512 El predominio de las dictaduras (1918-1933)

LAS DEMOCRACIAS Y EL ASCENSO DE LOS TOTALITARISMO 





Terminada la I Guerra Mundial parecía que los regímenes democráticos se habían extendido por un buen número de países en la Europa Central y Oriental.

 1914. De la Europa de las naciones a la Europa de las ententes.

 En la segunda mitad del siglo XIX, se consolidó la Europa de las naciones, con la unificación italiana realizada por el Piamonte, la unidad alemana por la Prusia de Bismarck (que ganó territorio en guerra contra Dinamarca, Austria y Francia, que perdió Alsacia y Lorena), mientras que el Imperio Otomano se enfrentó con las nacionalidades balcánicas. La triple alianza se formó entre el Imperio alemán, el austrohúngaro con el Imperio Otomano y Bulgaria e Italia (que cambió de bando en 1915). Frente a ella se formó la entente cordial entre el Imperio Británico, Francia, Rusia y después Rusia y Estados Unidos. Tras la guerra, implosionaron los imperios austrohúngaro, otomano y ruso; Polonia resucitó; Hungría perdió dos tercios de territorio; nacieron Irlanda, Estonia, Letonia y Lituania, Checoslovaquia, Ucrania, Armenia, Georgia y Azerbaiyán y el Reino de Yugoslavia como Estados.
La democracia, sin embargo, sufrirá el empuje de Regímenes totalitarios de partido único (comunistas, fascistas o nazis) y en los países de la Europa Central, Oriental y Meridional los regímenes democráticos son fueron sustituidos regímenes dictatoriales y totalitarios y la consolidación de éstos supondrá su enfrentamiento los regímenes democráticos que producirá el estallido de la II Guerra Mundial.
Los países de tradición democrática, también entraron en crisis debido a sus graves problemas económicos y en ellos se fueron instaurando partidos y movimientos de corte totalitario (comunistas y fascistas).

[entreguerras_1.jpg]

El fin de la Primera Guerra Mundial marcó tan profundamente a la sociedad que por todos los medios los políticos trataron de evitar que en el futuro se repitiera un hecho similar. Para cumplir con este propósito se creó la Sociedad de Naciones (antecedente de la ONU), un mecanismo destinado a promover la cooperación y el compromiso de no recurrir a la guerra. Pero el Tratado de Versalles y las duras condiciones impuestas a Alemania, como país perdedor, serían un exceso imperdonable de los vencedores que proclamaban la búsqueda de la paz.
No obstante la expansión de las democracias , su aplicación en determinados países fue muy inestable, dando paso a los fascismos, movimientos políticos dirigidos por líderes carismáticos que contaban con el apoyo de grupos armados y de tendencia autoritaria. Aún cuando aparecieron en espacios tan disímiles como España, Japón, Italia y Alemania (además de algunos países latinoamericanos), es posible identificar tres fundamentos ideológicos:
  1. La exaltación del nacionalismo;
  2. El rechazo al socialismo y a los movimientos obreros; y
  3. El repudio a las democracias liberales.
Este panorama implicó que las clases dirigentes (conformadas por banqueros, industriales, directores de periódicos y políticos), cedieran fácilmente a líderes de la extrema derecha que ofrecían contener a la clase obrera y a los nacientes partidos comunistas, sin percatarse en ese momento del enorme peligro que estaban creando sólo para asegurar una paz momentánea. El inicio de la guerra en 1939 y la derrota de 1945, les demostraría de la manera más dramática posible las consecuencias de este error.

CTras la guerra, la Democracia como forma de gobierno entró en una crisis, acentuada y prolongada hasta el estallido de la II Guerra Mundial y por los problemas económicos derivados de la crisis financiera de1929.

Frente a la democracia, como opción política, aparecen dos nuevas formas de gobierno: el comunismo y el fascismo. En estos regímenes totalitarios desaparece el pluripartidismo (sustituido por regímenes de partido único, crece en ellos la importancia del Estado y el poder de Gobiernos fuertes (de carácter dictatorial.
En 1917 triunfó en Rusia, por primera, vez una revolución marxista, el país salió de la I Guerra Mundial y, tras una guerra civil,  se consolidó un poder comunista.
Desde Rusia se organizará una Internacional Comunista que pretendió la extensión de su revolución por el resto de Europa.
En el sur de Europa, en Italia, en 1922 Benito Mussolini se hizo con el poder y se instauró una Dictadura de signo opuesto a la revolución comunista: el fascismo; su ejemplo fue seguido en mayor o menor grado por algunos países del Sur y Este de Europa y en los países occidentales surgieron partidos de corte fascista.

En las democracias de la Europa Occidental, durante la guerra adquirió gran peso el poder Ejecutivo frente al legislativo ante la necesidad de un poder fuerte que dirigiera la contienda. Tras la guerra se intentó volver al tradicional equilibrio de poderes; en numerosos países se siguió planteando la necesidad de un Poder Ejecutivo fuerte que hiciera posible la resolución de los problemas económicos de la posguerra.
En estos países, después la I Guerra Mundial. Se identificó el sistema económico liberal con la forma política de la democracia, de esa manera, cuando la economía se deterioró progresivamente se identificó al sistema político liberal como agravante de la Crisis, favoreciendo la aparición de partidos de corte fascista o el ascenso de los partidos comunistas.
Estos dos movimientos, aunque contrapuestos, coincidían en criticar y condenar la democracia, amenazando  la estabilidad del funcionamiento democrático en el seno de estos países con larga tradición democrática.
Por un lado, el ascenso de partidos fascistas, propugnan la supresión de los Parlamentos, exigen Gobiernos fuertes, defienden un nacionalismo exacerbado y la intolerancia para acabar con los comunistas que los consideran como la  principal amenaza del sistema.
Por otro la consolidación de los partidos comunistas, instigados por Rusia, pretendían la conquista del poder político a través de la revolución, como único camino de resolver los problemas originados por el capitalismo y también el medio necesario para frenar el ascenso del fascismo.
Tras la crisis económica de 1929, los Gobiernos de la Europa del Norte y del Oeste, además, intentaron frenar el ascenso de los partidos obreros con políticas sociales acertadas e integrando en el juego democrático a socialistas y movimientos obreros moderados.
En el Sur y Este los distintos países fueron deslizándose hacia formas de gobierno dictatoriales de corte más o menos fascista.




