486 CÓRDOBA ANTIGUA. IBERA

CORDUBA IBERA

Se habla poco de la Córdoba ibera. La ciudad superpuesta ha tenido etapas de esplendor. Y han sido estas, las que han alimentado el imaginario mítico de identidad.

Amanece. Me oriento en el cerro. Veo el Gran Rio. Hoy más grande por las 1as primeras lluvias estacionales. Allá, la osa,  ahora más oscura, llamada morena. Por el orto, hoy no si vislumbra su astro. Por poniente se oyen los ruidos de la civilizacion que se acercan al oficio,  apresurados,  a ritmo de semáforo. Cerca, al trote y con deportivas, comienzan el dia de los que buscan mejorar su salud, sin ser conscientes tal vez, que en a colina de los quemados esta su memoria e identidad. Trufa  aspira la tierra como si quisiera taladrarla. No sabe, pero siente los olores que bajo sus patas ascienden en su reclamo de reconocimiento.  Trufa ladra. Es feliz.

Hubo una ‘Corduba’ de origen turdetano habitada desde tres milenios antes de Cristo y desde entonces se asegura que Córdoba ha estado habitada ininterrumpidamente



Según los últimos estudios, el definitivo asentamiento de población prerromano se produjo en torno al V milenio a .  C . en la actual Ciudad Sanitaria y la antigua Facultad de Agrónomos y Montes, en la llamada Colina de los Quemados en el parque Cruz Conde es uno de los recintos arqueológicos más importantes de la provincia de Córdoba rodeada por la vaguada formada por dos arroyos y el Guadalquivir.

Se reconoce una  ciudad perdida que existió durante tiempo y asentada sobre una  pequeña montaña artificial

Con una superficie de unas 50 hectáreas, este asentamiento se convierte progresivamente en un centro económico importante de la zona, al confluir en la misma, la zona minera de Sierra Morena, la Campiña todo ello vertebrado por el río Guadalquivir. La campaña de excavaciones de 1992 permitió precisar la secuencia estratigráfica” de la Colina de los Quemados, detallan los arqueólogos Murillo y Jiménez, que asegura que este estudio situó “los inicios de la ocupación en el III milenio antes de Cristo y detectando, por primera vez, las evidencias de la continuidad en el hábitat hasta finales del s. II a.C., con posterioridad al inicio de la presencia romana en el Valle del Guadalquivir”.

Esta zona se conoce poblada al menos hasta el siglo III AC donde poco a poco la polis indígena va perdiendo influencia ante el ya definitivo asentamiento de las tropas romanas




En esta primera etapa la minería fue el centro de la economía, como atestiguan las herramientas halladas, que datan del siglo VII a.C. y que relacionan las formas de vida de la zona con las actividades mineras y metalúrgicas. 

Esta circunstancia llevó al asentamiento a tener gran contacto con los diferentes pueblos que ascendían por el Guadalquivir para comerciar, como los Tartessos, fenicios, helenos y cartagineses. Estos contactos debieron enriquecer cultural y económicamente a la primitiva urbe.


es.slideshare.net/gmuoncordoba/evolucin-histrica-de-crdoba



Desde la cima del parque Cruz Conde, en vertical hacia abajo, hay metros y metros de estratos que se remontan hasta más allá del año 2000 a. C. 

Está declarado como Reserva Arqueológica.  En ese parque está prohibido hacer nada que no sea el mantenimiento estrictamente necesario del propio jardín.

La Corduba romana posterior  tomó el nombre de aquel asentamiento indígena que, poco a poco, fue desapareciendo a lo largo de cien años, en beneficio de la nueva fundación, y donde ya sólo se levantaron algunas estructuras en la época del apogeo musulmán del siglo X y en el siglo XII.


