877 HIS-MEDIEVAL-BIZANCIO

  HIS-MEDIEVAL-BIZANCIO

El imperio bizantino de Justiniano

(PULSA LA IMAGEN)

Video sobre la  Expansión bizantina y musulmana de ARTEHISTORIA


La división del Imperio romano marcó un punto de inflexión en la historia. Situado el Imperio bizantino a las puertas de Asia, la distancia geográfica que separaba a Constantinopla de Roma se convirtió rápidamente en una lejanía aún mayor. Hasta la fe cristiana, que quiso conciliar a Oriente y Occidente, y los sueños de una Iglesia universal se tiñe-ron de polémicas teológicas, rivalidades jerárquicas, acusaciones de herejía y excomuniones, que acentuaron la diferencia de rumbos que separaba a ambos mundos. La tenaz persistencia de las invasiones germánicas, la expansión del Islam y las crisis políticas y económicas pudieron mucho más que los concilios ecuménicos y la reivindicación de las antiguas glorias.

Con el tiempo, Constantinopla se convirtió en el centro de una nueva práctica del cristianismo y también de una sensibilidad particular. La expresión artística, en especial en el dominio de la arquitectura y la técnica del mosaico, configuró un mundo de características propias e inconfundibles. Por otra parte, enclavada en un punto estratégico de las rutas mercantiles que ponían en relación el Mediterráneo y las remotas tierras de la India y China, Constantinopla pasó a ser un centro comercial relevante.

Por esa misma razón, la ciudad se convirtió en un botín codiciado por numerosos ejércitos. De este modo, el Imperio bizantino vivió sus momentos de gloria y de tragedia. Ni el esplendor de sus iglesias, ni la magnificencia de sus emperadores, ni el grosor de sus murallas bastaron para salvar a Bizancio del acero enemigo ni de las aún más temibles luchas por el poder.

  El 11 de mayo de 330, a orillas del Bósforo, Constantino el Grande inaugura solemnemente la segunda capital legal del Imperio. 
Bizancio, antigua colonia griega fundada por marineros de Mégara en 657 a.C., pasa a denominarse Roma Nova (la nueva Roma) o Constantinópolis (Constantinopla) la ciudad de Constantino. Su localización geográfica es excelente: situada entre Europa y Asia, en el paso entre el mar Negro y el Mediterráneo oriental, Constantinopla lo posee todo para convertirse en un gran centro comercial. La ciudad es prácticamente inexpugnable y puede resistir por mucho tiempo a los ejércitos enemigos. Por tres lados el mar la encierra; el cuarto está defendido por poderosas murallas.
 En Bizancio el poder del emperador era absoluto, no tenía ningún límite de carácter constitucional. La Iglesia también estaba halo su autoridad, existía el cesaropapismo. En Occidente, en cambio, la Iglesia mantuvo su independencia respecto del Estado.

Cesaropapismo: intromisión del poder político en las cuestiones eclesiásticas, “el César es el jefe del Estado y el jefe de la Iglesia”. Justiniano intervenía activamente en la religión: designaba a los prelados, resolvía cuestiones de fe, componía cantos litúrgicos
POLÍTICA EXTERIOR:
Un ejército formado con legiones . Su  armamento está modificado por la influencia de los bárbaros y la necesidad de adaptarse a la lucha con éstos. Las armas nacionales —el pilo, el gladio, el gran escudo, la coraza metálica— han cedido el lugar a las espadas, lanzas, puñales, escudos redondos y corazas de cuero. Cuerpos enteros de caballería están equipados, a imitación de los persas, con poderosísimos arcos.

En algunos destacamentos los hombres y los caballos están cubiertos de hierro o de cotas de malla. El cambio en el armamento refleja las profundas modificaciones acontecidas en la estructura del mundo romano. Continuos ataques de pueblos bárbaros en las inmensas fronteras marcaron el fin de la política expansionista de los antiguos emperadores. Roma se puso a la defensiva. La seguridad fue incluso comprada a precio de oro.