'Sociedad de París', Max Beckmann, 1931

Cuando la mañana del 28 de junio en Sarajevo, el joven nacionalista serbio Gavrilo Princip se encaramó al estribo en el coche descapotable del archiduque Francisco Fernando, heredero del cetro Austro-Húngaro, disparándole a quemarropa, se encendió la mecha de la gran hoguera que incendiaría Europa en los siguientes cuatro años. El nacionalismo se iba a convertir a partir de entonces en un factor esencial del siglo XX.
Como artefacto político e ideológico, el nacionalismo había tomado carta de naturaleza con las revoluciones americana y francesa a finales del siglo XVIII, cuando se vinculó el Estado-nación con el principio de soberanía nacional -plasmado en la constitución española de 1812-. Ya en la primera mitad del XIX, al configurarse jurídica y conceptualmente el Estado de Derecho, cuajó un nacionalismo legalista-Inglaterra, Francia, España- que concebía a la nación como la comunidad de ciudadanos titulares de la soberanía nacional, y de los derechos y libertades individuales.
Junto a él surgió un nacionalismo cultural que encontraba el origen de las naciones en una historia compartida, que habría ido conformando los diferentes caracteres jurídicos, institucionales, lingüísticos, religiosos, sociales o, en definitiva, culturales, y que se traduciría en una voluntad común de los ciudadanos libres e iguales ante la ley para conformarse en nación-Estados Unidos, Italia, Grecia o Irlanda-. Y, también, ya en la segunda mitad de la centuria, surgió el nacionalismo esencialista, para el que la nación era un ente abstracto anterior a las personas que la componían, con una serie de características -etnia, territorialidad, costumbres- que habrían prevalecido a lo largo de la historia y que sus miembros compartirían, lo quisieran o no.

Teóricos nacionalistas

Al comenzar el siglo XX, convivían en el mundo naciones-Estado pero, también, numerosísimas naciones sin Estado que, alimentadas por minorías étnicas y culturales, iban a convertirse en protagonistas. Así, el pistoletazo de Princip simbolizó un cambio en el perfil político del nacionalismo. Con teóricos como D’Annunzio o Marinetti en Italia,Maurras Barrès y Acción Francesa en el país galo, o Treitsche, H. S Chamberlain y la Liga Pangermánica u organizaciones similares en Alemania y Austria-Hungría, el nacionalismo abonó el terreno para la emergencia de dictaduras autoritarias tras la I Guerra Mundial.
La retórica del presidente norteamericano Wilson, impulsando el derecho de autodeterminación de los pueblos, tampoco ayudó demasiado. Inspirados por una idea cultural de la nación, los mandatarios reunidos en Versalles en 1918 consideraron, sobre parámetros decimonónicos, que una Sociedad de las Naciones, vertebrada a partir de Estados-nación homogéneos, contribuiría a consolidar una comunidad internacional donde los sistemas parlamentarios liberales rigieran, por la senda de la paz, el destino del mundo. El nacionalismo fue visto entonces como una forma de liberación, un derecho de los pueblos a su autogobierno y a la defensa de su identidad como tales. Sin embargo, la realidad fue exactamente la contraria.

Al mismo tiempo, la URSS, fruto de la revolución bolchevique que tomó el poder en Rusia en 1917, puso en marcha una alternativa política totalitaria donde policía, ejército y partido único consolidaron la revolución comunista. Había llegado la era de las tiranías (Élie Halévy). Entre todas estas dictaduras, la soviética, por un lado, y la fascista mussoliniana y la nazi de Adolf Hitler, por otro, significaron un punto y aparte. Se abrió entonces la puerta al episodio más oscuro de la historia europea.
Si la centuria comenzó con un atentado de Sarajevo, terminó paradójicamente con una nueva explosión nacionalista, también en los Balcanes, que causó la primera guerra en suelo europeo después 50 años. Pero no fue el único conflicto étnico-nacionalista de entonces. Las Repúblicas independientes surgidas como consecuencia de la desintegración de la URSS; el terrorismo checheno; la Liga Norte de Umberto Bossi, palanca para que Berlusconi alcanzase el poder y marcase la vida política de Italia; el actual rebrote del problema de vertebración nacional en España; la autonomía en 1999 de Gales y Escocia en Gran Bretaña; la irrupción de varios partidos nacionalistas, xenófobos y antieuropeístas en Francia, Austria u Holanda; y, fuera de Europa, conflictos como el palestino-israelí, la cuestión kurda, Cachemira en Pakistán o el nacionalismo tamil en Sri Lanka, harían del siglo XX un siglo marcado políticamente por el nacionalismo.

Antonio López Vega es autor de «1914. El año que cambió la historia»
Crisis en los países de tradición democrática.






'Bombardeo' (1937-1938), de Philip Guston, de la exposición 'Encuentro con los años 30'.

El caso de Francia e Inglaterra es singular porque no enfrentaron el temor al comunismo y al movimiento obrero en una escala masiva como sí ocurrió en Italia y Alemania. Por más que la crisis de 1929 agravó las condiciones de vida en los sectores populares y se produjeron motines y revueltas (mas no revoluciones como en Rusia), nunca se creyó necesario recurrir a medidas extremas como el fascismo en estos dos países. En lugar de ello, ambas naciones recurrieron a otros mecanismos, como fue el caso de sus posesiones coloniales o a coaliciones partidistas, para reducir las tensiones socio-económicas del momento.

