HIDROGRAFÍA DE ESPAÑA


Hidrografía de España

Cuencas hidrográficas

ÍNDICE


1.1.- GEOGRAFIA-hidrografia

2.- FACTORES CONDICIONANTES

2.1.- Clima
2.2.- Relieve
2.3.- Litología
2.4.- Pendiente
2.5.- Vegetación
2.6.- Acción humana

3.- ELEMENTOS

3.1.- Caudal, Irregularidad, Crecidas y Estiaje

4.- REGÍMENES FLUVIALES

4.1.- Pluvial, Nival y Mixto

5.- VERTIENTES Y CUENCAS

5.1.- Del Norte y Atlántica
5.2.- Mediterránea

6.- LAGOS Y HUMEDALES

7.- USOS DEL AGUA

7.1.- Aumentos del consumo
7.2.- Infraestructuras
7.3.- Regulación

8.- PROBLEMAS DE LA GESTIÓN DEL AGUA

Hidrografía de España. Problemas para la gestión del agua. PHN. Ley de Aguas


HIDROGRAFÍA DE ESPAÑA

Al igual que la hidrografía de cualquier otro país, la española está determinada por dos tipos de factores: los climáticos y los geológicos (relieve y suelos). La mayor parte de España presenta un clima mediterráneo, por lo que una primera característica general es la de ríos con fuertes estiajes y escaso caudal. De esta característica están exentos los ríos de la llamada España húmeda: el norte y noroeste, y en parte, también los grandes colectores o grandes ríos, ya que sus afluentes procedentes de las montañas amortiguan estos efectos.

El relieve determina la red hidrográfica española. En la península es la Meseta Central la unidad de relieve más importante por la superficie que ocupa y porque en torno a ella se estructuran el resto de grandes unidades, como sus rebordes montañosos y las depresiones y cordilleras exteriores. El hecho de que esté basculada hacia el oeste es el causante de que tres de los grandes ríos (Duero, Tajo y Guadiana) viertan sus aguas al Atlántico. De los otros dos grandes ríos, el Guadalquivir también desagua en el Atlántico por la inclinación de la depresión Bética hacia ese océano, mientras que el otro gran río, el Ebro, es el único de los grandes colectores que desagua en el Mediterráneo, dada la apertura de la depresión Ibérica hacia ese mar.

Los lagos no son abundantes en España, aunque sí de origen variado, pues existen tanto de origen endorreico (tectónicos y volcánicos), como de origen exorreico (glaciares, cársticos...) e incluso de origen mixto.


Nacimiento rio Ansón
Condicionamiento del trazado de la red fluvial

- Factores

El régimen de los ríos depende de un conjunto de factores geográficos que son externos al propio río. Unos son de índole física y otros derivados de la acción humana.

  1. El clima es, probablemente, el factor más influyente en el régimen fluvial. Las aguas que transportan los ríos proceden de la escorrentía, por ello existe una relación directa entre el total de precipitaciones que registra un clima y el caudal de sus ríos. La secuencia estacional de las precipitaciones, igualmente, influye en el régimen fluvial, cuyas crecidas y estiajes coinciden con las estaciones húmedas y secas.
  2. El relieve, además de condicionar el trazado de los cursos de agua, afecta al régimen fluvial de forma diversa. La topografía es responsable de la pendiente de un río y de la velocidad de sus aguas y, consecuentemente, de su fuerza erosiva y de su potencialidad para la producción de energía hidroeléctrica. El relieve también influye en el clima a través de la altura, e incluso puede propiciar la aparición de regímenes fluviales de alimentación nival.
  3. El suelo o sustrato, pos su parte, afecta al régimen hidrográfico en virtud de su grado de permeabilidad. Un sustrato impermeable apenas interfiere en el discurrir de las aguas, mientras en un sustrato permeable, como el calizo, absorbe y retiene una cantidad importante de agua, lo que repercute, tanto en el desfase temporal entre el momento de la lluvia y el crecimiento del caudal como en los efectos beneficiosos que produce el aprovechamiento de estos manantiales en los meses de sequía.
  4. La existencia de vegetación evita el desplazamiento rápido de las aguas por las laderas y ralentiza el proceso de incorporación del agua de lluvia a los cauces, y es un excelente atenuador de las crecidas violentas, tan frecuentes en los regímenes mediterráneos. De ahí que la reforestación de las cuencas altas fuese un anhelo de los naturalistas, tanto para la protección medioambiental como para la regulación de caudales.
  5. La Acción Humana ha de entenderse que su interferencia en los regímenes fluviales deriva de una doble necesidad: la de regular las cuencas hidrográficas para disminuir los riesgos de inundaciones y los efectos de las crecidas, y la de almacenar agua para consumo humano y usos agrícolas o industriales. Ello requiere la construcción de embalses y presas de contención.