 

 Más allá , la Corduba romana es más moderna y fue creada sobre otra colina a apenas 750 metros de distancia, también sobre una terraza con vistas al Guadalquivir y rodeada por dos vaguadas formadas por arroyos. La llegada romana establecería un campamento militar destinado a garantizar el control “sobre una zona que mantendrá una vital importancia estratégica. Y durante la dilatada etapa de consolidación del dominio romano en el valle del Guadalquivir finalmente los romanos fundaron de nuevo la Corduba romnana.  Estrabón señala que Corduba fue “la primera colonia” enviada “por los romanos” a Turdetania, y nombra directamente a Claudio “Marcelo” como su fundador. Claudio Marcelo, nieto del mayor general romano de todos los tiempos (con permiso de César) y del que heredó su nombre, estuvo en la Península Ibérica como pretor y propretor en dos ocasiones. En la primera de ellas, parece ser, fue cuando fundó Córdoba. Los turdetanos, tras unas décadas (pocas) conviviendo con la Córdoba romana, decidieron abandonar la Colina de los Quemados. (Ángel Ventura)

PARA SABER MÁS, VER:


ATEGUA

Ciudad enterrada que aflora a la superficie en un cerro . Lo que vemos es una suma de murallas y edificaciones urbanas vencidas por el tiempo. Todas ellas apenas representan una mínima parte de una urbe. Se plantea que Ategua esconde vestigios tartésicos, turdetanos, iberos, romanos, islámicos y cristianos.







A 30 kilómetros de Córdoba, en la pedanía de Santa Cruz, se encuentra el yacimiento arqueológico de Ategua, un cerro por donde han pasado numerosas culturas desde el calcolítico hasta la Edad Media, y que permanece prácticamente inexplorado, con solo un 5 por ciento de su superficie excavada.

A pesar de su importancia y de su declaración en 2005 como Bien de Interés Cultural (BIC) por parte de la Junta de Andalucía, la historia de este tesoro arqueológico ha estado marcada por los escasos trabajos que en él se han llevado a cabo, por la ausencia de publicaciones y por el constante expolio, que lo han convertido en un testigo ignorado del devenir histórico de la provincia.

Los resultados obtenidos hasta el momento confirman la monumentalidad histórica y arqueológica de un  yacimiento cuya fase más antigua de ocupación se fecha en el siglo IX antes de Cristo, con la localización de cerámica y una necrópolis precolonial, de procedencia tartésica-turdetana.

Las primeras excavaciones modernas se produjeron en 1933, y ya entonces se determinó la importancia histórica del cerro, que vivió su mayor momento de gloria durante las guerras civiles entre Julio César y Pompeyo.

 En Ategua. hace más de 2.000 años, los soldados de Julio César lucharon en una cruenta batalla contra los discípulos de su máximo rival, Pompeyo Magno, en el asedio del granero de Corduba. Con la victoria de los cesarianos que puso fin a la sabida Bellum Hispaliense o Guerra de Hispania y dio la fama a la metrópoli romana

Ategua, que había tomado partido por el bando pompeyano, tras ser asediada por el ejército cesariano, se rindió el 19 de febrero del 45 antes de Cristo, lo que supuso el preludio de la posterior toma de Córdoba, unos hechos que fueron documentados por el propio Julio César.
Tras su caída, Ategua siguió siendo una ciudad asociada a Córdoba, puesto que era una zona de control agrícola y de suministros para el resto del imperio por su cercanía con el río.

La caída de Ategua obligó a Cneo Pompeyo a retirarse junto a sus tropas en dirección a la campiña, ( hacia Montilla, provincia de Córdoba).Perseguidos por César, los dos ejércitos se enfrentaron en las llanuras de Munda...

De este periodo histórico únicamente se conocen algunas casas romanas, abandonadas en el siglo II después de Cristo, así como unas termas y un edificio romano porticado que fue identificado como una posible acrópolis republicana.

A partir de entonces, Ategua pierde poco a poco influencia y llega a estar deshabitada en el siglo X, hasta que a finales del siglo XII se convierte en un espacio fortificado perteneciente a la "Cora de Qurtuba" en la época islámica, y permanece viva hasta la conquista cristiana en el siglo XIV, cuando acaba siendo abandonada.

