941 CÓRDOVA MODERNA. OH EXCELSO MURO, OH TORRES CORONADAS... Y TU RIO, TU LLANO Y SIERRA

CORDOVA MODERNA


Oh excelso muro, oh torres coronadas/de honor, de majestad, de gallardía!/¡Oh gran río, gran rey de Andalucía,/de arenas nobles, ya que no doradas!/¡Oh fértil llano, oh sierras levantadas,/que privilegia el cielo y dora el día!/¡Oh siempre glorïosa patria mía,/tanto por plumas cuanto por espadas!/¡Si entre aquellas ruïnas y despojos/que enriquece Genil y Dauro baña/tu memoria no fue alimento mío,/nunca merezcan mis ausentes ojos/ver tu muro, tus torres y tu río,/tu llano y sierra, oh patria, oh flor de España!/.
 Gongora: Soneto a Cordoba.

Su padre fuede ascendencia cordobesa. Parece que estuvo por Córdoba cuando andaba por las diversas partes del mundo buscando sus aventura. En la plaza del Potro de Córdoba se le recuerda
¡


El Inca Garcilaso de la vega en  1612 compró la Capilla de las Ánimas en la Catedral de Córdoba. Allí  su hijo sería sacristán,  y  allí quiere ser enterrado, Fallece entre el 22 y el 24 de abril de 1616 como fechas probables. En aquella capilla sus albaceas grabaron esta lápida:
El Inca Garcilaso de la Vega, varón insigne, digno de perpetua memoria. Ilustre en sangre. Perito en letras. Valiente en armas. Hijo de Garcilaso de la Vega. De las Casas de los duques de Feria e Infantado y de Elisabeth Palla, hermana de Huayna Capac, último emperador de las Indias. Comentó La Florida. Tradujo a León Hebreo y compuso los Comentarios reales. Vivió en Córdoba con mucha religión. Murió ejemplar: dotó esta capilla. Enterróse en ella. Vinculó sus bienes al sufragio de las ánimas del purgatorio. Son patronos perpetuos los señores Deán y Cabildo de esta santa iglesia. Falleció a 23 de abril de 1616.
El Inca Garcilaso nació en Cuzco en 1539, hijo de una princesa inca, Isabel Chimpu Ocllo, y del capitán Sebastián Garcilaso de la Vega que, siguiendo la ley española, nunca se casó con la madre de Gómez Suárez de Figueroa, nombre de bautismo del Inca Garcilaso. Aunque era hijo ilegítimo vivía en su casa y le dio una importante cantidad de dinero para que fuera a formarse a España. Partió de su país con 20 años. Nunca volvió, Cuando llegó a España fue a la corte para reivindicar los servicios prestados por su padre en América. Nunca se le otorgaron, alegaban que le había prestado un caballo al rebelde Gonzalo Pizarro en una batalla. Vivió entre Montilla, un pueblo de Córdoba, y en esta ciudad, donde perteneció a los círculos intelectuales y tuvo relación con el poeta y dramaturgo Luis de Góngora,
Obras importantes del Inca Garcilaso son La Florida del Inca (Lisboa, 1605), que es un relato de la conquista española de Florida; y la Segunda parte de los Comentarios Reales, más conocida como Historia General del Perú(Córdoba, 1617), publicada póstumamente, donde el autor trata sobre la conquista del Perú y el inicio del Virreinato.  En Montilla también coincidió con Miguel de Cervantes, que recaudaba fondos para la corona.

…y llegado el determinado punto, entraron en la ciudad, donde les sucedió cosas que a cosas 
llegan”.


Cervantes en Don Quijote

Muy poco se ha escrito de la Córdoba de la Edad Moderna, esa Córdoba que aportó para la Cultura a Hernán Ruiz o a Góngora. ¿Cómo era esa ciudad que, durante 300 años se ciñó a los muros de épocas medievales? ¿cómo evolucionó? ¿de qué vivían sus ciudadanos? ¿cuáles fueron las intervenciones urbanísticas más importantes? ¿que papel ocupó dentro de España? ¿cómo se desarrollaba la vida de sus ciudadanos?


 La Córdoba de los Reyes Católicos

Vista de Córdoba desde el sur, por Anton Van der Wyngaerde (llamado en España «Antonio de las Viñas») en 1567, encargado por Felipe II de recoger vistas de sus ciudades.



Vista de Córdoba desde el sur, por Anton Van der Wyngaerde (llamado en España «Antonio de las Viñas») en 1567, encargado por Felipe II de recoger vistas de sus ciudades. En primer plano se halla la orilla sur del Guadalquivir en la cual es claramente apreciable la Torre de la Calahorra. Partiendo de la torre y cruzando el río se halla el Puente Romano y, más al norte, puede observarse la Mezquita-Catedral.


 Map of the XVIIth Century 17th Century

La ciudad de Córdoba, cuya población –una vez había iniciado una tímida recuperación en la primera mitad de la centuria siguiente, se verá sometida durante la percepción de este aumento de población hasta su segunda mitad . Aunque no existe una documentación dicho aumento, podemos señalar –basándonos en otros próxima a los 25.000 habitantes.

 
Será en la época de los Reyes Católicos cuando Córdoba tenga un papel más destacado en la guerra granadina, como consecuencia de dicha situación estratégica. 

A lo largo de esos años nuestra ciudad, que se convirtió prácticamente en un campamento militar, será en varias ocasiones el lugar de estancia de los monarcas, que generalmente residían en el Alcázar de los Reyes Cristianos. 

  Uno de los factores que de alguna manera explica – aunque sea ocasionalmente- este aumento de la población es su situación fronteriza, que la había convertido desde épocas anteriores en una auténtica plataforma para las incursiones militares que contra el reino nazarí de Granada se realizaban a través del territorio cordobés.

Desde allí organizaban sus expediciones militares a territorio granadino, sirviendo algunos lugares de la campiña cordobesa como punto de reunión desdedonde partían Reyes Católicos heredaban un espacio urbano  de las centurias bajomedievales, que se encontraba dividido en dos sectores urbanos –Villa y Ajerquía- separados por el lienzo oriental de la muralla que rodeaba a la antigua Madina musulmana. Dicho espacio estaba dividido – desde el punto de vista concejil o municipal- en quince circunscripciones, conocidas desde época bajomedieval con el nombre de collaciones, que con el transcurrir de los años comenzarán a denominarse barrios en época moderna. Siete pertenecían a la Villa: Santa María, San Juan, Omnium Sanctorum, San Nicolás, San Miguel,San Salvador y Santo Domingo; otras siete a la Ajerquía: San Nicolás, San Andrés, San Pedro, Santa Marina, San Lorenzo, Santa María Magdalena y Santiago; y la de San Judería y el Alcázar Viejo. Sus límites coincidían en todas ellas con los de sus respectivas parroquias, exceptuando la de San Bartolomé, que desde su nacimiento no fue parroquia al estar vinculada a la de Santa María.


Los viajeros que llegaban en los años del reinado de los Reyes Católicos a la ciudad de Córdoba se encontraban con una gran área económica, resultado de la unión de la antigua área comercial de la Madina, heredada de época musulmana, y de la nueva creada por los cristianos en la Ajerquía, así como con pequeñas zonas comerciales e industriales repartidas por toda la ciudad, sobre todo en el sector urbano de la Ajerquía de la Villa fue el más desarrollado durante la mayor parte de los siglos bajomedievales..

RR.CC. y Colón, ya que en el Alcázar se reunieron varias veces para discutir sobre el viaje

 Pero, ¿Qué hacía Cristóbal Colón en Córdoba?

La huella de Cristóbal Colón en Córdoba se inició en 1485, en busca de Isabel y Fernando, los Reyes Católicos, y siguió un 20 de enero de 1486 (528 años hace ya) con la primera entrevista que éstos le concedieron en el Alcázar.
El rastro de Colón por la ciudad culminó, físicamente, en 1493 con parada en el ya glorioso camino de Barcelona para rendir cuentas a los Monarcas del éxito de su primer viaje.
Al convertirse Córdoba en residencia habitual de la corte año tras año, de la primavera al otoño, era también cita obligada para Colón
, el navegante genovés vivía de la venta de libros y cartas de marear. 
Tras obtener un «no» como respuesta por parte de Juan II de Portugal a su plan de llegar a las Indias por Occidente, recaló en Córdoba, que era desde 1483 sede habitual de la corte castellana, confiado en que los reyes le recibirían (desde aquí Isabel y Fernando estaban dirigiendo las operaciones de conquista de Granada).

Entonces, su vida se cruzo con la de Beatriz Enríquez de Arana, una joven campesina de apenas 20 años que vivía en Santa María de Trassierra.
Era hija de unos pequeños agricultores cordobeses, residentes en Santa María de Trassierra, Pedro de Torquemada y Ana de Arana.
Huérfana muy joven, pasó a vivir con sus parientes en la ciudad y a trabajar como tejedora. 
Con 20 años conoció en la Catedral a Colón, viudo y mucho mayor que ella.
Con Beatriz Enríquez de Arana vivió una intensa historia de amor de la que nació en 1488 Fernando. Beatriz cuidó de él y de Diego, el otro hijo del descubridor, hasta el regreso de Cristóbal Colón de su primer viaje a América.

¿Hernando Colón, primer geógrafo de Córdoba?
 El cordobés Hernando Colón, hijo bastardo del primer Almirante de la Mar Océana, fue paje real, escritor, cosmógrafo, jurista, embajador...Pero la faceta en la que destacó fue la de bibliófilo. Llegó a reunir 15.000 volúmenes. Los que quedan, una tercera parte de los mismos, se conservan en la biblioteca colombina de Sevilla.
Cuando nació el niño, su padre se lo llevó con cinco años; el vástago se crió como paje del príncipe Juan, en Barcelona. ¿Y cómo un hijo bastardo pudo criarse en estos círculos cortesanos? Fue el «pago» de los Reyes Católicos por los servicios de su padre a la Corona con el descubrimiento de América.ernando Colón tuvo que asumir, tras la muerte de su progenitor, el papel de defensor de los intereses de su familia. Así, interpuso sucesivos pleitos contra la Corona en demanda del reconocimiento de los derechos, títulos y honores de su padre.
En 1517 inició, con financiación real, la elaboración de un estudio de conjunto sobre la geografía de la Península Ibérica que no llegó a terminar, al igual que un mapamundi que quedó a medias. El prestigio que se ganó como cosmógrafo le supuso un encargo de Carlos V: formar parte de la Junta de Badajoz para determinar el ámbito de expansión que correspondía a España y a Portugal sobre las islas Molucas.
 María Dolores López-Mezquita:Hernando Colón. El hijo cordobés del almirante» (Edisur, 2002)

Es la Cordova de el Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba, el hombre que señaló a la infantería castellana el camino para convertirse en los legendarios tercios españoles. El Gran Capitán se ha convertido en una figura mítica, de manera que no sólo nos queda el recuerdo de su biografía, de sus hechos de armas, de su contribución histórica a la política y la sociedad del momento,

Nacido en Montilla, 1 de septiembre de 1453 se le presenta como un hombre mesurado, generoso y extremadamente inteligente, que se niega a aceptar su papel de segundón de una familia de la nobleza andaluza. Cortesano de Alfonso «El Inocente» y más tarde de su hermana Isabel «La Católica», Gonzalo Fernández de Córdoba consiguió ganarse la estima de los monarcas de Castilla y, durante la prolongada conquista de Granada, se destacó en importantes episodios militares.

El Rey Fernando «El Católico» designó años después a Fernández de Córdoba para encabezar un cuerpo expedicionario, el primero que salía de España en mucho tiempo, y con el que expulsó a los franceses del Reino de Nápoles. marcaba al Gran Capitán las instrucciones sobre la política que tenía que ejercer en Napolés, desde medidas puramente administrativas hasta cómo administrar justicia, y daba detalles muy concretos de lo que debía hacer.y allí surge la leyenda . Un genio de la guerra al que Fernando «El Católico» terminó aislando al hacer caso de los rumores maliciosos que acusaban al cordobés de corrupto.

En lo militar, fue un innovador, un estratega que destacaba por adaptar su ejército y su forma de actuar a los elementos, al lugar en que debía librar batalla y a los enemigos. Observable en su participación en la Guerra de Granada y la toma de la ciudad, en el conflicto de Las Alpujarras (las revueltas mudéjares de finales del siglo XV y principios del XVI) y, sobre todo, su contribución a la guerra de Nápoles, donde crece la figura mítica del héroe



Sus cualidades como político se señalancuando fue virrey de Nápoles. Se atrevió a desobedecer una orden de los Reyes: la de expulsar a los judíos también de Nápoles, que entonces pertenecía a la Corona de Aragón, porque pensaba que podía ser perjudicial. Dictó entre sus hombres una normativa muy avanzada: impidió que violasen a las mujeres que vivían en las ciudades que tomasen. «porque estableció castigos para quien incurriese este tipo de abusos».

 
El Gran Capitán observa el cadáver del Duque de Nemours tras la batalla de Ceriñola- Museo del Prado

La falta de fuentes documentales del periodo hace que la mayor parte de lo que se conoce sobre Gonzalo Fernández de Córdoba proceda del clásico mito del vasallo maltratado, incluida la historia de las famosas cuentas del Gran Capitán. Así, las victorias del Gran Capitán en Ceriñola y Garellano, lejos de despertar una gratitud incondicional por parte de Fernando El Católico, vinieron acompañado de una revisión de las cuentas de sus gastos bélicos. A medio camino entre la realidad y la leyenda, la muerte de Isabel La Católicaen 1504, que siempre había salido al paso de las acusaciones de corrupción lanzadas contra el cordobés, dejó las manos libres a su desconfiado marido para enviar unos contadores de la corona a investigar al virrey de Nápoles (José María Sánchez de Toca yFernando Martínez Laínez) «El Gran Capitán» , EDAF) Los interventores de la Hacienda real consideraron excesivo el dinero gastado en la Guerra de Nápoles de 1501 a 1503. A la vuelta de Nápoles, ya en la Corte, el cordobés buscó sin éxito ser nombrado Maestre de la Orden de Santiago y volver a ponerse al frente de los ejércitos del Rey. En vista de que el Monarca no tenía intención de entregarle el maestrazgo de la principal orden militar de España como le había prometido, el cordobés acudió a Juana La Loca, auténtica soberana de Castilla, que, a pesar de su incipiente locura, le nombró alcalde de la ciudad de Loja. Se trataba de un cargo menor, pero venía acompañado del derecho sobre las rentas del comercio de seda en Granada. Antes de tomar posesión del cargo, el Gran Capitán debió lidiar con el amago de rebelión que el Marqués de Priego, hijo del hermano mayor de Gonzalo Fernández de Córdoba, comenzó contra la autoridad del Rey. La situación fue especialmente delicada al tratarse de un familiar sospechoso de guardar rencor al Monarca. El marqués, alcalde mayor de Córdoba, detuvo al enviado del Rey encargado de investigar precisamente si estaba hablando mal en público de Fernando. Además, asaltó la cárcel de la Inquisición, cuya actuación desproporcionada en la ciudad fue la causa de fondo en la revuelta. Fernando El Católico envió un ejército de 3.000 soldados y mil lanzas restableció la autoridad y, a modo de escarmiento, dejó en ruinas el Castillo de Montilla, donde el Gran Capitán había pasado su infancia. El Rey entorpeció el matrimonio pactado entre la hija mayor del Gran Capitán, Elvira, y el condestable de Castilla. Gonzalo Fernández de Córdoba prefirió mantenerse al margen en todo momento. Incluso medió para que su sobrino no complicara todavía más las cosas. Finalmente, el arrepentimiento del Marqués de Priego, así como la influencia de su tío, logró salvarle la vida, pero no le evitó recibir una multa millonaria y ser condenado al destierro de Córdoba. Mientras tanto, el 15 de julio de 1508, el Gran Capitán tomó posesión del cargo de gobernador de Loja, donde permaneció a la espera de que el Rey quisiera volver a contar con sus servicios. Más allá de la leyenda, sí es cierto que Fernando El Católicó se encargó de recordarle con desplantes que, si en Italia era un héroe militar, en España solo era uno más de los nobles que revoloteaban en torno a la Corte en busca de mercedes y recompensas, El matrimonio al final no pudo celebrarse, y Gonzalo falleció sin ver a su hija casada con el Conde de Cabra, cuyo enlace aseguró la continuidad de la estirpe, En el verano de 1515, la salud del Gran Capitán entró en crisis. Las fiebres cuartanas, que contrajo en la ribera del Garellano poco antes de la batalla de mismo nombre, fueron consumiendo su salud poco a poco. Su estado anímico tampoco ayudaba en su recuperación. Ya no pudo volver a montar a caballo y apenas podía caminar sin ayuda. El El 2 de diciembre de 1515, murió en en su casa de Loja rodeado de su círculo familiar y de sus deudos. (CÉSAR CERVERA, abc.es/historia, 2-12-2015)



Córdoba le reconoció durante la monarquía de Alfonso XIII, en que se inauguró el monumento de Las Tendillas, en la II República, que puso su retrato en el billete de cien pesetas».y con Franco, pero también. Hoy se ha convertido en un referente colectivo de carácter histórico y subsiste en muchas instituciones, calles (la avenida del Gran Capitán), obras de arte...


 

  


LA CÓRDOBA DE LOS AUSTRIAS


 Maria Baldi dibujo entre 1668 y 1669, y Córdoba 



En él se pueden ver la Calahorra, el puente romano (con una perspectiva un tanto extraña) y el lienzo oriental de la muralla en la zona conocida como Campo Madre de Dios. 


A continuación tenemos el arrabal de la Fuensanta, una zona industrial, posiblemente dedicada a la producción y comercio de la seda, aunque esto es sólo una hipótesis. El arroyo de la Fuensanta, en esta zona, era llamado "de las Moreras".


Con los Austrias, a pesar de que construyeron la Puerta del Puente y la plaza de la Corredera y se realizaron las cortes de 1570 con Felipe II, Córdoba vio cada vez más disminuida su importancia y su población.

A partir del siglo XVI comienza una lenta pero inexorable decadencia de la ciudad, que se prolonga durante las centurias siguientes. Córdoba queda poco a poco relegada a un papel secundario dentro de las ciudades de la Monarquía hispana de los Austrias, situación que se mantendrá con los Borbones. El descubrimiento y colonización de América desplaza el centro de atención política y económica hacia Sevilla, primero, y Cádiz, después. Córdoba se desliza por una lenta pendiente en la que pierde importancia y población, alejada de los centros de poder y toma de decisiones. Sólo pequeños acontecimientos sacan ocasionalmente a la ciudad y sus pobladores del letargo en el que están sumidos, como la construcción, bajo los Austrias, de la Puerta del Puente y la plaza de la Corredera, así como la realización de Cortes en 1570, bajo Felipe II.



El siglo XVII comenzará en España en general, y en Córdoba en particular, arrastrando la crisis económica que azotaba el país a finales del XVI debido, entre otros factores, a las malas cosechas producidas por las sequías, así como a las epidemias y a las revueltas sociales. En este último caso, recordamos aquí la Rebelión de las Alpujarras que protagonizaron los moriscos en 1568 en contra de la Pragmática Sanción aprobada por Felipe II y con la que les obligaba a convertirse a la fe católica. Será su hijo y sucesor Felipe III quien decida finalmente la expulsión definitiva de los moriscos en el año 1609, con la consecuente pérdida de mano de obra en el campo y el abandono de algunas 

Córdoba en el siglo XVII empieza a entrar lentamente en decadencia económica y poblacional. Se expulsa a los moriscos, hay grandes epidemias..., es una Córdoba que va perdiendo posiciones tras el esplendor del siglo XVI, aunque sigue siendo una ciudad importante.

La crisis también fue consecuencia de la participación de España en la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), momento en que el Conde-Duque de Olivares, hombre de confianza de Felipe IV, establece que todos los reinos de España, y no sólo el de Castilla como hasta entonces, colabore mandando tropas. La negativa de Cataluña hizo que se iniciara una guerra contra ella en 1640, terminando en 1652 con la recuperación de Barcelona. Este esfuerzo económico hizo que en España empeorara aún más si cabe su situación económica.

Es una época de " cambios sociales en Córdoba: "La alta nobleza prácticamente desaparece del ejercicio del poder. Los grandes linajes, sobre todo las ramas más importantes, se van desplazando hacia el nuevo polo de poder de la monarquía, que es la corte en Madrid, aunque mantengan sus palacios y residencias en Córdoba. No dejan el control, pero hay un hueco en el que se van introduciendo familias de la gran aristocracia cordobesa de un nivel menor, familias de elite urbana. Ya no hablamos de señores de vasallos, medievales . Los judeoconversos (los que habían conseguido sobrevivir a la Inquisición) representan un relevante papel.

 Es la hora de los Cárdenas, Cabrera, Argote, Góngora..., que también dejan un hueco en su desplazamiento, y aquí encontramos la aparición de una serie de familias advenedizas, que a veces ni siquiera en origen son de Córdoba, que empiezan a entrar en el Cabildo, a comprar oficios... ".
En Córdoba, la crisis en la que estaba sumida el resto de la Península tuvo su consecuencia más significativa en 1652. Las malas cosechas, por un lado, y el hecho de que los panaderos guardaran reservas para poder vender más caro, por otro, hicieron que el precio del pan se disparara. A esto, había que sumar la situación en que se encontraba la ciudad tras las epidemias de peste de 1649 y 1650. De este modo, no es de extrañar que el 6 de mayo de 1652, la gente más empobrecida se armara y fuera en busca del Vizconde de la Peña Parda, entonces corregidor de Córdoba, así como del obispo y de los caballeros, entrando en la casa de estos últimos para llevarse la harina y el trigo que encontraran. Es lo que se llamaría el Motín de Pan, o del Hambre. El grano que reunieron fue llevado al Pósito y a la Iglesia de San Lorenzo, adecuada como almacén. Será entonces cuando el pueblo, desesperado, acuda a Don Diego de Córdoba, caballero muy querido en Córdoba al que le pidieron que sustituyera en el cargo de corregidor al Vizconde. La propuesta fue rechazada en un principio, pero finalmente fue convencido por el obispo, entre otros. Tras convencer al pueblo de que desistiera en continuar con la violencia, aceptó el cargo, prometiendo que, de nuevo, habría pan a un precio más bajo.

Sin embargo, esta decadencia no hará que Córdoba pierda parte del esplendor conseguido y continuará creciendo en lo que a edificaciones se refiere. Hay cordobeses en el poder, por ejemplo el marqués del Carpio, que llega a ser valido de Felipe IV, sobrino y heredero del conde-duque de Olivares. Otro importante personaje a nivel nacional es Juan de Góngora, presidente del Consejo de Hacienda. Pero ya es una Córdoba en retirada. En la segunda mitad del siglo empieza a declinar, a anunciar los siglos XVIII y XIX, en los que Córdoba no tiene el perfil tan pujante



La ciudad pasaba por un crítico período del que los Borbones tampoco supieron sacar a la cuidad que iba sumiéndose en una mayor decadencia; lo que no obsta para que se construyesen importantes retablos barrocos y algunos palacios.

Durante el reinado de Felipe V, tuvo lugar el llamado "motín del pan", debido a la escasez de trigo. Por estas fechas la ciudad pasó por un periodo de escasez y crisis, que ahondaba su decadencia.

Sin embargo, también en este momento fueron levantados magníficos palacios y las iglesias se decoraron con impresionantes retablos barrocos, como los realizados por Gómez de Sandoval. El Colegio de la Compañía es también obra de este periodo, así como pertenecen a esta época los llamados Triunfos, monumentos dispersos por varias plazas en los que aparece el arcángel San Rafael, figura de gran devoción popular. Por último, se construyeron la conocida plaza de los Dolores y el Colegio de Santa Victoria, obra ésta de Ventura Rodríguez.

La decadencia en la que se vio sumida Córdoba durante el siglo XVII continuó asentada en la ciudad a lo largo del XVIII, máxime cuando el inicio del siglo estuvo marcado por la Guerra de Sucesión (1701-1713). La llegada de los Borbones al trono español no conllevó una recuperación económica; por el contrario, la escasez aumentaba en la administración y en los hogares cordobeses. Como ejemplo, cabe mencionar que en el último tercio del siglo XVIII, la Junta de Comercio y Moneda de Córdoba hacía una relación los de telares que había en la ciudad, los cuales no llegaban a la centena.

En cuanto a la estructura urbana, el cambio de siglo trajo consigo el comienzo de la destrucción de la muralla que rodeaba Córdoba; en la segunda mitad de este período, se demolerían la torre albarrana que había frente a San Antonio Abad, el lienzo que había entre la Puerta de Andujar y la de Plasencia, el torreón de la Puerta de Gallegos y el lienzo entre la Puerta del Osario y el Convento de Capuchinos. Pero no todo fue destrucción, sino que también se restauraron varias puertas de la ciudad, como la de Gallegos.

A pesar de la ruina económica en la que se encontraba la localidad, varias serán las obras que se hagan en Córdoba, dejando patente las huellas del barroco y del neoclasicismo en numerosos establecimientos religiosos, así como en cantidad de edificios palaciegos. El XVIII será también el siglo en el que comenzarán a erigirse los Triunfos del Arcángel San Rafael como ejemplo de máximo esplendor y devoción religiosa. También será significativo el número de hospitales y colegios que habría funcionando en Córdoba. Ejemplo de los primeros será el Hospital de San Jacinto o el del Cardenal Salazar, mientras que de los segundos lo será el Colegio de Santa Victoria.
úmero de edificios religiosos que se construirán en el siglo XVII, así como algunos notables palacios. 


CÓRDOBA. SIGLO XVI AL XIX




 Ubicado en la collación de Santa María, ocupaba todo el espacio comprendido entre la Catedral cordobesa y la muralla oriental de la Villa, siendo su eje principal la calle mayor que, paralela al río (actuales Corregidor de la Cerda y Cardenal González), se iniciaba en la puerta de la Pescadería (actual Arquillo de Calceteros) y enlazaba, antes de llegar a la puerta del Puente, con la que se extendía por la fachada oriental y septentrional de la Mezquita-Catedral (actuales Cardenal
Herrero y Magistral González Francés), continuando a su vez –dentro ya del sector de la Judería- por las plazas Ajerquía, que se localizaba junto a la muralla oriental de la Villa, en la zona de separación existente entre los Córdoba, y cuyos orígenes se encuentran en una mínima infraestructura heredada de época musulmana y en la celebración en esta explanada desde 1284 de las dos ferias anuales concedidas por Sancho IV, fue de creación totalmente cristiana y alcanzó tal grado de desarrollo en la a superar en algunos aspectos al de la Villa, de herencia totalmente islámica. Ocupaba parte de tres collaciones: San Nicolás de la Ajerquía, San Pedro y San Andrés, siendo sus ejes principales la calle y plaza del Potro (actuales Lucano y Lineros y plaza del mismo nombre), la calle de la Feria (actual San Fernando) –vía urbana creada en época cristiana paralela al lienzo oriental de la muralla de la Villa, con motivo de la urbanización de la explanada existente delante del mismo- y las plazas de San Salvador (collación de San Andrés) y la Corredera (collación de San Pedro).


Ambos centros irán evolucionando a lo largo de esta etapa histórica, de tal manera que en la época de los Reyes Católicos cuando asistimos -como ya se intuía desde la actividades económicas, estas dos zonas constituirán prácticamente una gran área económica, que abarcaba dos ejes viarios y tres plazas
la Ajerquía- iba paralelo a la muralla oriental de la Villa, en sentido norte-sur, desde la puerta del Rincón hasta la del Sol (actuales calles Alfaros, Capitulares, Diario de Córdoba y San Fernando). Su importancia económica se iniciaba a partir de la Fuenseca, donde comenzaba precisamente la collación de San Andrés y que se hará más transitable a partir de 1480 cuando se traslade extramuros la Carnicería y el corral de las Vacas, que existente entre la Fuenseca y la plaza del Hierro o de (casas-tiendas) y de hospedaje (mesones), ubicándose estos últimos –el de la Vallena, Comecapas y el de las Tafurerías, entre otros- en las proximidades de dicha puerta. 


Delante de ella, que servía de comunicación entre los sectores urbanos de la Villa y la Ajerquía y daba entrada a la collación de San Salvador –de ahí su nombre-, existía una plaza de gran importancia económica por la venta de cabo en esta plaza importantes obras de remodelación y se amplió la puerta, convirtiéndose en un importante centro comercial para la venta de productos alimenticiós: carnes, frutas, hortalizas y especies, estando prohibido la venta de sardinas por la suciedad y malos olores, ya que era una zona muy transitada, siendo por ello uno de los pregones y para ubicar una de las picotas que había en la ciudad.

Desde la plaza de San Salvador proseguía elc arácter comercial de esta vía urbana a través de las
(actual Capitulares), pertenecientes a la collación de San Andrés y San Pedro respectivamente, y de la calle de la Feria (actual Diario de Córdoba y San Fernando), que atravesaba las collaciones de San Pedro y San Nicolás de la Ajerquía. La calle o plaza –como en otras ocasiones que debe su nombre a las tiendas de los escribanos públicos, tenía un marcado carácter textil, al igual que los aljabibes, traperos, boneteros, friseros, sederos, etc. -recogiéndose en una de estas tiendas la alcabala de los paños-, así como algunos relacionados con el sector de la alfarería, ya que en este lugar se recaudaba el diezmo de las ollas, tinajas y otras vasijas de barro al ubicarse en Los Marmolejos la tienda real, que estaba autorizada para la venta de productos alfareros al margen de la iglesia que tenía el monopolio de comercialización de los mismos. Toda esta zona era muy atractiva para los inversores, sobre todo la oligarquía urbana, las instituciones eclesiásticas y los artesanos enriquecidos.
A partir de Los Marmolejos se entraba en la calle de la Feria, en el tramo correspondiente a la collación de San Pedro (actual Diario de Córdoba), donde estaba presente el sector del metal (caldereros, cuchilleros, cerrajeros, freneros, picheleros, carduceros, latoneros, etc.), conociéndose cada parte de esta calle con el nombre comerciales continuaban por el resto de la calle de la Feria (actual San Fernando), perteneciente a San Nicolás de la Ajerquía, donde estaban presentes los sectores textil –era la única zona en la que estaba permitido vender paños durante la época de las ferias- y del cuero, conociéndose algunos tramos de la misma con los nombres de Lencería (antes de llegar al Portillo de Corvache), Cordoneros (tramo central de la calle en torno a dicho portillo), Sillería (entre el portillo y la puerta de la Pescadería) y Correería (zona más la zona del portillo de Corvache o de San Francisco para construir nuevas tiendas, ubicándose también en esta zona –frente al monasterio de San Francisco- un tablado para las ejecuciones.


 La calle de la Feria, cuya importancia –como veremos más adelante- no se reduce tan solo a Potro delante de la Puerta de la Pescadería- en la zona conocida como calle de la Puerta del Sol y, en los albores de la época moderna, como Rastro Viejo (actual Cruz del Rastro), topónimo en consonancia con la intensa actividad económica de esta zona, unión de los dos grandes ejes viarios.

y era conocido con el nombre de calle Mayor, estaba constituido por dos tramos. Uno, perteneciente a la collación de San Nicolás de la Ajerquía, fue adquiriendo su carácter comercial e industrial a lo largo de las ocupado por el sector del cuero, debido a su proximidad al río, y por mesones precedidos por tiendas dedicadas preferentemente a la metalurgia, debido a su vinculación con el ganado caballar y a su proximidad a una de las entradas a la Villa, como era la puerta de la Pescadería.


que en estos últimos años de la centuria alcanzará su máxima extensión con la construcción de nuevas boticas del cuero ocupaba desde el Caño de Vecenguerra hasta el Potro (actual Lineros), ubicándose las tenerías, lugares donde se preparaban las pieles, en la zona más próxima al río, y las tiendas para la venta de las pieles en la zona del interior de la collación, conociéndose estos lugares con los nombres de Curtiduría y Pellejería. Allí es donde se exponían para su venta los famosos cordobanes y guadamecíes, cueros grabados y pintados, que le darían a esta zona una nota de color especial, si bien el mal olor de sus residuos añadiría una nota negativa al ambiente 
del lugar. 

A continuación se llegaba al centro neurálgico de San Nicolás de la Ajerquía: el Potro, vinculado a la venta de ganado caballar (potros esencialmente), que dará nombre a la calle Mayor (actual Lucano), en la que existía un número importante de mesones, precedidos muchos de ellos por tiendas dedicadas preferentemente a la metalurgia (freneros, armeros, etc.), y a la plaza, que conserva aún el mismo topónimo. La importancia de la hospedería en esta zona de la calle, donde encontrábamos los mesones de las Trenas, el de la Madera, el de Alfalfa o Madona, el de Valdelecha, el del Mármol y, en el límite de esta calle con la de la Feria, el de la Paja, que en estos momentos era el más importante, se debía a la necesidad de hospedaje en un lugar próximo a la puerta de la Pescadería, entrada a la Villa, que al llegar la noche se cerraba.

La plaza del Potro, que no se comunicaba con la Ribera como ocurre actualmente, cambió su estructura hospital de la Caridad en su lado oriental, pasando de tener una forma cuadrada a otra alargada y estrecha.

de Pastora o Catalana y como mesón del Potro para la centuria siguiente), el de las Monjas, el del Rincón y el la alcabala antigua de las bestias mayores, renta perteneciente al almojarifazgo cordobés, se convirtió y diversión de la ciudad –no podemos olvidar que en sus proximidades se ubicaba la Mancebía-, lo que dará lugar al nacimiento de ese carácter picaresco que tan maravillosamente será plasmado en los libros por la pluma de varios escritores del Siglo de Oro.


acceder a la Villa por la puerta de la Pescadería, en la plaza de dicho nombre y continuaba paralelo al río recorriendo de este a oeste la collación de Santa María, distinguiéndose en él tres zonas claramente diferenciadas desde el punto de vista económico. 


La primera, que abarcaba los alrededores de la puerta, donde se encontraba una plaza, se conocía con el nombre de la Pescadería (actual Arquillo de Calceteros y una parte de la calle Corregidor Luis de ella se localizaban algunos mesones (de la Cueva, del a la puerta de entrada a la Villa, y un grupo de artesanos relacionados con la rama textil (jubeteros y calceteros) y con la confección de complementos de vestir (guanteros y agujeteros), así como zapateros, especieros, barberos, etc.. Junto a ellos habría que mencionar los asientos de los cambiadores, si bien el auge económico de este época lado de la puerta, en la collación de San Nicolás de la Ajerquía. Al ser un lugar de mucho tránsito era utilizado tramo de la calle desembocaban varias vías urbanas procedentes del interior de la collación de Santa María, que destacaban igualmente por su carácter comercias.

calle Rey Heredia), donde se ubicaban las tiendas de los francos, comerciantes y artesanos que gozaban de ciertos privilegios y exenciones; las calles que procedían de la plazuela de Malcocinado o de la Carnicería de Abades (actual plaza de Abades), situadas al norte de esta calle
Mayor, donde se ubicaban las tiendas y tablas de los Cabritería, Chapinería o Zapatería Vieja, Chiquerrería, Pellejería Vieja, Albardería, etc. se ubicaban tiendas La segunda zona corresponde con el tramo central de la calle, ubicándose en ella la Alcaicería –acera norte- y la Alhóndiga –acera meridional-, localizándose darán nombre a un tramo de esta calle, esmaltadores,
traperos, zapateros, boticarios, especieros, sastres o alfayates, barberos y sangradores, etc


. La Alcaicería ocupaba un espacio cuadrangular – de unos dos mil quinientos metros cuadrados- con cuatro puertas, que al cerrarse por la noche dejaban el recinto bien protegido.

formando calles, encontrándose representados una gran variedad: traperos, sederos, orfebres, zapateros de correa, chapineros, borceguineros, soladores, herreros, esparteros, caireladores, oropeleros, tintoreros,  zurradores, esparteros, tejedores, soladores, etc.. La se recoja en ella diversas rentas del almojarifazgo, como eran la de la alcaicería, la alcabala antigua en la carnicería, la del pescado fresco en la casa de la red, la del peso y medidas en las tiendas del rey y la de las tiendas de la almotaclacía.


 La Alhóndiga, que daba nombre a la plaza mercancías y lugar de venta de las mismas, que servía también de hospedaje a sus propietarios o arrendadores,
estando ocupado su corral por tiendas.


La tercera zona de esta calle era la de menor entidad comercial y llegaba hasta el ángulo sureste de la catedral cordobesa, donde estaba el caño que servía de desagüe a las aguas que bajaban desde las Tendillas tiendas de los herreros y de los olleros -monopolio estas últimas del cabildo catedralicio-, que daban nombre tiendas dedicadas a la venta de productos alimenticios. 


A partir de este lugar la calle, a espaldas de la catedral, se dirigía hacia la puerta del Puente, localizándose en sus proximidades la casa de la Aduana, donde se recaudaban los derechos del almojarifazgo, existiendo junto a ella una casa que servía de prisión para los deudores del mismo,
donde se cobraba el portazgo.


debido a sus múltiples funciones: económicas, judiciales, festivas, etc., que era la plaza de la Corredera, una zona asimétrica e irregular que no tenía nada que ver con la plaza de mesones (el de Galiana, de la Catalana o el de Pedro Mejía, conocido también como mesón de las “cosas
perdidas”, entre otros), hospitales, el rastro o carnicería y una gran cantidad de tiendas con sus correspondientes soberados, ajímeces y cámaras, existiendo poyos ella se celebraban todos los jueves un mercado y se recogía una de las rentas del almojarifazgo: la quincena de caza, especialmente conejos, perdices, palomas y gallinas y cabrito, estando prohibido su comercio fuera
de ella. Sus alrededores participaban también de este ambiente comercial, tomando sus calles el nombre de los gremios que allí se asentaban, como eran la calle la Zapatería de la Corredera o Zapatería Vieja (actual Pedro Muñoz), la calle de la Odrería o de los Odreros (actual Sánchez Peña) y la plaza y calle de la Maderería (actual Pedro Rey). También destaca la presencia de
comercial hay que destacar también la celebración en ella de innumerables actividades festivas –entre ellas los toros-, que llevará a los propietarios de sus inmuebles a arrendarlos para estos actos. Los alcaldes ordinarios de justicia libraban sus pleitos en uno de los poyos de esta plaza, que también era utilizada por el cabildo municipal para sus pregones, lo que la convertían en uno de los lugares más concurridos de la ciudad.


Además de este gran centro económico existían otras zonas de menor importancia dedicadas a este tipo de actividades. Unas se encontraban en los ejes principales de comunicación de la ciudad, otras en las puertas del recinto amurallado, otras incluso fuera de estas murallas. Pero no dejaban de ser en la mayoría de los casos pequeños comercios que abastecían de determinados productos a los vecinos de estos lugares.


las siguientes: los Realejos, que durante mucho tiempo fueron propiedad de la Corona, donde se vendían control de la calidad de los productos y que eran cuatro:
el que se ubicaba en la fuente de San Pablo (zapateros, especieros y cordoneros), 

el de San Andrés (el más documentado), 
el de la Fuenseca (zapateros, sobre todo) 
y el de San Agustín (en el que no había especialización); 

las Tendillas, ubicadas una en la Villa –las Tendillas de Calatrava- 
y otra en la Ajerquía –las Tendillas de San Lorenzo-;
 y algunas puertas del recinto amurallado, como
–al margen de las que unían la Villa y la Ajerquía- las de los Gallegos, de Almodóvar, de Osario, de Plasencia, Quemada de la Magdalena y de Martos. 



Áula de historia Juan P. Gutiérrez García, 
Arte , Arqueología e Historia. 


PLAZA DEL POTRO



La plaza recibe el nombre por el potrillo de la fuente, que data también del s. XVI y en ella encontramos el museo de bellas artes de Córdoba (el edificio que sale en la foto) y la posada del potro.


La Posada del Potro es un "corral de vecinos" situado en la Plaza del Potro, número 10, vivienda típica del siglo XV y que fue destinada a posada ejerciendo esta función hasta el año 1972. La posada del potro aparece nombrada en el Quijote

PLAZA DE LA CORREDERA

En esta plaza del s. XVIII se celebraban corridas de toros. Esta plaza fue época romana la entrada principal del anfiteatro romano y en ella se encontraron los mosaicos que se exhiben en el Alcázar de los Reyes.



  Plaza de la Corredera


Sus primeras referencias datan del año 1356 como lugar destinado a pleitos y mercados, entre mesones, viviendas, talleres de esparteros y zapateros.

Desde la Baja Edad Media, la plaza ya se conocía como una de las zonas más animadas de la ciudad. Por eso no es de extrañar que a partir del siglo XV algunos propietarios alquilaran sus balcones, como los de la Casa de Doña Jacinta, todavía en pie. Desde allí podían verse pregones, juegos de cañas, procesos inquisitoriales e incluso corridas de toros.

Aunque la construcción de la Plaza de la Corredera, uno de los lugares más emblemáticos de Córdoba, se realizó durante el siglo XVIII, no sucede lo mismo con su lateral Sur, formado casi en su totalidad por edificios del siglo XVI levantados en un anterior intento de urbanizar la zona. Estos son, enumerados en un orden de Oeste a Este,  la Casa de Doña Jacinta,  el Mercado de Sánchez Peña y el antiguo Pósito de la Corredera.