 

El primer rasgo que se destaca en el trazado de las cuencas fluviales peninsulares es la gran disimetría entre la vertiente atlántica y la mediterránea.

Vertientes y principales cuencas fluviales peninsulares.

Vertiente Cantábrica

Son ríos cortos y caudalosos. Son cortos pues están condicionados por su nacimiento en la cordillera cantábrica,teniendo que salvar un gran desnivel y llevando una gran cantidad de
agua, proveniente de las lluvias descargadas por las borrascas del frente polar que pasan por estas latitudes. La regularidad del clima oceánico hace que no existan estiajes. En general, tienen un régimen pluvial, aunque algunos en su cabecera tengan alguna aportación nival.

La cuenca hidrográfica más importante es la formada por el complejo Narcea-Nalón. Otros ríos importantes son el Bidasoa, el Nervión, el Deva, el Sella, el Navia y el Eo.

Vertiente Atlántica: 


RIO PAS, DESEMBOCADURA EN LIENCRES (CANTABRIA)DAVID SOTELO

En el Atlántico desemboca los grandes ríos de la Meseta y el Miño (aunque esté por sus características es cantábrico). Los ríos de la Meseta se adaptan a las condiciones del relieve y a la inclinación de ésta, siendo estos ríos atlánticos, largos y de pendiente muy suave. El caudal y el régimen fluvial de estos ríos va a depender de su situación latitudinal. El Duero va a tener características oceánicas, y el Guadalquivir y Guadiana las van a tener mediterráneas, el Tajo se sitúa en un plano intermedio.



Ría de Villaviciosa, en Asturias




Vertiente Mediterránea:
 En la vertiente mediterránea desembocan dos tipos de ríos; el Ebro y el resto. En los pequeños ríos mediterráneos está patente la influencia de los relieves adyacentes al mar que limitan la longitud de sus cauces. Se trata, por lo general, de ríos muy poco caudalosos (el este de España no está dentro de la España húmeda), con grandes crecidas estacionales y estiajes fortísimos. Unos cursos muy característicos de esta zona son las ramblas que sólo llevan agua en ocasiones, permaneciendo secos la mayor parte del año, pero en esas ocasiones tienen que canalizar cantidad ingentes de agua provenientes de fenómenos tormentosos o de gota fría. La mayoría de estos ríos tienen una gran explotación en regadíos, lo que unido a la aridez hacen que pierdan caudal en su desembocadura. Ha habido intentos de hacer trasvases de la cuenca cantábrica y pirenaica a estos ríos.

 

Estudio de los ríos españoles

1.- La red hidrográfica:

a.- Trazado o características generales

Debido a la configuración del relieve y a la inclinación de la meseta hacia el oeste cerca del 70% de las aguas españolas vierten al atlántico y sus ríos son largos y de escasa pendiente, todo lo contrario que los de la vertiente cantábrica y mediterránea.

Los grandes ríos españoles (a excepción del Ebro) tienen un trazado paralelo, entre un sistema montañoso y otro, debido a esta disposición horizontal de los grandes sistemas montañosos. Así se explica que ríos que transcurren por zonas relativamente secas, puedan llevar un caudal importante, ya que recogen a través de los afluentes las aguas procedentes de ambos sistemas montañosos.

