940 CÓRDOVA MEDIEVAL. EN CÓRDOBA HAY SIETE PUERTAS

EN CÓRDOBA HAY SIETE PUERTAS

UN INTINERARIO POR LA CÓRDOBA MEDIEVAL. ENTRE TORRES Y MURALLAS


diciembre 2013,UN CASTILLO MEDIEVAL. CASTILLO DE LA CALAHORRA




La Calahorra tiene su planta en forma de cruz, de cuyos tres brazos arrancan tres torres con almenas, unidas por cuerpos de la misma altura, situados entre los de las torres cuadragunlares, y sus muros ostentan las armas reales de Castilla.

El edificio se conserva actualmente -con ligerísimas modificaciones- tal como fue alzado y realizado en 1369, por orden del rey Enrique II, sobre una fortificación de los musulmanes. Dicho monarca lo llevó a cabo para refuerzo de la defensa de la ciudad, decidida partidaria suya, en su larga contienda con su hermano, el rey don Pedro el Cruel, cuyos ejércitos y los de sus aliados musulmanes, fueron vencidos por los cordobeses en la batalla del Campo de la Verdad, lugar inmediato a la fortaleza Torre de la Calahorra

Fue reformada por orden de Enrique II de Trastamara para defenderse de su hermano Pedro I.

A las dos torres existentes, se le añade una tercera, uniéndose todas ellas por dos cilindros con la misma altura que aquellas. En los siglos posteriores, fue durante un tiempo, cárcel de la ciudad de Córdoba así como escuela de niñas.
"El soberano llegó a Córdoba y examinó el arrabal que ya habían fortificado los cristianos, pero era necesario cercar el resto, para lo cual el rey fue por la margen izquierda del río, tomando la fortaleza de la Calahorra e impidiendo con ello que se recibieran en la ciudad alimentos y ayuda militar.
El emir árabe Aben Hud, que andaba por Ecija, intentó socorrer a sus vasallos, pero viendo que la situación era muy difícil, abandonó la población con intenciones de volver con un ejército más poderoso y reconquistarla, huyendo hasta Almería, donde fue asesinado por el emir de aquella población, al-Rumami, después de recriminarle su cobardía y el abandono de la ciudad y de los suyos.

Cuando los cordobeses conocieron que su rey los había dejado solos, con la ciudad cercada y sin medios de obtener alimentos ni armas, no tuvieron otro remedio que capitular. Pero don Fernando no lo consintió; les pidió que se marcharan sin condiciones y les dio permiso para salir en libertad, llevándose sólo lo que pudieran transportar sobre sus espaldas. Las condiciones fueron aceptadas, y el día 29 de junio de 1236, festividad de San Pedro y San Pablo, salieron de la ciudad, al mismo tiempo que un heraldo del rey castellano-leonés, por mandato real, subió al alminar de la gran mezquita y colocó sobre él el estandarte real y la cruz de Cristo.


El día 6 de julio Fernando III y su ejército entraron en Córdoba, dirigiéndose a la Mezquita, donde el obispo de Osma, don Juan, hizo la consagración del templo musulmán como catedral cristiana bajo la advocación de la Asunción de la Virgen y dándole el nombre de Santa María la Mayor.






LA CRÓNICA DE LA CONQUISTA DE CÓRDOBA POR EL REY FERNANDO III EL SANTO 

Reconquista de Córdoba año 1.236
Cuadro que se conserva en el Salón Liceo del Círculo de la Amistad (Córdoba)

"En Santo Rey se levanta al salir el sol; viste camisa de lino y bragas y una túnica de montar, y se guarda con magnífica lóriga y yelmo de acero con incrustaciones de oro; grazaletes y grevas haciendo juego; calza entera y espuelas de plata; un amplio abrigo cubre sus armas y arreos. Cíñese la espada, ancha y formidable, que remata en cabeza de clavo, y, tomando su escudo, sale de la regia cámara. Abajo en el patio, repleto de magnates y guerreros, monta en su caballo; en el arzón de la silla, va la Virgencita con el Niño Dios en brazos, que le acompaña a todos los combates; la silla es e altos borrenes recubiertos de oro, sujeta por cincha, atajarre y metal preciosos, de los que cuelgan ricos pinjantes. Y de esta suerte ataviado, emprende el camino que le conduce a la catedral.

Van rompiendo marcha los arqueros y lanceros; después los magnates y el abanderado que lleva el pendón real. Tras de éste, San Fernando, puesto el pensamiento en Dios, avanza hacia su templo. En las puertas de él, espéranle los prelados y los clérigos, que visten casullas sedeñas y albas riquísimas, llevan incensarios de plata y cobre y rodean al sacerdote que conduce una cruz, maravilla de arte y riqueza, cuajada de piedras preciosas y adornada con labores delicadísimas.

