632 El régimen de la Restauración: Alfonso XII


EL REGIMEN DE LA RESTAURACIÓN.
ALFONSO XII Y MARIA CRITISTINA


Alfonso XII (1857 - 1885)

Alfonso XII nació en el Palacio Real de Madrid, hijo de Isabel II. En 1868 fue al exilio a Francia con su familia. Se dice que, preguntado por el regreso de la monarquía borbónica, el general Prim respondió: "Nunca, nunca, nunca."

Introducción
En 1875 se produce la restauración de la dinastía borbónica, tras la experiencia de un sexenio convulso y de profundos cambios: una constitución democrática de 1869, un efímero reinado de Amadeo de Saboya y la experiencia de la Primera República Española.

La Restauración de la dinastía borbónica en el trono de España supuso el fin de la I República que, sacudida por la tercera guerra carlista y la insurrección cubana de 1868, había sido incapaz de organizar un proyecto político estable.

El impulsor del nuevo régimen fue Antonio Cánovas del Castillo, que organizó un sistema monárquico liberal, aunque no democrático. Este largo período comprende el reinado de Alfonso XII y la regencia de María Cristina de Habsburgo, y está presidido por la Constitución de 1876 y su funcionamiento adulterado por la manipulación electoral y el caciquismo. Una etapa que se verá duramente sacudida por el impacto del Desastre de 1898.

    1. 1. El restablecimiento de la Monarquía
Fracasados los intentos de implantar en España una monarquía democrática (la de Amadeo I de Saboya) y una República, aumentó el número de quienes creían necesario “restaurar” la monarquía borbónica en la persona del príncipe Alfonso, hijo de Isabel II. En esa labor destacaría un político malagueño, Antonio Cánovas del Castillo, quien consiguió en 1872 la renuncia de sus derechos al trono de Isabel II a favor de su hijo Alfonso.

A partir de ese momento, Cánovas desplegaría una gran actividad para sumar adhesiones a la causa alfonsina, tanto dentro como fuera de España. Dentro, se atrajo rápidamente a los sectores más conservadores: la aristocracia terrateniente, la mayor parte de la burguesía, y amplios sectores del Ejército. Fuera, Cánovas emprendió intensas negociaciones para que las potencias europeas aceptasen como futuro rey al príncipe Alfonso. Sólo Francia se mostró decidida a respaldar, aunque con reservas.

El 1 de diciembre de 1874 un manifiesto (declaración programática o de intenciones) firmado por el príncipe Alfonso, conocido como Manifiesto de Sandhurst, (por la academia militar de esa localidad inglesa), y redactado por el propio Cánovas del Castillo, daba a conocer a la opinión pública las bases y principios que inspiraban el proyecto de Restauración monárquica. El futuro Alfonso XII se presentaba ante el pueblo español con el compromiso de ser el rey de todos los españoles, respetar el liberalismo y el catolicismo.

Cánovas preparaba así una vuelta pacífica de la Monarquía borbónica. Sin embargo, los generales Martínez Campos y Jovellar se le adelantaron pronunciándose el 29 de diciembre en Sagunto a favor de la Monarquía. El Gobierno no opuso resistencia y dimitió. Cánovas formó un gabinete de regencia el día 31 y comunicó a Alfonso, entonces en París, su proclamación como rey.

    1. 2. El sistema canovista


      Canovas del Castillo, en el Senado

      Tras el fallido reinado de Amadeo I y el turbulento periodo de la I República, el sistema de alternancia política que impulsó Cánovas inauguró una de las mayores trasformaciones que ha vivido nuestro país. Bien es cierto que el sistema tenía poco de democrático, puesto que se basaba en el bipartidismo y la alternancia política entre conservadores y liberales, y conjuró contra el malagueño una interminable ristra de enemigos. Su inesperado asesinato a manos de un anarquista italiano fue la consecuencia, o más bien el origen, del final de la Restauración borbónica 
I. Las líneas básicas del sistema
El primer objetivo de Cánovas del Castillo fue asentar firmemente la Monarquía, por encima incluso de la Constitución. Para él, la Monarquía y las Cortes eran los dos pilares básicos de la historia de España. La Corona debía recuperar, por tanto, el prestigio perdido durante el reinado de Isabel II.