La década de 1920 significó para Francia un periodo de inestabilidad parlamentaria y de intensas luchas entre grupos de derecha y de izquierda. La crisis de 1929 complicó el escenario político con el avance de las fuerzas de extrema derecha y los intentos de la izquierda por frenar esta influencia. Con este propósito se formó el “Frente Popular” que consiguió el triunfo en las elecciones de 1936 y que colocó en la presidencia al socialista León Blum. Los intentos de éste por llevar a cabo una serie de reformas sociales fracasaron, provocando la debilidad de Francia hacia 1938.
En Gran Bretaña, los conflictos políticos no estuvieron ausentes y fueron consecuencia del tipo de medidas que debían adoptarse para reducir el efecto de la crisis económica mundial. Es así como los laboristas se impusieron sobre los liberales y los socialistas, fomentando una política de control económico, que permitió una leve recuperación de los niveles de vida hacia 1936. Un eventual grupo de extrema derecha (Unión Británica de Fascistas), que hizo suyo los postulados nazis, desapareció rápidamente al estallar la Segunda Guerra Mundial.

1. Francia (1919-1939).

Francia , el país más dañado por la I Guerra Mundial, estaba totalmente debilitado a pesar de haber recuperado Alsacia y Lorena.
*.- El Bloque Nacional y la reconstrucción económica (1919-1924).
Desde 1919 gobernó en Francia una coalición de partidos de partidos republicanos, radicales y derecha. Esta Coalición intentó resolver los problemas económicos mediante préstamos que podría amortizar con las indemnizaciones que debía recibir de Alemania.
Cuando en  1923 los alemanes no pudieron pagar su cuota anual de indemnización, debido a la crisis económica, Poincaré, Jefe de Gobierno, no dudó en ocupar el valle del Ruhr alemán, rico en carbón, para cobrarse la deuda.
En este momento se produjo en Francia la escisión de los comunistas que, partidarios de la conquista del poder político por el proletariado, se separaronn de los partidarios de colaborar con el poder burgués (socialistas). En los sindicatos se produjo la misma separación.
El fracaso de la política económica así como la subida de los impuestos en un 20% supuso la caída del Gobierno.

*.- El Gobierno de la izquierda (1924-1926).
En mayo de 1924 la coalición de radicales y socialistas venció en las elecciones y se formó un Gobierno presidido por E. Herriot que promovió una política laica y anticlerical.
Desde el punto de vista económico la situación se agravó: deuda, inflación, paro, devaluación del franco... Esto produjo la salida de los Radicales y que los Socialistas quedaran en minoría y se tuvieron que convocar de  nuevo elecciones.

*.- El gobierno de la Unión Nacional (1926-1935).
Los Radicales y los Moderados formaron una coalición de Gobierno que, presidida por Poincaré, que adoptó una serie de medidas para estabilizar la moneda y sanear la economía:
• Equilibrio del presupuesto: recortando el gasto público y subiendo los impuestos.
• Amortización de la deuda exterior.
• Política de estabilidad para el franco, devaluado en un 25% en relación al valor que tenía en 1914.
Estos esfuerzos económicos lograron una cierta prosperidad general del 26 al 30 y la expansión de la industria francesa.
Los efectos de la crisis del 29 produjeron la inestabilidad política del 1931 al 1936 con numerosos Gobiernos de poca duración; el descontento generalizado provocó un aumento de los partidarios de grupos fascistas que pretendieron un golpe de fuerza, fracasado por no ser apoyado por el Ejército.
Tal circunstancia supuso la unión de los grupos de izquierda.

*.- El Frente Popular (1936- 1938).
Los partidos de izquierda se unieron para formar un bloque antifascista que venció en las elecciones de 1936. Para que se unieran electoralmente comunistas y socialistas fue determinante la decisión de la Internacional Comunista de favorecer en toda Europa alianzas de izquierdas(Frentes Populares) para frenar el ascenso de partidos de corte fascista.
El Gobierno, presidido por el socialista León Blum,  realizó una gran labor social al aunar a sindicatos y obreros, se puso fin a las huelgas, a cambio subieron los salarios y se estableció una semana laboral de 40 horas.
A partir de 1937 aparecieron signos de crisis en la coalición, entre ellos la distinta postura de los dos partidos principales con respecto a la Guerra Civil española, los comunistas eran partidarios de la intervención y los socialistas de la no intervención.
A partir de 1938 los republicanos radicales salieron de la coalición y se aliaron con la derecha para gobernar. Con estos gobiernos se inició una política de rearme como contestación a lo que estaba pasando en Alemania.

2. Gran Bretaña (1918-1939).

En Gran Bretaña fueron muy graves los efectos de la Guerra: con subida de los precios frente a la congelación de los salarios lo que generó un clima social tenso.
En lo político el mundo de la posguerra era totalmente distinto al de antes de la guerra y los partidos tradicionales (Liberal y Conservador) tuvieron que adaptarse y sufrir la competencia de un nuevo partido el Laborista, que llegó al poder por primera vez en 1924.
El peso de las mujeres hizo que fuese aprobado el sufragio universal en 1918.