El Rey penetra en lo que antes fue mezquita y era entonces catedral. Lujosamente colgada, con velos y cortinas polícromos, reverberan las infinitas luces en el oro de los altares, den el brocado de los frontales, palleos y greciscos, en el rico damasco y el precioso brocado que cubre las aras. Hay coronas argénteas, que penden de la techumbre, y una de singular hermosura, "gemmata y dearata", cuelga de la pérgula, con las coronas de vasos litúrgicos, lámparas de plata y lucernas de vidrio. El humo fragante de los incensarios finge nubes por la nervadura de las cúpulas. Los cantos severos de la Iglesia hacen rodar sus notas bellísimas sobre los espíritus enfervorizados.



La entrega de Córdoba a Fernando III, de Palomino. Capilla de Santa Teresa o de la catedral

Córdoba está hacia el occidente del río grande. El reino de Córdoba se encuentra al oriente del reino de Sevilla, en los lados meridional y oriental del reino de Badajoz y en la parte meridional del reino de Toledo, cuya ciudad está desde Córdoba entre el septentrión y el oriente, como unos siete días. El perímetro de Córdoba es de 30.000 codos, y es Córdoba de las más grandes ciudades de Andalus. Está fortificada y tiene una muralla de piedra de gran espesor. El número de mezquitas se eleva a mil y el de los baños a setecientos. En Córdoba hay siete puertas, y su patronato, llamado Elamin, se encuentra en la parte occidental de la ciudad de Medina Azahara, que se asienta al pie de una montaña.

Ismael Imad-ab-Din-al-Ayubi (Abulfeda), principe árabe natural de Damasco, guerrero, historiador y geógrafo, Siglos XIII y XIV


El 29 de junio de 1236, festividad de San Pedro y San Pablo, Córdoba cayó en poder de la dinastía castellanoleonesa que encabezaba el rey Fernando III, el cual llegó con sus huestes y con la Virgen de Linares; esta imagen se conserva en el santuario del mismo nombre, situado a 12 kilómetros de la capital, en un bello paraje. Tras firmarse las capitulaciones la población musulmana fue erradicada de la ciudad.

Puerta Colodro

 FUERO DE LA CIUDAD DE CÓRDOBA DADO EN 1241

(Es copia de otra que se guarda en el archivo de los condes de Priego de tiempo de Enrique III, y se ha cotejado con el original que se guarda en el convento de san Pablo de Córdoba, añadiéndose lo que se halla a continuación en una copia antigua que está en el archivo de san Martín de Madrid.)

Estas son las leyes del fuero de privilegio dado al pueblo de la muy noble ciudad de Córdoba, el cual fue dado por el muy alto, e muy noble, e muy poderoso, e glorioso príncipe, e señor rey don Fernando, e a placimiento de la regna donna Berenguela su madre, e de la regna donna Juana su mujer, en uno con sus fijos don Alfonso, e don Fadrique, e don Fernando, e don Enrique, el cual fue dado al tiempo que Córdoba fue ganada de los moros e rendida a cristianos.


"Porque los fechos de los reyes, e de los príncipes sean por todo tiempo en remembranza, deben ser puestos en escripto, porque non sean caídos en olvidanza. Por ende yo don Fernando, por la gracia de Dios rey de Castilla, de Toledo, de León, e de Galicia, e de Córdoba, só el sennorío da la santa y non departida Trinidad del Padre, e del Fijo, e del Espíritu Santo, que es un Dios poderoso, al honor de la virgen santa María, y de los bienaventurados apóstoles sant Pedro y sant Pablo, en la fiesta de los cuales Córdoba fue rendida a los cristianos, por el otorgamiento, e por el plascimiento de mi madre la regna donna Berenguela, e de mi mujer donna Joana, en uno con mis fijos don Alfonso, e don Fadrique, e don Fernando, e don Enrique, do, e otorgo carta de fuero al pueblo de Córdoba, a los que agora son, y a los que serán por todos tiempos que vaca.

Dó, e otorgo por fuero al pueblo de Córdoba, que ayan jueces, alcaldes, e mayordomo, e escribano, e sean mudados cada anno, e los alcaldes que sean cuatro, e la collación en que la elección del alcaldía cayere, todos los de la collación escojan cuatro omes buenos, que sean derechos a estos portillos; e estos cuatro (omes buenos que sean derechos) de la abandicha collación echen suerte cual dellos sea en el portillo, e aquel sobre quien cayere la suerte sea en el portillo fasta el anno, que es puesto de sant Joan fasta sant Joan. E si todos de la abandicha collación non acordaren todos en uno sobre la elección destos cuatro, todos los de la abandicha collación prendan sendos omes buenos de todas las otras collaciones de la cibdat, e estos omes buenos juren sobre los santos Evangelios que escojan cuatro omes buenos de aquella collación que se non concordaren, e aquellos los cuales deben escoger, sean tales que sean derecheros, y convenibles a estos portillos.