En segundo lugar, el marco constitucional debía acoger todas las tendencias liberales. Se trataba de crear un sistema que fuera igualmente válido para los antiguos moderados, unionistas, progresistas y demócratas, con la sola condición de aceptar la Monarquía y la alternancia en el Gobierno.

Tercero, el ejército debía volver a los cuarteles y cumplir su misión constitucional. Para ello, había que garantizar el mantenimiento del orden social, así como la posibilidad de acceso pacífico al Gobierno, a través del sufragio, para todos los partidos integrados en el sistema.

Y cuarto, para construir este nuevo régimen era necesario la pacificación del país en sus dos grandes problemas: la tercera guerra Carlista y Cuba. En 1876 se logró finalizar la tercera guerra carlista y en 1878 la Paz de Zanjón

Esta visión de la política fue compartida por sectores de las clases medias, que identificaron los años del Sexenio con la crisis económica, la anarquía y el miedo a las revueltas y a los movimientos obreros. Por eso, aunque esas clases no participaron de hecho en la vida política, el nuevo régimen tuvo un amplio respaldo.

II. La Constitución de 1876
En diciembre se convocaron elecciones a Cortes Constituyentes por sufragio universal, tal como establecía la Constitución vigente de 1869. Sin embargo, el proceso electoral fue manipulado para asegurar una amplia mayoría a los candidatos del Gobierno.

La Constitución de 1876 es un texto flexible, con el objetivo de permitir gobernar de manera estable a los partidos que acepten el sistema y de contenido bastante breve, consta tan sólo de 89 artículos. Su inspiración es conservadora, aunque posee una amplia declaración de derechos y deberes, y recoge casi todas las conquistas de 1869.

Respecto a los poderes del Estado, la Constitución vuelve al principio de soberanía compartida, al establecer que la potestad de hacer las leyes reside en las <Cortes con el Rey>. Las Cortes son bicamerales, con un Senado, cuyos miembros podían serlo por derecho propio, por designación real, y elegidos por las corporaciones. Los diputados del Congreso, serían elegidos por sufragio directo, sin especificar el sistema de votación, por lo que será el partido gobernante el que decida, a través de la ley electoral, si el sufragio debe ser censitario o universal. Ley Electoral de 1878 volvería al sufragio censitario; teniendo sólo derecho de voto en torno al 5 % de la población. Las Cortes debaten y aprueban las leyes, intervienen en la sucesión de la Corona y en las regencias.

El poder ejecutivo lo ejerce la Corona a través de los ministros, que responden ante las cámaras. El rey elige libremente al jefe de Gobierno y no es responsable ante las Cortes. El centralismo se acentúa también al quedar bajo control del Gobierno ayuntamientos y diputaciones y ser suprimidos los fueros vascos. El texto mantiene la independencia del poder judicial y la unidad de códigos.

La cuestión religiosa se resuelve mediante el reconocimiento de la confesionalidad católica del país y la garantía del sostenimiento del culto y del clero. A cambio, una ambigua libertad de creencias permite otros cultos, pero siempre que se ajusten a la moral católica y con prohibición de sus manifestaciones públicas.
  1. Funcionamiento
La estabilidad política de la Restauración se basaba en la alternancia pacífica en el poder de los partidos dinásticos, básicamente conservador y liberal. De ese modo se evitaban la monopolización del poder por un partido como había ocurrido prácticamente con el partido moderado en la época isabelina, y el pronunciamiento como procediendo para recuperarlo (práctica habitual de los progresistas). Para que el sistema funcionara se requería el acuerdo de los políticos y la complicidad de la Corona.