Gran Bretaña: tuvo que enfrentarse a tres graves problemas;
a) Las dificultades de la economía británica.
Gran Bretaña no volvió a ser el máximo productor industrial del mundo (a pesar de no tener ya la competencia alemana), ya que sus mercados tradicionales fueron conquistados por Estados Unidos, Japón y otros países en menor media...
La libra esterlina perdió peso y pode; recuperarlos fue la mayor aspiración del Gobierno conservador de Baldwin que estuvo en el poder de 1924 a 1929.
La moneda se fortaleció pero ello supuso un problema sus exportaciones que cayeron un 20%.
Además la Industria inglesa había quedado anticuada y el índice de paro era un problema alarmante.
Los problemas monetarios y el aumento de la jornada laboral en las minas de carbón desencadenaron una huelga general en mayo de 1926, convocada por las Trade Unions.
En este enfrentamiento, frente a los obreros, ganó el Gobierno que restringió el derecho de huelga y aumentó la jornada laboral. Como contrapartida aprobó, entre otras medidas sociales, pensiones para jubilados y el subsidio de desempleo.
La crisis de 1929 se acusó enseguida en Gran Bretaña e hizo que se hiciera con el poder el Partido Laborista de R. Mac Donald que intentó luchar contra el paro, principal secuela de la crisis, con subsidios de desempleo, y aumentar el poder adquisitivo de los obreros. Esto conllevó un gran desequilibrio en los presupuestos.
Otra crisis financiera en 1931 hizo necesario un Gobierno de Unión Nacional presidido por R. Mac Donald, donde estuvieron representados liberales, conservadores, y laboristas.
La devaluación de la libra supuso el aumento del paro hasta tres millones lo que lo enfrentó a los sindicatos. Las elecciones de 1931 dieron el triunfo a los Conservadores que estuvieron en el poder hasta 1945.

b) El problema de Irlanda.
Desde la ocupación efectiva de la isla por los ingleses en el XVI,  Irlanda era tratada como una colonia y aspiraba a su independencia. El nacionalismo irlandés cobró una gran fuerza tras la I Guerr.
Sus enfrentamientos con la policía y el Ejército británico fueron constantes y a veces muy graves (como el domingo sangriento de 1919 en Dublín).
La opinión pública inglesa estaba cada vez más de acuerdo con dar una solución política al conflicto. A nivel internacional los emigrados irlandeses en Estados Unidos presionaban para que Gran Bretaña declarase la independencia de Irlanda.
El 6 de diciembre de 1921 Irlanda obtuvo su independencia al convertirse en Estado Libre. Pero unos cuantos Condados del norte de la isla (el Ulster), de mayoría protestante y partidarios de Gran Bretaña, no se integraron en la nueva República.
La lucha en el Ulster supuso una contínua fuente de conflictos y de enfrentamientos de grupos terroristas católicos partidarios de su integración en Irlanda (I.R.A.) con bandas  terroristas protestantes partidarios de mantener su unión con Gran Bretaña.

c) La política con las colonias.
Los antiguos dominios británicos (territorios en otros continentes poblados por colonizadores ingleses) aunque gozaban de una gran autonomía interna, aspiraban a su independencia.
En 1926 fue creada la Commonwealht o Comunidad de naciones pobladas por ingleses, los países miembros de esta asociación tenían un alto grado de autonomía.
Su independencia total se produjo en 1931 con el Estatuto de Westminster (Canadá, Terranova, Sudáfrica, Australia y Nueva Zelanda adquirieron su independencia aunque reconocían como jefe de Estado al monarca inglés).

3. Alemania y la República de Weimar.

Alemania, dada su condición de país perdedor, fue la más perjudicada luego de la guerra de 1914-1919. No solo a nivel económico, dado que los alemanes tenían que soportar el alto costo de la indemnización de guerra, sino también a nivel político. La derrota trajo el fin del Imperio alemán y la huida del káiser Guillermo II. Se formaron entonces dos poderes: el Parlamento que albergaba a la vieja administración imperial, y una serie de concejos obreros, que imitaban a los soviets rusos.

La imposibilidad de ejercer un mando fuerte desde el Gobierno, sumado al descontento de la clase media y trabajadora producto de la crisis de 1929, facilitaron el surgimiento y la consolidación del Partido Nacional Socialista de los Obreros Alemanes, también denominado Partido Nazi. Fundado hacia 1920 en Múnich, fue insertándose rápidamente en el Parlamento hasta conformar una fuerza capaz de obligar al presidente Hindenburg a nombrar como canciller al líder nazi Adolfo Hitler.
Ya como canciller, Hitler se abocó a eliminar la institucionalidad con el fin de concentrar todo el poder. En mayo de 1933 se ordenó el cierre de los sindicatos y de los periódicos; dos meses después, el segundo partido más importante, el socialdemócrata, fue disuelto por órdenes del gobierno, prohibiéndose cualquier otro partido que no sea el nazi. El Estado pasó a regular diversos aspectos de la vida cotidiana de la población, incluyendo la educación y las actividades proselitistas a favor del Führer Adolfo Hitler. En lo militar, el nazismo buscó expandir Alemania hacia el este tratando de retomar la idea de un Imperio.

El 9 de noviembre de 1918 el Kaiser Guillermo II abdicó. Al día siguiente se proclamó la República en el Reichstag (Parlamento alemán), el nuevo Gobierno fue el encargado de firmar la paz y aceptar el Tratado de Versalles.
A la nueva República se le denominó República de Weimar por ser en Weimar, localidad a unos 150 kilómetros de Berlín, donde fue aprobada la Constitución del nuevo Régimen.
Inmediatamente surgieron problemas internos, el más importante la revuelta de los espartaquistas (movimiento revolucionario comunista) que, dirigido por Liebknecht y Rosa Luxemburgo, pretendió  implantar un Estado comunista a imitación de la Rusia soviética.
Fue abortado con la creación, por parte del primer ministro Ebert, de los Cuerpos Francos, grupos de excombatientes que violentamente los neutralizaron,.

*.- La institucionalización del nuevo Régimen.
En enero de 1919 se realizaron las primeras elecciones al Reichstag o parlamento alemán, en ellas ningún partido obtuvo la mayoría.
Una coalición de tres partidos (Partido de Centro, el Partido Socialista (S.P.D.) y el Partido Demócrata), con el 76% de los sufragios fue el que se constituyó en Gobierno.
Quedaron fuera de él los extremos: comunistas, populistas (extrema derecha) y el recién nacido Partido Nazi.
La elaboración en Weimar de la nueva Constitución fue elemento clave para la consolidación del nuevo Régimen. El Parlamento estababa integrado por dos Cámaras, el Reichstag o Cámara legislativa y el Reichsrat o Cámara federal.