"El abandono definitivo se debe, según las crónicas, a una peste que asoló a la población, que emigra hacia otras zonas como Córdoba",

Estela de Ategua
Piedra caliza blanca grabada.163 x 78 x 34 cm.Bronce Final, período Orientalizante, siglo X-VII a.C.

Estela de Ategua.



La Estela de Ategua es una losa de piedra caliza esgrafiada, que mide 163 x 78 x 34 cm. Fue descubierta en 1968 y se conserva en el Museo de Córdoba. Los arqueólogos la relacionan con otros ejemplares de estelas funerarias, encontrados en la zona suroeste de la Península Ibérica, que pueden fecharse entre los siglos X y VIII a. C., es decir, entre la última fase de la Edad del Bronce y los inicios del legendario reino de Tartessos. Aunque la calidad artística de los grabados se limita a unos trazos torpes y esquemáticos, su interés estriba en que representan con gran claridad las características de una sociedad compleja y jerarquizada, capaz de sintetizar de manera eficiente su cultura y sus símbolos de identidad.

El grabado de la Estela de Ategua representa, en la parte superior, a un guerrero de gran tamaño, vestido con casco de cimera y una coraza, que el escultor consigue hacernos intuir mediante una sencilla decoración geométrica. Sin embargo, el personaje no aparece en actitud de combate ni sostiene ningún arma en sus manos. Por el contrario, las armas (una lanza, una espada, un escudo redondo) se disponen a su alrededor y el guerrero se muestra completamente estático, sin vida, con los brazos dispuestos a lo largo del cuerpo. Así pues, nos encontramos ante una escena de carácter funerario, típica de una estela, en la cual el difunto es representado simbólicamente como un héroe sobredimensionado, rodeado por su ajuar militar y algunos objetos personales, que algunos especialistas han identificado como un peine y un espejo.


El carácter de esta escena es confirmado por los elementos grabados en la parte inferior, que hacen referencia a un universo cultural complejo. En el centro de la estela, dividiendo las dos mitades, se vislumbra al mismo guerrero yacente sobre un lecho o una pira funeraria mientras otro personaje, a su izquierda, parece lamentarse apoyando la cabeza sobre uno de sus brazos. Debajo se distinguen dos animales cuadrúpedos, probablemente destinados a ser sacrificados en honor del difunto, y a continuación, un carro de dos ruedas dibujado con una perspectiva a vista de pájaro. Este elemento es claramente simbólico y representa el paso a la otra vida; por eso el difunto aparece nuevamente representado, a la derecha, subiéndose al carro con el fin de iniciar su viaje al Más Allá. En la base de toda la composición aparecen dos grupos de cuatro y de tres personas, bailando una danza funeraria, cogidos de la mano. El tamaño inferior y el tocado redondeado de las personas que forman el grupo de la izquierda, sugiere que se trata de mujeres, mientras que los del grupo de la derecha deben ser hombres, por su mayor tamaño. La razón de que en el grupo de hombres haya una figura menos puede ser precisamente que falta el guerrero fallecido.

La mayoría de los elementos figurados en la Estela de Ategua tienen fuertes concomitancias con la cultura griega arcaica. El estilo geométrico y la forma de representar el carro son claros indicios de ello, pero también el ceremonial funerario, basado en la quema del cuerpo en una pira, el sacrificio de animales y las danzas rituales. Esto hace pensar en la existencia de un rico intercambio cultural entre el sur de Iberia y los pueblos procedentes del Mar Egeo, que surgió a partir del establecimiento de relaciones políticas y comerciales entre ambos. De ello dio cuenta el historiador griego Heródoto (I, 163) al referir:
«Los focenses fueron los primeros griegos que emprendieron largas travesías por el mar. Ellos fueron los descubridores del Mar Adriático, del Mar Tirreno, de Iberia y de Tartessos. No navegaban en navíos redondos, sino en embarcaciones de cinco filas de remos. Llegados a Tartessos, se hicieron muy amigos del rey de los tartesios. Éste era Argantonio, quien reinó durante 80 años y vivió en total 120. Los focenses se hicieron tan amigos de este rey que les propuso abandonar Jonia y habitar en la zona de su territorio que quisieran. No logró convencerles, y entonces les dio dinero para rodear su ciudad con una muralla de la que protegerse frente a los persas.»