I. Los partidos políticos
El partido liberal conservador comenzó a tomar forma durante el sexenio democrático, integrando básicamente a moderados y antiguos unionistas, a los que se suman elementos de otras fuerzas políticas conservadoras. Su líder hasta 1897 sería Antonio Cánovas. A partir de 1884 este partido se llamaría únicamente conservador y contaría fundamentalmente con el apoyo de la aristocracia y la burguesía terrateniente andaluza.

El otro partido dinástico era el partido liberal fusionistas, formado durante el reinado de Amadeo I, y al que se fueron uniendo grupos políticos diversos: demócratas, constitucionalistas, e incluso republicanos moderados. El líder del partido liberal fusionista, que acabó llamándose sólo partido liberal, fue Práxedes Mateo Sagasta, que le dio una orientación reformista, intentando mantener las conquistas políticas y sociales del sexenio democrático, principalmente el sufragio universal. La base social del partido liberal la constituían gentes de la mediana burguesía industrial, profesionales liberales y clases medias.

Los dos partidos dinásticos no estaban estructurados a la manera de los actuales partidos políticos. Eran partidos de ‘notables’ (oligarcas, gentes con poder económico e influencia política), sin una estructura organizativa permanente, sin estatutos y sin afiliados. Eran ante todo grupos de políticos más o menos unidos en torno a figuras de gran influencia provincial o estatal. Esto hacía que los vínculos políticos tuvieran sobre todo un carácter personal y que la unidad interna de los partidos fuera muy frágil.

Fuera del sistema quedaban los partidos antidinásticos o simplemente ilegales. A la derecha, se encontraban los carlistas, también llamados tradicionalistas, leales al pretendiente Carlos VII, y a la izquierda, la mayor parte de la oposición republicana, el socialismo, el anarquismo, y algunas fuerzas nacionalistas.

II. El turnismo y la manipulación electoral
Cuando el partido en el poder entraba en crisis, el rey llamaba a gobernar a otro partido. En ese primer momento el nuevo gobierno disponía del apoyo de la Corona, pero carecía de respaldo de las Cortes, que era imprescindible en un régimen parlamentario. Para lograrlo, se falseaban los resultados electorales. De tal modo, el partido gobernante se aseguraba la mayoría parlamentaria necesaria para realizar su labor.

Elegido nuevo presidente de gobierno por el monarca, se disolvían las cortes, y se convocaban elecciones generales. Entonces, el recién nombrado ministro de Gobernación <fabricaba> los resultados electorales de acuerdo con la oposición (encasillado) y la complicidad de los gobernadores provinciales y caciques repartidos por todo el país. La compra de votos, la intimidación, incluso la utilización de electores fallecidos, fueron prácticas habituales del pucherazo (farsa electoral).

El falseamiento electoral funcionó sin grandes problemas durante los primeros años pero a partir de la década final del siglo, comenzó a resquebrajarse, con el establecimiento del sufragio universal, la difusión de la prensa y el surgimiento de partidos ajenos al <turno>, como se llamó a la monótona alternancia de conservadores y liberales.

III. La práctica del turno
Cánovas presidió los primeros gobiernos de la Restauración. Los conservadores comenzaron por abolir los fueros vascos, con el objetivo de conseguir la plena uniformidad jurídica y política. Las provincias vascas quedaban obligadas al servicio militar y a pagar contribuciones.

El gobierno de Cánovas mantuvo y acentuó la política de restricción de las libertades ya iniciada antes de la Constitución. Se cerraron periódicos y se anuló la libertad de cátedra. También se recortaron las libertades de reunión y asociación, y los sindicatos obreros permanecieron prohibidos. El gobierno también se reservó la elección de alcaldes en las grandes ciudades y se restringió el sufragio (ley Electoral de 1878).

En enero de 1881 Cánovas dimitió y dejó paso al primer gobierno del Partido Liberal, que se prolongaría hasta 1883. Sagasta tomó medidas para terminar con las restricciones de la libertar de expresión, permitió que las asociaciones obreras y republicanas volvieran a actuar con libertad y creó la Comisión de Reformas Sociales, encargada de estudiar los problemas de los obreros. Pero no se atrevió a llevar más lejos las reformas para no alarmar a la oligarquía.

La alternancia pacífica en el poder alcanzó su plenitud a partir del Pacto de El Pardo de 1885. Ese año murió Alfonso XII y el pacto permitió estabilizar la situación política hasta que Alfonso XIII alcanzara la mayoría de edad para poder reinar (lo que sucedería en 1902). Hasta entonces se establecía la Regencia de Maria Cristina de Habsburgo-Lorena, su madre.

Los liberales, en los períodos en que gobernaron, llevaron a cabo un programa de reformas en diversos campos: social, jurídico, económico; aunque la medida política más destacada fue la Ley de sufragio universal masculino (1890), siendo España, uno de los primeros países europeos en concederlo.

IV. Oligarquía y caciquismo
La implantación del sufragio universal masculino, no iba a significar que en España existiera una democracia. La manipulación electoral, la fabricación de las Cortes, y el turno pacífico continuaron después de 1890. La manipulación electoral, la fabricación de las Cortes y el turno pacífico continuaron después de 1890. La manipulación política era posible, como ya hemos apuntado anteriormente, por la existencia del caciquismo. El caciquismo era la relación político social que se establecía entre una persona –el cacique- y sus clientes.

Los caciques eran jefes locales de un partido político, que controlaban un área electoral determinada, y donde actuaban como auténticos oligarcas. Éstos, actuaban a nivel local-comarcal y a lo sumo provincial; tenían influencia en una zona y la ponían al servicio de un grupo político u otro en función de sus intereses. De acuerdo con las consignas procedentes del Ministerio de Gobernación y los gobernadores provinciales, hacían valer su influencia sobre sus clientes de la comarca o de la localidad para que votasen al candidato encasillado.

Los clientes eran aquellas gentes que recibían favores del cacique a cambio de apoyar con su voto a los candidatos avalados por él. Estas relaciones de clientelismo se mantuvieron por más tiempo en el campo que en las ciudades por el alto grado de analfabetismo de la población rural y por la situación de miseria e inseguridad de los campesinos españoles.

Aunque el caciquismo fue una práctica generalizada en todo el país, fue probablemente en Andalucía donde tuvo mayor desarrollo por sus estructuras económicas y sociales (latifundismo, gran número de jornaleros, analfabetismo, etc.). De esta región era Francisco Romero Robledo el cacique conservador más importante, que llegó a ser ministro de Cánovas, y gran manipulador de elecciones. Ejerció una gran influencia en Antequera, su ciudad natal, y en toda la provincia de Málaga.


  El reinado de Alfonso XII (1875-1885)

El reinado de Alfonso XII se caracterizó por la no interferencia del monarca en la actividad política y por el mandato del partido conservador durante la mayor parte del período.
  • El PARTIDO CONSERVADOR (1876-1881 y 1883-1885)
    • Llevó a cabo la labor de pacificación militar (Cuba y carlistas)
    • La redacción de la Constitución de 1876.
    • Ley electoral de 1878: Sufragio censitario.
    • Ley de imprenta de 1879: establecía la censura de prensa.
    • Control del profesorado universitario no adicto al gobierno.
    • Abolición de los fueros vascos.
    • Control de los poderes locales por medio de los gobernadores civiles.
    • Problema con las Carolinas: zanjado con las bases comerciales alemanas.
  • EL PARTIDO LIBERAL (1881-1883):
    • Ley de prensa 1883: Restablece la libertad de cátedra y de expresión
    • Restablece la libertad de asociación y reunión.
    • Preocupación del gobierno por la situación de las clases trabajadoras.

En el mismo momento en el que el Rey Alfonso XII expiró, su hija María de las Mercedes, como Princesa de Asturias, debía haberse convertido, a sus cinco años, en Reina de España de forma automática; su madre, María Cristina, debía haber ejercido como Reina regente hasta su mayoría de edad, y su hermana Teresa, de tres años, habría sido la nueva Princesa de Asturias.