Otra característica es su intensa relación con la ocupación del territorio, así las grandes ciudades históricas españolas se sitúan o en su cauce o en su desembocadura, sin olvidar que sus valles son utilizados para el establecimiento de vías de comunicación.

b.- Caudal

El caudal de un río es la cantidad de agua expresada en metros cúbicos que transporta por segundo. Esto sería el caudal absoluto, mientras que el caudal relativo pone en relación la cantidad de agua transportada con la superficie de la que procede. El río más caudaloso de España es el Duero, seguido del Ebro ( si no consideramos la parte portuguesa del Duero, este se convierte en el río más caudaloso de España). Los ríos más caudalosos son los más largos, sin embargo si utilizamos el concepto de caudal relativo lo más caudalosos serán los ríos de la vertiente cantábrica.

Además del tamaño la caudalosidad de un río esta relacionada con la latitud por la que transcurre. Los dos ríos más caudalosos; el Duero y el Ebro transcurre por el norte, en Tajo transcurre por el centro y tiene un caudal intermedio, mientras que los dos ríos grandes más meridionales tienen un caudal más escaso.
Por último hay que reseñar las extraordinarias variaciones de caudal en momentos determinados, sobre todo en otoño o verano, y relacionados con fenómenos tormentosos o de gotas frías, que a veces tienen como consecuencia grandes inundaciones con abundantes victimas

  Principales ríos de España




Nombre Longitud1 (km)
01 Río Tajo 1007
02 Río Guadiana (Tablas de Daimiel) + Cigüela 742 + 225 = 967
03 Río Ebro 910
04 Río Duero 895
05 Río Guadalquivir 657
06 Río Júcar 498
07 Río Genil 337
08 Río Segura 325
09 Río Miño 310
10 Río Turia 280
Nota 1: Longitud total del río, incluyendo los tramos que discurren por Portugal.
El dato más importante de la dinámica fluvial es el conocimiento del caudal que circula por el cauce. En los principales ríos españoles, desde hace más de medio siglo, hay estaciones de aforo que permiten calcular, mediante escalas de altura o con aparatos registradores, el caudal de agua que circula por una sección determinada del cauce, para lo cual basta conocer la superficie de la sección del río en dicho punto y la velocidad media del agua. El servicio correspondiente del Ministerio de Obras Públicas publica periódicamente los datos proporcionados por las aludidas estaciones de aforo de cada río, con los cuales pueden estudiarse:
  • Caudal mensual y anual en cada estación de aforo.
  • Caudal total evacuado por el río durante el año.
  • Variaciones estacionales del caudal medio mensual en el transcurso del año, que es lo que constituye el régimen del río, el cual depende de muchos factores, pero principalmente de la abundancia estacional de las precipitaciones recogidas en la cuenca hidrográfica.
  • Relación entre el caudal circulado por el cauce y las precipitaciones recibidas, o balance del aprovechamiento, el cual depende de la evaporación y filtraciones.
  • Abundancia relativa, o sea, el caudal en relación con la extensión de la cuenca receptora, expresado en litros por segundo y kilómetro cuadrado de cuenca.
  • Irregularidad anual e interanual, muy importante en climas como el Mediterráneo, en donde la abundancia de lluvias varia extraordinariamente de un año a otro y dentro del año, mientras es más uniforme en el clima atlántico.
De todos los factores que influyen en la escorrentía fluvial el más importante es el clima, especialmente en cuanto se refiere a la cuantía de las precipitaciones y a la distribución de las mismas a lo largo del año y por eso, es preciso el conocimiento del clima antes realizar el estudio de los ríos. Además del factor climático, hay otros factores también notables que condicionan la escorrentía, principalmente la topografía, ya que cuanto mayor sea la pendiente más deprisa discurre el agua caída por las laderas y la que circula por los cauces hacia el mar, mientras que, en ríos de llanura, la escorrentía es más perezosa y regular. El carácter torrencial de un río depende, pues, en primer lugar de la pendiente de su cauce.

En segundo lugar influye la naturaleza del roquedo que el río atraviesa. En las rocas permeables como las calizas se pierde gran cantidad de las aguas superficiales y en cambio se produce una intensa circulación subterránea, que incluso puede llegar a hacer desaparecer el río mismo (figura de la ilustración), tal ocurre por ejemplo con el río Ésera, en el Pirineo. En cambio, las rocas impermeables como las pizarras o las arcillas retienen mal el agua, la cual corre inmediatamente hacia el cauce principal.