Este influjo recibido del exterior facilitó el desarrollo de una sociedad cada vez más poderosa desde el punto de vista político y económico. El reino de Tartessos se erigió así como la primera gran civilización de la Europa Occidental, y se expresó a través de una cultura cada vez más compleja y sofisticada. La Estela de Ategua es un testigo extraordinario de ese proceso de civilización. La posición dominante del guerrero alude a la existencia de una fuerte jerarquía social; sus armas hacen referencia a la importancia de la guerra como forma de salvaguardar el poder; la abundancia de su ajuar y la ornamentación de su coraza se explican por su riqueza económica; el carro representa un conjunto de creencias simbólicas centradas en la vida de ultratumba; y la danza funeraria se relaciona con elaborados rituales religiosos, en los que había una diferenciación por sexos, derivada posiblemente de una determinada distribución de los roles sociales. De esta lectura simbólica se pueden extraer conclusiones políticas, sociales, económicas, culturales, artísticas y religiosas, en definitiva, todo lo que conforma un sistema cultural altamente desarrollado.



PARA SABER MÁS, VER:

León Ibérico de Nueva Carteya





El león es el animal más frecuentemente representado y dotado de una carga simbólica mayor, ya que las culturas de la antigüedad mediterránea lo relacionaban directamente con la realeza. Se supone que estaban destinados a proteger las sepulturas de personajes poderosos dentro de su comunidad. Estas representaciones estaban dotadas además de un cierto carácter mitológico, casi fantástico, ya que estos animales no vivían en estado natural en la Península Ibérica. Suelen representarse con la boca abierta, dotada de grandes colmillos entre los que asoma la lengua, en una actitud pretendidamente amenazante. No debemos olvidar que cumplen una función clara: amedrentar a los malos espíritus o a los saqueadores de tumbas. 

la Leona de Baena 

Encontrada en la provincia de Córdoba, la Leona de Baena (siglo V a. C.) es otro interesante ejemplo escultórico de una necrópolis ibérica. Tallado sólo por su cara frontal, el animal debía estar adosado a uno de los lados del monumento funerario que protegía. Aunque también se contemplan aquí influencias orientales y griegas, esta loba, tumbada en actitud amenazante, presenta una peculiar estética muy lineal y alejada del naturalismo.

 Pago de Riaza (La Victoria, Córdoba)

Toro en caliza arenosa blanco-rojiza. Procedente del Pago de Riaza (La Victoria, Córdoba). Fechado en el S. VII-V a.n.e.





Pedro Abad, estela de guerrero
sevilla.abc.es, 30/09/2015 
Se clasifica entre las denominadas estelas de guerrero y con una cronología de entre finales del II milenio y primer cuarto del I milenio antes de Cristo».

Bajo él se distingue un escudo circular, proporcionalmente de gran tamaño, en el que se observan una serie de líneas paralelas que pretenden simular las tablas de madera con las que sería realzado. A la izquierda del guerrero se observa, a falta de un estudio en profundidad, un grabado lineal que pudiera representar un peine o una lira, y dos objetos rectilíneos en bajorrelieve que, tal vez y por semejanza con otros ejemplares, es posible que representen quizás una espada y una lanza.

Respecto al significado social y cultural de este tipo de manifestaciones artísticas, resulta muy difícil establecer una hipótesis definitiva, pues se han relacionado con las élites indígenas o foráneas incluidas en la entidad político-territorial identificada con Tartessos. También se ha pensado que fueran monumentos conmemorativos de batallas, hitos territoriales o bien de que se trate de estelas de carácter funerario, aunque se desconoce en este caso el rito de enterramiento, si fue incineración o inhumación.

