630 II REPÚBLICA: BIENIO CONSERVADOR



 BIENIO CONSERVADOR (dic33/febr.36)

Bienio radical-cedista: desde noviembre de 1933 a diciembre de 1933, con gobiernos presididos por dirigentes del Partido Radical de Lerroux, con apoyo de la CEDA de Gil Robles.

· Gobierno radical (Lerroux) con apoyo de la CEDA de Gil Robles
3.1. Contrarreforma: anulación de las reformas
3.2. Revolución de octubre 1934
· Causas:
o Conflictividad ante la paralización de las reformas
o Radicalización de un sector del PSOE-UGT (Largo Caballero)
o Entran en el gobierno la CEDA
· Convocatoria de huelga general por UGT que fracasa
· Proclamación República Catalana. Supresión de su autonomía
· Revolución en Asturias y represión por la Legión
· Proyecto de reforma Constit. Disensiones dentro del gobierno.
· Cae el gobierno por asunto “estraperlo”: Elecciones



El Bienio Radical–Cedista

La consulta electoral de 1933 se desarrolló con un gran entusiasmo por parte de todos los rivales. La Ley Electoral vigente favorecía las alianzas, cosa que tuvieron muy en cuenta las derechas que elaboraron programas comunes.

Sin embargo, la izquierda no opto por la misma táctica, los anarquistas optaron por la abstención y no hubo colaboración entre los socialistas y los republicanos de izquierda salvo en escasas excepciones.
El resultado que arrojo estas elecciones mostró una clara tendencia derechista, pero no aplastante, existió un cierto equilibrio entre las grandes fuerzas políticas en número de votos. Pero el número de diputados obtenidos por un sistema electoral mayoritario hizo desaparecer este equilibrio1.
Los dos grandes triunfadores de las elecciones de noviembre de 1933 fueron, sin duda, Alejandro Lerroux (Partido Radical) y José María Gil Robles (CEDA).


Dominada por grandes terratenientes y sectores profesionales urbanos, la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), el primer partido de masas de la historia de la derecha española, creado a comienzos de 1933, se propuso defender la “civilización cristiana”, combatir la legislación “sectaria” de la República y “revisar” la Constitución. Cuando esa “revisión” de la República sobre bases corporativas no fue posible efectuarla a través de la conquista del poder por medios parlamentarios, sus dirigentes, afiliados y votantes comenzaron a pensar en métodos más expeditivos. Sus juventudes y los partidos monárquicos ya habían emprendido la vía de la fascistización bastante ante. A partir de la derrota electoral de febrero de 1936, todos captaron el mensaje, sumaron sus esfuerzos por conseguir la desestabilización de la República y se apresuraron a adherirse al golpe militar.

El Partido Radical contaba con un dirigente respetado como Alejandro Lerroux, pero carecía de un plan político efectivo y consideraba mayoritariamente el poder como un fin en sí mismo.
La CEDA constituía la versión española de los partidos católicos existentes en el extranjero y agrupaba a personas de muy variada procedencia, sólo unidos por el común ideal de la defensa del catolicismo, lo que explica las dificultades de los dirigentes ante las tensiones entre los diversos sectores del partido. Si se mantenía la unidad a pesar de los problemas era debido a la personalidad de su líder, José María Gil Robles.


El primer gobierno de Lerroux

Durante los primeros meses del segundo bienio republicano, de diciembre de 1933 a abril de 1934, se sucedieron dos gobiernos.
Las medidas propuestas por el gobierno presidido por Alejandro Lerroux fueron oportunistas o conservadoras más que reaccionarias. Su primer gobierno fue un exceso de moderación, trató sobre todo de apaciguar los ánimos en lo referente al tema religioso, con medidas poco eficaces; en cuanto a la reforma agraria, no solo no fue suspendida, sino que se vio reforzada con la confirmación de unos polémicos decretos sobre la intensificación de cultivos.
La actitud moderada de Lerroux se topó con críticas muy duras tanto por parte de la CEDA como desde el interior del Partido Radical. Esto junto a un enfrentamiento de Lerroux con el Presidente Alcalá Zamora por la cuestión de la amnistía provocó el temporal alejamiento del poder de Alejandro Lerroux.


El encargado de sustituir a Lerroux fue el diputado Ricardo Samper Ibañez (Partido Radical), pero éste no fue respetado por ninguno de los sectores políticos, y los problemas seguían aumentando; a la difícil colaboración entre la CEDA y el Partido Radical se sumó la actitud combativa de la izquierda socialista y republicana.


 Las derechas lograron 200 escaños de los cuales la mitad correspondía a la CEDA, el centro unos 160 escaños de los cuales 100 era del Partido Radical, y la izquierda solo 100 escaños con clara ventaja para los socialistas.


Si, frente a la democracia, la derecha creía en el autoritarismo, una parte de la izquierda prefería la revolución como alternativa al gobierno parlamentario. La insurrección como métodos de coacción frente a la autoridad establecida fue utilizada primero por los anarquistas y detrás de sus sucesivos intentos insurreccionales –en enero de 1932 y enero y diciembre de 1933- había, esencialmente, un repudio del sistema institucional representativo y la creencia de que la fuerza era el único camino para liquidar los privilegios de clase y los abusos consustanciales al poder. Sin embargo, como la historia de la República muestra, desde el principio hasta el final, el recurso a la fuerza frente al régimen parlamentario no fue patrimonio exclusivo de los anarquistas ni tampoco parece que el ideal democrático estuviera muy arraigado entre algunos sectores políticos republicanos o entre los socialistas, quienes ensayaron la vía insurreccional en octubre de 1934, justo cuando incluso los anarquistas más radicales la habían abandonado ya por agotamiento.

En Octubre de 1934, la entrada al gobierno de 3 ministros de la CEDA fue interpretada por los socialistas como una entrega de la República a sus enemigos y supuso la señal de partida para una revolución que venía gestándose de hacía tiempo con el apoyo del PCE y de CNT. En la mayor parte de España, las mannifestaciones de esta revolución apenas pasaron de una huelga de unos pocos días, pero en dos lugares la situación alcanzó una tensión notable: 

El movimiento socialista campesino se lanzó a una huelga motivada por el extremismo del sector dirigente y el descenso de los salarios. 

La llamada a la huelga general o la revolución pura y dura sólo cuajó de verdad en Asturias y algo en el País Vasco y Cataluña, lo que no fue óbice para que el Presidente de la Generalidad, el líder de ERC, Lluís Companys ejecutara un verdadero Golpe de Estado.

El estallido de la Revolución: la proclamación de la República, la represión política seguida por los gobiernos derechistas, la ebullición obrera y la brutalidad laboral. No había límites. A la mina bajaban menores de 16 años. El alcoholismo acababa de enterrar lo que no mataba el carbón. “La gente tenía una vida miserable”, subraya el autor, que comenzó el proyecto hace más de tres años. “Los sueldos eran cada vez más bajos y cada vez pasaban más hambre. Además los mineros tenían pánico a las noticias que llegaban de Europa, con el auge de los fascismos”.

La violenta reacción de la izquierda, protagonizada por los grupos republicanos de izquierda que protestaron enérgicamente ante la entrada de la CEDA en el gobierno, llevó a un movimiento huelguista de protesta en toda España, aunque no tuvo el apoyo suficiente como para impedir el cambio de gabinete, solo se registraron acontecimientos graves en Cataluña y en Asturias:

- en Asturias 
Los sucesos de Asturias sí fueron una autentica revolución social. En esta región la UGT y la CNT habían pactado una alianza “para abolir el régimen burgués”. Los mineros bien armados lograron apoderarse de gran parte de la provincia y sitiaron Oviedo que quedo en buena medida destruido. Fue necesario recurrir a una verdadera ocupación militar para derrotar a los rebeldes, las perdidas en vidas humanas fueron considerables y la brutalidad mostrada por los dos bandos fue un preludio de la guerra civil. la situación si alcanzó una auténtica dimensión revolucionaria designo socialista: los mineros se adueñaron de la región durante dos semanas, organizaronla sanidad, la seguridad y los suministros, colectivizaron losmedios de producción y abolieron el dinero, mantuvieron la producción minera y siderúrgica y crearon órganos de gobierno revolucionario (todo ello,en tan corto espacio de tiempo). Hubo de intervenir elejército, al mando de Franco, para reconquistar laregión prácticamente casa por casa.La represión posterior, llevada a cabo por la Guardia Civil, fue brutal.

- En Cataluña: En octubre de 1934, la entrada en el Gobierno de tres ministros de la CEDA fueinterpretada por lossocialistas como una entrega de la República a sus enemigos y supuso la señal de partidapara una revolución que venía gestándose desde hacía tiempo, con el apoyo del PCE y de la CNT. 

En la mayor parte de España. Su origen estuvo en la cuestión agrícola de los “rabassaires” (arrendatarios). La Ley de Contratos de Cultivo aprobada por el Parlamento Catalán permitía el acceso a la propiedad de las tierras arrendadas, el problema surgió al plantearse la cuestión de si los contratos de cultivo eran competencia autonómica o correspondía al Parlamento de Madrid. Poco a poco, el pleito perdió su sentido social y pasó a ser un pleito político y autonómico.

El seis de octubre de 1934 a las ocho de la tarde desde el balcón de la entonces Plaza de la República hoy de San Jaime proclamó el “Estado Catalán de la República Federal Española”. 

• Lluis Companys, presidente de la Generalitat, presionado por los extremistas catalanes, que habían preparado un golpe de estado, proclamó la República Catalana. La confusión de este movimiento comenzaba por la proclamación del presidente que para defender la república proclamaba una anticonstitucional república federal. A parte, Companys no tenía armas, lo que hizo mantenerse la Generalitat a la defensiva, y además en las izquierdas el movimiento no fue popular. En estas condiciones no es de extrañar que el ejercito permaneciera fiel a las instituciones y liquidaran sin dificultades el movimiento catalanista.

El Gobierno atajó el movimiento independentista enviando al general Batet con no más de 400 hombres que redujeron a los miles de ciudadanos que habían salido a las calles tras el anuncio. Todo terminó en unas horas a las seis de la mañana del día 7 cuando Companys anunciaba por radio su capitulación.

- En el País Vasco también se agudizó el problema autonómico al plantearse en las Cortes, a comienzo de 1934, la cuestión del Estatuto Vasco y comprobarse que las pretensiones de los nacionalistas vascos eran tan mal acogidas por la derecha como lo habían sido por la izquierda en las primeras Cortes de la República.

El saldo de la revolución de octubre fue impactante: más de 1.300 muertos y el doble de heridos entre obreros y las fuerzas armadas, fusilamientos sin juicio, torturas,y unos 30.000 detenidos, muchos de los cuales prolongarían su estancia en prisión hasta la victoria electoral del Frente Popular en 1936.Entre ellos estaban Companys, el ex presidente del Gobierno Azaña (que no participó ni personal ni a través desu partido, en la revuelta) y buena parte de la cúpula del PSOE. 
La ruptura de la convivencia era definitiva. Las consecuencias en el panorama político y social de España fueron demoledoras para la propia pervivencia de la República: 

Los sucesos de Cataluña y País Vasco impulsaron a Gil Robles, líder de la CEDA, a pedir que este partido se incorporase al gobierno, hecho complicado pues un partido como éste nunca se había inclinado por los principios republicanos. Gil Robles declaró en las Cortes que era necesario una rectificación por parte del gobierno de Samper, cosa que no estaba dispuesto a emprender y con ello provocó una de las crisis más importantes de la época republicana.


- Niceto Alcalá Zamora en su afán de moderación, concedió las carteras ministeriales de Justicia, Agricultura y Trabajo a la CEDA.


Las dificultades entre el presidente de la República y la coalición gobernante explican la esterilidad de esta etapa. Manuel Giménez Fernández (diputado de la CEDA), ministro de Agricultura, con una gran preocupación por los temas sociales, defendía la propiedad privada y la indemnización en caso de expropiación. Pero era partidario de una reforma agraria que favoreciera el acceso del campesino a la propiedad de la tierra. Su principal preocupación se centro en los arrendamientos. Sin embargo, su proyecto quedo notablemente mutilado por la cerrada oposición en las Cortes, donde los enfrentamientos de la mayoría gubernamental terminaron por hacer que Gil Robles se planteara la necesidad de una crisis de gobierno.

El segundo gobierno de Lerroux


En mayo de 1935 se formó un nuevo gobierno presidido por Lerroux, en el que la CEDA ocupaba cinco ministerios. Este gobierno no consiguió nada positivo, pues la falta de cohesión interna impidió que salieran adelante cuestiones incluso en las que todos los partidos estaban de acuerdo.


Ante la presión de su propio partido Gil Robles hubo de prescindir de Giménez Fernández y sustituirlo por Velayos, del Partido Agrario (conservador). Éste elaboró una Ley de Contrareforma Agraria, que suponía deshacer todo lo que se había avanzado desde 1931. Esta ley, por su carácter reaccionario, fomentó inevitablemente las tensiones sociales.
En septiembre de 1935 se produjo la más complicada crisis del periodo de gobierno, y en octubre estalló el primero de los escándalos administrativos protagonizados por los radicales; el “estraperlo”. Esta denominación procedía de los nombres de David Strauss y su socio Perlo, quienes intentaron implantar en España un tipo de ruleta eléctrica en los limites del fraude. Estos individuos intentaron burlar la prohibición del juego, sobornando a algunos hombres importantes del partido Radical. Pero a pesar del tráfico de influencias el asunto no acabó de salir adelante y Strauss, tras un intento frustrado de chantaje, envío las pruebas al Presidente Alcalá Zamora. La mayoría de los implicados, incluido Lerroux, tuvieron que dimitir y las izquierdas aprovecharon el asunto para utilizarlo en contra del gobierno. Todo este asunto, junto a otros escándalos y a la inestabilidad del gobierno provocaron la dimisión de éste a finales de 1935.


El segundo bienio republicano fue calificado como el “bienio negro”, sus características fueron la esterilidad e inestabilidad política causada por:


– el imposible entendimiento entre radicales y cedistas,
– la acción de la extrema derecha que hizo todo lo posible para que no hubiera acuerdo entre ambos partidos,
– y la izquierda, que ni siquiera acepto los resultados electorales.

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