En grado menor influye también la densidad del tapiz vegetal, el cual, cuanto más denso es, mejor retiene el agua y la devuelve más lentamente, contribuyendo a la regularización del caudal. Por eso las cuencas de los embalses se suelen replantar de bosque. En cambio, en las cuencas pobres en vegetación la rápida evacuación de las lluvias suele revestir frecuentemente efectos catastróficos.
Abundancia absoluta y relativa de los ríos españoles

El río más caudaloso de la Península es el Duero, el cual cerca de la desembocadura, en Oporto, arroja un caudal medio anual de 675 m³/s. Valores parecidos se registran en los más importantes ríos peninsulares según puede verse en la Tabla adjunta.
 
Tabla. Caudales de algunos ríos de España
Río Punto de aforo Recorrido (km) Caudal medio anual (m³/s)
Ríos atlánticos
Río Miño
310 340
Río Duero
897 675
Río Tajo
1.008 444
Río Guadalquivir
722 164
Río Guadiana
744 78,8
Ríos mediterráneos
Río Ebro
930 426
Río Júcar
498 49,8
Río Segura
325 26,3
Ríos cantábricos
Río Nalón
135 107


Estos valores absolutos no difieren demasiado del de otros grandes ríos europeos, como el río Sena, con 480-500 m³/s, a causa de que, aunque aquéllos avenan cuencas de climas menos lluviosos, en cambio surcan relieves de mayor altitud y por consiguiente mejor alimentados. Sin embargo, se advierte que los ríos mediterráneos, salvo el río Ebro, son mucho menos caudalosos, por tratarse de regiones en gran parte semiáridas en donde llueve poco y la evaporación es intensa. En cambio los ríos cantábricos están mejor alimentados con caudales abundantes como corresponde al clima atlántico.

Pero, claro está, en igualdad de condiciones climáticas los ríos son tanto más caudalosos cuanto mayor es su cuenca de alimentación. De aquí que sean mucho más expresivos los datos de abundancia o caudal relativo, concepto llamado también coeficiente o módulo específico, expresado en litros por segundo y kilómetros de cuenca. Este valor, al revés de lo que ocurre con el caudal absoluto, disminuye aguas abajo del valle, puesto que las precipitaciones suelen decrecer en igual sentido, al descender la altitud.

Por término medio, en una zona holohúmeda como el norte de España, el coeficiente de escorrentía anual es de unos 20 l/s km². En los ríos pirenaicos se alcanzan valores de 30 L/s/km², incluso más altos en las cabeceras, como en el Caldarés, afluente del Gállego, con 46,28 l/s km². También son elevados los valores de la región atlántica: en el Nalón, 25,7, y en el Miño 19,1. En cambio en el sur, en la zona semiárida, los valores de abundancia relativos son mucho más bajos: 1,6 en el Guadiana y 0,6 en el Vinalopó.

Variaciones estacionales

En general el régimen de un río que depende únicamente de las lluvias refleja perfectamente los máximos y mínimos de las precipitaciones de su cuenca, de forma que la curva expresiva de su régimen es paralela, en líneas generales, a la de las precipitaciones. Así sucede en los ríos de las montañas bajas y medias, y en algunos ríos cortos atlánticos (Tambre, Ulla, en Galicia) y mediterráneos (Segura, Mijares, Zújar, Cíjara).

En cambio, en los ríos que nacen en las altas montañas, en las que son frecuentes las nevadas, y mucho más en los alimentados por glaciares, los caudales máximos se dan al final de la primavera o en verano, en la época de fusión de la nieve o hielo acumulados durante el invierno, aun cuando las precipitaciones pasen entonces por el mínimo propio del clima mediterráneo.

Cascada de la Cimbarra (Jaén).El rio Guarrizas saltando la gran falla que compone la cascada de la Cimbarra, de 50 metros de altura, cerca de Despeñaperros (Jaén)


Tipos de régimen

 Régimen fluvial

Entendemos pro régimen fluvial la variación del caudal de un río a lo largo de los doce meses del año. Los regímenes fluviales se clasifican de acuerdo con la procedencia de las aguas. Así, existen dos grandes regímenes; el pluvial y el nival, que se combinan y se dividen a su vez en otros subtipos.