Las revueltas militares se multiplicaron y cada comandante con algún prestigio se consideraba destinado a ascender al trono. Pocas dinastías llegaron tan siquiera a la tercera generación: el Imperio no era legalmente hereditario y, aunque de estructura jerárquica, cualquier enganchado que llegara a jefe militar podía convertirse en César. La sede imperial se convirtió en un trofeo que podía ser conquistado por el general más fuerte.

Construyéronse fortificaciones en las fronteras. En ellas estaban acantonadas las tropas menos disciplinadas, a las cuales fueron concedidos lotes de tierra. Su misión se tornó más en una tarea de vigilancia que de respuesta al enemigo.

Las mejores unidades, en cambio, estaban emplazadas en el corazón del territorio. Debían garantir el poder del emperador y, al mismo tiempo, repeler a los invasores. La carrera militar se hizo hereditaria, exceptuado un número siempre insuficiente de reclutas, compensado por la incorporación a las filas de bárbaros mercenarios, medio cada vez más usual para obtener nuevos soldados. Simultáneamente, sin embargo, bajo Diocleciano, los jefes militares fueron apartados por completo de la administración civil.

 Mientras en Occidente la invasión de los bárbaros terminó con la unidad política, en Oriente, el Imperio Romano se mantuvo intacto y sobrevivió durante mil años más. Constantinopla, su capital, emplazada en la antigua colonia griega de Bizancio, contaba con una excelente situación económica que le permitió mantener un ejército bien dotado y una administración eficaz.

Con estos elementos consiguió superar y desviar los ataques exteriores. La historia del Imperio Romano de Oriente comenzó en el año 395, cuando Teodosio el Grande dividió el imperio entre sus dos hijos, y a Arcadio le asignó el bizantino. En el siglo VI surgió un emperador que soñó con unificar el antiguo Imperio Romano y dedicó sus esfuerzos a lograrlo.


Justiniano

  Justiniano (527-565), que pertenecía a una dinastía de origen macedónico, considerada a Bizancio como la única sucesora legítima de la grandeza de Roma. Intentó recuperar la unidad romana y para ello atendió dos aspectos fundamentales: la reconquisto de los territorios occidentales y el fortalecimiento del poder real.

El emperador Justiniano llevó al Imperio Bizantino a su máxima expansión territorial y a su apogeo cultural y económico (pinchando en el mosaico enlaza con wikipedia).

En el reinado de Justiniano los bizantinos se anexionaron el reino norteafricano de los vándalos, el sur del reino visigodo de la Península Ibérica y la Italia ostrogoda. En siglos posteriores el empuje del Islam arrinconó a los bizantinos en Asia Menor y los Balcanes (pincha en el mapa para ver un video explicativo).

En el año 527, al morir el viejo, emperador Justiniano, le sucedió su sobrino. Justiniano. Pertenecía a una humilde familia de campesinos macedónicos, pero poseía gran talento: era sumamente culto y de gran inclinación artística, aunque carecía de energía suficiente. Estaba casado con la célebre TEODORA, mujer de fama escandalosa, pero dotada de extraordinario talento e indomable voluntad. A ella debió Justiniano. gran parte del éxito de su gobierno.

 Ascender al trono era relativamente fácil. Pero mantenerse en él era lo difícil. Justiniano había aprovechado los nueve años de gobierno de su tío para trazar su propio camino hacia el logro del poder. La organización de los juegos del hipódromo (y de otros, como los circenses) le había asegurado el apoyo de la población tumultuosa de Constantinopla. Sus posibles competidores estaban, por lo menos circunstancialmente, anulados.

El circo ya había representado un papel importante en la vida de Justiniano, aun antes de que se convirtiese en emperador. En 520 una compañía de circo ambulante se encontraba en Constantinopla. Cierto día murió el domador de osos, dejando a su familia en la más completa miseria. Su viuda necesitaba obtener socorro.

