980 Hidrografía de España. Problemas para la gestión del agua. PHN. Ley de Aguas

Hidrografía de España. Problemas para la gestión del agua. PHN. Ley de Aguas

Carta europea del AGUA

El 6 de mayo de 1968, fue redactada en Estrasburgo la Carta Europea del Agua, una declaración de principios (concretada en 12 artículos) para una correcta gestión del agua: 


-No hay vida sin agua. El agua es un tesoro indispensable para toda actividad humana. 
-El agua no es inagotable. Es necesario conservarla, controlarla y, si es posible, aumentar su cantidad. 
-Contaminar el agua es atentar contra la vida humana y la de todos los seres vivos que dependen del agua. 
-La calidad del agua debe mantenerse en condiciones suficientes para cualquier uso; sobre todo, debe satisfacer las exigencias de la salud pública. 
-Cuando el agua residual vuelve al cauce, debe estar de tal forma que no impida usos posteriores. 
-Mantener la cubierta vegetal, sobre todo los bosques, es necesario para conservar los recursos del agua. 
-Los recursos del agua deben ser inventariados. 
-La correcta utilización de los recursos de agua debe ser planificada por las autoridades competentes. 
-La conservación del agua debe potenciarse intensificando la investigación científica, formando especialistas y mediante una información pública adecuada. 
-El agua es un bien común, cuyo valor debe ser conocido por todos. Cada persona tiene el deber de ahorrarla y usarla con cuidado. 
-La administración del agua debe fundamentarse en las cuencas naturales más que en las fronteras políticas y administrativas. 
-El agua no tiene fronteras. Es un bien común que requiere la cooperación internacional



Hidrografía de España.
 Problemas para la gestión del agua




  • El agua es un recurso esencial que se emplea en numerosas actividades humanas:

    • El regadío agrario consume casi el 80% del total de agua de España, pues mejora el rendimiento de las explotaciones agrícolas.
    • La producción energética en centrales hidroeléctricas.
    • El consumo urbano que supone el 14% del total.
    • La evacuación de desechos de actividades agrícolas, ganaderas, urbanas e industriales que han causado un importante deterioro.




  • El balance hídrico relaciona los recursos hídricos existentes y el consumo que se hace de ellos. En España es positivo. Aun así se trata de una cifra elevada. Existen varios problemas que hacen que solo una parte de los recursos sean aprovechables.

    • Las disponibilidades de agua proceden principalmente de los ríos, y estos se caracterizan por su irregularidad estacional e interanual y por su desigual distribución espacial.
    • La demanda se concentra en el área de mayor dinamismo económico y demográfico, el arco mediterráneo, cuyos recursos son escasos.
    • La actual red de presas que resultan insuficientes para cubrir la demanda.
    • Se producen perdidas anuales de agua debido a la utilización de sistemas de riego inadecuados y a las fugas de las conducciones agrarias y urbanas.
    Los problemas citados provocan un déficit anual en torno a los 3000-4000 hm3 , que como consecuencia del cambio climático subiera la temperatura (entre2ºC y 2.5ºC) y disminuyeran las precipitaciones, puede elevarse para mediados del siglo XXI.


    I.- Importancia del agua como recurso: aprovechamiento y problemas.

    El agua es un elemento importantísimo para todos los ecosistemas naturales y para un gran número de actividades humanas. Los recursos hídricos españoles proceden fundamentalmente de los ríos y, en menor medida, de los lagos y acuíferos. El agua esta íntimamente relacionada con el clima y hemos visto que la característica principal de nuestro clima es el carácter mediterráneo, es decir, la escasez, la irregularidad y la imprevisibilidad. Por otra parte, España es un país de contraste, existiendo una España húmeda al norte y al oeste, y una España seca al sur y al este, justo lo contrario que el desarrollo económico y demográfico de España. De ese intensivo aprovechamiento del agua en España y de las relaciones entre el medio natural y la acción antrópica, surgen una serie de problemas en torno al agua, que hacen que en la actualidad este problema sea uno de los más importantes y que más polémicas y enfrentamientos genera.

    Aprovechamientos.

    Las escasas precipitaciones propias del clima mediterráneo imponen a España una delicada política de aprovechamiento de sus recursos hídricos, tanto superficiales como subterráneos. Desde tiempos antiguos, el agua fue cuidadosamente aprovechada y necesaria tanto para el riego como para el suministro a las poblaciones; piénsese en los costosos acueductos romanos de Segovia, Mérida, Tarragona y Barcelona, por ejemplo; y en cuanto a los regadíos fueron ya extendidos por lo menos por los árabes en las huertas de Valencia, de Lérida y en buena parte de la campiña andaluza. La legislación sobre el agua de regadío ha dado lugar a una rica y variada legislación tradicional como muy pocos países pueden ofrecer. Luego la utilización del agua como fuerza motriz a medida que se produce la industrialización, ya sea directamente ya sea a través de la electricidad, ha determinado la construcción de grandes obras hidroeléctricas en las que España es país adelantado. Finalmente el consumo de agua para la industria y para el abastecimiento de las grandes concentraciones urbanas es una preocupación obsesionante de los tiempos actuales hasta el punto de tener que recurrir en los sitios menos favorecidos, como en algunas de las islas Canarias, a la destilación del agua del mar.
    • Para regular los ríos se han construido numerosos embalses, canales y trasvases.

    Los ríos españoles son irregulares debido a las estaciones, que hacen que los ríos se sequen en verano. Para poder disponer de agua suficiente se han construido presas que almacenan el agua en la época de lluvias, regulan el caudal del río para evitar inundaciones y se pueden aprovechar para obtener energía hidroeléctrica.

    La capacidad de embalse es en la actualidad superior a 50.000 hm3 al año, lo que da una disponibilidad de agua de unos 2.800 m3 por persona al año.
    Según datos del Instituto Nacional Estadístico (INE), en España se consumieron en 1999 22.771 Hm3 de agua, de los cuales 17.681 Hm3 se utilizaron para riego, 3.536 Hm3 estuvieron destinados a abastecimiento urbano y el resto, 1.554 Hm3, se destinó a uso industrial.

    Los embalses son grandes extensiones de agua almacenada artificialmente mediante la construcción de una presa. Han aumentado, en los ríos se han realizado presas aprovechando la topografía por la que discurren. La mayoría se destina a la producción de electricidad y a paliar la escasez crónica de agua.

    Los canales de distribución se destinan a abastecer a los núcleos de población, a la industria y al riego.
    Los trasvases son transferencias de agua entre cuencas excedentarias y deficitarias. En la actualidad funcionan 38 y destaca el trasvase Tajo-Segura.

    En general puede decirse que todo el Mediterráneo español, en un aspecto u otro, es deficitario en recursos hídricos respecto a la zona de clima atlántico. Así, el déficit de la cuenca mediterránea española es de unos 5.000 hm³ anuales, mientras en la vertiente atlántica hay un excedente cercano a 25.000 hm³ a causa de que, según se ha visto, los grandes ríos vierten al océano. Por eso, ha sido necesario compensar este déficit con el costoso y largo trasvase del Tajo, para aliviar la situación penosa del Levante. Por esta causa también los grandes embalses ya sea para regadío ya sea sobre todo para la obtención de hidroelectricidad. Todos los principales ríos han sido aprovechados para la construcción de presas que han transformado el paisaje fluvial peninsular, tan rico en desfiladeros, en largos lagos encajados en el curso de valles tortuosos, tal como ocurre con el Ebro, en su embalse de Mequinenza, el Esla, en Ricobayo y sobre todo con los grandes pantanos del Guadiana como el de Cíjara y del Tajo, el de Entrepeñas y Buendía, de varios kilómetros de longitud.

    Todos estos pantanos tienen una capacidad de 1.000 a 1.500 millones de m³. Esos ríos, de zonas relativamente llanas o de escasa pendiente, han exigido la construcción de presas de considerable altura, con objeto de compensar la escasa pendiente con un gran caudal. En cambio, los lagos pirenaicos, suspendidos a alturas de más de 2.000 msnm, compensan su reducida capacidad con un gran desnivel, y son aprovechados en cadena, mediante tuberías forzadas que conducen el agua a las centrales situadas aguas abajo, en el fondo del valle. Así vemos cómo las condiciones morfológicas de los ríos peninsulares condicionan el tipo de centrales hidroeléctricas.

    Pero, a su vez, estos pantanos artificiales repercuten en una serie de hechos de orden físico. Por ejemplo, van siendo cada vez más raras las avenidas catastróficas tan características de los ríos españoles, al disponer de embalses en el curso superior/medio para regular el caudal, embalsándolo en los períodos de lluvias abundantes y cediéndolo en los de penuria acentuada. En muchos ríos, gracias a dichos embalses, se ha logrado un tipo de régimen más regular y uniforme. En cambio ladisminución de derrubios, que ahora quedan acumulados en gran parte en el vaso de los pantanos, al disminuir la carga transportada, ha aumentado la fuerza erosiva de los ríos, y en las desembocaduras deltaicas y llanuras aluviales la disminución de transportes se manifiesta por un retroceso de la línea de costa, a causa del ataque del oleaje y de las corrientes marinas. Así, por ejemplo, se observa en los deltas del Llobregat y del Ebro, cuyas puntas avanzaban hace años a razón de uno y diez metros respectivamente, mientras ahora retroceden a un ritmo bastante acentuado.


    La política del agua en España se ha basado en el aumento de recursos hídricos, esto ha hecho que España sea el cuarto país del mundo con un mayor número de grandes presas (1.200) y que apenas queden ríos sin regular.

    Para regular otros recursos hídricos, como lagos, acuíferos y aguas marinas, también se han realizado diversos tipos de obras.

    Los acuíferos se aprovechan mediante pozos y galerías para usos agrícolas, industriales e incluso urbanos.

    El agua del mar se aprovecha también mediante la técnica de la desalinización. Un procedimiento simplificado y abaratado. España ocupa el primer lugar del UE. Estas se localizan en Canarias, Baleares, Ceuta, Alicante, Murcia y Almería.
    • Las obras para mejorar la calidad del agua. Las plantas potabilizadoras tratan las aguas que van a ser consumidas y las plantas depuradoras tratan las aguas residuales para evitar que contaminen.

    Los usos del agua en España se distribuyen por sectores, el consumo de agua es: 

    -Regadío utiliza 24.200 Hm3, el 80% del agua. 

    -Abastecimiento a núcleos urbanos, 4.300Hm3/año, el 14% del consumo. 

    -Industria, 1.900 Hm3 /año, es decir, el 6%. 


    El uso urbano supone entre el 8 y 10 por ciento del consumo de agua. Este porcentaje se prevé que aumente por el desarrollo del turismo, precisamente en las zonas donde el agua es más escasa y se emplea con finalidades de ocio (zonas verdes, piscinas, campos de golf, etc.). El consumo de la industria (12-15%) se mantiene como consecuencia de las medidas de ahorro que se están implantando para reducir costes y los efluentes contaminantes. 


    En el suministro de agua a ciudades e industrias uno de los principales problemas es el de las pérdidas en las cañerías de distribución,.se estima que del 50% al 70% del agua que se extrae se desperdicia, por evaporación, fugas y otros motivos. Según algunos expertos se podría reducir estas pérdidas hasta cifras de alrededor del 15%. 


    En España, cerca del 80% de los recursos hídricos se emplean en la agricultura. Actualmente existen 3.700.000 hectáreas (Ha.) en regadío, en las que aproximadamente un millón existe regadío tradicional. El aumento de la superficie de regadío que propone el Plan Nacional de Regadíos para el 2008 es de 228.518 Ha, a través del impulso del ritmo de terminación de las zonas regables en ejecución (138.365 Ha), estableciendo pequeños regadíos destinados a mejorar las condiciones del mundo rural (79.426 Ha), y fomentando la creación de nuevos regadíos por la iniciativa privada . Este aumento de zonas de regadío se debe a los altos rendimientos que presentan estos tipos de cultivos frente a los de secano. 
    Hoy existen 735.000 Ha en producción en las que las redes de distribución, básicamente de canales de tierra, tienen pérdidas de agua muy altas. 

    A su vez, de 1.295.000 Ha regadas mediante acequias de hormigón, 392.000 Ha presentan graves problemas de conservación y mantenimiento. 1.981.000 Ha se siguen regando con métodos antiguos, como el riego a manta o de gravedad, y gran parte de ellos, con riegos por turnos. 
    Si las actuales conducciones de agua se arreglasen y tuviesen un adecuado mantenimiento, y se cambiasen los métodos de riego a manta por otros más modernos que economizan el agua que se utiliza, se conseguiría reducir el derroche de agua que actualmente se viene realizando en los campos españoles. 


    La explotación del agua subterránea en las áreas costeras (no sólo por parte de la agricultura, sino también por el turismo) ha llevado a que en la zona del mediterráneo, desde Cataluña hasta Andalucía, y en Baleares y Canarias, los acuíferos estén en mayor o menor medida salinizados. 

    La agricultura además acarrea otros problemas ambientales, como es la contaminación de aguas (tanto superficiales como subterráneas) por el uso excesivo de insecticidas y pesticidas. La industria química ha puesto más de 100.000 sustancias sintéticas en el medio ambiente. Sólo se conocen los efectos reales de un número muy reducido de ellas, por lo que incluso las medidas de la contaminación que existe actualmente no garantizan la inocuidad o la calidad de las aguas para la vida natural o para el consumo humano. 
    Según el Ministerio de Medio Ambiente, en 25.000 km de cauce de nuestros ríos, es decir, en el 33% de los cursos fluviales españoles, existe una contaminación severa. 
    Uno de los motivos por el que no hay una buena cultura del agua en España, es por el bajo precio que tiene este bien en nuestro país. Este bajo coste hace que se desperdicie tanta agua. Este precio no cubre los gastos de extracción y tratamiento que se realiza para el consumo del agua. El agua se considera un bien público y los gastos que ocasiona se cargan a la masa global de impuestos pagados entre todos los ciudadanos. 

    En España, los precios que pagan los regantes por metro cúbico de agua utilizada no cubren los costes reales que supone el llevar el agua hasta los campos, ni se considera en el precio que pagan los gastos equivalentes de la pérdida de la calidad del agua por la utilización de productos fitosanitarios, o por la salinización resultante de la sobre-explotación de los acuíferos cercanos al mar.


    Actualmente, las aguas subterráneas suponen unos costes para el agricultor que pueden rondar un promedio de 0,11 €/m3 ( 20 ptas/m3 ). Sin embargo, en la mayoría del millón de hectáreas de regadíos tradicionales y el en otro millón de hectáreas de nuevos regadíos subvencionados por el Estado, los regantes apenas pagan entre 0,002 y 0,017€/m3 (0,4 y 3 ptas/m3).

    La práctica de la reutilización de las aguas es escasa debido al rechazo de los potenciales usuarios. En España se reutilizan alrededor de 200 Hm3 anuales, los cuales se utilizan para riego. Este uso se da sobretodo en la costa mediterránea y del sur, la zona atlántica y en los archipiélagos. 
    Desde finales de los años setenta, se utiliza la desalación de agua en Ceuta, Lanzarote, Fuerteventura y Gran Canaria. Actualmente se desalan 200 Hm3 anules.


    Los planes hidrológicos

    La escasez del agua, el consumo excesivo, la creciente demanda, el uso inadecuado, la sobreexplotación, la contaminación creciente... han puesto en evidencia la crisis del modelo tradicional del uso y gestión del agua en España, lo cual, además de su fragilidad en épocas de sequía, ha dado lugar a considerables tensiones territoriales y políticas. 