No existe un régimen nival completo (máximo de caudal en primavera) y si combinado con el pluvial, apareciendo el nivo-pluvial o el pluvio-nival(ríos pirenaicos). El régimen mayoritario de los ríos españoles es el pluvial, que se divide en las distintas clasificaciones climáticas. El régimen pluvial oceánico tiene un máximo de invierno y un mínimo de verano, pero su gran característica es la regularidad sin grandes crecidas, ni estiajes (vertiente cantábrica). Todo lo contrario que el régimen pluvial mediterráneo (ríos levantinos), que se caracteriza por un régimen en forma de S o Zig-Zag, ya que tiene dos máximos en los equinoccios y dos mínimos en los solsticios, sobre todo uno muy pronunciado en verano. Por último está el pluvial subtropical con un máximo de noviembre a febrero y un mínimo muy pronunciado de Marzo a Octubre en concordancia de las precipitaciones de la fachada mediterránea meridional (Guadalete, Barbate, Guadiaro...) Los regímenes fluviales se pueden observar en los pequeños ríos, en los grandes es régimen es muy complejo y tributario de las muchas influencias que recibe.


Régimen nival

Limitado a las zonas más altas de las cordilleras principales, con alturas superiores a los 2.500 msnm . En el tipo nival puro, tal como se observa, por ejemplo, en el Pirineo en el curso superior del río Caldarés, afluente del Gállego, con un máximo único y muy destacado extendido entre mayo y julio; no existe, pues, mínimo estival. Otros muchos ríos pirenaicos, como el Ter en Gerona, el Segre en Puigcerdá, etc., ofrecen una curva en la que se aprecia la influencia algo más atenuada del factor nival, por lo menos en su curso superior, pero con un mínimo estival acentuado.

Régimen nivo-pluvial

Propio de las montañas de 2:000-2.500 msnm, variable según la latitud; con un máximo principal producido por la fusión de la nieve y otros máximos secundarios de origen pluvial; como en el Aragón y otros ríos pirenaicos y prepirenaicos, y también, en general, en el curso superior de los ríos de la Cordillera Cantábrica (Sella, Nalón, Narcea) y en las del Sistema Central (Tormes en Barco de Ávila, etc.).

Régimen pluvio-nival

Con la influencia nival todavía más atenuada por tratarse de alturas inferiores, entre 1.600-1.800 m y aumentar la influencia de los aportes puramente pluviales procedentes de las partes bajas de la cuenca; registran máximos de abril a marzo, aguas bajas estivales y una recuperación otoñal. como muestra de montaña media pueden citarse tramos de ríos del Prepirineo (Arba, Llobregat, Fluviá, Condoner, etc.), del Sistema Central (Henares, Jarama, Tiétar, Alagón, Tormes, Adaja, Eresma, Alberche, etc.), de la Cordillera Ibérica (Najerilla, Iregua, Cidacos, Arlanza, Guadalupe, Júcar, Turia, etc.), de la Cordillera Cantábrica (Pisuerga, Esla, Lea, etc.), o de las Béticas (Guadalfeo)

Régimen pluvial

Con un ritmo estacional calcado de la curva de precipitaciones. Dentro de este tipo cabe distinguir, según la distribución estacional de las lluvias, los siguientes subtipos:
  • Pluvial mediterráneo levantino, con dos máximos, uno de primavera muy sostenido o mejor desdoblado en dos picos, de febrero a marzo y de mayo a junio, el segundo más acusado que el primero; el mínimo estival, tan característico del clima mediterráneo se prolonga los meses de julio y sobre todo agosto por debajo del coeficiente 1, y un segundo máximo otoñal, más o menos acusado según el sector, pero que en las costas levantinas suele ser el principal coincidente con las avenidas catastróficas. Ejemplos: El Segura, el Jalón en Calatayud, el Guadalope en Alcañiz, el Mijares cerca de su desembocadura en Villarreal, etc.
  • Pluvial mediterráneo bético, el cual se distingue del anterior por presentar en primavera un máximo único, centrado al principio de la estación, un mínimo invernal poco acusado y en cambio el estival mucho más fuerte y prolongado, dé tres a cuatro meses, como el en el Guadiaro en Colmenar y el Guadalorce en el Chorro.
  • Pluvial subtropical o mediterráneo de transición, propio de los ríos de buena parte de la Meseta, con un ritmo parecido al del Mediterráneo levantino pero con una sequía estival más acentuada, de tres a cuatro meses; el máximo principal es en otoño. Ejemplos: el Zújar (Puebla de Alcocer), Cigüela (Villarrubia de los Ojos), etc.
  • Pluvial atlántico, propio de las regiones del norte de España, sometidas al clima atlántico, pero en cuencas de baja altitud. Posiblemente algunos ríos gallegos como el Tambre y el Ulla reflejen en sus curvas esta disposición, ya que en la mayoría de los otros del área, por tener sus fuentes en zonas elevadas, se acusa en forma más o menos definida la influencia nival en sus cabeceras.

  Complejidad de los grandes ríos

Los grandes ríos españoles que son alimentados por afluentes procedentes de cuencas con climas diferentes tienen un régimen complejo.

De todas las grandes arterias españolas, el caso más sencillo es el del río Guadiana, según puede verse comparando las curvas de la estación de Cíjara con la de Badajoz (Puente de Palmas) distantes unos 300 km, a causa de que todos sus afluentes nacidos en montañas, relativamente bajas, con escasa o nula influencia nival, participan del tipo de régimen que se ha denominado pluvial subtropical.

Algo más complejos, con regímenes mixtos a lo largo de su curso, son los otros grandes ríos de la Meseta. 

El Tajo, nacido en la sierra de Albarracín, con alturas cercanas a los 1.800 m, se beneficia de las nieves invernales, razón por la cual su curso superior es netamente pluvio-nival, como se reconoce en la estación de Sacedón (Guadalajara). Luego recibe los aportes de los derrames del Sistema Central, como el Tajuña, Henares, Jarama, Alberche, Tiétar, Alagón, en los cuales domina cada vez más el carácter pluvial, razón por la cual el río progresivamente va acentuando, a medida que avanza por el interior de la Meseta, su carácter pluvial, el cual domina ya finalmente en la estación de Alcántara, próximo a la frontera portuguesa, y con el mismo carácter llega cerca de la desembocadura, en Vila Velha de Ródão. Así, a lo largo de su curso, ha cambiado de carácter, desde un río pluvio-nival a un río netamente pluvial.

Algo parecido ocurre con el Duero, el cual a partir de sus fuentes, al pie de los Picos de Urbión, es netamente pluvio-nival, pero a medida que atraviesa la Meseta Superior va transformando ese carácter por el de pluvial, que es el que tiene cerca de la desembocadura.


Vista del río Duero desde São João das Arribas. FERNANDO SÁNCHEZ ALONSO
El caso más complejo de todas las grandes arterias peninsulares es sin duda el del Ebro. Nacido en la Cordillera Cantábrica, cerca del lago cárstico de Fontibre (Reinosa), recoge la escorrentía abundante de las sierras elevadas de este sector, por lo cual en la estación de Arroyo, no lejos de las fuentes, presenta el carácter pluvio-nival. Pero, a medida que se adentra en la Depresión del Ebro, lo va sustituyendo por el de pluvial mediterráneo, debido a los aportes dominantes de los afluentes del sector atravesado. Pero, más adelante, cuando recibe los grandes aportes pirenaicos del Aragón, Gallego y Segre con sus afluentes Cinca y Noguera, nacidos en las cimas más altas del Pirineo, recupera de nuevo su carácter pluvio-nival que conserva ya hasta su desembocadura. Así, en Tortosa, el Ebro ofrece un régimen no muy diferente al de los grandes ríos pirenaicos de la vertiente septentrional, tal como el Garona en su curso inferior (en Agen y Langon).

También el Guadalquivir es de régimen complejo. En su parte alta, cerca de la confluencia con el Guadiana Menor, es de régimen pluvial subtropical, ya que las alturas de las sierras de la cabecera son poco importantes. Pero después de dicha confluencia, y sobre todo después de recibir el Genil, que le aporta las aguas de fusión de las nieves de Sierra Nevada, lo que hace que en su parte superior este afluente sea de régimen nival de transición que luego pasa a nivo-pluvial y cuya influencia se acusa en la curva del Guadalquivir a partir de dicho punto. El máximo inicial de febrero del Guadalquivir se arrastra al mes de marzo, lo que señala la influencia nival. En su desembocadura el Guadalquivir es de régimen muy semejante al curso inferior del Tajo, con un caudal de 164 m³/s en Cantillana, poco antes de Sevilla.