En una función muy concurrida, expuso en la arena del circo a sus tres hijitas, la mayor de las cuales tenía apenas siete años. La facción de los "azules" (bando deportivo y político), tomó a las pequeñas bajo su protección. No obstante -esa ayuda, las desdichadas terminaron entregadas a la prostitución. Teodora, la menor de las hermanas, que superaba a las otras en belleza, era aplaudida con entusiasmo en el teatro cada vez que intervenía en las representaciones. Allí ejercía el oficio de actriz, entonces ligado estrechamente al comercio sexual, y mostraba su bello cuerpo en escena, entregándolo a quien la mantuviera.

De esas relaciones nació un hijo que, siendo pequeño, fue llevado a Egipto por su padre, y volvió más tarde a encontrarse con Teodora.

Vislumbrando la posibilidad de mejorar su condición social, ella adoptó un tipo de vida menos licencioso, mostrando recato en sus ropas y modales. Justiniano, en esa época patricio, quedó prendado hasta tal punto de la belleza e inteligencia de Teodora, que no descansó hasta convertirla en su esposa.

Las leyes prohibían a los individuos que ocupaban altos cargos casarse con mujeres de origen servil o que hubiesen actuado en la escena. Sin embargo, Justiniano consiguió que le fuese concedido a Teodora el título de patricia, haciéndola ingresar en los círculos más privilegiados de Constantinopla. Pese a ello, el matrimonio sólo se concretó después de que hubo muerto la esposa de Justino, que se oponía a la unión de la actriz con el futuro emperador, aun cuando éste fuese hijo y sobrino de campesinos, y ella fuera también de origen rural.

Después de la muerte de Justino, Teodora, convertida en emperatriz, obtuvo derechos casi similares a los de Justiniano, quien hizo que los grandes del Imperio le prestasen juramento.

Rodeada de servidores, Teodora pasaba largas temporadas en las agradables orillas del mar. Allí concedía audiencia a los personajes más destacados, que venían a solicitarle su favor. Arbitro de la voluntad de su marido, promovía o degradaba según su parecer a los funcionarios y cortesanos. E intervenía también con raro talento en la conducción de los asuntos de Estado. Aconsejado por ella, Justiniano fundó varios establecimientos de ayuda pública, entre ellos uno destinado a quinientas mujeres que habían ejercido la prostitución. Justiniano, modestamente, atribuía a Teodora todo el mérito de esas medidas. 

Todos estos contratiempos impidieron que JUSTINIANO realizara su proyecto. Sin embargo tuvo aún mayor mérito al fijar definitivamente las leyes romanas: el Derecho Romano.

EL CÓDIGO JUSTINIANO
  En cuanto a la organización interna, Justiniano dispuso una gran codificación del derecho romano, que contribuía, además, al basamento de su poder. En el año 528 ordenó elaborar un Código que recogía todos los decretos imperiales que se habían redactado a partir del Edicto Perpetuo de Adriano,
Seis meses después de asumir la conducción del Imperio, Justiniano inició su obra legislativa. Encargó a una comisión de juristas la compilación del denominado "Novus lustinianeus Códex" —una revisión y sistematización de las diferentes leyes imperiales—. El nuevo código fue promulgado en abril del 529. "Las armas y las leyes sustentaron siempre al feliz pueblo romano y le dieron el dominio del mundo". Esa frase definía las ideas rectoras del gobierno de Justiniano.

Justiniano necesitaba, realmente, robustecer su autoridad. El monofisismo de Anastasio (creencia en la naturaleza divina de Cristo, que se apartaba de la doctrina ortodoxa, la cual definía que en Cristo había dos naturalezas, la divina y la humana, en una sola persona), había provocado una oleada de rebeliones y persecuciones. Uno de los motivos que habían promovido el ascenso al trono de su tío Justino fue el desgaste político del partido monofisita.