E estos cuatro echen suertes cual dellos será aportellado, e sobre cual cayere la suerte, sea aquel aportellado, e el que un anno fuere aportellado no sea más fasta que todas las otras collaciones sean complidas, e si por aventura aquellos de la collación non concordaren escogiendo estos cuatro omes buenos de las collaciones, que debe escoger, estos cuatro embien al rey sus buenos omes, e como él mandare sea así. E aquesta collación debe ser ante del anno complido del día de la Ascensión fasta el día sant Joan. E estas collaciones que deben echar suertes, echen quien será juez, o quien alcalde, o quien escribano, o quien mayordomo, e sobre cual cayere la suerte de aquellos cuatro sealo; e sobre aquel que cayere la suerte del escribanía, si non supiere escrebir, ponga otro en su lugar que sea convenible a aquel oficio. E si algún fallimiento ficiere aquel escribano, el que lo pone separe a la pena, e sobre cual cayere la suerte de la alcaldía, o del judgado, o del mayordomadgo, non ponga otro en su lugar, mas el mesmo sea por sí en el oficio. E si el escribano a quien cayere la suerte supiere escrebir, non ponga otro en su lugar, mas así como es sobre escripto lo cumpla por sí. E si por aventura cualquier de aquellos aportellados finare antes del anno, la collación de cual fuere escojan otro que sea en su lugar de aquel que muriere, según estas cosas de suso remembradas.

Mando otrosí, e otorgo por fuero, que si alguno fuere de otra ley, o fuere sospechoso de herejía, o yxiere de orden, o fore descomulgado públicamente, nunca sea en algún portillo.

Otorgo más, y establezco al concejo de Córdoba, que ayan para su juez, e para sus alcaldes, e para el escribano, e para su mayordomo, el almotacenadgo con todos sus derechos, e la tienda del aceite, e una caballería de cada una cabalgada, e su parte de las caloñas, así como lo han las villas que han juez, e alcaldes.

Aun otorgo al concejo de Córdoba, que todos sus juicios, que los hayan según el libro juzgo, e que sean judgados delante diez omes bonos de los más nobles dellos, e más sabios, e que sean siempre con los alcaldes de la cibdat a esprobar los juicios del pueblo, e que delante todos anden en testimonio en toda la tierra de mi sennorío.
 

 E otrosí todos los clérigos que de noche, e de día ruegan por mí, e por vos, e por todos los cristianos, ayan sus heredades absueltas que non den diezmo.

Otrosí, si algún cristiano saliere de cativo por cativo moro, non dé portadgo ninguno.

E de cuanto yo do, e daré a los caballeros de Córdoba de donadios, e de provechos, sea departido entre ellos, así como fuere el cuento de los unos a los otros.

Otrosí mando que non sean prendados nin los caballeros, nin los cibdadanos de Córdoba en todo mio regno. E si por aventura alguno fuere osado de los prendar en los mis regnos, doble la pena a su duenno, e peche al rey sesenta maravedís.

Mando que ningún caballero de los de Córdoba non faga anuda nin fonsado fuera una vez en el anno e el que fincare de aquel fonsado sin verdadera escusación que non pudo ir, dé al rey diez sueldos.

Si alguno de los caballeros muriese, e toviere caballo, e loriga, o alguna arma del rey, háyanlo sus fijos, e herédenlo, e si non oviere fijos, herédenlo sus parientes, e remanescan los fijos con su madre honrados, e libres en la honra del padre, fasta que puedan cabalgar. E si el nacido se muriere, e la mujer fincare sola, finque en la honra del marido; e si algunos moraren en los sus solares dentro en la cibdat, o fuera en sus aldeas, e contiendas o varaias, e calonnas se ficieren algunas ante ellos, sean las calonnas de los sennores de las heredades.

E si por aventura alguno de los caballeros de Córdoba fuere a Castilla, o a Galicia, o a otra tierra de León, o a otra tierra, o cualquier que vaya, deje caballo en su casa, que sirva por él, e vaya con la bendición de Dios. E el que quisiere ir a sus heredades allende del puerto, y levare su mujer, deje caballo en su casa, e vaya en octubre, e venga en el primero día de mayo; e si a este plazo no viniere, e non mostrare derecha excusación, peche al rey sesenta sueldos: e si non levare la duenna, e fincare en el lugar, non deje caballo con ella, más venga él al plazo que es sobrescripto.