    España cuenta con un total de 25 demarcaciones hidrológicas, de las cuales 12 son de competencia nacional -al ser su ámbito de influencia de más de una comunidad autónoma- y 13 son de competencia autonómica -al circunscribirse a una única región-.
    Los gobiernos socialistas presentaron en 1985 la ley de aguas y en 1993 presentaron el Plan Hidrológico Nacional.
    Los gobiernos del PP presentaron en 1998 el libro blanco del agua y en el 2002 su plan hidrológico. El PSOE a su vuelta al poder en el 2004 ha retirado este plan hidrológico y proclama poner en práctica otro.
    Las revisiones aprobadas 2016 por el Gobierno afectan a 16 planes, una docena elaborados por la administración general del Estado y otros cuatro desarrollados por la autonómica, que se aplicarán durante el período 2016-2021.

    Lo cierto es que es necesario una política integral del agua, planificada a escala estatal, utilizando racional y equilibradamente los recursos hídricos. Todo ello sobre la base de la escasez del agua y de la necesidad de ponerla al servicio del desarrollo sostenible.

    Cada uno de los planes contiene una memoria -con asignaciones de cuenca y reservas para futuras demandas-, un apartado de normativa jurídica y un programa de medidas para atender “necesidades de todo tipo” desde la construcción de embalses hasta normativa de saneamiento o iniciativas para paliar “episodios climatológicos extremos” como sequías o inundacione

    (Aaptación propia) LAS AGUAS: SU PAPEL TERRITORIAL Y AMBIENTAL EN ESPAÑA.
    www.juntadeandalucia.es/averroes/ceautrera/geografia04.pdf


    La política hidráulica tiene dos fines principales: 

    La regulación de los recursos hídricos que se encarga la Ley del Agua, que establece que todas las aguas superficiales y los cauces por los que circulan pertenece a la nación.La gestión de los recursos hídricos se lleva a cabo mediante la planificación hidrológica,

    • Los Planes Hidrológicos de Cuenca determinan las necesidades y las obras de cada cuenca.
    • El Plan Hidrológico nacional coordina los planes de las cuencas y diseña las actuaciones generales.
    • Lograr el autoabastecimiento hídrico de cada cuenca, eliminando la dependencia del clima y del abastecimiento externo. Las medidas son por una parte, nuevas obras hidráulicas para aumentar las disponibilidades hídricas, y por otra parte, se mejorara la eficiencia del uso del agua.
    • Conseguir una buena calidad del agua.
    • Prevenir las inundaciones y sequías.
    • Impulsar la investigación y la innovación tecnológica.
    La nueva normativa también incluye mejoras medioambientales para conservar y proteger los ecosistemas vinculados a los ríos, como el incremento de los caudales ecológicos -flujos necesarios de agua que deben contener los ríos para impedir su deterioro- además en la creación de las reservas fluviales, una nueva figura de protección medioambiental que preservará los tramos de los ríos en buen estado ecológico.


  • Las obras hidráulicas son las infraestructuras creadas para regular los recursos hídricos y mejorar la calidad del agua.

    • La gestión de agua en  ha sido una parte fundamental en la política de desarrollo económico del siglo XX, durante el cual el número de presas aumentó de cerca de 60 a más de mil. La infraestructura de riego aumento al mismo ritmo. El Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino estima que del regadío se obtiene el 50% de la producción agraria final. Igualmente en 2006, un 18,5% de la producción de energía eléctrica era de origen hidráulico. Los embalses españoles, con una capacidad de almacenamiento de 54.000 hm³ - 50% del caudal de los ríos- juegan un papel importante en la reducción del impacto de sequías e inundaciones. Sin embargo, particularmente las sequías siguen siendo problemas graves en el país, la última ocurrida en el 2008. La polución de los recursos hídricos es también un problema: Según una investigación realizado por Greenpeace en 2005 sólo el 11% de las aguas de los ríos españoles son de calidad aceptable. La sobreexplotación de acuíferos, sobre todo en la costa mediterránea, también es un problema grave.