La quiebra del principio de sucesión hereditaria, inaugurada por Constantino dos siglos antes, dio lugar a la organización de una facción "legitimista", favorable a la familia de Anastasio. El gobierno de Justiniano preanunciábase sombrío. En 529 fue promulgado el "Código de Justiniano". "Con la ayuda de Dios, gobernando este Imperio que nos fue entregado por la Majestad Celeste, condujimos la guerra y la paz con felicidad, y sustentamos la vida del Estado". 

  A poco de subir al trono, el emperador encargó a su amigo el gran jurista TRIBONIANO que revisara todas las Leyes Romanas a partir del Edicto Perpetuo de Adriano, las armonizara con el cristianismo y finalmente las ordenara por materias. Y en el año 530 promulgó el famoso CÓDIGO que de inmediato se transformó en la base jurídica del Imperio y de todo el Occidente.


Poco después, esta obra se completó 0con una colección de opinión y sentencias de los más famosos jueces romanos, las PANDECTAS,. Digesto, y además un manual para los estudiantes de abogacía, INSTITUTAS. Finalmente, le añadió las NOVELAS, es decir las ley nuevas promulgadas durante su gobierno.


Así, por obra de Justiniano, Roma continuo rigiendo al mundo sus leyes, casi hasta nuestro siglo. También tuvo tiempo este gran emperador para dar un fantástico impulso a las artes: en Constantinopla se multiplicaron los palacios los templos ‘más espléndidos del mundo, y su Corte Imperial fue más fastuosa y brillante que hasta entonces se había conocido.


Política exterior
Apenas llegados al trono, el sueño de la pareja imperial fue volver a resucitar el antiguo Imperio Romano. Y para integrarlo, Justiniano planeó numerosas campañas, sirviéndose de los dos militares más grandes de su época, los generales BELISARIO y NARSES

• Comenzó invadiendo el norte de África y apoderándose, en el año 533, del reino que allí habían establecido Los Vándalos.
• Luego sus tropas cruzaron el estrecho y atacaron a los Visigodos, adueñándose de toda la zona sur de España.
• Después emprendió lo más difícil: la reconquista de Italia, dominada en ese entonces por los Ostrogodos. La guerra fue larga y costosa, pero en el 553 los orientales eran dueños de toda la península.

Así estuvieron a un paso de reconstruir el antiguo Imperio: todo el Mediterraneo era nuevamente un ‘lago romano”, y sólo faltaba reconquistar las Galias y las provincias del Danubio.

Pero este sueño no pudo realizarse: en él otro extremo del imperio se habían levantado, una vez mas, los eternos enemigos de los romanos:
 En el siglo VII, un nuevo poder, el de los árabes y el Islam, le arrebató extensos territorios (Egipto, Siria, Palestina y Africa). A partir del siglo IX se instalaron en los Balcanes pueblos de origen eslavo (croatas y serbios).

El Imperio Bizantino quedó limitado al dominio del Asia Menor; su límite Norte era Tracia. Igualmente, con períodos de esplendor y decadencia, Constantinopla fue la única gran ciudad” de la Edad Media; heredera del esplendor y la vida animada de Roma, logró mantenerse independiente hasta el siglo XV, cuando fue conquistada por el poder turco.

 CAMBIO DE PODERES
Tras las invasiones musulmanas, el imperio bizantino perdió gran parte de sus dominios. El emperador Basilio I (h. 812-886) accedió al trono. Durante su mandato, la lengua griega pasó a sustituir al latín. Hacia el final del cruel reinado de BasÜio II (h. 958-1025), el poder bizantino se extendía desde el Danubio hasta la isla de Creta, y del sur de Italia a Siria.