Si alguno de los peones quisiere ser caballero, y pudiere enriquecer, entre en los fueros y las costumbres de los caballeros: sobre todo esto sus fijos, e los herederos dellos ayan sus heredades firmes establecidas para siempre, e vendan, e compren el uno del otro, e den a quien se quisieren, e cada uno faga su voluntad en su heredad.

Si por aventura yo toviere a alguno su heredad por ira, o por injusticia, sin culpa paladina, por la virtud e por la fuerza de este previlegio sea tornado en su heredad.

Mando que si algunas heredades ovieren en algunos lugares del mio regno e del mio sennorío, que sayones nin merinos non entren en ellos, mas sean acotadas e amparadas, e fago esto por amor del poblamiento de Córdoba.

Mando que aunque si, Dios non quiera, moros recobrasen alguna villa, o cibdat, o castillo, e después lo recobraren cristianos, la heredad que hi habían los caballeros, e los ciudadanos de Córdoba ante, que la ayan después ellos e sus herederos, maguer moren en Córdoba, háyanla hi.

Si alguno de los de allende del puerto oviere juicio con algunos de Córdoba, que vengan a medianía de Toledo arriba al ferral, e a Gahent, e de Toledo ayuso, e allí se judguen con el de Córdoba.

Porque los comendamientos de los padres santos sean complidos, a los cuales queremos e debemos obedecer, mando que ningún judío, nin ninguno de nuevamente cristiano, non aya mandamiento sobre ningún cristiano de Córdoba, nin de su término, si non fuere mi Almojarife.

Daquí adelante si algún ome cayere en algún omecillo, o en algún libor sin su voluntad, e probado fuere por testigos derechos, si fiador diere, non sea metido en la cárcel; e si non oviere fiador, non sea levado fuera de Córdoba, mas sea metido en la cárcel de Córdoba, e mas dé la quinta parte de la calonna.

Si alguno fuere acusado por sospecha de muerte de cristiano, o de moro, o de judío, e non fallaren sobre él testigos derechos nin fieles, sea judgado de los alcaldes según el libro judgo y mandare.

Si alguno fuere probado de algún farto, toda la calonna peche según el libro judgo.

Si algún ome por embargo de su pecado armare de facer traición en la cibdat, o en la villa, o en el castillo, e fuere descubierto por fieles testigos, él solo sufra el mal, e la pena, e si fuere, e no fuere fallado, toda su buena recíbala el rey: e su mujer con sus fijos finquen en la su parte en la cibdat, o fuera, o quisieren, sin embargo ninguno.

Mando, e establezco, que ningún posadero non sea osado de posar en alguna casa de Córdoba, ni fuera en las aldeas, sin placer de su sennor.

Mando, e otorgo, que ninguna viuda nin virgen non sea dada a marido sin su grado, por poderío de ningún ome.

Otrosí mando que ninguno non sea osado de forzar ninguna de las mujeres mala ni buena, cualquier que sea, nin en la cibdat, nin fuera de la cibdat, nin en carrera; e si alguno forzare, o robare alguna mujer, sea muerto por ello en aquel lugar.

Mando e confirmo a la honor de Jesucristo, y de los cristianos, que si algún moro, o algún judío con cristiano juicio oviere, vaya ante el alcalde de los cristianos a juicio.

Mando aun, e otorgo, que non sea osado ninguno de levar armas ni a caballo de Córdoba a tierra de moros.

Pláceme, e establezco, que Córdoba nunca sea préstamo de alguno, e ninguno non aya en ella sennorío, si non yo e los mios subcesores.

Establezco, e otorgo, que yo siempre en tiempo de cuita seyendo sano, e con salud, que yo que vos acorra a defender, e vos libre de todos aquellos que vos quisieren debajar, si quier moros, si quier cristianos.

Aun mando, e otorgo que facimiento del muro sea fecho siempre de las rentas del rey.

Sobre todo esto mando, e establezco, que persona ninguna non haya heredad en Córdoba, si non el que fuere hi morador, en la villa con su mujer, e con sus fijos.

Aun mando y otorgo a todos los caballeros de Córdoba, e de todo su término, a los que son agora, e son para venir, que todas las heredades que han en Córdoba, o en alguna posada de su término, o habrán de aquí adelante, que non den diezmo ninguno nin facendera ninguna al rey, nin a otro.

E quien quier que las sus heredades dellos arrendare, de los frutos non den diezmo ninguno.

Mas los abandichos caballeros sean libres, e quitos, con todas sus heredades sin fasendera ninguna, e sin ningún agraviamiento Real por siempre jamás.

Dó, e otorgo sobre todo esto franqueza e soltura a todo el concejo de Córdoba, a los que agora son, e a los que son por venir, que quien quier que en Córdoba morare, y en la cibdat ficiere caballería según el fuero de Córdoba, de sus heredades, las cuales han en toda la tierra del mio sennorío, non pechen por ellas, nin fagan facendera.

Mas por la vecindad, e por la fosandera, e por la caballería de Córdoba, sean excusados que todas las villas que son en el término de Córdoba, e las aldeas, si quier sean mias, si quier de las otras villas e lugares de todo mi sennorío de la mi tierra.

Mando sobresto, e otorgo al concejo de Córdoba, que todas las villas que son en el término de Córdoba, e de las aldeas, si quier sean mias, si quier de mi bodega, o del obispo de Córdoba, o de la eglesia de santa María, o de la orden de Calatrava, o del hospital de Burgos, e de la orden de Uclés, o de alguna caballería cualquier, o de algún ome cualquier, fagan facendera con la cibdat de Córdoba, así como facen cibdadanos de Córdoba.

Maguera de las villas del obispado de Córdoba, y de las aldeas de la iglesia de santa María de Córdoba, mandamos así que la pechen la facendera, la cual dejimos de suso que deben facer con el concejo de Córdoba fáganlo.

Mas cójalo ome del obispo, e delas a los alcaldes de Córdoba, ca non queremos que los alcaldes nin los cibdadanos de Córdoba hayan ningún poderío nin premio sobre los otros omes del obispo, e de la eglesia de santa María de Córdoba.

Mas sean libres de toda pecha, e de fonsadera otra del rey.

E si yo, o mi fijo, o otro de mi linaje quisiere algún pecho, o alguna fonsadera aver de los omes del obispo, o de la eglesia de santa María, non sean tenidos de facer otra pecha, o otra facendera con los cibdadanos de Córdoba.

E establezco, e confirmo que ningún ome de Córdoba varón, e mujer, non pueda vender, nin dar su heredad a alguna orden, fueras a santa María de Córdoba, que es catedral de la cibdat; mas de su mueble de cuanto quisiere según el fuero de la villa, e la orden que la rescibiere comprada, o donada, piérdala, e el vendedor pierda los dineros, e háyanla los sus parientes los más cercanos.

E el caballero que fuere de otra parte que ha heredad en Córdoba, o habrá, faga vecindad con sus vecinos, e quien de otra guisa lo ficiere piérdala, e el rey dela a quien quisiere, e que faga por ella vecindad.

Mando, e otorgo, que los peones de Córdoba, e de su término, nunca den diezmo al rey.

Mando, e otorgo que ningún vecino de Córdoba, o morador, o de su término, de venación de monte, nin de pescación de río non dé portadgo.

Otorgo, e establezco, que todo ome que justiciado fuere, sus herederos ayan su buena, fueras si por aventura, o matare ome sobre salvo, o sobre tregua, o fuere justiciado por moneda falsa que faga, o quien matare ome seguro, o si fuere falsario o hereje.

Otrosí otorgo que el vecino de Córdoba, o de su término, que fuere justiciado por alguna de estas cosas sobredichas, el rey haya toda su buena.

Mando, e otorgo, que el concejo de Córdoba que hayan su sello conoscido, e comunal para todos.

Mando aun, e otorgo, que non haya seña que guarden si non la del rey, dó él fuere, e para sus cabalgadas, e para sus apellidos, e para sus ayuntamientos, que hayan cual sennal quisieren, e pónganla en mano del juez, e haya doce caballerías, e el juez sea a tal que tenga siempre armas de fuste, e de fierro, e lóriga de caballo, e el sello de la cibdat, e las llaves de la cibdat tenga siempre el juez.

Mando, e otorgo, que todo caballero de Córdoba pueda rescebir soldada de sennor, salvo el servicio, e el derecho del rey.

Si castillo alguno ganare cualquier morando en Córdoba, delo al rey.

Mando, e otorgo, que non ayan lid omes de Córdoba, fueras sobre cosa de moros.

Otorgo, e establezco, que el uno non sea atormentado por el otro, ni el padre por el fijo, ni el fijo por el padre, ni el marido por la mujer, ni la mujer por el marido, mas cada uno según ficiere el mal, que él lo padezca en las sus cosas propias, e en la persona.

Mando aun que los armeros que facen las visiones de los escudos, e de las sillas, e los longeros, e los alfayates, e los pelligeros, que non vayan a las tiendas del rey por premias: e todos los otros menestrales vayan a las tiendas del rey, e los que primero allegaren, e aquellos llegados vayan a las tiendas de los caballeros, las cuales el rey dio en tenencia.

Otorgo, e mando, que quien quier que matare ome, salga por enemigo de la villa, e non sea ante los ojos de sus parientes, e el juramento que quisiere facer sis quisiere salvar, fágalo según el fuero de Córdoba, e cuando quisier tornar, recíbalo por este mismo fuero.

Otorgo sobre todo esto, e mando que quien quier que quebrantase casa de vecino de Córdoba, muera por ello sil pudieren prender, e si nol pudieren prender, pierda todos sus bienes, e salga por enemigo de la villa, e de su término. E si quebrantando la casa ome matare por él muera. E si aquel quebrantador de la casa en quebrantando la casa lo matare, aquel que lo matare non sea enemigo, nin peche omecillo por ello. E si el quebrantador de la casa fuxiere, o se ascondiere en alguna casa, el sennor de la casa, o fuere sospechado que yace, sea tenido de dar la casa al juez e a los alcaldes a escodrinnar, e el que non la quisiere dar a escodrinnar, sea tenido de sofrir aquella pena, la cual debe sofrir el quebrantador de la casa si fallado fuese.

Aun establezco, e otorgo, que si alguno matare ome seguro, a tal seguro con él non ovo ante laydas palabras, nin varaja, nin contienda pierda sus bienes, e recíbales el rey.

Otrosí mando, e otorgo, que el arzobispo, e los obispos, e las órdenes, e los ricos-omes, e caballeros, e clérigos, e todos aquellos que alguna cosa ovieren en Córdoba, que den ome menpostero por el cual fagan derecho.

Aun establezco, e mando, quel libro judgo, el cual yo daré a los de Córdoba, sea trasladado al romance, e sea llamado fuero de Córdoba, con todas las cosas sobredichas, e aqueste sea por todos siglos fuero de Córdoba.

E aun mando, e otorgo, que todo poblador o morador en los heredamientos que yo diere en los términos de Córdoba a los arzobispos, e a los obispos e a las otras órdenes, e a los ricos-omes, e caballeros, e a los clérigos, que vengan al juicio, e al fuero de Córdoba.

Mando que ninguno non sea osado de llamar a este fuero otra guisa si non fuero de Córdoba.

Aun mando, e otorgo, que el cafiz de la sal non vala más de un maravedí en las salinas.

Mando, e establezco, que los alcaldes non prendan por pena más de un maravedí de aquellos que non vinieren ante ellos a la sennal, e partan el alcalde e el querelloso aquel maravedí por medio.

Aun mando que el querelloso de fuera de la villa, que haya de derecho fasta tercer día, e non le alverguen a él más el derecho los alcaldes, e si mobles ovieren de vender por debda que deban a ome de fuera de la villa, el mueble sea vendido fasta tercer día; e si raíces oviere de vender, véndanlas fasta nueve días.

E ningún ome que matare a otro ome, por el cual debe pechar omecillo, sea la pena del omecillo doscientos e sesenta maravedís, e destos maravedís haya el rey los sesenta, e de los doscientos que remanescieren haya el querelloso los ochenta, e de los otros ciento e veinte prenda el rey la tercia parte, e los otros que remanescieren pártanlos el juez, e los alcaldes, e el escribano, e si non puede haber aquellos maravedís aquel que deba el omecillo pechar, sea preso en poder del conceio, e del juez, e de los alcaldes, e de toda aquella pena que el debdor debíe haber e el fuero manda, e sea a él fasta que dé los maravedís sobredichos.

E de aqueste mio sennorío, e de la confirmación la presente carta que sea establescida por todos tiempos. E si alguno quebrantare esta carta, o la quisiere menguar, la ira aya del Padre poderoso cumplidamente, e peche al rey dos mil maravedís, e con Judas traidor que vendió a Dios sufra las penas en el infierno.

Esta carta fue dada en Toledo en ocho días de abril andados, en era mil doscientos sesenta e nueve annos. E yo el nombrado rey don Fernando reinante en Castilla, e en Toledo, e en León, e en Galicia, e en Córdoba, e en Badajoz, e en Baeza, aquesta carta que yo mandé facer, la robré, e la firmé con mi mano propia.

Don Rodrigo, arzobispo de la silla de Toledo, primado de las Españas, só testigo.

NOTA. 

Esta fecha está errada, porque otra copia más puntual la señala en 3 de marzo, era 1279, que es año 1241; y no puede ser era 1279, pues corresponde al año 1231, y Córdoba se ganó de los moros el año 1236.

Después del fuero hay en el de san Martín lo siguiente:

Este es traslado del previlegio de Córdoba, e es fecho en latín, que es llamado fuero de Córdoba, que fue sacado en ........

Parece que empezaron a copiar el Fuero Juzgo latino traducido, como aquí se manda, y que no lo siguieron. =Después de un blanco dice:

En el otro privilegio de Córdoba fecho en romance se contiene con este, salvo en tres leyes que hay en él demás de estas, que son sacadas en este libro, las cuales son las que siguen.

Ley 64. Yo rey don Fernando dó a todos los caballeros de Córdoba todas las franquezas e previlejos que han los caballeros de Toledo, salvo los derechos del Almojarifazgo del rey, e el mesón del trigo, e en guardar mi seña, e de ir conmigo en hueste, e como siempre fecieron los de Toledo a los reyes que fueron ante de mí, e a mí, que así lo fagan ellos e en facer sus caballeros, e en apremiarlos como tengan caballos que lo fagan a fuero de Toledo.

Ley 65. La segunda ley dice así: Al que caballo mataren en algara, o en barrera, o en apellido, o se le muriere por alguna ocasión, sil dieren derecho, cúmplalo como el fuero de Córdoba mandare.

Ley 66. Otorgo e mando a los caballeros de Córdoba, que hayan omecillo e caloña de su paniaguado si con él morare, e de su quintero si labrare heredad del caballero, e de su alogado sil matare. Otrosí de su solariego dé pecho.

De como fue dada abtoridad a estas leyes.

Sábado en la mañana veinte e seis días de marzo, anno del nascimiento del nuestro salvador Jesucristo de mil trescientos e noventa annos, dieron abtoridad Lope Gutiérrez, e Pero Venegas, alcaldes mayores por nuestro sennor el rey, en la muy noble cibdad de Córdoba a la ley que está en este previlegio, que ninguno non sea osado de forzar mujer ninguna mala nin buena. E otrosí a la otra ley que dice que cualquier que quebranta casa de vecino de Córdoba, que muera por ello. =Sit nomen Dni benedictum." 


En tiempos de Fernando III comenzaron a construirse nuevas iglesias, hasta alcanzar el número de catorce parroquias, que pueden adscribiese, genéricamente. al llamado estilo fernandino o de la Reconquista: transición del románico monacal, al gótico castellanizado, caracterizado por una sólida fábrica, artesonados mudéjares y arcos de nervadura en ojiva.
Con el rey llegó un grupo de castellanos, procedentes de León, Toledo, Talavera, Burgos y navarros, que se repartieron las propiedades los latifundios y minifundios procedentes de la época romana; y se intensificó la creación de los señoríos oligárquicos.

Pese a los nuevos asentamientos, no cambió el signo de la ciudad: siguió siendo el epicentro de contiendas civiles. Lo había sido en la época romana, más tarde con los visigodos y continuó siéndolo con los cristianos.

Sólo con los Reyes Católicos se apaciguaron las disputas. En 1478, Fernando e Isabel llegaron a Córdoba para terminar con las pugnas feudales. En 1482, durante una larga estancia, nació su hija doña María, luego reina portuguesa, y además establecieron en la localidad el tribunal de la Inquisición, que produjo en Córdoba numerosas víctimas.

En 1486, de nuevo en la ciudad, recibieron a Cristóbal Colón que les presentó su proyecto ultramarino que fue considerado irrealizable. El futuro almirante tuvo amores con la cordobesa Beatriz Henríquez de Arana, de los que nació Hernando Colón. Cordobés eminente de esta época es, también, Gonzalo Fernández de Córdoba, natural de la cercana Montilla, conocido universalmente como el Gran Capitán al ser elevado a la gloria militar por sus campañas italianas.

FUENTE:cordobapedia.wikanda.es
El Alcázar de los RRCC

El Alcázar de los Reyes Cristianos, es un edificio de carácter militar ordenado construir por el rey Alfonso XI de Castilla en el año 1328, sobre construcciones anteriores (el Alcázar andalusí, antes residencia del Gobernador Romano y la Aduana, ubicada en uno de los márgenes del río Guadalquivir), La ciudad superpuesta sigue estando presente. La criostianización sigue en los mismos centros de poder.

. El conjunto arquitectónico tiene un carácter sobrio en su exterior y espléndido en su interior, con los magníficos jardines y patios que mantienen una inspiración mudéjar. El Alcázar está declarado Bien de interés cultural desde el año 1931



Córdoba sigue amurallada. Sigue siendo un ciudad militar y fortificada.


Destacar la Muralla de la Huerta del Alcázar. La muralla se construye siendo alcalde mayor de Córdoba Don Lope Gutiérrez a finales del siglo XIV y comienzos del XV, como ampliación del recinto defensivo de la ciudad por el lado sur.
 Su vértice suroeste quedó afectado por las obras de 1953 al elevar la rasante de la Avenida del Alcázar para alcanzar la cota del nuevo puente de San Rafael. Pero se conserva un lienzo de tapial de unos 410 m de longitud, con seis torres entre las que destaca la situada en las proximidades del puente, de planta octogonal. Las otras torres tienen base rectangular con un lado semicircular. Las torres mayores son de sillería. Los lienzos son de tapial, como las torres semicilíndricas, con su base posiblemente sobre la muralla califal. Desde los años 60 del siglo XX hay habilitado un paseo bajo de tierra que forma parte de las defensas fluviales y que permite visitar la muralla, las torres y el Puente de la Puerta de los Sacos