La nueva Constitución daba un gran poder al Presidente de la República y cuando se produjo el enfrentamiento entre el Presidente y el Parlamento (el Presidente podía gobernar sin contar con el Parlamento) dio lugar en la práctica a la instauración de una  “Dictadura legal”.

*.- Las duras condiciones de la paz: de 1919 a 1924.
La I Guerra Mundial tuvo graves consecuencias para Alemania.
El Tratado de Versalles, (llamado por los alemanes “Dictado de Versalles” por ser impuesto al pueblo alemán por los vencedores) hizo que Alemania perdiera una parte importante de sus territorios más ricos y sus colonias, y, además, debía pagar una enorme indemnización de guerra a los vencedores.
La situación económica de Alemania era terrible y cualquier intento de superarla estaba hipotecado por la obligación de pagar una deuda enorme.
En 1923 la situación se hizo dramática, una inflación galopante hizo que el marco alemán se cambiase a 4.200 millones por dólar y los salarios estaban congelados.
Además, en ese año, se produjo la ocupación francesa de la cuenca carbonífera del Ruhr al no poder pagar Alemania la cuota anual de la deuda.
En tales circunstancias humillantes para el pueblo alemán hizo que la situación política se degradase a extremos impensables. Hubo intentos de Golpes de Estado por la extrema izquierda (comunistas en Sajonia) y la extrema derecha (Putsch de la cervecería), un intento fallido de Hitler de hacerse con el poder).

*.- La etapa de consolidación (1924-1929).
Se inició una relativa una recuperación económica y de prosperidad en general (debida, sobre todo, a la devaluación de la moneda y la aparición del rentemark o marco provisional que consiguió una estabilización de la moneda), luego sustituido por la  nueva moneda definitiva, el reichsmark.
La fortaleza de la nueva moneda generó la llegada de capitales extranjeros (americanos sobre  todo) y una reactivación industrial que se tradujo en la concentración de grandes grupos industriales.
En política se dió un periodo de estabilidad y Hindemburg fue elegido presidente de la República.

*.- La agonía del régimen (1929-1933).
La crisis financiera de 1929 hizo que los americanos retirasen sus capitales invertidos en Europa, pero, sobre todo, en Alemania. Esto significó un duro golpe para la economía alemana: muchas empresas cerraron y los bancos suspendieron pagos.
En una situación de Crisis absoluta (6 millones de parados y de 8 millones de empleados a media jornada), se generalizó el descontento (esta situación fue el caldo de cultivo del ascenso del Partido Nazi).
En las elecciones de septiembre de 1930 se hundieron los partidos que habían gobernado hasta ese momento y se produjo el ascenso de nuevas figuras como Hitler.
En las elecciones a Presidente de la República de 1932 es reelegido Hindenburg (a corta distancia de los resultados obtenidos porHitler).
Ante la inestabilidad política Hindenburg encargó a Hitler la formación de Gobierno el 30 de enero de 1933, los nazis se hacían con el poder.

4. Estados Unidos.
Fue la única nación beneficiada por la Guerra ya que realizó un gran número de préstamos a los países aliados europeos.
La participación en la guerra supuso una excepción en su política de aislamiento. Tras la contienda el Senado americano condenó la política exterior del demócrata Wilson no aprobando las cláusulas del tratado de Versalles y por lo tanto su entrada en la Sociedad de Naciones.

*.- Los felices años veinte.
En el interior las huelgas de 1919 y 1920 evidenciaron la influencia de los sindicatos pero despertaron el temor de las clases medias y la patronal ante el fantasma del anarquismo y el comunismo como amenazas
 Esta supuesta amenaza hizo que el Partido Republicano se hiciera con el poder de 1922 a 1929. Esta larga etapa fue un periodo de gran prosperidad (los felices años veinte).
Los republicanos se identificaron con los empresarios y grandes hombres de negocio. Aparecieron también ante la llegada de inmigrantes (un ejemplo: el ku-klux-kan).
La presión ejercida por estos grupos hizo que el Gobierno aprobase leyes que limitaban la inmigración de eslavos y latinos pero no anglosajones.
Destacó también el ascenso de la mujer que ocupará muchos puestos de trabajo.
En esta época se acentuó el puritanismo plasmado en la “Ley seca” que prohibió la fabricación y comercialización de bebidas alcohólicas (aunque la medida posibilitó grandes fortunas con el contrabando de alcohol y fomentó el gángsterismo).

*.- El ascenso del Partido Demócrata tras la crisis de 1929.
La crisis financiera de 1929 fue tremenda y sus consecuencias devastadoras.
Quiebra de fábricas y negocios, aumento del paro, los precios se dispararon y la situación se hizo desesperada para la población.
Para volver a la situación anterior había que tomar medidas adecuadas y en las elecciones de 1932 los americanos dieron su voto mayoritario al Partido Demócrata seducidos por la oratoria de Franklin Delano Roosevelt.
El gran éxito de Roosevelt fue su política de New Deal, término sacado del juego de bridge que significa “nuevo reparto”: medidas económicas y sociales para acabar con los efectos de la crisis como el paro y la falta de poder adquisitivo de gran parte de la población, sus logros fueron tales que se mantuvo en el poder hasta 1944.

Italia y el Fascismo


La etapa posterior a la Primera Guerra Mundial fue de recesión económica para Italia, la misma que se tradujo en inflación y desempleo. En el entorno rural, los campesinos se apoderaron de las grandes propiedades, mientras los obreros ocupaban las fábricas para exigir aumentos salariales. Las huelgas se hicieron cada vez más frecuentes y desencadenaron una ola de violencia con un saldo de 300 muertos.  La clase media no estaba en mejor situación pues la inflación redujo los salarios a niveles insostenibles.
La incapacidad de los políticos por controlar la situación favoreció el nacimiento en 1919 de los Fasci di Combattimento en Milán, el cual pronto pasó de ser un grupo reducido de simpatizantes a un amplio movimiento que contaba con el apoyo de los propietarios agrícolas perjudicados por las tomas de tierras. Dos años después, su líder Benito Mussolini fundaba el Partido Fascista que agrupaba a 700,000 afiliados. Su creciente influencia entre la monarquía y el ejército le permitieron ascender al poder e implantar un gobierno autoritario. Para ello fue decisiva la Marcha sobre Roma (octubre de 1922), una movilización fascista para presionar al rey a favor de entregar el gobierno a Mussolini.
Instalado en el gobierno desde diciembre de 1925, Mussolini se abocó a la tarea de implementar su proyecto, que consistía en una fuerte presencia del Estado, el proteccionismo industrial y la autarquía económica. El ideal fascista estaba marcado por la grandeza del antiguo Imperio romano por lo que pretendían expandirse militarmente en el Mar Mediterráneo. Todo esto se complementaba con un culto a la figura del Duce Mussolini, dentro de una serie de actos minuciosamente coordinados por el Estado y que contaba con la participación forzada de la población.

La Guerra Civil China

Las constantes incursiones armadas por parte de las potencias occidentales en el Imperio chino se hicieron más frecuentes en el siglo XIX, como consecuencia de la búsqueda de mercados. Este fue el caso de Gran Bretaña, Francia y Alemania, que además de imponer condiciones desventajosas para los chinos, ocuparon militarmente el país. Estas invasiones provocaron la violenta reacción del pueblo  chino, dirigida por una sociedad secreta llamada “Puños para la justicia y la concordia” (de ahí su nombre de “boxers” o “boxeadores”) que atacaron las embajadas europeas en 1900. La represión fue brutal: se ejecutaron a los cabecillas y se impuso una fuerte indemnización de guerra.
El rápido desprestigio del Imperio llegó a su punto culminante en 1911 cuando estalló una rebelión provincial provocando la abdicación de la dinastía manchú al año siguiente. Por cerca de una década reinó la inestabilidad y el caos debido al precario liderazgo y muerte prematura de Yuan Shikai en 1916, tras lo cual los jefes de los ejércitos regionales comenzaron a pelear entre ellos.  Fue entonces cuando Sun Yat-Sen, líder de un movimiento modernizador, creó el partido Kuo-min-tang que participó activamente en la rebelión estudiantil de 1919 provocada por la aceptación de las concesiones hechas por los aliados a Japón a expensas de China.
Apoyados por Rusia, el Kuo-min-tang se alió con los comunistas, pero esta alianza se rompería con la muerte de Sun Yat-Sen y el nuevo liderazgo de Chiang Kai-Shek, quien persiguió a los comunistas en 1927 iniciándose una lucha sin tregua. Sin embargo, la invasión japonesa de 1937 obligó a una tregua que demostró el alto nivel de los comunistas, los cuales comenzaron a forjar una serie de alianzas con los campesinos.

La Guerra Civil Española

España no participó de la Primera Guerra Mundial pero no pudo escapar a los efectos de la crisis de 1929. Como en Alemania, la Monarquía fue abolida y cedió su lugar a un gobierno republicano de corte socialista dirigido por Manuel Azaña, quien fracasó debido a su incapacidad para emprender una reforma agraria. La subida al poder de un gobierno de derecha y la violenta represión por parte del ejército a las huelgas mineras producidas en Asturias, convencieron a los izquierdistas que debían agruparse bajo un solo partido, denominado Frente Popular.
Con la ayuda de los anarquistas, el Frente Popular ganó las elecciones de 1936 y Manuel Azaña volvió a la presidencia. La derecha buscó entonces el apoyo de los militares, teniendo como líderes a José Antonio Primo de Rivera (fundador de la Falange, movimiento fascista), el general Francisco Franco y José Calvo Sotelo. El posterior asesinato de éste último inició el levantamiento del ejército, que se extendió de norte a sur en la Península y el norte de África (Marruecos y Canarias). El gobierno republicano se replegó a Madrid y Barcelona, donde la lucha por la capital sería larga e intensa.
A medida que transcurrían los meses, las posibilidades de una recuperación militar por parte de los republicanos eran casi inexistentes, a pesar de la ayuda rusa, la cual era inferior a la prestada por Alemania a los nacionalistas dirigidos por Franco. La derrota de los republicanos en Barcelona (enero de 1939) así como la dimisión de Azaña ante el reconocimiento de Francia e Inglaterra del gobierno de Franco facilitaron la toma de Madrid por los nacionalistas en marzo de ese año, poniendo fin a seis años de guerra civil.

FUENTE: jragas. abril 2009


[entreguerras_4.jpg]


PARA SABER MÁS, VER:

Propaganda, mentiras, miedo

El fascismo y el comunismo atrajeron a intelectuales y fueron viveros de jóvenes líderes que, arrancando de la nada, rompieron con el pasado y atizaron la cultura del enfrentamiento entre las dos guerras mundiales. Anticipamos el nuevo libro del historiador Julián Casanova

El comunismo y el fascismo se convirtieron primero en alternativas y después en polos de atracción para intelectuales, vehículos para la política de masas, viveros de nuevos líderes que, subiendo de la nada, arrancando desde fuera del establishment y del viejo orden monárquico e imperial, propusieron rupturas radicales con el pasado. La mayoría de los dirigentes responsables de los grandes poderes en el estallido de la Primera Guerra Mundial pertenecían a ese mundo exclusivo y elitista, estrechamente vinculado a la cultura aristocrática del Antiguo Régimen, con escasos conocimientos sobre la sociedad industrial y los cambios sociales que estaba provocando.

Juventud y virilidad iban unidas. El héroe, el soldado, era varón, y la mujer quedaba relegada al mundo procreador
Mussolini tenía 39 años cuando llegó a jefe de Gobierno. Hitler bordeaba los 44. Lenin alcanzó el poder con 47
La Primera Guerra Mundial, que decidió el destino de Europa por la fuerza, tras muchos años, décadas en realidad, de primacía de la política y de la diplomacia, ha sido considerada por muchos historiadores como la auténtica línea divisoria de la historia europea del siglo xx, la ruptura traumática con las políticas entonces dominantes, algo que puede aplicarse perfectamente a la historia de los movimientos sociales y sus dirigentes.
La gente de entonces pensó, tal y como ha puesto de manifiesto Richard Vinen, que esa guerra había inaugurado también "nuevos cortes generacionales". El corte se debió, según el escritor George Orwell -nacido como Eric Arthur Blair en 1903 en la India británica- "directamente a la propia guerra, e indirectamente a la Revolución Rusa". Otro escritor británico, Evelyn Waugh, nacido en el mismo año que Orwell, escribió en su artículo La guerra y la generación más joven, publicado unos meses antes del crash de 1929 en la revista conservadora Spectator, que "el desmoronamiento social que siguió a la guerra" dividió a Europa en tres clases "entre las que no podría existir nunca simpatía alguna ...: a) la generación melancólica que creció y se formó antes de la guerra y que era demasiado vieja para hacer el servicio militar; b) la generación a la que se le impidió crecer, mutilada, que combatió; y c) la generación más joven".
(...) "Las luces se están apagando en Europa", declaró Sir Edward Grey, ministro de Asuntos Exteriores de Gran Bretaña, cuando la guerra estaba a punto de estallar. Grey representaba como nadie a ese mundo que se desvanecía. Descendiente de una notable familia de políticos y aristócratas, estuvo al frente de la política exterior británica desde 1905 hasta 1916, una longevidad gubernamental muy difícil de mantener tras la guerra en las democracias, hasta que llegaron las dictaduras.
Juventud, generación de la guerra y masculinidad fueron elementos importantes de la mitología del fascismo, un movimiento nuevo que lanzaba su rebeldía frente a esa generación caduca, conservadora, socialista o liberal, que había perdido contacto con la realidad, incapaz de reconocer los méritos de todos esos millones de soldados y de excombatientes, mutilados muchos de ellos, que venían del frente de guerra. Benito Mussolini tenía 39 años cuando la Marcha sobre Roma le llevó a presidir en octubre de 1922 el primer gobierno con fascistas de la historia. Unos pocos más, a punto de cumplir 44, tenía Adolf Hitler cuando llegó al poder en 1933, pero otros dirigentes fascistas como el británico Oswald Mosley (nacido en 1896), el belga Léon Degrelle (1906) o el español José Antonio Primo de Rivera (1903) eran más jóvenes. A comienzos de la dictadura de Mussolini, casi una cuarta parte de los diputados fascistas tenía menos de 30 años.
Esa "generación del frente", jóvenes radicales que habían luchado en la guerra y se adhirieron a los fascismos para regenerar la política y la patria, gente como Roberto Farinacci (1892), Dino Grandi (1895) o Giuseppe Bottai (1895), dirigió la Italia fascista hasta el final, y aunque envejecieron y burocratizaron el régimen, intentaron siempre, en palabras de Enzo Traverso, "fomentar el mito de la juventud gracias a una vasta red de organizaciones deportivas y estudiantiles tendentes a dar a sus miembros la ilusión de constituir su fuerza dirigente". "La guerra fue nuestra pubertad", escribió en su diario Giuseppe Bottai, parlamentario desde 1921, participante en la Marcha sobre Roma y que como ministro de Educación Nacional, desde 1936 hasta 1943, tuvo un papel destacado en la legislación antisemita de 1938.
El carácter generacional ha sido también subrayado para el nazismo, una "dictadura de la juventud", como la denomina el historiador Götz Aly, uno de los mejores conocedores de la "guerra racial" y del exterminio de los judíos. También hubo allí una "generación del frente", desde Hitler hasta Joseph Paul Goebbels (1897), y sobre todos ellos Hermann Göring (1893), un reputado piloto de combate; y una más joven, la "generación perdida", bien representada por Reinhard Heydrich (1904), Albert Speer (1905) o Adolf Eichmann (1906).
En el caso de estos últimos, no se trataba de veteranos de guerra, sino de sus "retoños adolescentes", como les llama Richard Vinen, "víctimas de graves trastornos y traumas" como consecuencia de ella. La mayoría de los cuadros y activistas nazis pertenecía a la generación que había crecido después de la guerra.
Juventud y masculinidad iban unidas en aquel momento. El héroe, el soldado, el que había servido en las trincheras, el militante fascista, era varón, y la mujer permanecía relegada al mundo maternal y procreador. Francia perdió en la guerra uno de cada diez de sus varones activos y prohibió en 1920 la publicidad y venta de anticonceptivos, a la vez que ilegalizaba el aborto. Ese empeño natalista, que se plasmó en la mayoría de los países que habían sufrido cuantiosas pérdidas humanas en la guerra, sirvió en el caso del fascismo italiano para ensalzar la familia tradicional. "La maternidad constituye el patriotismo de las mujeres", se leía en la propaganda. El de los hombres ya se sabía dónde estaba: en la fuerza, en la virilidad, en la guerra. El 61% de las Schutzstaffel (SS), la organización militar de los nazis, estaban solteros en 1939.
En la guerra se forjaron también los bolcheviques, que compartían muchos rasgos con esa "generación del frente", la de 1914, que estudió hace tiempo Robert Wohl. Y aunque Vladimir Ilich Lenin (1870) tenía 47 años cuando llegó a presidir el gobierno de los sóviets en octubre de 1917, otros dirigentes revolucionarios, como Lev Borisovich Kámenev (1883) o Grigori Zinóviev (1883), y sobre todo Nikolái Bujarin (1888), eran bastante más jóvenes. Tampoco Iósif Stalin o León Trotski, que habían nacido en 1879, llegaban a los 40 años en el momento de la conquista revolucionaria del poder. En 1919, cuando la guerra civil que siguió a la revolución había reclutado a decenas de miles de activistas para incorporarse al Ejército Rojo, el 50% de los militantes bolcheviques tenía menos de 30 años. Mijaíl Tujachevski, uno de los máximos comandantes de ese ejército, tenía 21 años, mientras que el general Anton Denikin (1872), uno de los principales líderes del movimiento contrarrevolucionario Blanco, estaba a punto de cumplir 50 cuando acabó la guerra civil. A la misma generación pertenecía Lavr Kornilov (1870), otro general de largo recorrido en el ejército del zar Nicolás II, protagonista de una conspiración para derrocar al Gobierno provisional de Alexander Kerenski en agosto de 1917, y que murió en abril de 1918 combatiendo a los rojos.
Amenazantes para el viejo orden eran también los partidos comunistas que se crearon por toda Europa al calor de la revolución bolchevique, dominados por jóvenes que se rebelaron no solo frente a liberales y conservadores burgueses, sino también contra la socialdemocracia envejecida, según ellos, e incapaz de hacer la revolución en Occidente. El principal dirigente del Partido Comunista Alemán (KPD) cuando Hitler subió al poder, Ernst Thälmann, había nacido en 1896, y en Italia, Amadeo Bordiorga, primer secretario del Partido Comunista (PCI), tenía 32 años cuando abanderó la escisión del socialismo en 1921. Los partidos comunistas de Francia y Alemania, los dos más importantes de Europa occidental en los años veinte, eran movimientos de jóvenes obreros, mano de obra poco cualificada, que engrosaron las filas del paro a partir de la crisis de 1929.
El 80% de los afiliados al KPD estaban en el paro en 1932, en el momento en que la depresión económica sacudió con más fuerza a Alemania.
La destrucción y los millones de muertos que la Primera Guerra Mundial provocó, los cambios de fronteras, el impacto de la revolución rusa, y los problemas de adaptación de millones de excombatientes, sobre todo en los países vencedores, están en el origen de la violencia y de la cultura del enfrentamiento que se instalaron en muchas de las sociedades de aquel convulso periodo. Se le llama periodo de "entreguerras", pero entre 1919 y 1939 hubo varias guerras entre Estados europeos y varias guerras civiles. Los Balcanes llevaban una década de guerras cuando en 1923 Grecia y Turquía acordaron un intercambio obligatorio de población, que marcó el definitivo final del viejo mundo otomano: más de un millón de ortodoxos griegos, exciudadanos otomanos, fueron trasladados a Grecia desde Asia Menor, mientras que 380.000 musulmanes abandonaron Grecia en dirección a Turquía. El principio de nacionalidad y las nuevas formas de tratar a las minorías, importantes frentes abiertos con el final de la guerra, no llevaron la paz a esos territorios, en los que la violencia, pese a los tópicos, no fue mayor que en otros lugares de Europa, donde la construcción de los Estados nacionales había ocurrido siglos o décadas antes.
Para británicos y franceses, la guerra terminó en 1918, pero mientras que Gran Bretaña vivió en ese periodo una relativa estabilidad, aunque con la guerra civil irlandesa como telón de fondo entre 1922 y 1923, en Francia la crisis económica y los conflictos sociales de los años treinta estimularon movimientos extremistas y odios que aparecieron con toda su crudeza tras la invasión del ejército nazi en junio de 1940. Tampoco la gestión que Gran Bretaña y Francia hicieron de la paz de Versalles mejoró las cosas en otros países. Las reparaciones y la cláusula sobre la "responsabilidad de la guerra" exacerbaron el nacionalismo y el resentimiento en Alemania, que sufrió en los años inmediatamente posteriores a la guerra insurrecciones y conflictos violentos de todas clases.
(...) De propaganda, miedo y mentiras se inundó Europa en aquellos años. Resulta difícil y tranquilizador atribuir las mentiras y la propaganda a los políticos, especialmente a los dictadores, a Joseph Goebbels y sus manipulaciones, ministro de Propaganda, con mayúscula, del Tercer Reich. Pero la fotografía completa dice más cosas. Dice que muchos intelectuales que se movilizaron para defender a la democracia, al fascismo o al comunismo contribuyeron con su voz y con su pluma a que esas mentiras se las creyera todavía más gente, a que los dogmas llegaran mejor y a que la violencia y el terror de otros fueran siempre más grandes. La fascinación que provocó entre muchos de ellos el comunismo y sus milagros económicos, en tiempos de crisis de la democracia, les llevó a pasar por alto los campos de concentración y los crímenes estalinistas.
(...) La crítica a los parlamentos y a la democracia, por otro lado, ganó terreno tras los desastres de la guerra y el miedo a la revolución y al comunismo que llegaban desde Rusia y transmitían sus exiliados más notables entre las clases acomodadas de las ciudades europeas. Algunos de los que se convirtieron en políticos destacados de la extrema derecha y del fascismo habían pasado por las trincheras, como el húngaro Ferenc Szálasi, fundador del movimiento de la Cruz Flechada, y vieron en la democracia la representación de la Europa burguesa y decadente, que abría las puertas al socialismo, al voto de las mujeres y al reconocimiento de las minorías nacionales. La cultura del enfrentamiento se abría paso en medio de una falta de apoyo popular a la democracia. Los extremos dominaban al centro y la violencia a la razón.

Europa contra Europa. 1914-1945, de Julián Casanova. Editorial Crítica.

ELPAIS.COM,  27-04-2011

No hay comentarios:

Publicar un comentario