LUCHAS POR EL PODER
Durante el período de expansión de Basilio II, floreció el comercio, y los misioneros ortodoxos difundieron su fe en Rusia a través de los Balcanes. Pero, en 1071, la victoria de los turcos selyúcidas en la batalla de Manzikert (en la actualidad Turquía) marcó el principio del fin. Las luchas cortesanas por el poder llegaron a ser tan complicadas que la palabra "bizantino" se relaciona con la conspiración y la intriga. Los emperadores caídos y los aspirantes a emperador sufrieron injurias, mutilaciones y en muchos casos la muerte. De los 88 emperadores bizantinos, 29 murieron asesinados.


EL ULTIMO PERÍODO 
En 1204, los cruzados que llegaron de Occidente para ayudar a Constantinopla contra los turcos selyúcidas, saquearon la ciudad y fundaron el "imperio latino", de corta vida. Constantinopla no tenía defensas contra el poderoso imperio turco otomano. En 1453, tras dos meses de asedio, el sultán Mehmet II (1432-81) entró en Bizancio, que pasó a llamarse Estambul.
Al final, tras ocho siglos de lucha, la decadencia de Bizancio se fue acentuando. Hacia el año 1400 se presentía el desenlace: los emperadores Paleólogos se reconocieron vasallos de los Sultanes Turcos, y medio siglo después, en 1453, las tropas de Mahomet II (imagen) entraron a degüello en Bizancio. Así concluyó el Imperio de Oriente. Pero para entonces, Europa, ya mayor de edad, estaba preparada para hacer frente a las bordas asiáticas.

El ocaso de Bizancio fue una larga agonía. Cada convulsión interna o externa supuso la pérdida de una nueva porción de su territorio. El siglo XI se reveló como un momento crucial para la historia del imperio. En el primer tercio de esta centuria se iniciaron las incursiones de los selyúcidas, que vinieron a tomar el relevo de los árabes en sus enfrentamientos con Constantinopla. Separaron definitivamente Bizancio de Anatolia, en la cual Constantinopla sólo pudo mantener los territorios de Nicea y Trebisonda.
 ECONOMÍA
Ruralización: Entre los siglos IX y XI, la sociedad bizantina sufrió un proceso de ruralización, con la consecuente pérdida de importancia de los núcleos urbanos. La expansión musulmana hizo que Bizancio perdiese prósperas ciudades, como Alejandría y Antioquía. La ocupación musulmana de Egipto, principal proveedor de grano del Imperio, afectó incluso a la ciudad de Constantinopla, cuya población disminuyó considerablemente, al emigrar al campo en busca de sustento. Por otra parte, diversas epidemias generadas por las numerosas guerras diezmaron especialmente a la población urbana. Al mismo tiempo, desarticuladas por las invasiones, las aristocracias rurales fueron perdiendo sus derechos propietarios, y sus grandes latifundios pasaron a manos de los campesinos, hasta ese momento arrendatarios. Así surgieron comunidades rurales que se mantuvieron durante años con un alto grado de autonomía.
 
Ya en 212 había tenido lugar una transformación fundamental: el emperador Antonino, apodado Caracalla, había concedido la ciudadanía romana prácticamente a todos los hombres libres del Imperio. Todos quedaron sometidos a las mismas obligaciones fiscales. Se procuró substituir los impuestos sobre la tierra por un impuesto único, la capitación. Pagada principalmente en especies, la capitación se destinaba al abastecimiento del ejército, la administración y la corte, y las grandes ciudades.

La agricultura no era, empero, la única actividad sujeta a impuestos. A pesar de que rendían poco, fueron conservados algunos impuestos indirectos; los súbditos no podían pagar más. Para conseguir recursos, el Estado tuvo que exigir a los particulares gran número de prestaciones de servicios —los muñera—. Los funcionarios imperiales requisaban mano de obra, obligaban a la fabricación de diversos productos, a moler harina y cocer pan, y, además, exigían la percepción de impuestos, es decir, obligaban a alguien a asumir la responsabilidad de que éstos ingresaran en las arcas públicas.