La Puerta Barroca te recibe, usada entre los siglos XII y XX, para contemplar las cuatro torres (Paloma, Leones, Homenaje e Inquisición),
La torre de los Leones que r
ecibe su nombre de unas gárgolas con forma de león que se encuentran en su parte superior. de planta cuadrada, se encuentra en la esquina noroeste. Es la torre más antigua, datando del siglo XIII.​ En su interior encontramos dos plantas; en la planta baja se halla la recepción y en la alta está la capilla de San Eustaquio, que sirvió de capilla a los reyes católicos.​La torre del Homenaje, también fue conocida como torre del Reloj debido a un reloj que hubo en la misma. de planta octogonal, se encuentra en la esquina noreste.​
La torre de la Inquisición, también fue conocida como torre de los Jardines.de planta circular, se encuentra en la esquina suroeste. Recibe su nombre del hecho de que durante siglos almacenace el archivo del Tribunal de la Santa Inquisición.​ ​
La torre de la Paloma,
También fue conocida como torre de la Vela, de planta cuadrada, se encuentra en la esquina sureste. La torre original fue demolida a mediados del siglo XIX, siendo la actual una reconstrucción que data de la segunda mitad del siglo XX.​

Desde su torre se contempla el edificio de una forma casi cuadrada.​ Y en el Patio de las Mujeres podemos conocer la amalgama de restos arqueológicos que lo convierten en un espacio único. Seguro  apetece un paseos de ronda sobre los lienzos de muralla que unen las torres,  Un viaje en el tiempo por el pasado arqueológico que pasa por el posible cercano puerto cordobes, defensa, palacio, tribunal de la santa inquisión, prixión y cualtel. Atalaya sobre el rio, atalaya sobre la ciudad.





Y donde hay Alázar cristiano,  hay catedral.  Fue mezquita, antes iglesia, ahora catedral, y finalmente catedral.al-hama. Metáfora de la ciudad superpuesta que es Córdoba. Y muestra del paisaje patrimonial de Córdoba, que ven ella uno de los principales explicaciones.

Se afirma que para llevar a cabo tal decisión se tuvo que contar con la venia del emperador Carlos V, el cual, no obstante, cuando conoció la obra terminada, se dice que declaró las siguientes palabras: “Si hubiera sabido lo que había, no me habría atrevido nunca a tocar el viejo edificio. ¡Habéis destruido algo único en el mundo para colocar en su lugar algo que hay en todas parte!.”

Sus  formas: una nave central exaltada por una bóveda de crucería, que deja como rastro simbólico la forma de la cruz en su planta. En definitiva, exaltación del poder monárquico en Cordova-

Crucero de la Catedral de Córdoba

Retablo Mayor perteneciente a la Catedral de Córdoba, realizado por Antonio Palomino en el siglo XVIII. La pintura decorativa de Palomino se halla a caballo entre el viejo estilo de la escuela madrileña, de solemnes encuadramientos arquitectónicos, y el nuevo estilo de decoración que impone la llegada de Luca Giordano, un estilo más ligero, aéreo, cercano a las primeras manifestaciones del Rococó.

PARA SABER MÁS, VER:

  La imagen que nos  queda de la Cordova medieval aún es visible en el trazado viario. La muralla ha protegico su configuración. Una ciudad más rural que industrial. Las tareas agrícolas alimentan a la ciudad, Los oficios urbanos están especializados a la satisfacción de las necesidades urbanas. La herencia islámica se percibe aunque adaptada a las nuevas necesidadesculturales.Muchas casas abrían todos los días, en horario casi ininterrumpido, cerrando solamente los domingos y aquellos días en los repartían por toda la ciudad, agrupados en áreas comerciales e industriales de diversas categorías en distribuyéndose dentro del recinto amurallado por los dos sectores urbanos –Villa y Ajerquía- que constituían la urbe cordobesa.El mercado semanal del jueves, y las ferias anuales son los momentos extraordinarios. Fuera de dicho recinto existía también ciertas actividades artesanales o industriales (alfarería, tejares, ollerías, etc.), sin olvidarnos de las relacionadas con los molinos de aceite o con el propio río Guadalquivir a su paso por Córdoba (aceñas o molinos hidraúlicos).

PARA SABER MÁS, VER:

CORDOBA CRISTIANA. EN CÓRDOBA HAY 7 PUERTAS

-- ITINERARIO POR CORDOVA . EL PODER POLÍTCO CRISTIANO DE CÓRDOVA 


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