavaciones se han dado en toda Andalucía. Aremehisa, la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica en Aguilar de la Frontera, logró hace tres años reabrir las fosas del cementerio municipal que dan fe de la escabechina que también sufrieron los pueblos. Solo en este municipio cordobés, que durante la guerra contaba con unos 13.000 habitantes, se calcula que fueron fusilados unos 200.
M.J.A.

 CÓRDOBA Y SU MEMORIA

"Todos le conocían como El Aparato. El campesino Bernabé Sánchez Torralbo solía recorrer Adamuz (Córdoba) con un artilugio montado en una carretilla, vendiendo y rifando chucherías. "Así se quedó con el apodo", recuerda su nieto, Juan Sánchez. El Aparato era también enlace de la guerrilla que se movía por Sierra Morena combatiendo al franquismo en los años cuarenta. Hasta que el 20 de septiembre, al buhonero se le aplicó la ley de fugas junto al arroyo Valdelaguerra, en Adamuz y fue tiroteado hasta morir"

 Su familia está convencida de que fue enterrado en una fosa anónima del cementerio municipal, junto con más de 40 represaliados entre combatientes, colaboradores y víctimas ajenas a la lucha armada

En los cuarenta, Adamuz vivía asolado por la miseria de la posguerra que dejó la contienda civil. La guerra fue atroz en la provincia de Córdoba, pero la década que siguió al final de los combates no lo fue menos. Las partidas de maquis estuvieron activas en los cerros de la provincia durante 10 largos años. Dos lustros en los que se prolongaron las ejecuciones sumarias y los fusilamientos, junto a la cárcel y la tortura de los familiares, a los que apremiaban con sadismo para delatar el paradero de los guerrilleros.

Las últimas columnas de combatientes republicanos resistieron en esos parajes agrestes, diezmadas por la represión y el agotamiento. La más famosa de ellas fue la partida de Romera, liderada por el socialista Claudio Romera Bernal, asesinado el 11 septiembre de 1949. Los Romera tuvieron bastante contacto con otra partida muy activa en Adamuz, la de los Jubiles. Todos ellos desaparecieron a finales de los cuarenta, y con ellos terminó la actividad guerrillera en Sierra Morena. Pero su memoria sigue viva, en buena medida, por la labor que durante años han realizado sus nietos.
   
A diferencia de otros enterramientos múltiples de la guerra y la represión posterior, en el cementerio de Adamuz no se excavó una gran fosa común donde arrojar los cadáveres. Como el ritmo de la cacería a la que la Guardia Civil y el Ejército sometieron a los guerrilleros fue implacable pero lento, se optó por fosas individuales que se iban abriendo a medida que los iban asesinando. Pero todo con un orden y una pauta que se repetía: en filas de a dos y con un tercera persona en medio, a lo largo de todo el muro del fondo del camposanto.

El primer trabajo sobre el terreno no se podría haber hecho sin la colaboración de Aremehisa, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Aguilar de la Frontera. Este grupo, con amplia experiencia en la excavación de fosas en la provincia de Córdoba, recibió el apoyo de voluntarios de media España para realizar la cata.


Adaptación. Córdoba busca a los últimos guerrilleros de Sierra Morena. Manuel J. Albert Córdoba, 24-8- 2013


MEMORIA

Además de difundir el horror que la guerra y la dictadura generaron y de reparar a las víctimas durante tanto tiempo olvidadas, hay que convertir a los archivos, museos y a la educación en las escuelas y universidades en los tres ejes básicos de la política pública de la memoria. Más allá del recuerdo testimonial y del drama de los que sufrieron la violencia, las generaciones futuras conocerán la historia por los libros, documentos y el material fotográfico y audiovisual que seamos capaces de preservar y legarles. Archivos, erudición, análisis, debates y buenas divulgaciones de los conocimientos. Eso es lo que necesitamos para seguir construyendo las partes del pasado que todavía quedan por rescatar. La propaganda y la opinión son otra cosa.

PARA SABER MÁS, VER:

-Recuperación de la Memoria Histórica (elpais.es)

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