Nacimiento del río Mundo (Albacete)

Al suroeste de la provincia de Albacete, entre las entrañas de la sierra de Alcaraz, brota del interior de una cueva a más de 30 metros de altura una de las mayores surgencias cársticas de España, convertida en el nacedero del río Mundo. Riópar es el pueblo de referencia para llegar al Calar del río Mundo.



Principales Cuencas Fluviales:

El Miño

Es el río gallego por excelencia y aunque desemboca en la vertiente atlántico tiene las mismas características de caudal, de longitud y de velocidad que los cantábricos. Nace en Lugo, discurriendo de Norte a Sur hasta Orense, donde tras confluir con su máximo afluente; el Sil, toma direccion SW hasta desembocar en Tuy, haciendo frontera con Portugal. Es un río muy caudaloso, sobre todo, si tenemos en cuenta en caudal relativo.


El Duero: 

 Es el río más caudaloso de la Península, transcurriendo por la meseta septentrional, recogiendo las aguas del Sistema Ibérico, la Cordillera cantábrica y el Sistema Central. Nace en Picos de Urbión y desemboca en Oporto, formando un estuario, pasando por Soria, Aranda de Duero, Toro o Zamora, esto explica su longitud, el tamaño de su cuenca (la más grande de España) y la cantidad de afluentes que tiene (Pisuerga, Esla, Adaja, Tormes...). Su curso es tranquilo excepto en los Arribes, donde se encaja en las rocas metamórficas formando el mayor desfiladero de toda la Península.

El Tajo: 

Es el río más largo de la península ibérica. Nace en la Sierra de Albarracín, provincia de Teruel, y discurre entre el Sistema Central y los Montes de Toledo, pasando por Aranjuez, Toledo, Talavera de la Reina... desembocando en Lisboa, en la que forma el estuario de la paja. Sus principales afluentes son el Jarama, el Guadarrama, el Tietar y el Alagón. Su caudal aumenta en el tramo portugués, a causa de las mayores precipitaciones. Su curso está muy alterado por las intervenciones humanas: desde los embalses hasta el trasvase Tajo-Segura



El río Tajo en su curso alto

El Guadiana
Es el menos caudaloso de los grandes ríos españoles, nace aguas abajo de las lagunas de Ruidera, ya que la sobreexplotación de su cabecera ha secado su nacimiento, que actualmente lo hace a 150 kilómetros y desemboca en Ayamonte, formando frontera con Portugal. Un tramo lo hace por debajo de tierra, son los conocidos "ojos del guadiana". Sus principales afluentes son por la derecha el Záncara y el Cigüela y, por la izquierda, el Jabalón y el Zújar. En su cuenca se han construido grandes embalses para la irrigación agrícola, entre los que destaca el de la Serena, el más grande de España.



Los ojos del Guadiana 
Los nuevos ojos son una de las pocas buenas noticias que el humedal ha recibido desde que en 1956 Franco promulgó la “ley sobre saneamiento y colonización de los terrenos pantanosos a los márgenes de los ríos Cigüela y Záncara”. La norma convertía “terrenos incultos de carácter pantanoso o encharcadizo” en regadío. Los ingenieros se empeñaron con éxito en desecar los terrenos. En 1973, el Gobierno declaró las Tablas de Daimiel como parque nacional, la máxima figura de protección. Parecía como señalar una pista de esquí en medio del desierto. El enorme acuífero siguió sobreexplotado durante décadas por miles de pozos (muchos de ellos ilegales) y llegó a estar, en 2008, a 35 metros de profundidad. En el peor momento, el déficit acumulado rondaba los 3.750 hectómetros cúbicos.
 Lo que ha ocurrido es que las enormes lluvias de los cursos 2009-2010 y 2010-2011, un 50% por encima de la media, siguen filtrándose al subsuelo. Es como si uno echase agua sobre una esponja descomunal. El sistema tiene una inercia que hace que suelte agua aún mucho después de cerrar el grifo. Por eso, un año después de que cesaran las lluvias, el acuífero sigue subiendo. Es lo que se conoce como “recarga plurianual”, lo que hacía que antiguamente las Tablas de Daimiel tuviesen siempre agua, incluso en periodos secos. El agua subterránea empieza a brotar en los ojos a partir de los 610 metros sobre el nivel del mar y el 30 de marzo pasado estaba a 609,75.