Últimamente se afianza la tesis de un uso funerario que podría relacionarse con laexistencia de túmulos, como se ha podido determinar en casos recientes.

RELIEVE IBÉRICO DE ALMODÓVAR

Piedra, conglomerado gris-rojizo. Longitud, 191,5 cm.; altura, 37,5 cm.; grosor, 7 cm.
Siglo IV a.C. Procedencia  Finca "El Castillo", entre Córdoba y Almodóvar del Río.

Relieve que representa una escena completa de la caza del ciervo. A la izquierda aparece el ciervo, herido por una lanza y perseguido por dos jinetes, uno de los cuales porta el escudo redondo o caetra, típico del armamento ibérico. Un carro de cuatro ruedas, tirado por siete mulas y guiado por dos personas, sigue a los jinetes. Una de las personas controla el tiro de la primera mulada y la segunda, sobre el pescante, fustiga a los animales. En el carro se representa también una figura de acusada frontalidad y gran tamaño, que porta un gorro cilíndrico y lleva sus manos hacia el pecho. Se ha interpretado como una imagen de la diosa de la fertilidad. 




Relieve ibérico de Almodóvar.

TORREPAREDONES

 Santuario ibérico (y  foro romano)

juntadeandalucia.es

Con apenas un 5% del territorio excavado, el parque arqueológico de Baena no deja de dar sorpresas y ya es uno de los más variados de Andalucía

Pertenece a los términos municipales de Baena y Castro del Río, en la provincia de Córdoba. Está situado en la cota más elevada de la campiña oriental cordobesa, en un punto verdaderamente estratégico. La ocupación humana está atestiguada desde el II milenio a.C. hasta la Baja Edad Media. En época ibérica el poblado se dotó de una potente muralla de casi 1,5 km, jalonada de contrafuertes y delimitando un espacio de 10,5 hectáreas. La epigrafía demuestra que en época romana fue colonia o municipio, probablemente, la colonia inmune Ituci Virtus Iulia que cita Plinio en su Historia Natural.


Pronto hará 180 años del primer hallazgo, que como casi todo llega por casualidad y sin que nadie calcule las dimensiones de lo que ha pasado. El nombre de Torreparedones, en Baena, se ha asociado desde hace años a uno de los yacimientos más ricos y variados de Andalucía, por la extensión de arco cronológico y lo insólito de muchas de las piezas que han aparecido. Asomarse al santuario ibérico y al foro romano, ya merece una visita, pero sus responsables advierten de que es apenas un 5% de toda la superficie, y de que lo más interesante puede estar por llegar.

Nada menos que del verano de 1833 data el primer hallazgo que ofrecía Torreparedones: el mausoleo de los Pompeyos. Según narra el arqueólogo municipal, José Antonio Morena, «unos labradores del cortijo de las Vírgenes estaban en plenas faenas agrícolas y con motivo del laboreo de la tierra con una yunta de vacas se abrió un pequeño hueco en el que se hundió la pata de una de las reses. Allí se encontró un sepulcro con 14 urnas que contenían los restos incinerados de la familia de los Pompeyos, con la singularidad de que al menos 12 de las urnas de piedra tenían grabado el nombre del fallecido». Es el mausoleo de Los Pompeyos. Los estudios realizados sobre este hallazgo permanecieron cerca de dos siglos inéditos y el yacimiento solo estuvo en la mente de unos pocos estudiosos.

A finales de la década de los 80, es José Antonio Morena el que vuelve a poner Torreparedones en el candelero y, esta vez, para dejarlo ahí. Morena publica «El santuario ibérico de Torreparedones», el primer monográfico de la ciudad íbero-romana.