La Constitución de 1876 establecía que muerto el Rey se proclamaría Rey a su sucesor, por lo que María de las Mercedes, como Heredera de la Corona, estaba en la plenitud de sus derechos para que se la proclamase Reina. De hecho, en los días que siguieron al fallecimiento de Alfonso, todo el mundo se refería a la niña como la Heredera de la Corona o la nueva Reina. Lo que casi nadie sabía con certeza en aquel momento era que María Cristina estaba embarazada de cuatro meses. Los periódicos habían difundido el rumor de que la Reina estaba esperando un bebé, pero no había confirmación oficial. Para evitar la confusión, María Cristina informó al Gobierno de su gestación y este decidió aplazar la proclamación de Mercedes hasta después del parto, ante la posibilidad de que esta vez la Reina tuviera un varón y le correspondiera a este la Corona.

  1. La regencia de María Cristina (1885-1902)


PARA SABER MÁS, VER:
LA RESTAURACIÓN: MARÍA CRISTINA











A la muerte de Alfonso XII, su esposa, embarazada del futuro Alfonso XIII, asume la regencia con el apoyo de los partidos dinásticos.
El Pacto del Pardo, los dos partidos se comprometían a:
    • Mantener la monarquía
    • Respetar los turnos políticos
    • A conservar las medidas políticas aprobadas por los gobiernos.
  • EL PARTIDO LIBERAL (1885-1890)
    • Aprobación del Código de Comercio (1885): adaptándose a los nuevos postulados del liberalismo económico y político.
    • Aprobación del Código Civil (1889). Se protegía jurídicamente el incipiente capitalismo y los intereses de los latifundistas.
    • Ley de Asociaciones de 1887: que favoreció a las fuerzas antidinásticas.
    • Se instauraron los juicios con jurado.
    • Se abolió la esclavitud en Cuba (1888)
    • Aprobación de sufragio universal masculino.
    • Se opone a la autonomía de Cuba y los particularismos regionales.
  • EL PARTIDO CONSERVADOR (1890-1893)
    • Retorno a las medas económicas proteccionistas.
    • Ley Antiterrorisa de 1894: se refuerzan las medidas represoras contra los anarquistas.

c. La oposición política
  • El CARLISMO: derrotado militarmente en 1876 se reduce a un movimiento ideológico circunscrito al País Vasco y Navarra. Se terminará organizando como partido político con dos tendencias: los integristas de Ramón Nocedal y los tradicionalistas de Vázquez de Mella.
  • El REPUBLICANISMO: duramente reprimidos al comienzo del régimen su representación política era escasa y se encontraban muy divididos hasta la fundación de Unión Republicana en 1893.
  • Los REGIONALISMOS: Nacieron estos movimientos en Cataluña y País Vasco, menos en Galicia, Valencia y Andalucía defendiendo particularmo lingüístico, cultural, histórico, social y económico.

Conclusión
Sin lugar a dudas Antonio Cánovas del Castillo fue un gran estadista, y el sistema político que diseñó tuvo aspectos positivos: sirvió para estabilizar política y socialmente un país convulsionado por un largo período revolucionario: acabó con el conflicto carlista y promovió el crecimiento económico de la nación. Pero perdió una magnífica oportunidad de implantar una auténtica democracia en España. La Constitución de 1876 consagraba un sistema parlamentario aparente, corrupto, al servicio de los intereses de la oligarquía que sostenía al régimen político (industriales, financieros, terratenientes, etc.). Al margen quedaban los derechos y libertades de la mayoría de los españoles. Muchos, con inquietudes políticas se opusieron al sistema desde los partidos republicanos, nacionalistas y obreros; otros, se mantuvieron al margen de la política por ignorancia o escepticismo; y el resto sufrieron la manipulación del caciquismo.

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Grabado anónimo del s. XIX que muestre el momento en el que S.M. el rey Alfonso XII parte de Hendaya para realizar unas visitas de estado a Austria y Alemania en 1883.

PARA SABER MÁS, VER:

 PRESENTACIÓN:

ALFONSO XII  (Presentación) FUENTE: ieslaaldea.com

La Regencia de María Cristina de Habsburgo

 

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