1057 LOS BORBONES DEL SIGLO XVIII:


RAICES HISTÓRICAS DE LA ESPAÑA CONTEMPORÁNEA

-LOS BORBONES DEL SIGLO XVIII:
- Felipe V (1700- 1724-1746)
- Luis I (1724)
- Fernando VI (1746-1759)
- Carlos III (1759-1788)
- Carlos IV (1788-1808)
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  LA POLITICA DE LOS BORBONES

En 1700 muere sin descendencia Carlos II, "el hechizado", el último de los Austrias españoles. Al trono hispánico concurren entonces un borbón, Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV de Francia, y el archiduque Carlos de Austria, heredero del Imperio Alemán. Carlos II había nombrado heredero a Felipe V, que fue proclamado rey en 1701.

Se inicia entonces la Guerra de Sucesión al trono de España que adquiere resonancia internacional. La mayoría de las potencias europeas (Inglaterra, Holanda, Austria) se oponen a Felipe, que no había renunciado a sus derechos sobre la corona francesa. Para ellas el hecho de que dos de los grandes reinos de Europa cayeran en las mismas manos era inaceptable. Felipe contaba en España con el apoyo de Castilla, pero con la oposición de los territorios de la corona de Aragón, que habían gozado de una gran autonomía y libertad con los Austrias.

PARA SABER MÁS, VER:

Se produce así una guerra a nivel europeo y otra en España, que al principio resultó desfavorable para Felipe V. Sin embargo, la muerte del emperador alemán alteró la situación, al heredar en 1711 el archiduque Carlos la corona del Imperio Alemán. Si triunfaba en España, el archiduque podía restaurar el imperio de Carlos I y dominar Europa, algo que no interesaba a las otras potencias europeas. Por ello, todas las potencias en guerra estuvieron de acuerdo en la firma del Tratado de Utrecht (1713), que supuso la paz en Europa y el reconocimiento de Felipe V como rey de España. Como contrapartida, España perdía sus territorios europeos (Flandes y los territorios italianos de Sicilia, Napolés y Milán) y cedía Gibraltar y Menorca a Gran Bretaña. Está fue la gran beneficiada del tratado, pues además consiguió enormes ventajas en el comercio con la América española como el derecho de "Asiento de Negros" o el "Navío de permiso".

Una vez instalados en el trono de España, la política exterior de los borbones, desde Felipe V a sus sucesores Fernando VI y Carlos III, se centró en dos objetivos fundamentales:
- Recuperar parte del poder y los territorios perdidos en Europa tras el Tratado de Utrecht de 1713. Esto lo consiguieron parcialmente cuando los borbones se establecieron en los tronos de Nápoles y Sicilia.
- Defender el Imperio Español en América frente a las pretensiones británicas. España tuvo que enfrentarse a Inglaterra, que pugnaba por abrir las colonias españolas a su comercio y que mantenía un activo contrabando en estos territorios.

 La política exterior de los borbones durante el siglo XVIII estuvo marcada por la alianza con Francia a través de los llamados Pactos de Familia (los dos primeros durante el reinado de Felipe V y el tercero durante el de Carlos III), llamados así por los lazos familiares que unían a las coronas española y francesa. Tan solo el reinado de Fernando VI estuvo caracterizado por una política de activa neutralidad. Ambos países compartían un enemigo común, Inglaterra y tenían como objetivo frenar la expansión británica y proteger las posesiones americanas.  


A lo largo del siglo XVIII España se había metido en una serie de guerras, algunas más justificables que otras. En este contexto España decidió intervenir del lado de Francia en la Guerra de los Siete Años. Esa guerra europea tuvo su frente en América entre Francia e Inglaterra. Francia fue derrotada y perdió entre otros sus territorios en Canadá, España perdió Florida. Después intervendrá en la Guerra de Independecia de las colonias de Estados Unidos, donde apoyaron a los independentistas. España recupera entonces Florida y Menorca, pero Gibraltar quedaba en manos inglesas En la guerra de los Siete Años perdimos la Florida pero los franceses nos cedieron la Luisiana. En la guerra de independencia de las trece colonias norteamericanas recuperamos Florida, además de Menorca. También nos vimos metidos en una guerra con Portugal que se solucionó con el canje de la colonia de Sacramento, en el Río de la Plata, por la llamada «banda oriental» del río Paraná, donde se encontraban las importantes reducciones jesuitas guaraníes, lo que provocó a su vez una rebelión indígena que condujo finalmente a la expulsión de los jesuitas. La peor y la más evitable de todas las guerras del siglo XVIII fue la guerra contra la Convención. Esa guerra fue un desastre y obligó a la Paz de Basilea de 1795. Perdimos la isla de Trinidad y Santo Domingo, pero podía haber sido mucho peor ya que las tropas francesas entraron por los Pirineos y se temió que los catalanes y vascos aprovecharan la situación para rebelarse contra la corona española, cosa que finalmente no pasó. Además tuvimos suerte y pudimos recuperar Santo Domingo.

-LOS BORBONES DEL SIGLO XVIII:


-FELIPE V:

El siglo XVIII en España se abrió con la Guerra de Sucesión al trono tras la muerte sin hijos en 1700 del rey Carlos II “el hechizado”, último representante de la dinastía de los Austrias o Habsburgo.



Llamado «el Animoso» por la oscilación de su humor, Con un larguísimo reinado de 45 años y 3 días. quedó marcado por el deterioro de su salud mental y la fallida abdicación a favor de su hijo 
Luis I.,
El carácter del primer Rey de la dinastía Borbón siempre había oscilado con preocupante rapidez de la euforia a la depresión.
La mañana del 4 de octubre de 1717, como si fuera una locura programada para estallar de golpe, Felipe V sufrió un ataque de histeria cuando salió a cabalgar: creía que el sol le atacaba. A partir de entonces, el Rey inició un lento viaje hacia la locura extrema. No se dejaba cortar por nadie el cabello ni las uñas porque pensaba que sus males aumentarían. Así, las uñas de los pies le crecieron tanto que llegó un momento que ya no podía ni andar. Creía que no tenía brazos ni piernas. Y que era una rana.
No tardó en mostrar un grave problema de higiene personal: no se cambiaba de ropa interior hasta que quedaba hecha jirones y nunca se ponía ninguna camisa que su esposa no hubiera utilizado antes.
En sus años finales, Felipe V se recluyó en el palacio de El Pardo, donde vivía de forma huraña. 
«Se había empeñado en llevar siempre una camisa usada antes por la Reina, porque temía que le envenenasen con una camisa; otras veces prescindía de esa prenda y andaba desnudo ante extraños
Falleció con la corona todavía en su cabeza y sumido en un estado de locura tan evidente que «hasta los pintores de cámara habían tenido que reflejar la decrepitud del Rey, hinchado y torpe, con las piernas arqueadas y la mirada perdida».
Diagnóstico: enfermedad, comúnmente encuadrado como Trastorno Bipolar Tipo I,

La vida en los despacho le sumieron en un estado de aburrimiento, donde nunca fue capaz de encontrar aficiones e intereses que le sacaran de la apatía. Quizás fue su adicción incontrolada al sexo –aderezado por sus temores religiosos– lo único que consiguió mantener ocupada la mente del Rey. Su primera mujer, Maria-Luisa Gabriela de Saboya, que se casó con 14 años, supo satisfacer hasta su prematura muerte las exigencias de un hombre muy fogoso en el lecho real. La Reina falleció en 1714, después de darle dos herederos varones, los futuros Reyes Luis I y Fernando VI.

Su segunda esposa. Siete meses después de la muerte de la Reina, contrajo matrimonio con la italiana Isabel Farnesio de Parma. Una mujer hacia la que desarrolló una fuerte dependencia sexual y afectiva, que se asentaba en el carácter férreo y autoritario de ella. Ambos se hicieron inseparables y engendraron al que sería el futuro Carlos III, pero la Reina tuvo que sufrir la fase más dura de la enfermedad del Rey. A principio de su matrimonio, el Monarca se obsesionó con que su ropa y la de su esposa irradiaba unaa luz mágica.

 

ETAPAS


Guerra de Sucesión (1701-1713)

En el Testamento de Carlos II Carlos II, se nombró sucesor a Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV de Francia (bisnieto de Felipe IV) Acababa así la dinastía de los Habsburgo y llegaba al trono español la
dinastía de Borbón.

 El nombramiento de Felipe V como heredero a la corona española y el acuerdo de su abuelo Luis XIV de poder heredar el trono francés, desencadenó la Guerra de Sucesión. Así comenzó la Guerra de Sucesión, un conflicto que se empezó allá por 1701 y que no tardó en convertirse en uno de los más cruentos en la historia de nuestro país.

Esta guerra presenta una doble dimensión.

-El ascenso al trono español de Felipe V representaba la hegemonía francesa y la temida unión de España y Francia bajo un mismo monarca, como pasó con Carlos V.

- Por otro lado, Felipe V representaba el modelo centralista francés, apoyado en la Corona de Castilla, mientras que Carlos de Habsburgo personificaba el modelo foralista, apoyado en la Corona de Aragón y, especialmente, en Cataluña.

 Por una parte, se trató de un conflicto internacional que enfrentó a la Francia de Luis XIV contra un grupo de estados aliados: Gran Bretaña, Holanda y Portugal que apoyaban al Imperio Austriaco en la persona del Archiduque Carlos de Habsburgo; en juego estaba el equilibrio de fuerzas en Europa.

Por otro lado, fue una guerra civil española entre el bando felipista – Castilla, Navarra y Vascongadas que apoyaban al Borbón – y el bando habsburguista – Aragón, Cataluña y Valencia –, fiel al archiduque Carlos, el pretendiente austriaco al trono español.

 Ingleses, holandeses e imperiales formaron entonces la denominada Gran Alianza y propusieron, como alternativa a Felipe V, al archiduque Carlos de Austria (hijo del propio Leopoldo).

 «Se calcula que en esta guerra murieron 1.251.000 personas […]. En el momento de mayor intensidad, en 1710, luchaban cerca de 1.300.000 soldados. Y Francia, la potencia más implicada, llegó a movilizar 900.000 hombres […] entre 1701 y 1713», explica el historiador  Joaquim Albareda Salvadó en su obra «La guerra de Sucesión de España (1701-1714)».


La guerra terminó con el triunfo de Felipe V. Junto a las victorias militares de Almansa, Brihuega y Villaviciosa, un acontecimiento internacional fue clave para entender el desenlace del conflicto: Carlos de Habsburgo heredó en 1711 el Imperio alemán y se desinteresó de su aspiración a reinar en España.

Sus aliadas, Inglaterra y Holanda, pasaron en ese momento a ver con prevención la posible unión de
España y Austria bajo un mismo monarca.

Los tratados de Paz de Utrecht, Rastatt, Baden Baden y Amberes, firmados entre 1713 y 1715,
pusieron fin a este conflicto. Del contenido de estos acuerdos, que beneficiaron especialmente a Gran
Bretaña, destaca:

a) El reconocimiento de Felipe V como rey de España, previa renuncia a sus derechos a la corona
francesa.

b) La concesión española de ventajas económico-comerciales a Gran Bretaña.

c) La desintegración del Imperio territorial español en Europa, con la pérdida y el reparto de sus antiguas posesiones europeas:

- Austria consiguió los Países Bajos (Flandes) y los territorios españoles de Italia (Nápoles, Cerdeña y Milanesado).
- Las Provincias Unidas de Holanda obtuvieron algunos enclaves en los Países Bajos.
- Gran Bretaña logró la cesión de Gibraltar y Menorca. Inglaterra obtuvo Gibraltar, Menorca y el navío de permiso (derecho limitado a comerciar con las Indias españolas) y el asiento de negros (permiso para comerciar con esclavos en las Indias), marcó el inicio de la hegemonía británica.
- Saboya se quedó con la isla de Sicilia.


El duque de Anjou, un joven a punto de cumplir 17 años, no tomó parte alguna en su designación como rey de España. Nadie le pidió su opinión; de hecho, cuando la comitiva real se trasladó de Fontainebleau a Versalles ni siquiera fue invitado a viajar en la carroza de su abuelo. Felipe de Borbón había nacido en Versalles el 19 de diciembre de 1683, como segundo de los hijos de Luis, Gran Delfín de Francia, y de María Ana Cristina de Baviera; apenas unos meses antes, el 30 de julio, había fallecido su abuela española. Creció en el maremágnum pomposo de la corte versallesca, donde su abuelo brillaba en los salones de los Grandes Apartamentos, decorados con pinturas que exaltaban la majestad del Rey Sol.

El duque de Anjou creció atenazado por la mordaza de un rígido ceremonial diseñado para ensalzar la figura de su augusto abuelo. Su primera infancia transcurrió entre ayas, y su adolescencia estuvo regida por profesores y tutores cuyo programa pedagógico incluía la formación intelectual y el entrenamiento físico, tendente a su preparación como soldado, mediante la práctica de ejercicios de equitación y natación.

La niñez del hijo del Delfín fue solitaria y fría, carente de cualquier afecto que le ayudara a enfrentarse con un mundo desconocido. Creció sin su madre, fallecida cuando él tenía seis años, y con un padre que no lamentaba una viudez que transcurría desordenadamente entre ejercicios cinegéticos y amatorios, sin prestar la menor atención a sus hijos. El futuro rey de España fue un joven abúlico, inseguro, indeciso, tímido, huraño y propenso al tedio, aquejado de tendencias depresivas, con «vapores» periódicos de desgana melancólica.

Por fortuna, hubo al menos tres personas que establecieron con Felipe ciertos lazos de afecto: la duquesa de Orleans, la marquesa de Maintenon y Fénelon. La primera, su tía abuela, era una mujer inteligente, original, sincera y divertida que se aficionó al trato con ese niño perdido en palacio, a quien leía cuentos, llevaba a las comedias y ponía a su lado en la mesa. Para afirmar la autoestima de su sobrino nieto y ayudarle a superar su timidez fomentó sus cualidades: su bondad, su docilidad, sus dulces modales y su devoción, al tiempo que trató de inculcarle aficiones como la lectura o la música. De él solía decir que parecía más un Austria que un Borbón.

La personalidad de Felipe, un niño de seis años, presentaba un aspecto desalentador: conocimientos rudimentarios, falta de modales, dificultades en el habla, entonación desagradable y dicción lenta. Durante los ocho años que permaneció a su lado, Fénelon le inculcó la idea de que una conducta recta debía basarse en una religiosidad ferviente, algo que su discípulo recordaría el resto de sus días. Pero con su fogoso afán de adoctrinamiento transmitió a su alumno una moral intransigente y escrupulosa, que marcaría fuertemente su personalidad en lo sucesivo.

El 4 de diciembre de 1700, Felipe V dejó Versalles, con los consejos de su abuelo en mente y un reducido séquito. Llegó a Madrid el 22 de enero de 1701. Todos los problemas internacionales parecían haberse detenido a la espera de que cada uno de los bandos organizara sus fuerzas. Ello dio tiempo a Felipe para configurar su Consejo, en el que destacaban su gran defensor en España, el cardenal Portocarrero, y el embajador francés en Madrid, el duque de Harcourt. La apariencia del nuevo monarca, joven y apuesto –en contraste con el enfermizo y contrahecho Carlos II–, fue percibida por sus súbditos como un signo de esperanza para una monarquía acechada por tantos leones rugientes. Pero el entusiasmo no fue general, ni en España ni aún menos en el extranjero. En septiembre de 1701, Austria, Inglaterra y Holanda formaron una coalición contra Luis XIV y enseguida  estallaron las hostilidades en Italia. Desde 1705, la guerra de Sucesión se trasladó a España, donde durante casi diez años Felipe V tuvo que defender por las armas el trono que debía a las intrigas diplomáticas de su abuelo.

En este periodo la influencia francesa en los métodos de gobierno y administración se dejó sentir eficazmente con la gestión de los ministros Orry y Amelot, que reorganizaron los servicios públicos, sin embargo, la centralización administrativa arruinaría las autonomías de los antiguos reinos, muestra de ello es el llamado Decreto de Nueva Planta que anuló los privilegios forales catalanes y mallorquines en 1716.

  Tras la muerte de Ma Luisa su primera esposa, el rey se casa con Isabel de Farnesio (1714), lo que significa el distanciamiento de Francia. La nueva política internacional viene ahora determinada por los intereses de la Farnesio, segunda esposa de Felipe V, que tenia como consejero al italiano al cardenal italiano Julio Alberoni. Los intereses de la Farnesio tendían a la anulación de las cláusulas de Utrecht en lo referente a Italia (Milán, Nápoles y Cerdeña a Austria y Sicilia a los Saboya), recuperando los estados perdidos para asignárselos a sus hijos Carlos y Felipe. Las potencias europeas se opusieron a estos proyectos y después de algunos fracasos militares, Felipe V pidió la paz y desterró a Alberoni.


Grabado Conferencia de la Paz de Utrecht.                      Manuscrito con la firma del Tratado.


LUIS I

Luis I, llamado «el Bien Amado» o «el Breve», fue el primer Borbón nacido en España y uno de los frutos del primer matrimonio de Felipe V con María Luisa Gabriela de Saboya. Huérfano de madre desde la tierna infancia, el Príncipe de Asturias creció bajo la rígida tutela de la princesa de Ursinos y la alargada sombra de su madrastra, Isabel de Farnesio.


En 1709, Luis fue proclamado Príncipe de Asturias y en 1722 se casó con Luisa Isabel de Orleans, hija de Felipe de Orleans, regente de Francia.

El Príncipe Luis se casó con la Princesa Luisa Isabel de Orleans cuando él tenía quince años y ella doce, por lo que hubo que esperar a que la niña se hiciera mujer para consumar el matrimonio. Luisa Isabel era muy extravagante, pero eso se lo contaremos en otra ocasión

La esposa de Luis apenas recibió educación, siendo el único interés de sus padres el que se casara lo más pronto posible. Como consecuencia del desapego paterno, su personalidad era la de una niña caprichosa y extravagante ( como jugar desnuda en los jardines de palacio; a su pereza, desaseo y afición al mosto; a sus demostraciones de ignorar al joven monarca). Su reinado estuvo marcado, casi exclusivamente, por la creciente locura de Luisa Isabel. La actitud de su esposa llevó a Luis I a buscar consuelo en numerosas correrías nocturnas por Madrid y en la caza. De hecho, la imagen que ha trascendido hoy es la de un Rey juerguista de vida relajada. Finalmente, el Rey ordenó el encierro de su esposa en el Palacio Real. El hartazgo tuvo lugar tras una recepción pública en la que la soberana se desnudó y empleó su vestido para limpiar los cristales del salón.
PARA SABER MÁS, VER:
Alejandra Vallejo-Nágera en «Locos de la Historia» (La Esfera de los Libros, 2006), 

En 1724 Felipe V abdicó en su hijo Luis 

Felipe V firmó el 10 de enero de 1724 un decreto por el que abdicaba en su hijo Luis, de diecisiete años, casado con Luisa Isabel de Orleans, dos años menor que éste. A continuación, los Reyes padres se retiraron al Palacio Real de La Granja de San Ildefonso, pero la reina estuvo siempre perfectamente informada de lo que sucedía en la Corte de Madrid. (El Rey tomó aquella decisión porque veía que los estragos de su enfermedad, probablemente un trastorno bipolar, no le permitían seguir en el trono más tiempo o porque, tal vez, el Monarca albergaba la ambición secreta de reinar en Francia si fallecía prematuramente Luis XV),

Con diecisiete años, el Príncipe de Asturias era un inexperto, carecía de los conocimientos para reinar y tenía ya bastantes preocupaciones con contener a su extravagante esposa
 Luis I, pintado por Jean Ranc. El cuadro se expone en el Museo del Prado
Luisa-Isabel-Orleans, esposa Luis I

Luis I (enero- agosto) pero este murió a los pocos meses, La pareja real enfermó de viruela, a mediados de agosto. Luisa Isabel de Orleans sobrevivió a la enfermedad y permaneció al lado de su marido hasta su último suspiro. Siete meses después, con su repentina muerte el 31 de agosto, terminó el reinado de Luis I.

Fue entonces cuando se produjo una situación insólita: a Luis I debía sucederle su hermano Fernando, de once años, que ocupaba el primer lugar en la línea de Sucesión. Así lo establecían las viejas leyes de la Monarquía, cuya aplicación defendían la Iglesia, la nobleza y el propio Felipe V. Tras su abdicación, el Rey podía ser Regente y reinar en nombre de su hijo, pero no recuperar la Corona.

Y aunque al haber abdicado el sucesor tendría que haber sido el otro hijo varón, la rápida actuación dela Reina Isabel de Farnesio devolvió la Corona a Felipe V. Todo ello haciendo frente a ciertos sectores de la nobleza castellana que apoyaban la opción de Fernando, argumentando que no cabía la marcha atrás en la abdicación de un rey.
Nuevamente Felipe V ocupó el trono.


FELIPE V

El Rey que Reino dos veces


Louis Michel Van Loo Felipe V a caballo, 1737. 
En su segunda etapa (1724-46) y tras la caída de Alberoni y de Ripperdá, llegó la hora para los ministros españoles Patiño y Campillo, hombres honorables e inteligentes que reorganizaron la Hacienda y que encontraron la ocasión de hacerse con las posesiones de Italia.
Al morir sin sucesión Antonio Farnesio (tío de Isabel) en 1731, el infante D. Carlos, hijo de Isabel,
tomó posesión de sus Estados, pero Isabel, no se conformaba y aprovechó la ocasión de que Austria
estaba comprometida en la guerra de sucesión polaca, para que D. Carlos al frente de un ejercito
español se apoderara de Nápoles y Sicilia. La Paz de Viena de 1735 reconoció estas conquistas
mediante la entrega al Emperador de los Ducados de Parma y Plasencia. Isabel que los quería para su
hijo Felipe, tuvo que resignarse. Al estallar la guerra de Sucesión de Austria (1740-48) aprovechó la
ocasión para unirse a Francia (Felipe V) por un Pacto de Familia, y conquistar aquellos territorios, que
le fueron reconocidos a D. Felipe por la Paz de Aquisgrán de 1748, y con ello, se realizaron las
aspiraciones de la Farnesio, aunque dos años antes había muerto Felipe V, en un deplorable estado de
salud mental.
Durante el reinado de Felipe V, en Cataluña se creó el cuerpo de los Mozos de Escuadra para llenar
el vacío provocado por la inexistencia de unas fuerzas de Orden Público.

Tampoco en los reinos castellanos fue popular Felipe V. Se le reprochaba su confianza en ministros
extranjeros y los sacrificios que imponían unas guerras movidas por intereses dinásticos.
También bajo su reinado y siguiendo la tradición francesa se introdujo en España la Ley Sálica.

PARA SABER MÁS

Felipe V: el rey que reinó dos veces. Henry Kamen. Temas de Hoy, Madrid, 2000.
Felipe V. Por C. Martínez Shaw y M. Alfonso. Arlanza, 2001.
Secretum. Por Rita Monaldi y Francesco Sorti. Salamandra, 2006.


 Gibraltar.

El artículo X dice: «El Rey Católico [Felipe V], por sí y por sus herederos y sucesores, cede por este Tratado a la Corona de la Gran Bretaña la plena y entera propiedad de la ciudad y castillos de Gibraltar, juntamente con su puerto, defensas y fortalezas que le pertenecen, dando la dicha propiedad absolutamente para que la tenga y goce con entero derecho y para siempre, sin excepción ni impedimento alguno»

Esto quiere decir que, aunque el Reino Unido tiene un título válido de soberanía, habría que resolver el problema de su alcance territorial, pues en el artículo X no se establecía una línea fronteriza, ni posteriormente se realizó una demarcación.

Algo que no ha dejado de pasar desde que al finalizar la Guerra de Sucesión española, en 1713, se firmara el polémico Tratado de Utrecht por el que el Rey Felipe V cedía el Peñón a los ingleses «para siempre». Desde entonces, España ha intentado recuperar sin éxito este enclave estratégico de 6,8 kilómetros cuadrados y 31.000 habitantes, sin importar si nos encontrábamos en una república, una dictadura o bajo un gobierno del PSOE o del PP.

En el siglo XVIII, España sometió a Gibraltar a terribles asedios

En el siglo XVIII, diferentes regímenes sometieron Gibraltar a terribles asedios con este propósito. En el más importante de ellos, entre 1779 y 1783, murieron más de 5.000 españoles, por 1.900 soldados británicos. el siglo XVIII -el de la pérdida de Gibraltar- tuvo en su haber tres asedios en los que España intentó arrebatar (y recobrar) el Peñón.
Tras dos infructuosos grandes intentos en1704-1705 y 1727, la ocasión volvió a presentarse en 1779, año en el que se inicia el GranAsedio a Gibraltar, la última ocasión en que España intentó recuperar Gibraltar por las bravas: a cañonazo, sangre y fuego... y con los franceses como aliados.
En 2009, el entonces ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, aseguraba que la reclamación de la soberanía sobre Gibraltar por parte de España era «irrenunciable». Y el último en alzar la voz sobre la colonia hasido Jose Manuel García Margallo José Manuel García Margallo, al anunciar medidas sobre la colonia, como la introducción de una tasa para cruzar la frontera o cerrar el espacio aéreo a los aviones que utilicen el aeropuerto británico del Peñón.
Aunque no se puede cuestionar la vigencia del Tratado de Utrecht, ¿qué dice exactamente? ¿Qué se establecía en sus disposiciones? ¿Deben revisarse? ¿Has sido respetados por Gran Bretaña los puntos básicos de este tratado con 300 años de antigüedad que nunca ha dejado de estar de actualidad?

PARA SABER MÁS, VER:
768 Se vuelve a hablar de Gibraltar.


 -FERNANDO VI (1746-59):

Seguirá al pie de la letra los consejos de Patiño: pacifismo y aislamiento con respecto a la política exterior, mientras que proseguía la recuperación material interna, única fuerza para la defensa de los intereses reales.

Fernando VI mantuvo en el gobierno a gentes de criterios dispares: Ensenada (francófilo) y Carvajal (anglófilo), pero observando una estricta neutralidad.
El proceso centralizador emprendido por Felipe V se desarrolla ahora mediante la abolición de los fueros y privilegios de Navarra y Vascongadas.
Ensenada que ya bajo Felipe V había iniciado reformas las siguió, saneando la Hacienda pública,
reorganizando el ejercito y la Armada, fomentado las industrias nacionales, envío misiones científicas y
técnicas al extranjero, repobló Sierra Morena a instancias de Pablo de Olavide y mandó realizar el
primer Catastro de fincas rústicas español.
Su política fue neutralista, con respecto al exterior, pero equilibrada y progresista económicamente en el interior.
Al morir como no dejaba hijos, el tono pasó a su hermano Carlos, que era rey de Nápoles.


C -CARLOS III (1759-88)

Mariano Salvador Maella  Carlos III con el hábito de su Orden, 1784.

La venida de Carlos III a España representó un nuevo capítulo en nuestra historia, por las repercusiones ideológicas y sociales que su política había de representar. Carlos III era un hombre activo y audaz, aborrecía a los ingleses y era antiguo amigo de Ensenada, por lo que éste volvió a la política y hubo una nueva actitud respecto a la política exterior.

Toda la política de Carlos III está dentro del lema del Despotismo Ilustrado “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”. El despotismo ilustrado fue una prolongación del Estado absolutista, poco más que un absolutismo moderado en el que el pensamiento político proto-liberal de las ideas de la enciclopedia y de la invención de los derechos humanos no solo no tenía cabida sino que era cruelmente reprimido. Durante el siglo XVIII España fue un país centralizado, burocratizado y retrógrado, sumido en la ignorancia, el atraso, el ensimismamiento y la pasividad, una sociedad rural que vegetaba con resignación ante la pujanza de las demás potencias occidentales.
Carlos III fue un Rey honrado, de una vida privada ejemplar, que incorporó la Ilustración a España y se rodeó de los ministros más eficaces, como el marques de la Ensenada, el conde de Aranda y el conde de Floridablanca, quienes transformaron nuestra nación con obras públicas, fábricas, caminos y hospitales. Carlos III trajo consigo de Nápoles a ministros competentes, mal vistos por los españoles – Grimaldi y Esquilache –, éste último intentó adecentar Madrid con reformas en la política urbana, empedrado, alumbrado, construcción de edificios públicos..., pero cuando intentó modificar la indumentaria de los habitantes de la Villa, recortando la clásica capa española, se promovió un motín: El Motín de Esquilache, éste tuvo que marcharse a Italia. Desde entonces el nuevo equipo gobernante, formado por españoles: Campomanes, Floridablanca y El Conde de Aranda, que iba a realizar la tarea de las grandes reformas socioeconómicas, quizá de un modo menos espectacular que en la primera etapa, pero más continuado y profundo.

Carlos III y sus ministros no simpatizaban con Inglaterra, máxime cuando la actuación de Inglaterra en América ponía en grave aprieto nuestras colonias, una vez que acabó con las francesas. Por esta razón Carlos III firmó con Francia en 1761 el Tercer Pacto de Familia (los otros dos los había firmado su padre) para defender sus respectivos intereses. A este Pacto se agregaron después los Borbones italianos. Por esta razón hubo de apoyar a Francia contra Inglaterra en la Guerra de los Siete Años (1756-63), perdiendo algunos territorios, aunque intentó quedarse con Gibraltar y Menorca. Por la Paz de Versalles (1783), por la que nacen los EEUU, España recuperó lo territorios perdidos –Menorca, Florida, y algunos territorios en Honduras – y renunció a Gibraltar.

Carlos III como máximo representante español del Despotismo Ilustrado, es uno de los monarcas
más reformadores que registra nuestra Ha; supo rodearse de ministros capacitados, realizó una
maravillosa obra de colonización en Sierra Morena, fundó La Carolina, tomó medidas desamortizadoras para impedir la excesiva concentración de la propiedad, propulsó la vida agrícola e industrial de la nación: contra los latifundios y el sistema gremial, arremeten todos los teóricos de la época: Campomanes en su Discurso sobre la artesanía popular, Jovellanos en Informe sobre el expediente de Ley Agraria. También Carlos III reorganizó la enseñanza, envió expediciones científicas, mejoró la administración de las colonias, abolió las encomiendas y el reparto de los indios y dictó la Pragmática del comercio libre que contribuyó al desarrollo mercantil de nuestras posesiones ultramarinas. También tuvo lugar la Expulsión de los jesuitas,

Los programas de obras públicas, las Reales Fábricas y Academias, los laboratorios, los proyectos urbanísticos, los grandes monumentos que todavía adornan Madrid, la tímida liberalización del comercio, en fin, las realizaciones de ese estado de obras -una tecnocracia avant la léttre- no evitan recordar que ilustración española fue, en el fondo, una ficción. Con Carlos III se mantuvo en pie la Inquisición, siguió existiendo el comercio intensivo de esclavos, el analfabetismo, la discriminación social, el trabajo de los menores, la prohibición del uso del catalán, la censura absoluta de prensa, así como la suspensión de las representaciones teatrales. A pesar de todo, el arte vibra y sobrevive por sí solo y las sombras del reinado carolino
Uno de los principales objetivos de Carlos III fue convencer a los españoles de que el trabajo no envilecía, sino que por el contrario dignificaba. En aquella España los únicos trabajos honrosos eran las armas y las letras. Los hidalgos preferían vivir en la miseria antes que trabajar, y los trabajadores manuales estaban tan desprestigiados que no podían desempeñar cargos públicos.

El Rey quería que todos contribuyeran a hacer de España un país avanzado y que la nobleza también dejara de ser ociosa y empezara a contribuir en el progreso del país. Para ello el 18 de marzo de 1836 aprobó una Real Cédula por la que declaraba lo siguiente: «Que no sólo el oficio de curtidor, sino también los demás artes u oficios de herrero, sastre, zapatero, carpintero y otros a este modo, son honestos y honrados, y que el uso de ellos no envilece la familia, ni la persona del que los ejerce, ni la inhabilita para obtener los oficios municipales de la República en que están avecindados los artesanos o menestrales que los ejerciten».

D- CARLOS IV (1788-1808):
Francisco de Goya: Carlos IV, cazador, 1799.

En diciembre de 1788 comenzó a reinar Carlos IV, tenía 40 años, en él se pusieron grandes esperanzas que la realidad vino a defraudar. Los comienzos de su reinado coinciden con el estallido de la Revolución Francesa.
La Revolución Francesa ejerció una influencia determinante en los acontecimientos que tuvieron lugar en España durante el reinado de Carlos IV. Entró en crisis la vieja sociedad y se abrió la posibilidad de un primer intento de revolución liberal. Esta crisis tuvo su momento culminante en 1808.
Cuando en julio de 1789 se declara la Revolución Francesa, Carlos IV y su ministro Floridablanca, toma la táctica crear un “Cordón sanitario” en la frontera para evitar la entrada o el conocimiento de la situación en éste país. Mientras tanto los revolucionarios franceses organizaron con gran habilidad diplomática y persuadieron a Carlos IV de que la política que llevaba Floridablanca no beneficiaba a su gobierno, a esto se unieron las intrigas de la Reina Ma Luisa que consideraba a Floridablanca como un obstáculo para la subida de su favorito Godoy.
Carlos IV relevó a Floridablanca de su puesto, colocando en su lugar al ya anciano Conde de Aranda, que aunque simpatizaba con las ideas de los revolucionarios, no era un revolucionario. Su intervención a favor de Luis XVI, que fue destronado en 1792 proclamándose la República en Francia, le llenó de desprestigio y va a ser sustituido por el joven Manuel Godoy.
Godoy era un ilustrado muy de su época y gran admirador de Jovellanos, aunque hombre ambicioso e intrigante, su obra de ilustrado se manifiesta en la creación de nuevos centros de enseñanza, protección a las Sociedades Económicas de Amigos del País, la creación del Montepío de Labradores o la ayuda al Banco de San Carlos. Pero las circunstancias arrastraron su atención hacia la política exterior, hizo todo lo posible por salvar a Luis XVI, al no conseguirlo, España se unió a otras potencias del Antiguo Régimen y declaró la guerra a Francia (Guerra de Convención 1793-95) esta guerra llevó a la invasión de algunas tropas francesas que fueron detenidas en Miranda de Ebro, entonces Godoy decidió cambiar fe política y firmar la paz, así, en 1795 se firmó la Paz de Basilea, restituyendo Francia a España las tierras conquistadas a cambio de ciertas ventajas económicas y de la entrega a Francia de la parte española de la isla de Santo Domingo.

En 1796 se firma el Tratado de San Ildefonso, más o menos un Pacto de Familia, por el que Francia y España, entran en guerra con Inglaterra a causa de la cual, nuestra flota quedó totalmente destrozada en el cabo de San Vicente, y los territorios de América sufrieron graves daños; en cambio resistieron con bravura Cádiz y Santa Cruz de Tenerife.



Juan Bauzil Carlos IV de espaldas, 1818.




CUADROS CON HISTORIAGOYA. La familia de Carlos IV

Carlos IV por Goya
  • Carlos IV de España (1748–1819)  era el séptimo hijo de Carlos III y su mujer, María Amalia de Sajonia.

Se convirtió en rey cuando ya tenía cuarenta años.

Se casó con María Luisa de Parma. El tenía 17 años y ella 14 el día de la boda. Eran primos. Además María Luisa era también nieta de Felipe V e Isabel de Farnesio.

Parece ser que Carlos III la eligió  para su hijo porque era una mujer de carácter, ambiosa e inteligente. Todo características que no tenía su hijo. Parece ser que Carlos IV era un hombre honesto, cándido y sin carácter. No le interesaba la política. Prefería ir de caza o ocuparse de su colección de relojes.

Tuvieron 14 hijos, aunque María Luisa llegó a tener 24 embarazos. A los españoles no les cayó  bien esta reina. Estaban furiosos María Luisa de Parma por Goyapor su conocida relación con Godoy, que era quién realmente gobernaba el país y no el rey. Era bien conocida su rivalidad con la duquesa de Alba. Parece ser que jugaban cierto papel los celos que la reina sentía por su relación con el pintor Goya. Incluso se llegó a decir que había envenenado a la duquesa. También se comentaba que ninguno de sus hijos era realmente de su marido, el rey.....

Aun cuando Carlos IV no estuviera interesado en la vida política del país y dejara todo en manos de Manuel Godoy, hay un hecho que no podemos olvidar, ya que dejó su marca en la historia, y fue el haber nombrado pintor de la corte a Goya. Gracias a él, podemos admirar hoy los cuadros de este pintor, que influyó en todo el arte posterior.

España y Francia

El reinado de Carlos IV tuvo lugar en una época difícil. En Francia había tenido lugar la Revolución y Napoleón estaba expandiendo su poder. Manuel Godoy prefirió no luchar contra él.

Godoy por Esteve y MarquésFirmó un tratado con Napoleón, ofreciéndole la ayuda de la armada española. España se María Luisa de Parma por Mengsconvirtió  en un estado satélite de Francia. En 1802 Godoy declaró la guerra de Portugal, aliada de Gran Bretaña. Esta guerra es conocida como la Guerra de la Naranjas, porque Godoy le envió a la reina un manojo de naranjas. Aunque esta guerra contara con victoria española, después, en la Batalla de Trafalgar, la armada fue vencida por los ingleses.

Todas estas guerras tuvieron un impacto negativo sobre los fondos públicos. Los ministros no eran capaces de solucionar este problema. Los españoles empezaron a ver demasiados soldados franceses en suelo español y esto aumentó todavía más la insatisfacción de los habitantes. Estaban en contra de Godoy, sus ideas pro-francesas y su política reformista.

 España ante la Revolución Francesa.

La Revolución Francesa había estallado en 1789, todas las monarquía europeas tienen miedo a que se extienda y la población se contagie de estas ideas (recordemos que en  Francia se acaba con el poder absoluto del rey y se llega a guillotinar más tarde al monarca).

El marqués de Floridablanca (primer ministro) llega a cerrar las fronteras con Francia, a  impedir que los estudiantes salieran a estudiar fuera y a establecer una censura sobre los  libros. Llegó incluso a prohibir la enseñanza del francés para que no se extendieran libros y  escritos procedentes de ese país.
En 1792 el rey destituye a Floridablanca y nombra a Aranda  que intenta una aproximación a Francia, estará sólo unos meses en el poder.

En el mes de noviembre Aranda es derrocado y ascenderá a las más altas instancias  del poder Manuel Godoy, amante de la reina, se convierte así en valido del rey y en un  auténtico dictador. Dirigirá los destinos de España entre 1792 y 1808, excepto entre 1798 y  1800. Tuvo siempre en contra a los absolutistas más exacerbados y a los simpatizantes de la  revolución.

c) El motín de Aranjuez y la caída de Godoy.

Entre tanto un grupo de nobles, a cuya cabeza está el príncipe de Asturias, instiga al  pueblo para la revuelta, es el Motín de Aranjuez, Godoy cae y Carlos IV huye a Francia,  mientras su hijo Fernando reclama el trono, es el 19 de marzo de 1808. En Bayona (localidad  francesa próxima a la frontera española) Napoleón reúne a Carlos IV y a su hijo para actuar  como árbitro entre sus disputas, allí el 5 de Mayo de 1808 obliga a los dos a abdicar en él y  proclama como rey de España a su hermano José I Bonaparte.
El 2 de Mayo se produjo un  levantamiento sangriento en Madrid que sería violentamente reprimido al día siguiente.

Un hijo intrigante y un levantamiento popular

En 1807 una intriga liderada por Fernando VII, el hijo del rey, fue finalmente frustrada. Después sería el pueblo el que se levantó contra el rey Carlos IV, que abdicó en favor de su hijo.

Napoleón reunió a la familia real. Obligó a Fernando a que devolviera la corona a su padre. Este, a su vez, abdicaría entonces en favor de NapoleónNapoleón, por su parte, nombró a su hermano José como nuevo rey de España.

Tras estos acontecimientos tendrían lugar los sucesos del 2 de Mayo de 1808.

Napoleón fue finalmente vencido en 1814 y Fernando VII se convirtió en rey de España. Nunca dejó  que sus padres regresaran al país. Ambos murieron exiliados en Italia.


PARA SABER MÁS, VER:

ABDICACIÓN DE CARLOS IV


POLITICA EXTERIOR:

 La guerra contra Francia en coalición con otras monarquías absolutas (1793-1795), con la derrota de las tropas españolas y la firma de la Paz de Basilea (1795): el conflicto con Gran Bretaña celosa de su dominio marítimo, que derivó en la batalla de Trafalgar; el Tratado de Fontainebleau para posibilitar a los franceses el acceso a Portugal marcarán las política exterior.


a)  Godoy se alió con Gran Bretaña cuando en 1793 los  revolucionarios franceses guillotinaron a Luis XVI. Varias naciones europeas, incluida  España, declaran la guerra a la República Francesa, es la llamada Guera de la Convención,  por ser la Convención el principal órgano de gobierno de la Francia revolucionaria en esos  momentos. La guerra conoce dos etapas muy claras, en la primera las tropas españolas, al  mando del general Ricardos, invaden el Rosellón y obtienen algunas victorias a pesar de una  desorganización evidente. La rápida reacción francesa y la elevada moral de los ejércitos revolucionarios dan la vuelta a la situación y los franceses toman Gerona, Guipúzcoa, Vizcaya, Álava y Navarra, volviéndose apurada la situación para los españoles. En julio de1795 se firma la Paz de Basilea, por ella España perdió la parte Oriental de la isla de La  Española (actual República Dominicana).

b) La alianza hispano-francesa y sus consecuencias.

En 1796, por el Pacto de San Ildefonso Godoy dio un giro a la política exterior  española y optó por la alianza con Francia, lo que suponía el enfrentamiento inevitable con  Inglaterra. En esos momentos la Revolución había desembocado en el poder unipersonal de  Napoleón. Para Napoleón España tenía mucho interés, en su enfrentamiento con Inglaterra la  guerra se llevaba al frente comercial, toda Europa debía bloquear comercialmente a  Inglaterra y así ésta se vería arruinada, lógicamente España entraba dentro de ese plan. En  1797 las flotas española y francesa fueron derrotadas en la batalla del Cabo de San Vicente, era sólo un aperitivo de lo que iba a suceder ocho años después en Trafalgar.

Entre tanto la situación económica era desastrosa: malas cosechas, carestías y, fruto  de ello, un riesgo de bancarrota para las finanzas reales, este último problema se intentó solucionar con una subida de impuestos –lo que motivó que aumentara el descontento contra  Godoy- y con la venta, por primera vez, de tierras del clero, aquellas de los jesuitas  expulsados en 1767 y las que la Iglesia destinaba a la beneficiencia.

En 1801 se produce la Guerra de las Naranjas, una guerra entre España y Portugal  debido a la ambición de Godoy, Napoleón apoya a España frente a Portugal, tradicional  aliado de Inglaterra. Francia pretende que Portugal cierre sus puertos al comercio inglés.
Tras dos años de escaramuzas la Paz de Badajoz selló la paz. Portugal cerraría sus puertos y España recibirá la localidad de Olivenza.
En 1805 se produce una derrota aplastante de las escuadras francesa y española frente  a los ingleses en Trafalgar. Allí se hundió una flota poderosa y moderna que había sido  armada con gran sacrificio a mediados de siglo. España se quedaría sin flota, y las colonias  españolas de América se quedarían incomunicadas.

El descontento por la derrota iba dirigido contra Godoy, y es el príncipe de Asturias – el futuro Fernando VII- quien acaudilla la oposición al primer ministro.

En 1807 Godoy firma con Napoleón el Tratado de Fontainebleau para repartirse  Portugal, una parte sería para Francia, otra para España y una tercera sería un principado  personal para Godoy; lógicamente para llegar las tropas francesas a Portugal tenían que pasar  por España, con esta excusa atravesarían la Península y tomarían las principales ciudades del  país.

La política exterior a finales del XVIII y los inicios del XIX ( reinado de Carlos IV)

Solo la ejecución de Luis XVI y la revolución francesa logrará romper la amistad franco-española. Carlos IV, recién llegado al trono cuando estalla la revolución, entró en guerra contra la Francia revolucionaria y se convirtió en aliado de Inglaterra y otras potencias frente al nuevo enemigo revolucionario. No obstante, se trató de una breve ruptura, cuando la revolución se moderó mejoraron las relaciones entre los dos países. Carlos IV y su favorito y primer ministro Manuel Godoy -abiertamente profrancés- optaron por la alianza con Francia: Tras la Paz de Basilea (1795) se firma la paz con la nueva república francesa y con el Tratado de San Ildefonso (1796) se hace frente común frente a una Inglaterra que entorpece sistemáticamente el desarrollo del comercio entre España y sus colonias en América.

Cuando Napoléon llega al poder, la alianza con España se refuerza. Bajo el gobierno de Manuel Godoy, en 1801, España declara la guerra a Portugal, aliado de Inglaterra, por su violación del bloqueo comercial a Gran Bretaña, es la guerra de las Naranjas, que siendo corta permite a España quedarse con el enclave de Olivenza y llevar los límites de los dos países en la provincia de Badajoz al río Guadiana.



Mientras, el eterno conflicto naval con Gran Bretaña por el dominio de las rutas y el comercio americano, terminó en desastre con la batalla de Trafalgar (1805). La imprudencia del comandante de la flota aliada franco-española, el vicealmirante Pierre Villeneuve, le llevó a salir del puerto de Cádiz, y la flota inglesa al mando del almirante Nelson la encontró a la altura del cabo Trafalgar. España perdió allí buena parte de su armada, sus mejores marineros y oficiales, incluido sus más experimentados mandos, entre los que estaba el jefe de la flota española, teniente general del mar Federico Gravina. El comercio con América se redujo drásticamente y los mares desde ese momento, a lo largo del siglo XIX, quedarían bajo control inglés.


BATALLA TRAFALGAR
La batalla de Trafalgar del 21 de octubre 1805

En 1804 se libró la última gran batalla naval antes de Trafalgar entre la escuadra hispano-francesa y la británica en Finisterre. Aquella batalla bajo el mando del almirante francés Calder fue todo un desastre y a Napoleón aquello no le animó en el momento de volver a enviar su flota a España para un nuevo enfrentamiento naval. Se dijo que la culpabilidad fue de Villeneuve que no supo colocar la flota en una buena posición y eso hizo perder un preciado tiempo en las que hubo como resultado muchas bajas, pero tampoco la meteorología ayudó, ya que persistía una gran niebla.

Poco tiempo después, España aprisionó tres fragatas y hizo la voladura de una cuarta frente al Cabo de Sta Maria, declarando el 5 de octubre de 1804 la guerra a Inglaterra.
La sugerencia fue que la próxima batalla naval fuera nuevamente en España, en el cabo de Finisterre, pero a Napoleón no le interesaba que España se glorificara por aquella actuación ocurrida allí en 1804 y que fueron dirigidos por el almirante Calder y que además fue el prólogo de lo que ocurría posteriormente en Trafalgar. Al regreso de las embarcaciones de Finisterre (España)- Francia decidió otro plan y eligió Trafalgar, cerca del puerto de Cádiz, uno de los puertos marítimos más importantes del país, pero España recelosa ante la superioridad de las embarcaciones británicas y ante el mal tiempo que se esperaba en el puerto no estuvo conforme. El almirante Villenueve contó entonces que la marina española era una armada de poca experiencia y que la batalla no la ganarían. Los españoles no dudaron en criticar a Villenueve, quien decidió al final, encaminarse hacia la batalla para poder recuperar la reputación de buen marinero que en los últimos años había menguado.
Nelson por su parte lo tenía muy claro. Su preparación logística y sus embarcaciones resueltas para la batalla estaban pronosticadas a ganar. El plan logístico hispano-francés era una agrupación de 4 escuadras, de cuatro grupos, pero la logística ordenada por Villeneuve no dio resultados. Los españoles que sobrevivieron dijeron que Villeneuve ordenó unos cambios sobre el plan que no estaban programados con anterioridad. Una de ellas fue que sus oficiales tuvieran “carta blanca”, que Gravina pudiera tener libertad de movimiento o que la escuadra virara en redondo cuando no debiera.
Aquella batalla fue un horror, un mar de sangre en la que solo se oía gritos, zumbidos de los cañones y el olor a polvorín o a humo que causaban el impacto de las bolas de los cañones. La batalla se produjo de noche y con muy mal tiempo, mucho viento y fuertes tormentas. Murieron 400 personas y hubo 250 heridos graves. Entre barcos hundidos y barcos apresados, la flota hispano-francesa quedó derrotada y humillada ante una fuerte armada inglesa.

  

En Trafalgar aconteció uno de los capítulos más importantes de la historia contemporánea de los mares. El control de América y la supremacía en Europa dependían de esa batalla y así fue. Pero cómo transcurrió, quién atacó primero, ¿la victoria inglesa no tuvo su factor clave en la logística, sino en un viento de popa, impidiendo a los grandes buques españoles y franceses virar y repeler el ataque?



La batalla de Trafalgar del 21 de octubre 1805 se ha convertido en la piedra de toque universal para el éxito naval. En un enfrentamiento que duró apenas cinco horas, 27 buques de guerra británicos al mando del almirante Lord Nelson atacaron a la flota combinada formada por 33 buques de guerra franceses y españoles, capturando o destruyendo 18 de ellos, sin llegar a sufrir la pérdida de ninguna de sus propias naves, y encajando apenas una décima parte de la víctimas que registraron sus oponentes.
Nelson había arengado a los suyos en el empeño de «aniquilar al enemigo y obtener una paz gloriosa para nuestro país». Además adoptó la táctica audaz de navegar directamente hacia la línea de batalla enemiga en dos columnas, una formación que expuso sus naves de vanguardia a andanadas potencialmente devastadoras. Pero esta audacia, como bien indicaría un superviviente francés de la batalla, mostraba «el absoluto desprecio que Nelson tenía, no sin razón, por el efecto de nuestra artillería.»

Esa decisión táctica también reflejaba la completa confianza de Nelson en el coraje de sus subordinados bajo el fuego del combate –aunque en este punto resultó decepcionado–. Un capitán se lamentó de que «muchos, en mi opinión, no se comportaron correctamente. De haber acudido todos con la misma determinación que Nelson tuvo en la batalla, es probable que pocas (naves enemigas) podrían haber escapado».

Un colega afirmó que «si los oficiales hubieran cumplido con su deber en cada nave, la acción habría terminado antes, y la fuerza enemiga entera tomada o destruida».
Y, de hecho, sólo catorce de los buques de Nelson entraron en un combate tan directo que por sí solo pudiera «aniquilar» al enemigo y ganar «una paz gloriosa». El resto quedó atrás por algún motivo, que algunos atribuyen a la cobardía. Ello, desde luego, explica por qué tantos barcos franceses y españoles escaparon al caer la noche, y por qué la guerra contra Napoleón se prolongó durante otros diez años.

Los ingleses sabían como eran los españoles porque llevaban mucho tiempo batiéndose contra ellos, y estaban al corriente de que la capacidad de la artillería española era muy poca. La maniobra inglesa hubiera sido un suicido si se hubiera hecho contra una escuadra bien adiestrada y preparada -de hecho sus primeros barcos sufrieron mucho mientras se acercaban a cortar la línea- pero sabían que la flota era incompetente y estaba muy desbaratada por la maniobra de virar por avante que había ordenado Villeneuve. Cualquier marino que sepa un poco de táctica naval del XVIII y XIX sabe que virar por avante a la vista del enemigo es una barbaridad porque deja la flota desordenada. Al final fue lo que pasó, los ingleses llegaron con la escuadra desordenada, con huecos entre la fila y con varios barcos sotaventeados que no pudieron intervenir en el combate. Además, sabían que se enfrentaban a una artillería que no era lo bastante eficaz. Una escuadra franco-española bien formada en línea, con los huecos cerrados y con artilleros competentes a bordo hubiera destrozado la vanguardia enemiga, pero los ingleses sabían contra quien se estaban jugando los cuartos.

Así que, ¿por qué es Trafalgar considerado como el ejemplo clásico de una victoria naval?

La respuesta se encuentra en una conspiración de silencio. Los vencidos tenían poco de qué jactarse, ya que habían perdido más de la mitad de sus barcos y los dos comandantes (Gravina regresó a Cádiz fatalmente herido; Villeneuve, capturado, se suicidó más tarde).

 Los vencedores, por su parte, se conjuraron para no decir nada que pudiera ensombrecer la heroica muerte de Nelson en combate. Cuando un capitán británico se quejó de que un compañero había mostrado «falta de esfuerzo» en la batalla, el sucesor de Nelson inmediatamente le reprendió: «Señor, esto ha sido una gloriosa victoria para Inglaterra y para Europa. Que no haya ni un reproche, ni contra un grumete!».
«Tan grande había sido la alegría para todo el pueblo de Inglaterra», explicó otro capitán, que «todo estaba callado». Esta conspiración de silencio entre los vencedores y los vencidos ha determinado cómo la historia recordaría aquella acción de la flota que duró apenas cinco horas frente a la costa de Andalucía, una tarde a finales de octubre de 1805.


" Pérez-Reverte no tiene reparos en cargar contra los oficiales que llevaron a cientos de españoles a la muerte aquel 21 de octubre. Uno de ellos, precisamente, fue el almirante francés Villeneuve, quien, a pesar de conocer las nulas posibilidades de vencer a los ingleses, salió al encuentro de la Royal Navy tras descubrir que iba a ser relevado de su cargo.

-¿Salió Villeneuve a combatir en Trafalgar sólo por el deshonor de ser destituido?

-Sí, en principio él no quería salir a combatir porque sabía que no tenía ninguna posibilidad, pero cuando supo que Napoleón había enviado un sustituto y que le iban a quitar el mando tuvo un arrebato de honor y se la jugó. Ni siquiera combatió pensando que iba a ganar, lo hizo por desesperación y llevó la escuadra al desastre. Villeneuve no fue un hombre con talla moral. Después, en la batalla se comportó bien a nivel personal –luchó con valor en su navío- pero el mando le venía demasiado grande.


-¿Cómo es posible que Villeneuve ascendiera hasta llegar a dirigir la armada combinada?

 Villeneuve era un buen capitán de navío y un buen marino para dirigir un barco y una pequeña formación naval, pero no tenía en absoluto la capacidad ni el temple necesarios para hacer frente a una crisis como aquella, con una escuadra de esas dimensiones y contra un enemigo como el inglés. Villeneuve habría hecho un buen papel mandando el «Bucentaure», el «Redoutable» o el «Neptune», pero como almirante de la flota era un desastre, y los españoles lo sabían y no lo respetaban por eso. Pero estaban la disciplina de las órdenes.


-¿Habría cambiado en algo el resultado de la batalla si ésta se hubiera sucedido dentro de la bahía de Cádiz?

-Los ingleses eran los mejores marinos del mundo, tenían tripulaciones muy motivadas y profesionales, una disciplina enérgica, una gran preparación y oficiales que, además, obtenían beneficio por las presas –cosa que era muy importante-. Por su parte, cada barco y marino francés estaba muy motivado individualmente –como es el caso del «Redoutable», que mandaba el capitán Lucas-, pero como conjunto táctico no tenían ni la cohesión, ni la disciplina, ni el mando de Nelson. 

Los españoles disponían de magníficos oficiales muy bien formados y unos barcos estupendos, pero contaban con una marinería de leva embarcada a la fuerza, gente que era la primera vez que subía a un buque. Por lo tanto, los ingleses habrían ganado fuera y dentro de la bahía. Eran, en definitiva, unos buenos marinos que tenían a un genio táctico como Nelson, por lo que la derrota era inevitable. Lo que sucede es que, evidentemente, si el combate se hubiera dado más cerca de Cádiz, hubieran sido menores las pérdidas y mayores las posibilidades, pero la derrota habría sido la misma."

 PARA SABER MÁS:

-PEREZ GALDOS, Benito “Trafalgar y la Corte de Carlos IV”
- PEREZ-REVERTE, Arturo “Cabo de Trafalgar”-2003. 



RECURSOS Y BIBLIOGRAFÍA


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