El control de todos esos servicios exigió, a su vez, ampliar cada vez más la burocracia (monstruosamente crecida bajo la Tetrarquía de Diocleciano, quien multiplicó por cuatro las cortes y los ejércitos, y aumentó el número de provincias, con la consiguiente proliferación de los gastos).

Crear un ejército poderoso ocasionaba enormes gastos. Los impuestos alcanzaron niveles intolerables. La administración de Justiniano dependía de la habilidad de sus funcionarios fiscales. El descontento se extendía.
CULTURA

La cultura clásica heredada del Imperio romano dejó de ser asumida por el poder imperial, especialmente por la corte, donde comenzó a predominar la influencia oriental. El emperador Justiniano cerró algunas escuelas superiores, como la de Atenas, cuya libre actividad se había traducido en un gran desarrollo de la ciencia y el arte.
 La cultura bizantina: punto de unión entre Oriente y Occidente Podríamos definirla como una cultura síntesis en la que confluyeron diferentes aportes: los grecorromanos, los cristianos y los orientales. 
Constantinopla fue el centro de una civilización que perduró hasta el siglo XV y que actuó como depositaria y salvadora de la tradición de la antigüedad clásica. En Bizancio se preservó gran parte de las obras literarias de griegos y romanos. Justiniano realizó también una importante codificación de las leyes romanas. Además del Código ya mencionado que recogía los decretos imperiales, su labor continuó con:

Y El Digesto o Pandectas: reunía los textos de los juristas romanos importantes.

Las Institutos: destinadas a los estudiantes, contenían los principios básicos del derecho. Y Las Novelas: consunto de leyes nuevas.

El Imperio Bizantino desempeñó además un papel importante en la difusión del cristianismo y la cultura grecorromana en la zona de los Balcanes y las estepas rusas. En suma, fue “el punto de unión” entre Oriente y Occidente.

 La biblioteca de Constantinopla redujo su personal a cuatro escribas griegos y tres latinos. En cambio, al amparo de la convicción de que Bizancio era la reencarnación del Imperio romano y el emperador de los antiguos cesares, sí cobró desarrollo la producción historiográfica, destinada a eternizar las glorias de los emperadores bizantinos. Procopio de Cesárea, formado en la escuela de Alejandría, fue uno de los historiadores más destacados del Imperio. Acompañó a Belisario en sus campañas militares en el norte de África, de las que dejó constancia en su Historicón, y registró los hitos arquitectónicos de Bizancio en su libro Periktismaton. Sorprendentemente, en Anekdota critica duramente a Justiniano, al que describe como "emperador y demonio" y simple títere en manos de Teodora, a la que descalifica permanentemente.

Las artes

En ellas podemos advertir las influencias griegas (en el equilibrio y la armonía de las formas orientales y en el predominio del gusto por la decoración) y cristianas (en la elección de temas como la glorificación de Cristo, la Virgen y los apóstoles).

La arquitectura bizantina fue su más bella expresión. Los ejemplos más importantes son la catedral de Santa Sofía, de Constantinopla y la iglesia de San Vital, en Ravena. Su particularidad es el uso de la cúpula en la construcción de las iglesias.


Entre todas las obras sobresalió, sin discusión, la Catedral Santa Sofía (imagen): su lujo y su esplendor en mármoles, mosaicos y pedreria constituyeron el símbolo de la gloria del Imperio.

La pintura y la escultura fueron concebidas en Bizancio como artes accesorias o complementarias de la arquitectura. Trabajaron sobre todo los mosaicos para la decoración (paredes y bóvedas). En cambio, se destacaron en las llamadas artes industriales’: la fabricación de joyas y toda clase de objetos suntuarios, realizados con oro, plata y piedras preciosas; los tejidos de seda; los bordados y las encuadernaciones, muy apreciadas en las regiones con las que comerciaban.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada