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IBEROS

A Viriato se le presenta como iniciador de una milenaria saga española de caudillos o generales salidos del pueblo, protagonistas de proezas que asombran al mundo pero que acaban en derrotas. Los seguidores de Viriato, incapaces de “agruparse en derredor de la bandera de tan intrépido jefe”, se dividieron en facciones que convirtieron aquella gesta en un sacrificio inútil.
Hizo que tanta heroicidad no lograra evitar la “esclavización” de la Península por los romanos

Modesto Lafuente, en su tan leída Historia general de España.





ESQUEMA

– La Edad del Hierro (hacia el año 800 A.c.) 

• La Edad del Hierro en la Península Ibérica está a caballo entre la Prehistoria y la Historia (Protohistoria)
 • Tres culturas o pueblos: Iberos, celtiberos y celtas
 • Los pueblos colonizadores. Tres pueblos colonizadores: fenicios, griegos y cartagineses

• Iberos, celtiberos y celtas 

 – Los Íberos • Uno de los pueblos más importantes de nuestra raíz histórica. Compuesto por multitud de tribus (ilegertes, bastetanos, turdetanos…)
 • Grandes manifestaciones artísticas.
– Tartessos 
• Durante mucho tiempo fue una cultura legendaria sobre la que los griegos habían escrito testimonios que hacían pensar en una civilización muy avanzada y próspera 
• Rica en metales de todo tipo: oro, plata, estaño y cobre.
– Los Celtas 
• Descubrimos las raíces celtas en dos comunidades autónomas: Galicia y Asturias.
 • La cultura celta se deja notar en casi todas las tribus que habitaron en los territorios que no estaban ocupados por los íberos dando lugar a lo que se ha llamado pueblos celtibéricos. 

Pueblos colonizadores: fenicios, griegos y cartagineses
 – Los Fenicios (siglos X y VII A.c.) 
• Pueblo originario del próximo oriente (en las costas del actual Líbano. Sus principales ciudades Tiro, Biblos Sidón)
 • Se dedicaron al comercio a gran escala y a larga distancia, por todo el Mediterráneo en busca de metales. Allí donde encontraban riquezas metalíferas fundaban asentamientos permanentes (colonias) • Colonizaron la costa andaluza y del sudeste: Gadir (Cádiz), Sexi (Almuñecar), Baria (Villaricos/Almería), Malaca (Málaga)
 • Dejaron de tener protagonismo en el siglo VII A.c..

 – Los Griegos (a partir del siglo VII A.c..) 
• Actuaron de forma muy parecida a los fenicios, pero principalmente en la zona norte de la costa mediterránea de la península 
• El principal producto que vendían los comerciantes griegos eran sus famosas cerámicas • El declive de la presencia griega en la península se debió a la expansión de dos nuevas potencias coloniales que preferían métodos menos pacíficos y no admitían fácilmente la competencia ajena en el comercio: Cartago primero, y finalmente, Roma.

 – Los Cartagineses
• Ocuparon toda la antigua zona de influencia fenicia en la península, pero con una estrategia colonial imperialista.


Formación histórica del mundo ibérico

Formaban parte de los habitantes originales de Europa occidental y los creadores/herederos de la gran cultura megalítica que surge en toda esta zona, posiblemente, una teoría respaldada por estudios genéticos. Los iberos serían similares a las poblaciones celtas del primer milenio antes de Cristo de Irlanda, Gran Bretaña y Francia. Posteriormente (según la interpretación más tradicional), los celtas cruzarían los Pirineos en dos grandes migraciones: en el IX y el VII siglo a. C. Los celtas se establecieron en su mayor parte al norte del río Duero y el río Ebro, donde se mezclaron con los iberos para conformar el grupo llamado celtíbero.
 El principal cambio que se produce en esta época es la integración de las tierras y la Península en las grandes culturas del Oriente Mediterráneo, con lo que surge un proceso de evolución histórica que desborda y condiciona las líneas evolutivas anteriores. Pero este horizonte nuevo, fundamentalmente exterior, no debe de hacernos perder de vista que en esta etapa se está produciendo la consolidación de las culturas del Bronce Pleno, cuyo foco más importante se sitúa en El Algar (Almería).

Tras esta etapa del Bronce Pleno los arqueólogos han establecido a partir de una serie de datos nuevos o de interpretación de datos anteriores un denominado Bronce Tardío (1300-1100 a.C.) en el que continúan los componentes de la cultura argárica, con desaparición de algunas de sus formas cerámicas y con penetración de elementos culturales del horizonte meseteño caracterizado con el nombre de Cogotas. También en Andalucía Occidental puede hablarse de un Bronce Tardío con las características apuntadas para las demás zonas.

Con este Bronce Tardío se llega a una crisis final del mundo argárico, hecho que no puede situarse al margen de la crisis general que afecta a todas las culturas mediterráneas. Pero a esta situación general de crisis sigue una fase de mayor vigor que, de acuerdo con la investigación de los últimos años, puede ser caracterizada como Bronce Final.

El factor más importante de esta revitalización es, sin duda, la influencia de la cultura tartésica y se trata de una época de mayor apertura cultural que las épocas precedentes. Los comienzos de esta nueva etapa pueden situarse hacia el año 1000 a.c. Esta etapa se va a caracterizar sobre todo por una fuerte influencia y penetración de los elementos culturales tartésicos, entre los que destacan, de acuerdo con los hallazgos arqueológicos más recientes, la cerámica con decoración bruñida, los vasos de perfil carenadi, las superficies alisadas, etc. Estos datos de la arqueología no hacen sino confirmar las noticias de las fuentes escritas, para quien el mundo tartésico se extiende hasta la región de Cartagena.

La ruptura con la línea decadente del Bronce Tardío, ubicándose los yacimientos incluso en otros lugares, y, sobre todo, la constatación de que el foco tartésico es el principal catalizador de la renovación cultural que se produce en ese momento.

Sobre la base del Bronce Final Tartésico se superpone una fase orientalizante, profundamente marcada por el influjo fenicio, que comienza en el siglo VIII y tiene su momento de mayor apogeo en el siglo VII y parte del VI. También se extiende la zona ibérica clásica, en buena parte, como resultado de la irradiación tartésica hacia esa área.

En el siglo VI a.c. se produce la crisis de la cultura tartésica, lo que traerá consigo una mayor vitalidad e influencia de las zonas ibéricas del sudeste y levante.


 Este proceso va a llevar en el siglo V a.c. a las poblaciones indígenas a un estado de desarrollo superior que podemos calificar como de plenamente urbano, con lo que el mundo ibérico se homologa, aunque tardíamente, con las demás culturas del mundo mediterráneo de los milenios segundo y primero a.c. y con un tipo de organización más próximo al de las sociedades mediterráneas. La existencia de la ciudad como núcleo básico de la organización comunitaria es uno de los rasgos que caracterizan al mundo ibérico. En las campiñas de Jaén encontramos ciudades y una organización de doblamiento en torno a ellas ya en pleno siglo V a.c..

Centrándonos más concretamente en la ordenación del territorio en el área ibérica de España, hay que decir que, en el Alto Guadalquivir, los asentamientos se ubican y se distribuyen en función de la explotación de los recursos económicos de la zona y teniendo en cuenta la naturaleza de cada uno de ellos, según se trate de asentamientos urbanos o rurales. Por regla general los asentamientos de esta área analizados hasta ahora con más profusión suelen localizarse en zonas agrícolas, aunque también se han descubierto asentamientos ubicados en determinados lugares de explotaciones mineras o de otras actividades económicas.


En definitiva, la distribución de asentamientos se realiza de forma irregular de acuerdo con las posibilidades económicas que presenta el territorio y no mediante una planificación ordenada de la utilización del mismo, con lo que la mayor densidad demográfica y el mayor número de núcleos importantes se explica por la existencia también de una mayor cantidad de recursos.

En la distribución de los núcleos habitados influyen elementos de tipo político o incluso militar, aunque estos asentamientos suelen ser escasos. Entre los distintos asentamientos se establece una jerarquización en función de una relación de control e intercambio de los centros ciudadanos sobre los centros rurales, e incluso dentro de los propios centros ciudadanos se produce esta relación de control de los mayores sobre los más pequeños.

Este proceso de jerarquización será potenciado y favorecido posteriormente por la acción de Roma, pues su propia estructura política-administrativa tiene como base estos mismos principios. De este modo el control de los territorios por parte de Roma será mucho más rápido, fácil y menos costoso.



La falcata
Una de las armas más características de la Península Ibérica fue también una espada conocida posteriormente en el mundo entero. 
Se distingue, entre otras cosas, por contar con una hoja curva con una punta ancha que se basa en cuchillos similares. A su vez, se destacaba por contar con empuñadoras que representaban cabezas de animales o, incluso, de seres humanos.
 Eranun símbolo de poder y estatus social para los íberos. De hecho, aparecen en ajuares para perpetuar el estatus del difunto.
«La falcata era un arma pesada, capaz de asestar mortíferos golpestanto tajantes como punzantes, apropiada para la infantería. […]. En su vaina podía también guardarse un cuchillo de hoja curva, que se utilizaría como una especie de navaja multiusos. Ahora bien, hay que tener en cuenta que, como ocurre en otras culturas antiguas del Mediterráneo, la lanza, y no la espada, era el arma ofensiva principal del combate. Por lo tanto, la falcata sería utilizada en el campo de batalla como recurso último cuando la lanza se rompía o se perdía, lo cual no significa que no fuera un arma muy eficaz y práctica en el combate» 

Falcata de AlmedinillaÁNGEL MARTÍNEZ LEVAS/MAN
Mar Gabaldón en su obra «La falcata de Almedinilla».

A día de hoy existe una gran controversia en relación a la procedencia de la falcata. Y es que, aunque muchos historiadores señalan que llegaron hasta la Península a través de los griegos, otros consideran que fue a través de los etruscos. La primera es la teoría más aceptada. «La falcata tiene su origen posiblemente en las costas balcánicas del Adriático. Desde allí se extendió hacia Italia, donde alcanzó gran éxito, y a Grecia, siendo denominada machaira o kopis. Para los griegos esta espada de pronunciada hoja curva era un símbolo de las armas de los bárbaros», destaca la experta.
Sin embargo, algunos autores como Fernando Quesada Sanz consideran que no fue una evolución de esa arma, sino que fue una espada nueva creada a partir de ella. Para ello, esta cultura redujo considerablemente su curvatura, acortó su hoja y –en lugar de un único filo- hicieron que pudiese cortar por ambos lados. Así pues, crearon un objeto nuevo. 
En la actualidad, el Museo Arqueológico Nacional guarda entre sus muros una de las falcatas más antiguas encontradas hasta la fecha, la de Almedinilla (hallada en Córdoba). Esta data del siglo IV a.C. y cuenta con una riqueza decorativa que hace suponer que estaba ideada para una élite militar.

PARA SABER MÁS, VER:

Organización socio-política

Organización social:


Del análisis de las tumbas se deduce la existencia de un grupo de régulos, que debían formar la nobleza y cuyas tumbas denotan un nivel alto de riqueza, junto a ellos existía una clase media con tumbas y un ajuar discreto, aunque con algún elemento de importación, y, según este ajuar, diferencia a los guerreros del grupo de posibles comerciantes y artesanos cualificados y, finalmente, tenemos el grupo social más bajo dentro de la escala, que son los individuos enterrados en las numerosas tumbas pequeñas consistentes en un solo hoyo en el suelo, a veces sin ningún ajuar y con la urna tapada únicamente con una piedra.

Entre las esculturas de mujeres, aparece una clase superior de grandes damas mitradas, oferentes o no, que representan a grandes señoras en un acto litúrgico. En ocasiones aparece también una sacerdotisa y gran variedad de estatuillas que no pueden ser adscritas a ninguna profesión o estatus.

Lo que si parece claro es que lo militar está presente en todos los niveles de la estructura global:
Estrabón habla de continuas guerras entre los íberos.
Los ejércitos de los régulos del sur suelen ser mercenarios.
Este predominio de lo militar está sustentado por la ideología, como puede verse a partir de los ajuares de las tumbas y la presentación de los reyes como grandes caudillos militares.
La metalurgia, a menudo en función de la guerra, adquiere un alto grado de desarrollo y la rapiña se convierte en un sector productivo más dentro de la economía íbera.
Se destaca la existencia de numerosos recintos conocidos con el nombre de turres en época clásica, cuya función debió de ser defensiva y que en la actualidad se ponen en relación con un reflejo de la organización socio-política.


Para el conocimiento de los aspectos de la organización política del mundo ibérico contamos con los datos que aparecen en las fuentes literarias de: Polibio, Apiano y Tito Livio, sobre la existencia de reyezuelos o régulos en la zona sur de España en el momento de cambio de la hegemonía cartaginesa a la romana.

Después de la desaparición de Tartessos, los pueblos del sur, fragmentados desde el punto de vista político, pero en su mayoría con regímenes monárquicos, aparecen en las fuentes escritas con nombres nuevos. Según las noticias de Apiano, la muerte de Amílcar en el año 229 a.C., se debió a la conjura de varios reyes de pueblos íberos y de personajes influyentes.

Algunos de estos reyezuelos dominan sobre varios núcleos urbanos fortificados. En el momento de la pérdida de estos territorios por Cartago a manos de Roma, aparecen junto a estos reyezuelos más importantes, otros que dominan únicamente sobre una ciudad tras la fragmentación de la monarquía tartessica. Attenes es el primer reyecillo que se pasó a las filas romanas en el año 206 a.c., también sabemos que Cerdubeles era régulo de Cástulo en el 196 a.c..

La mención de estos monarcas no excluye la existencia de ciudades cuya estructuración política no estaba en torno a un régulo, como es el caso de Astaza en Sevilla.

Está claro porque aparecen en las fuentes escritas, que en la Turdetania, en el momento de la segunda guerra púnica, había reyes que dominaban varias fortalezas (oppida), reyes que dominaban más de una ciudad a la vez, reyes o régulos que dominaban una e, incluso, ciudades que no eran gobernadas por una institución real.

Estructura económica

Productos de la economía íbera: 

De Turdetania se exporta trigo y gran cantidad de vino y aceite; este es, además, insuperable, no solo en cuanto a su cantidad, sino también por su calidad. Se exporta igualmente cera, miel, pez, mucha cochinilla y minio. Construyen allí mismo sus navíos con madera del país; poseen sal fósil y muchas corrientes de ríos salados, debido a lo cual, tanto en estas zonas, como en las de más allá de las columnas, son abundantes las fábricas de salazón de pescado, que proporcionan salmueras tan buenas como las del Ponto. Con anterioridad se importaba también gran cantidad de tejidos y en la actualidad sus lanas están muy solicitadas y no hay nada que las supere en belleza. (Estrabón).

La bellota, alimento de pueblos. En las tres cuartas partes del año, los montañeses, no se nutren sino de bellotas, que secas y trituradas, se muelen para hacer pan, el cual puede guardarse durante mucho tiempo. (Estrabón).

Es cosa cierta que aún hoy día la bellota constituye una riqueza para muchos pueblos hasta en tiempos de paz. Habiendo escasez de cereales, se secan las bellotas, se las monda y se amasan la harina en forma de pan. Actualmente, incluso en las Hispanias, la bellota figura entre los postres. Tostada entre cenizas es más dulce. (Plinio el Viejo).

La agricultura: Dos son los sectores que hay que destacar de la actividad económica que debió desarrollarse en el área íbera, la agricultura y la minería; la agricultura por todo el área y la minería con sus centros principales en Cástulo. A ellas hay que añadir otras actividades en los sectores ganaderos y actividades artesanales.

A partir de la edad del Bronce, el nivel técnico de las explotaciones agrarias había experimentado un gran avance y la agricultura era la base de la economía en la España ibérica.

El importante desarrollo histórico de estas poblaciones a lo largo de los siglos IV y III a,C, tiene mucho que ver con los medios de producción aplicados a la agricultura, en especial con los elementos tecnológicos. Tradicionalmente se había considerado que los instrumentos más avanzados utilizados para las labores agrícolas de la zona íbera eran debidos a los romanos, pero los instrumentos de hierro, utilizados en plena época ibérica, son los mismos que vamos a ver usando posteriormente a estas poblaciones en la época romana.

Es frecuente la presencia de rejas de arado en los poblados de la segunda mitad del siglo IV a.c., así como palas de hierro, azadas, podaderas y hoces.

Los productos más importantes del área íbera son los cereales, el olivo (traído a estas tierras por los fenicios y cartagineses), y la vid, cuyo cultivo podemos situar a partir del siglo IV a.c. Parece ser que los frutales se cultivaban en todo el área ibérica, igual que las hortalizas, algunas de las cuales merecen la cita de Plinio, como las que se cultivaban en Cartagena y en Córdoba. También se tienen noticias del cultivo de la palmera, introducida por los cartagineses, e higueras y han aparecido almendras en Baza en tumbas del siglo IV a.c. Las zonas más ricas en general debían ser las vegas de los ríos Ebro, Segura y Guadalquivir.

Debió tener también gran importancia la explotación de los bosques, pues las masas forestales del sur de Sierra Nevada serían uno de los mayores atractivos de la costa sur de España para los colonizadores mediterráneos.

Todavía queda una pregunta por resolver ¿quién era el propietario de las tierras?. Se hace referencia a la existencia de grandes terratenientes entre los íberos, mientras que se propugna la existencia de una posesión individualizada por familias. Para el Alto Guadalquivir, parece que se quiere ver un tipo de propiedad mixta, es decir, propiedad individual o familiar, junto al oppidum, como unidad de producción.

Minería: 

Es muy posible que toda la historia de la España antigua, desde el Bronce hasta Augusto, esté determinada por la abundancia de metales, su búsqueda y explotación por los pueblos del Mediterráneo oriental primero y por Roma después.

Ya n época de predominio tartessico la explotación de los minerales estaba bastante desarrollada en el sur de España. En época ibérica se acrecentó la importancia, al añadirse el empleo masivo del hierro a los metales tradicionales. El hierro aparece por primera vez en la Turdetania hacia el 700 a.c., desplazándose su uso hacia el norte y el este, fabricándose en este metal la mayor parte de los utensilios dedicados a la producción, así como las armas.

El territorio de los oretanos es una zona minera de gran importancia con dos centros por excelencia: Sisapo (Almadén) y Castulo (Linares). En época íbera se obtenían los metales de plomo y plata, aunque, cuando realmente se acelera la producción, fue con la llegada de los cartagineses y los romanos.

Con la llegada de los cartagineses se intensificó la producción española de plata, utilizando nuevas técnicas aprendidas de los atenienses, y se desplazó la actividad minera de la plata hacia el este. Se abandonan, al parecer, las explotaciones de la región de Huelva, pero se continúa explotando los yacimientos de Linares y se realizan grandes explotaciones en la zona de Cartagena, donde sabemos que en la época cartaginesa trabajaban 40.000 indígenas en la extracción de la galena argentífera.

Otros metales que se siguen explotando: son el cobre de la parte de Cástulo, el oro de las minas de Sierra Nevada y el que se beneficia en los ríos que arrastran arenas auríferas (Genil y Darro), el mínio cuyo centro principal es Sisapo y el plomo que se explota juntamente con la plata y que debió emplearse en abundancia.

Por lo que se refiere a los medios de producción es importante resaltar el conocimiento para esta época y en esta área íbera del tornillo de Arquímedes, así como hornos de fundido con ventilación.

En cuanto a las unidades de producción, también aquí parece que se puede hablar de la dualidad entre oppidum y familia al menos para el área del sur peninsular. En las casas del poblado minero de Riotinto se han encontrado escorias repartidas por el interior de las casas y no en grandes montones, como sucede en época romana, por lo que se piensa que la producción no se realizaba en grandes establecimientos, sino que estaba repartida entre los habitantes del poblado con el carácter de pequeña industria doméstica.


 

Por otra parte, la ausencia de lucernas y trabajos de profundidad en época prerromana en las explotaciones de cobre demuestran que estas explotaciones a flor de tierra pudieron perfectamente ser realizadas `por una sola familia. Junto a ello, encontramos la especialización que se ha descubierto en los restos de mineral para algunos de los oppidas. Se trataría de la especialización de ciudades en determinados productos.

Lo que no está claro para la época ibérica es la propiedad de las minas, si pertenecían a propietarios privados o tenían el carácter de públicas.





Material incautado por la Guardia Civil durante la operación 'HELMET'. / ULY MARTÍN

Ganadería


  A pesar de haber afirmado que la agricultura y la minería constituían los principales sectores de producción en el área íbera, no por eso debemos olvidarnos de la importancia de la ganadería, que en algunos casos, como el de los oretanos, constituye la principal fuente de riqueza, en contraste con otras zonas básicamente agrícolas.

Entre las especies de animales objeto de cría, el caballo debió ocupar una situación preeminente por la propia organización social de los íberos y la organización militar existente entre ellos. Las fuentes así lo confirman, pues a las noticias de que la caballería ibérica actúa en todas las guerras del siglo III a.c., se une la gran cantidad de bocados de caballo aparecidos en la necrópolis y las representaciones en la cerámica de su doma y adiestramiento.

También el ganado vacuno era objeto de cría, como en la mayor parte de las zonas con economía ganadera. Para el transporte eran empleados bueyes.

En la cerámica ibérica aparecen con profusión las representaciones de ovejas y cabras, apreciadas por su leche, su carne y por la lana de unas y el pelo de otras para la fabricación de tejidos.

Aunque no tenemos noticias en las fuentes de la cría del cerdo, las excavaciones arqueológicas realizadas en los poblados ibéricos han sacado a la luz restos de estos animales, por lo que debió ser criado como animal productor de carne.

También hay evidencias arqueológicas de la cría de las abejas en Levante, donde tiene una tradición que se remonta al Mesolítico. En la zona andaluza tenemos Mellaría (Fuente Ovejuna), gentilicio de miel.

El comercio


  El comercio de todos los productos se realizaba a través de las colonias griegas, fenicias y más tarde cartaginesas establecidas en las costas del sur y el Levante.

Desde el punto de vista comercial España es un país colonial, pues exporta materias primas e importa productos manufacturados. Este comercio debió estar en manos de mercaderes orientales, que realizaban su actividad en los grandes centros mercantiles de oriente y que tenían agentes en las costas que comerciaban con los indígenas. El interlocutor de estos agentes entre los íberos del sur y de sudeste debió ser el grupo que controlaba el excedente, especialmente de las minas.

También se controlarían el excedente de la producción agrícola de la rica y fértil Turdetania, aunque este comercio es posible que tuviera un radio de acción menor, teniendo como destino las poblaciones costeras donde vivían los mercaderes. Son los que están enterrados en las grandes tumbas del sudeste con ajuares que demuestran claramente su riqueza y los destinatarios de las obras de arte, muchas de ellas importadas.

Muy poco es lo que sabe de las formas concretas de comercio y no puede ser aplicado de la misma forma a unas u otras zonas, sino que hay que distinguirlas. Turdetania conocía desde épocas más antiguas formas bastante avanzadas de intercambio.

Las primeras etapas de intercambio en la Península Ibérica fueron premonetales, utilizando como medio de trueque algún producto especialmente apreciado o incluso cambiando unos productos por otros, como sabemos por los datos de los escritores clásicos que hacían los ártabros (pueblo de Galicia) en el siglo II a.c. que entregaban a los comerciantes el estaño y el plomo a cambio de cerámica, sal y utensilios de cobre.

El uso de la moneda es traído a las zonas costeras del sur y Levante por los propios mercaderes griegos, una vez que este uso se ha generalizado en la zona oriental del Mediterráneo.

Tanto las monedas como los hallazgos arqueológicos de materiales importados apuntan a Grecia como el primer destinatario de la actividad comercial, tanto de importación como de exportación.

Exportaciones

 España fue en la antigüedad un país exportador de metales, siendo su abundancia, para muchos autores, la causa de la presencia de colonizadores extranjeros desde el inicio de la edad de los metales, continuando por la etapa orientalizante y continuando por la época ibérica. Entre estos metales destaca el oro, que se obtenían en los ríos Segura, Darro y Genil, y la plata, muy abundante en la zona sur y el sudeste, desde Huelva hasta Cartagena pasando por Cástulo. Ya se comercializaba en la época tartéssica, siendo uno de los metales con más demanda para la acuñación de monedas de plata en las ciudades griegas.

Junto a la plata aparece el plomo, importante en época romana y que debió ser ya exportada en época ibérica. Otro importante producto era el hierro, cuya explotación sistemática es de esta época, pero cuyo conocimiento se remonta hacia el año 700 a.c. por influencia fenicia. El cobre, cuya producción abarcaba Río Tinto, el Algarve, Cerro Muriano y Almería, fue objeto de gran exportación a oriente próximo por los fenicios y después los griegos. No propiamente ibérico fue el estaño que, procedente de Galicia, se exportaba a través de Cádiz.

Además de la exportación de metales, se produce una importante exportación de fibras textiles de la España ibérica: esparto, cuyos primeros cultivadores fueron los cartagineses.

Como tercer objeto está la cerámica. Vasijas de cerámica ibérica han aparecido fuera de España, en Italia y en Cartago. Probablemente su exportación no fue debida a su propio valor, sino continente de algún tipo árido o líquido objeto de exportación, posiblemente la miel.

Después, en época romana, los grandes productos exportadores, aparte de la minería, fueron los agrícolas (aceite, cereales y vino).

Importaciones: 


En general se puede decir que las importaciones del mundo ibérico se centran mayoritariamente en productos manufacturados.

Decae la importación de marfil, tan importante en la etapa anterior, y continúan a buen ritmo las importaciones de objetos de adorno y el vidrio que llega al mundo ibérico por medio de las factorías griegas y púnicas. También los cartagineses debieron ser los introductores de los numerosos escarabeos egipcios que se han encontrado en los yacimientos ibéricos.

 


La moneda ibérica

 
 La aparición de la moneda en el mundo ibérico es uno de los hechos históricos de mayor importancia. Pero es necesario hacer una anotación entre las monedas acuñadas en el área íbera de España en la época definida culturalmente como ibérica, y las monedas acuñadas desde finales del siglo III a.c. hasta mediados del siglo I d.c. por las comunidades indígenas sin un control, al menos directo, de una potencia extranjera. Aunque parece evidente que todas las acuñaciones posteriores a la llegada de Roma a la península fueron emitidas con el permiso e incluso de acuerdo con las necesidades de Roma.

La moneda fue introducida en el mundo ibérico por los griegos, quienes la extendieron por todo el Mediterráneo. Las primeras acuñaciones conocidas son las de Ampurias y ese comienzo se sitúa en torno al año 400 a.c..

Otro de los focos de acuñación es Gadir, que a partir de comienzos del siglo III a.c. acuña monedas de bronce para satisfacer las necesidades diarias de intercambio de su comunidad. Pero, a partir de la dominación cartaginesa, comienza a acuñar monedas de plata para cubrir las necesidades militares de las guerras púnicas en España.

El panorama monetario de época ibérica se ve limitado fundamentalmente a los colonizadores y en muy pequeña medida afecta a los indígenas del sur y levante peninsular, muy posiblemente a los grupos privilegiados de ella.

Con la época de la dominación cartaginesa y en especial de la segunda guerra púnica se produce un importante cambio en la situación en distintos aspectos de la vida por la influencia de la guerra. En este nuevo escenario se extendió el uso de la moneda.

Durante la época de dominio cartaginés y primeros años del conflicto bélico con Roma, en España, surgen nuevas cecas: la de Carthago Nova, para pagar a los mercenarios del ejército cartaginés con las series hispano-cartaginesas de plata, así como para la realización de los intercambios en la vida diaria; la de Cástulo, donde se acuñaron monedas de bronce para subvenir a las necesidades de la gran concentración humana que trajo consigo la explotación de los recursos mineros del Alto Guadalquivir, monedas que debieron ser las primeras monedas indígenas con rótulos en el signario ibérico del sur; Arse (Sagunto), que comienza a acuñar moneda muy pronto con influencia de Cartagena, utilizando poco a poco el alfabeto ibérico después de la II guerra púnica, y que se extienden por toda el área levantina y andaluza a impulsos de la administración romana; Saiti o Saitabi (la romana Saetabis, Játiva), que también acuña dracmas, que posiblemente tenga que ver con el pago a los ejércitos romanos.

Antes del final de esta segunda guerra púnica en España, acuñan moneda en Andalucía: Castulo, Obulco con rótulos bilingües latinos e íberos y Florentia-Iliberris-Granada con rótulos únicamente latinos.

Todas las cecas de la Alta Andalucía utilizan el alfabeto ibérico del sur (Obulco-Porcuna, Jaén, Castulo, Iliberris-Granada, etc.), mientras que la Baja Andalucía, con acuñaciones desde época muy temprana, llevan leyendas en latín: Urso-Osuna, Iliturgi-Andujar, Carmo-Carmona, etc.

Durante todo este tiempo nuevas cecas van apareciendo por toda el área turdetana e íbera, lo que da una idea de que la vida urbana va adquiriendo una importancia creciente. Dentro de ellas destaca por las influencias que refleja una nueva serie monetal, la denominada libio-fenicia, con cecas desde Cádiz hasta Málaga, con influencias africanas y sin tipología uniforme, que lo único que tienen en común es el alfabeto.

Parece fuera de toda duda que la mayor parte de todas estas acuñaciones son monedas de frontera directamente relacionadas con la conquista de la península por Roma y que las emisiones indígenas están ligadas estrechamente a la presencia romana.

Por otra parte hay que resaltar que el mundo ibérico está evolucionando desde el siglo IV a.c. hacia una economía de ciudad, proceso que se ve acelerado por la introducción de la moneda griega y por las acuñaciones de Cádiz, base de la influencia cartaginesa en la parte sur de la península, y que va a verse favorecido y continuado por la presencia de Roma a finales del siglo III a.c.



El traje

 A partir del análisis de los bronces, esculturas en piedra y decoraciones de las cerámicas, podemos decir que hoy nos es bastante bien conocido el traje utilizado por los íberos, aunque no era uniforme, debido a las variantes regionales.

Los tejidos utilizados en su confección eran la lana y el lino, habiendo distinguido diversos tipos de tejidos, entre los que destacan los de contextura gruesa, como la lanilla actual, y lienzos finos similares al hilo, posiblemente para fabricar la ropa interior.

Para los colores, si tenemos que hacer caso de la pintura de las estatuas, se utilizaba el rojo púrpura para los mantos masculinos y el azul cobalto y la combinación de varios colores en las mujeres. Es probable que el ajedrezado que aparece en algunos mantos como el de la Dama de Baza se deba a que están realizados con fibras previamente teñidas.

El traje femenino



 Las damas ibéricas que conocemos por la arqueología llevan unos vestidos y tocados ricos y barrocos, en los que predomina la acumulación de joyas. Cuatro son los elementos a analizar dentro de la estética de las mujeres íberas: el tocado, el traje, los adornos y el calzado. El tocado de la cabeza de las damas íberas es muy complicado, como puede verse en la de Elche o en la de Baza. También los bronces ofrecen una gran variedad de tipos, aunque con menos complicación que las Damas. Usaban las íberas diademas y mitras, altas o bajas, que aun pudiendo ser un producto autóctono, estaría inspirado en modelos greco-orientales.

Velo, manto y túnica son los tres elementos del traje femenino íbero. El velo, a veces, se confunde con el manto, aunque el triangular que cubre la parte posterior de la cabeza y llega hasta los hombros es inconfundible. Hay, además, un velo propio de las sacerdotisas que va sobre la mitra y llega hasta los muslos. El manto es la prenda que envuelve toda la figura llegando hasta los pies, que aparece sobretodo en las estatuas de piedra. Aunque tiene parecido con prendas similares de la cuenca del Mediterráneo, su origen parece local.

Hay, además, toda una serie de adornos que servía para realzar la belleza de las mujeres íberas destacando entre ellos los varios y variados collares de las grandes Damas (Elche, Baza y Cerro de los Santos) y los también abundantes de bronces y terracotas. También son frecuentes los cinturones, brazaletes, pendientes y pulseras.

Por la Dama de Baza podemos deducir que el calzado de estas grandes damas consistía en unos escarpines que parecen de cuero, pintados en su totalidad de color rojo. Tanto es el caso de las mujeres como en el de los hombres debía usarse también calzado de esparto.


Durante 20 años desvalijó yacimientos cercanos a su domicilio en Aranda de Moncayo (Zaragoza). Sobre todo, en la ciudad celtibérica de Arátikos, pero también en Tiermes y en los alrededores de Numancia, ambos en Soria

La escritura

Para el mundo ibérico, la escritura, esta atestiguada desde fines del siglo V a.c., cerca de Ampurias, en una zona de clara influencia griega y que debe hacer referencia al propietario de una cerámica. No se trata de la escritura más antigua de la península ibérica.

Existen dos hipótesis suficientemente contrastadas sobre el origen de la escritura ibérica. Según la primera de ellas la escritura ibérica no es la más antigua de la península, puesto que la escritura hispánica más antigua de la que tenemos noticia aparece en el suroeste, fruto de la influencia ejercida por la escritura fenicia y que podemos situar en el siglo VIII.

Esta escritura del suroeste se extendió hacia el este dando lugar por influencia de los griegos a una nueva forma de escritura que es la ibérica. Ambas escrituras coinciden en sus principios básicos, pero al mismo tiempo se diferencian de manera clara en la forma de algunos signos y otros aspectos lingüisticos. Así pues el origen de la escritura ibérica habría que buscarlo en la escritura del suroeste.

La segunda hipótesis mantiene algunas de las afirmaciones anteriores. En esta segunda hipótesis la escritura ibérica se habría desarrollado cronológicamente en un periodo preciso entre los siglos V y I a.c. y una zona geográfica muy amplia. Sería el fruto de un intenso proceso de aculturación que se inicia con la helenización de la zona costera y termina cuando la latinización llega a su punto álgido, momento en que la escritura íbera desaparecería.

El origen estaría en el alfabeto greco-ibérico, alfabeto en el que aparecen los primeros documentos ibéricos más antiguos de Alcoy en el siglo V a.c. y que es consecuencia del contacto entre los indígenas y las poblaciones griegas. De este alfabeto greco-ibérico derivaría la llamada escritura meridional, que puede ser considerada como una fase intermedia entre el greco-ibérico inicial y el ibérico clásico resultante- El foco de expansión de esa escritura sería el sudeste. Este sistema ibérico conocerá, además, la influencia del latino, que lo va a perfeccionar, al tiempo que determina su desaparición.

Pero los íberos no solo van a adoptar una escritura para su lengua, sino que van a adoptar y adaptar a su propia cultura un número considerable de tipos de documentos conocidos por los griegos: grafitos cerámicos, lápidas-sepulcrales, plomos inscritos, etc. Los más numerosos y significativos hasta el momento presente son las lápidas sepulcrales y los plomos. Estos últimos son unas piezas sin otra misión que la de servir de soporte de escritura. Básicamente parece que contienen documentos de carácter práctico: cartas e negocio, contratos, etc.

La escritura del mundo ibérico no se usa con fines literarios, ni tampoco parece que haya sido utilizada con fines públicos, lo que conduce a la conclusión de que las inscripciones en lengua ibérica proceden de la iniciativa privada.

La lengua

Esta región se llama Bética, del nombre del río, y Turdetania, del nombre del pueblo que las habita; a estos habitantes se les denominan turdetanos o túrdulos, que algunos piensan que son los mismos, pero que según otros, se trata de dos pueblos diferentes. Tienen fama de ser los más cultos de los íberos; poseen una gramática y tienen escritos de mucha antigüedad, así como poemas y leyes en verso, que ellos dicen que tienen 6000 años. Los demás íberos tienen también su propia gramática, pero esta no es uniforme, porque tampoco hablan la misma lengua todos (Estrabón).

La lengua del suroeste: Los más antiguos de esta lengua son grafitos sobre cerámica (s. VIII-VI a.c.) en Andalucía (Huelva) y en Extremadura (Medellín) y las lápidas sepulcrales sobretodo en el Algarve. De la epigrafía del suroeste conocemos en la actualidad más de 70 estelas, algunas solo fragmentos; salvo cinco, todas ellas en territorio portugués. Los arqueólogos portugueses piensan que pertenecen a la primera Edad del Hierro (s.VII- a IV a.c.). Son más abundantes los textos escritos de derecha a izquierda que los escritos de izquierda a derecha.

Se trata de la escritura tartesia propiamente dicha y que debe ser denominada como tal, referido a un sistema gráfico y también lingüistico y no prejuzgando sobre la extensión territorial del dominio tartesio.

Los textos escritos en esta lengua son textos a partir de los cuales se puede establecer un signario, aunque en el caso del íbero podemos comprender la estructura interna de esta escritura, pero de los que, hasta el presente, no nos es posible conocer el contenido en toda su totalidad.

La lengua íbera


 Los íberos aprenden a escribir como consecuencia de dos influencias diversas, la griega y la meridional desde el alto Guadalquivir, quizás sumada a influencias fenicias.
La distribución geográfica de los documentos en lengua íbera se extiende desde Almería y Murcia (zona denominada del sureste) hasta el sur de Francia. Su penetración hacia el interior es difícil de fijar, pues lo único que sabemos con seguridad es que en época romana alcanza la región de Jaén y en el valle del Ebro llega hasta Zaragoza.

Los soportes de estas inscripciones son variados, destacando las cerámicas pintadas; los denominados plomos ibéricos, que son piezas exclusivamente epigráficas, sin otro objeto que el de ser soporte de la escritura; las lápidas sepulcrales, que carecen de un formulario y reflejan una tradición diferente y las leyendas montéales, muy abundantes en la zona.

Dentro del área de la escritura ibérica quiere verse una distribución entre dos zonas, cuya diferencia más clara estaría dada por los signos utilizados, la zona del Este y de Cataluña y la zona del Sudeste (Murcia y Almería).
En cuanto a la tradicional relación entre el vasco y el ibérico encontramos una serie de coincidencias fonológicas en ambas lenguas. Estas coincidencias se explican por ser lenguas en contacto y no es exclusiva de estas dos lenguas concretamente, sino que es un fenómeno muy extendido.
 
Urbanismo ibérico
 
La mayoría de las ciudades ibéricas se intentaban situar en lugares elevados, aunque también hay algunas que se encuentran en llano. Casi todos estos poblados ibéricos estaban rodeados por una muralla, total o parcialmente (en aquellos flancos más vulnerables)
El tamaño de la ciudad o poblado ibérico oscilaba mucho. Podía haber grandes urbes de hasta 300 hectáreas y en otros casos ser núcleos muy pequeños de apenas una.

Tipos de murallas de la ciudad ibérica atendiendo al material de construcción

Ciclópeos
Murallas constituidas por grandes piedras sin trabajar.

De mampostería
Murallas construidas con sillares más o menos regulares, formando dos paramentos, el exterior de piedras más grandes y el interior de piedras pequeñas. El espacio intermedio se rellenaba de tierra y piedras. Muchas de estas murallas parece que estaban revestidas con un grueso enlucido de arcilla pintada de rojo.

Poligonales
En este caso particular, los sillares son esculpidos entrantes y salientes para trabarse fuertemente entre sí.


La vivienda ibérica

Las casas ibéricas eran de reducido tamaño y con pocas habitaciones, quizá con un androceo y un gineceo.
Suelen estar construidas con muros de adobe sobre un zócalo de piedra y revestidos con arcilla encalada. Podían tener umbrales de entrada y en su interior existían hogares y bancos.
Los vanos de las puertas podían estar reforzados por postes, que a veces servían también para sostener la techumbre, de ramas recubierta por una capa de arcilla. Solían ser casas de un solo piso, pero también se han encontrado de dos, con una escalera adosada a la fachada.

NUMANCIA
Numancia (Garray, Soria)

zeus pérez

Quizá la más conocida de las ciudades desaparecidas de España, debido a la fama de su heroica resistencia contra las legiones romanas, que llevó a la completa destrucción de la población y la muerte de la mayoría de sus habitantes.

Numancia estuvo habitada desde tiempos de la Edad del Bronce, en principio como refugio de pastores. Luego se convertiría en un castro y finalmente en una ciudad hacia el 350 a. C., no se sabe a ciencia cierta si habitada por la tribu de los pelendones o la de de los arévacos. En el siglo I a. C. llegaría su gran momento histórico, cuando se convirtió en uno de los principales centros de resistencia contra la ocupación romana de la península, llegando incluso a mandar embajadores a Roma para tratar directamente con el Senado. Pero la diplomacia no funcionaría y en el 134 a. C. Publio Cornelio Escipión Emiliano mandó sitiar la ciudad, que aguantó quince meses antes de rendirse, tras lo cual la mayor parte de sus habitantes se suicidó antes que vivir como esclavos del Imperio Romano.

Precisamente por la destrucción que esta guerra provocó, la mayor parte de los restos arqueológicos que pueden visitarse hoy en día pertenecen a una etapa posterior, cuando fue reconstruida durante la época hispanorromana, así como a los siete campamentos levantados por Escipión para el asedio. Entre los restos destacan casas romanas -alguna con columnas muy bien conservadas-, fragmentos de la muralla celtibérica, unos pequeños baños romanos y la reconstrucción de una casa celtibérica con algunos de sus útiles para la vida cotidiana. Además, se siguen realizando trabajos de excavación y estudio para devolver a la vida de manera aún más completa a Numancia.





 EL ARTE IBERO

Escultura del león descubierta en el yacimiento de Cástulo. / JOSÉ MANUEL PEDROSA


“El león es símbolo de fuerza, del vigor indestructible, modelo por tanto de la virtud del noble y la justificación natural de una inmutable sociedad de clases. Presenta unos rasgos muy helenísticos o arcaicos, al ser animales extraños no conocidos realmente y por tanto estarían inmersos en el imaginario de la gente como seres extraños que dominan la naturaleza humana, seres míticos

Existen ejemplos de leones similares en la provincias de Córdoba, Sevilla, Málaga y Jaén (como el llamado oso de Porcuna),

EL yacimiento de Cástulo está llamado a ser uno de los ejes principales del proyecto turístico Viaje al Tiempo de los Iberos, que conectará los principales yacimientos ibéricos de la provincia, teniendo como epicentro el Museo Internacional de Arte Ibero de Jaén


 PARA SABER MÁS. VER:

VER:ART-IBERICO
mundohistoria.org, histoconocer
Fuente Los pueblos de la España Antigua", de Juan Santos Yangüas
Dossier de la exposición Íberos (CÓRDOBA). Nuestra civilización antes de Roma

Hispania en la visión de Estrabón




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