    PROBLEMAS DE LA GESTIÓN DEL AGUA


    La gestión de recursos hídricos en España durante gran parte del siglo XX se ha caracterizado por un fuerte intervencionismo del estado. 


    Esta intervención se centró en la construcción de obras hidráulicas en un esfuerzo por aumentar el agua disponible para riego (política de oferta) y generación de energía hidroeléctrica, considerados el motor de la política de desarrollo económico español.


     La clave de la gestión del agua en el último siglo: la política de obras hidráulicas, la política hidráulica defendida por Joaquín Costa y otros regeneracionistas. Política hecha operativa mediante ambiciosos proyectos nacionales con destino principal al regadío (traigo a su memoria los Planes de Obras Hidráulicas de 1902 y 1933, en cuya elaboración participaron muy activamente ilustrados ingenieros de caminos de los servicios hidrográficos del Ebro.

    Gracias al extraordinario esfuerzo inversor realizado a lo largo de todo el siglo XX  por
    diferentes gobiernos y regímenes políticos distintos –por la sociedad española, en definitiva– contamos con una red de 1.200 embalses de regulación y nuestra disponibilidad de agua alcanza de media un 40 por ciento de los recursos naturales,

    La Ley del Agua de 1866 representa el primer intento de regular específicamente las aguas territoriales españolas, aunque no llegó a entrar en vigor debido el periodo revolucionario que dio lugar a la primera república.

    Sus principios básicos, no obstante, pasaron en gran parte a la Ley de 1879 entre ellos el del dominio público de todas las corrientes naturales, los cauces y riberas de los ríos. No se incluyeron las aguas subterráneas, que pertenecen al propietario del terreno en donde se alumbraran.

    La Ley de 1879, incluye el derecho al aprovechamiento privativo del agua vinculado a una concesión administrativa. La Ley regula de manera muy precisa tanto el procedimiento y las reglas generales sobre la concesión de aguas públicas así como disposiciones específicas para los distintos aprovechamientos (abastecimiento a poblaciones, riegos, establecimientos industriales, etc.). En el caso de los regadíos, además, el derecho al uso del agua va unido al de propiedad de la tierra. Asimismo la Ley establece la comunidad de regantes, institución que se autogobierna y tiene facultad sancionadora. La evolución posterior de los usos del agua hacia aprovechamientos de fines múltiples y la concurrencia de diversos usuarios sobre una misma masa de agua, han aconsejado ampliar la figura de la comunidad de regantes a las actuales comunidades de usuarios.
    El Reglamento de la Ley de 1879 nunca llegó a materializarse y dicho elemento normativo fue sustituido por diversas disposiciones de menor rango que trataban de resolver los numerosos problemas que iban surgiendo en la aplicación de la Ley debido tanto al amplio campo abarcado por esta, como por su prolongada vigencia que le enfrentaba con situaciones para las que sus previsiones no eran eficaces.

     Los Planes de Obras Hidráulicas de 1902 y 1933, financiados en su mayor parte por el estado, son un ejemplo de este tipo de política. Hasta 1955 se sostuvo un ritmo de crecimiento de unas 4 presas anuales, pasando de las cerca de 60 presas existentes a comienzos de siglo hasta unas 270 en 1950. A partir de ese año el ritmo se acelera considerablemente, llegando a ejecutarse una media de 20 presas anuales, hasta alcanzar el parque existente actualmente.

    La más importante de las novedades normativas es la que se refiere a la creación, o más bien la institucionalización de una realidad existente, de los organismos de cuenca, con la creación de la primera confederación hidrográfica en 1926 como máximo órgano de gestión del agua a nivel de cuenca. Las funciones de los organismos de cuenca se han ido alternando entre las específicas de fomento y más generales de gestión de agua durante todo el pasado siglo

    En 1933, el ingeniero aragonés Manuel Lorenzo Pardo presentó el plan hidrológico nacional que le encargó el ministro de Obras Públicas Indalecio Prieto.

     

    La ley de aguas de 1985


    Uno de los temas más controvertidos en la gestión del agua en España al principio del siglo XXI ha sido el Plan Hidrológico Nacional (PHN). El PHN en su versión inicial, aprobado en 2001. Fue publicada en Boletín Oficial del Estado el 8 de agosto de 1985 y entró en vigor el 1 de enero de 1986. 

    Entre sus principios básicos destacan:

    El carácter público de las aguas Una de las más novedosas aportaciones de la Ley es establecer que todas las aguas continentales, superficiales y subterráneas, son parte integrante del dominio público hidráulico. De esta manera, los particulares sólo adquieren el derecho de aprovechamiento, no la propiedad del agua, salvo los derechos adquiridos al amparo de la legislación anterior que consideraba las aguas subterráneas como propiedad del dueño del predio donde se encontraban. Su asignación y uso requiere pues previa concesión administrativa y su asignación corresponde a la Administración, sin que intervenga el mercado. El extraordinario poder conferido a la Administración no se ha correspondido con una adecuada dotación de medios personales y materiales, lo que explica la falta de control de miles de pozos clandestinos y la sobreexplotación de acuíferos.

    La planificación hidrológica La Ley establece la Planificación Hidrológica como instrumento de ordenación de la gestión del agua en la cuenca. Los planes hidrológicos no son simples programas de obras sino instrumentos de naturaleza normativa que acomodan las previsiones genéricas de la ley a las condiciones singulares de cada cuenca. A pesar de ser los Planes Hidrológicos piezas clave para la aplicación de la Ley, su elaboración ha sido lenta y su aprobación ha sufrido importantes demoras.

    Los organismos de cuenca Los Organismos de cuenca son las entidades encargadas de la elaboración de los planes hidrológicos de las cuencas intercomunitarias e intracomunitarias como autoridad especializada, descentralizada y participada para la planificación y gestión del agua.
    La Ley 29/1985 se ha visto modificada por la la ley 46/1999 profundizado en aspectos ambientales como la autorización de vertidos, el canon de control de vertidos, reutilización de aguas residuales y desalación de aguas marinas. Particular interés tiene la introducción de los contratos de cesión de derechos de uso del agua, primer paso para la creación de un incipiente mercado del agua a nivel nacional.

    el Consejo Nacional del Agua, principal órgano consultivo del Estado en esta materia, con representación de las comunidades autónomas, entidades locales, organizaciones profesionales, económicas y sociales, organizaciones ecologistas y usuarios del agua.
     
    TRASVASES

    La guerra del agua

      Manuel Lorenzo Pardo presentó el plan hidrológico nacional que le encargó el ministro de Obras Públicas Indalecio Prieto. Allí propuso el trasvase Tajo-Segura, pero formó tal revuelo que fue remplazado por el del trasvase del Ebro al Segura. Ninguno se ejecutó. Varios años después de inaugurar Franco el embalse del Cenajo, el Gobierno encargó en 1966 la realización del proyecto y en 1979 comenzó a funcionar el trasvase. Inicialmente se preveía trasvasar 1.000 hectómetros cúbicos al año pero la ley del trasvase lo dejó en 600. Solo en 2000 se alcanzó esa cifra. El agua riega decenas de miles de hectáreas de frutales y supone casi la mitad del abastecimiento de 2,5 millones de personas de Alicante, Murcia y Almería.

    El Tajo es, mediante el trasvase, fundamental en el abastecimiento de la España seca. La guerra del agua ha tenido en el trasvase Tajo-Segura uno de sus principales frentes. Junto al derogado trasvase del Ebro ha sido el centro de una polémica en la Comunidad Valenciana, Murcia y Castilla-La Mancha, donde ha marcado buena parte de la vida política.

    El trasvase Tajo-Segura


       
    trasvase a su paso por Orihuela (Alicante). / joaquín de haro



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