Fuente: Miguel Mejías Moreno (Instituto Geológico y Minero de España), y elaboración propia. / HEBER LONGÁS / EL PAÍS


Las Tablas De Daimiel


Las Tablas de Daimiel. / LUIS SEVILLANO

El Parque Nacional de las Tablas de Daimiel capea la sequía. Aunque este invierno fue uno de los más secos que se recuerdan, los ríos de la comarca aún llevan agua por las lluvias de años anteriores. Las Tablas mantienen 1.300 hectáreas encharcadas (en 2009 llegó a tener solo 16).


El Guadalquivir

Nace en la Sierra de Cazorla, provincia de Jaén, y desemboca en forma de marismas (coto de Doñana), en Sanlucar de Barrameda, atravesando las provincias de Córdoba, Sevilla y Huelva.
Transcurre entre Sierra Morena y las Penibéticas, muy cerca a la primera, hasta la altura de Sevilla que cambia el rumbo E-W por el de N-S. Tras unos primeros kilómetros de fuertes pendientes, fluye tranquilo y casi al nivel del mar durante todo su recorrido. Es el eje vertebrador de Andalucía, recoge los afluentes de Sierra Morena (Guadalimar, Jándula, Guadalmellato...) y los de las Béticas (Guadiana Menor y el Genil -río nival en su cabecera-). Su desembocadura en forma de marisma demuestra que proceso todavía no ha
terminado, pues en época romana estas marismas eran un gran lago, lago que se ha ido llenando con los depósitos continentales y marinos.


PARA SABER MÁS, VER:
RIOS ANDALICES. EL GUADALQUIVIR. UN ITINERARIO POR EL RIO


El Ebro
Nace en Fontibre, Reinosa (cantabria) y desemboca en Tortosa (Tarragona) en forma de delta, pasando por Haro, Logroño y Zaragoza. Es muy largo y caudaloso, ya que drena altas montañas, representando la paradoja de ser una arteria con mucha agua sobre una zona muy árida, lo que es posible gracias a los afluentes de los Pirineos y del Sistema Ibérico. Esto ha hecho que hubiera planes de hacer trasvases, planes que se han encontrado con la tajante oposición de los habitantes de la zona. Tiene un régimen complejo, resultante de la alimentación pluvial de su cabecera y nivo-pluvial y pluvio-nival de los afluentes montañosos. Desde el Pirineo descienden el Aragón, el Gállego, Cinca, Noguera Palleresa y el Segre y desde el Sistema Ibérico, el Jalón y el Jiloca.

DELTA DEL EBRO




(PULSA para ampliar Plano del Delta del Ebro)


Pirineo oriental: No vierten sus aguas al Ebro, a través de afluentes, sino que lo hacen directamente al Mediterráneo, por ello son los más caudalosos de esta vertiente (salvo Ebro). Los dos ríos más
importantes son el Ter y el Llobregat, este último desemboca en forma de delta, bastante contaminado.


Cuencas meridionales andaluzas: Son ríos cortos, poco caudalosos y sometidos a grandes estiajes (de tres o cuatro meses) por lo que se les denomina cuenca subtropical. Como los cantábricos tienen que saltar grandes desniveles, pero tienen menos poder erosivo por su caudal más escaso. Destacan los ríos
Guadalfeo, Guadalhorce, Barbate, Guadalete, Tinto, Odiel...(que aunque desembocan en el atlántico tienen características de los mediterráneos)

El Segura, Jucar, Mijares y Turia Son excelentes ejemplos de ríos mediterráneos, tanto por su moderada longitud como por su caudal reducido y torrencialidad. Su régimen es pluvial y esta mediatizado por el roquedo calizo de sus lugares de nacimiento. Tienen gran importancia a efectos agrícolas, pues el primero riega las huertas murciano-alicantinas y los otros dos, la huerta valenciana.

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