Este libro fue la chispa que arrancaba el motor para conocer todos los secretos de Torreparedones. Tras su publicación se pone en marcha el proyecto de investigación «The Guadajoz Proyect», en el que participan investigadores de la Universidad de Oxford, la Complutense de Madrid y la Universidad de Córdoba. Bajo este proyecto se realizan diferentes campañas de excavaciones en diferentes puntos de la muralla que rodea la ciudad y que ofrecen importantes hallazgos. Por lo que supone su contribución para conocer la religión íbera destaca el santuario, situado extramuros al sur de Torreparedones. Durante su excavación se hallaban unos 350 exvotos, figuras, tanto masculinas como femeninas, y piernas, que los devotos de la zona y los alrededores, entregaban a la divinidad que se adoraba en el templo, la diosa Dea Caelestis, en señal de agradecimiento por cumplir sus plegarias. Estos exvotos tienen tres peculiaridades que lo convierten en un conjunto votivo único: fueron hallados durante una excavación científica, la tosquedad y sencillez de sus formas, elaborados en piedra caliza local, y que son todos diferentes. Otro hallazgo importante de este proyecto realizado en colaboración con la universidad inglesa fue la puerta oriental.

Finalizado el trabajo con los ingleses, el Ayuntamiento de Baena y la Universidad de Córdoba continúan con las excavaciones y con la puesta en valor del yacimiento. Comienza la época más prolífica de Torreparedones. Los hallazgos se suceden. Entre 2009 y 2011 se realiza la excavación del foro de la ciudad romana. Un área que el profesor de la Universidad de Córdoba, Ángel Ventura, considera el mejor conservado de todas las ciudades hispano-romanas y todo un ejemplo de cómo se distribuían las ciudades romanas. Es aquí, en el foro, donde se encuentran los principales edificios públicos romanos. En el de Torreparedones ya se han identificado la basílica, la plaza, el templo y la curia. Y ha sido aquí donde se han localizado los hallazgos más importantes.
En 2009 se encontraba un busto del emperador Claudio divinizado. Una de las escasas representaciones de este emperador de la dinastía julio-claudia que se conocen en la Península. También salían a la luz ese año dos notables estatuas de mármol y se procedía a una exhaustiva excavación del macellum o mercado, del decumanus máximus o calle que cruza la ciudad de oeste a este y de las termas. A estos hallazgos hay que sumar el descubrimiento en el foro de una inscripción con el nombre del mecenas que sufragó la pavimentación de la plaza que reza: Marcus Iunius Marcellus.

En 2010 el gran hallazgo se produce en el pórtico norte del foro. A finales de año las excavaciones en esta zona sacan a la luz una thoracata, el torso de una figura masculina sin brazos y vestida con una coraza, que representa, parece ser, a un emperador con la indumentaria que lo identifica como comandante supremo de las legiones.

A principios de 2011, durante los trabajos previos para la construcción del centro de visitantes del parque arqueológico, se halla la segunda necrópolis de Torreparedones. La primera los Pompeyos, estaba al norte de la ciudad. Esta se encuentra al este y se han documentado unas 80 tumbas. Estas necrópolis, como el santuario, se encuentran fuera del recinto amurallado que delimita la ciudad. Dentro de la colonia romana, el foro volvía a dar nuevas alegrías.

Durante las excavaciones de la curia, el 1 de diciembre, aparecía un busto del emperador Augusto, del que el profesor Carlos Márquez de la Universidad de Córdoba destacaba su «excepcionalidad». Unos días más tarde, también en la curia, aparecían tres estatuas sedentes, una femenina y dos masculinas. Estas últimas son para el profesor Márquez «de una rareza extraordinaria» pues, además de estar sentadas, una de ellas lleva un calzado militar pero su vestimenta es civil, algo que no es normal. En 2012 han continuado los hallazgos importantes, como un conjunto numismático de la época de Nerón, una inscripción en mármol y restos de un casco de gladiador, además del altar original.

Los hallazgos se suceden y su importancia se multiplica a pesar de que tan solo se ha excavado un 5% de la ciudad que cuenta con una extensión de 10’5 hectáreas. ¿Qué queda por salir a la luz? Todo. Responde el arqueólogo municipal, José Antonio Morena. «Las viviendas, almacenes, sobre todo de grano, unas termas mayores» y sobre todo la inscripción que corrobore que la ciudad íbero-romana es la colonia Ituci Virtus Iulia.


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