La Casa de Doña Jacinta la encontramos en el lateral Sur de la Plaza de la Corredera, lindando con el lateral Oeste de ésta. El nombre le viene por haber pertenecido dura nte el siglo XVII a Doña Ana Jacinto de Angulo, quien, en el momento de ser requerida por las autoridades locales para que modificara y reconstruyera su edificio para así poder mantener un diseño uniforme en toda la plaza, se negó a efectuarlo, apelando y ganando el pleito ante el rey de España, Carlos II. Por ello, su propiedad mantuvo una fachada diferente a la del resto de edificios de la plaza, característica que sigue manteniendo en la actualidad.

El arquitecto de esta construcción fue el cordobés Juan de Ochoa (1554-1606), entonces Maestro Mayor de obras de la ciudad y quien también realizó la cárcel que veremos a continuación. Su fachada consta de un gran número de pequeñas ventanas, idóneas y especialmente acondicionadas para alquilarlas durante las frecuentes ocasiones en que se celebraban festejos en la plaza.
Se cuenta que cuando se festejaba un espectáculo taurino la Corredera se desplomó, dando lugar en 1683 a una reforma que casi le otorgó la fisonomía actual. El arquitectoAntonio Ramos Valdés fue quien la diseñó, siguiendo el prototipo de las plazas castellanas como la de Madrid y Salamanca. Pero la Corredera se distinguió por ser la primera plaza barroca cerrada cuyo acceso se planteó a través de dos arcos y bajo los soportales.
El tiempo fue haciendo mella en ella, deteriorando sus viviendas y fachadas, hasta que un plan especial permitió obras de rehabilitación que se prorrogaron casi dos décadas. En el año 2001 recuperó su color original, adaptándose también a los nuevos tiempos con una nueva pavimentación e iluminación.

Sus principales edificios de estilo manierista (Cárcel y Casa del Corregidor) albergan hoy el Mercado de Sánchez Peña, apto para gastroturistas, y un Centro Cívico con un interesante programa de actividades socioculturales.


El actual Mercado de Sánchez Peña, situado en la Plaza de la Corredera, ocupa el mismo edificio del siglo XVI que mandó construir el corregidor Don Juan Gaitán de Ayala como vivienda suya o de quien ocupara su puesto, oficina del mismo y nueva cárcel en sustitución de las antiguas análogas dependencias de la Calle Comedias. Las obras duraron de 1583 a 1586 bajo la dirección del mismo Juan de Ochoa, arquitecto de la Casa de Doña Jacinta.

El edificio es de planta cuadrangular, con dos alturas y un patio central rodeado por una galería de arcos de medio punto apoyados en columnas. La fachada ha sido modificada varias veces a lo largo de la historia del edificio, siendo la última de las reformas efectuadas de los años 80 del pasado siglo XX tras su compra por el Ayuntamiento En la portada de la fachada principal, vemos un gran escudo sobre ella ocupando el mismo lugar donde anteriormente se extendía un gran balcón proveniente de su tiempo como Vivienda del Corregidor y, por tanto, edificio de representación.

Tras dejar su función como cárcel de la ciudad a principios del siglo XIX, poco años después de la Guerra de la Independencia (1808-1814), es en los años 40 del mismo siglo cuando el industrial José Sánchez Peña compra el edificio y lo transforma en fábrica de fieltros y sombrerería, dotándolo de los mayores adelantos de la época como fue el uso del vapor en la fabricación de los fieltros. A finales de este siglo, es cuando inicia su actividad como mercado de carne, una labor ampliada posteriormente como Plaza de abastos con la que continúa hoy en día.

EL Pósito de la Corredera, construido en 1536 para el almacenamiento de grano, fue el primero de los edificios levantados en la Plaza de la Corredera dentro de los planes existentes en el siglo XVI de reestructuración y mejora de dicha plaza.



La estructura del edificio se divide en dos partes distintas; de ellas, una sería la correspondiente a la crujía más cercana a la plaza, similar a las de esta última descritas en el artículo correspondiente a ella; la otra, por el lateral exterior a la plaza, está formada por seis naves perpendiculares a la primera crujía y una altura de dos plantas, siendo la primera de bóveda de cañón y teniendo la segunda canales de recogida de agua similares a los de la Mezquita.

La fachada interior es similar a la del resto de la plaza, describiéndonos Ramírez de Arellano la fachada original derribada durante el siglo XVII como una de las más bellas de la ciudad. En su primer cuerpo, contaba con columnas de mármol negro sosteniendo una cornisa de igual material sobre la que se apoyaba una galería con catorce ajimeces mudéjares separados por columnas de alabastro y con una balaustrada en la que se alternaban en los pedestales los escudos de España y Córdoba.

En la primera mitad del siglo XIX, dejó de prestar su función original como almacén de grano, perteneciendo en la actualidad al Ayuntamiento. Al formar parte de la Plaza de la Corredera también participa de la misma declaración de Bien de Interés Cultural.

PALACIOS

Palacio Episcopal

Edificio edificado sobre el antiguo Alcázar Califal y frente a la fachada occidental de la Mezquita. Desde la conquista cristiana hasta nuestros días ha sido sede del Obispado de Córdoba. . La primera reforma importante del palacio se realiza en el siglo XV, con una construcción de estilo gótico ojival. En 1745, sufrió un gran incendio que hizo que durante ese siglo y el siguiente, se le añadieron otras dependencias como la fachada en la plaza del Campo de los Santos Mártires del siglo XVII, así como patio del XVIII.

La recuperación   Palacio Episcopal, que ha permitido recuperar inscripciones que datan del siglo XVII, de la época de su construcción, y recobrar su estética original, más acorde ahora a la zona monumental en la que se encuentra. A pesar de que el origen de este importante edificio sometido a continuas reformas está en el siglo XVII, sus raíces se hunden en el Alcázar andalusí, que con la Reconquista por Fernando III en el siglo XIII no fue destruido.

PALACIO DE ORIVE



El Palacio de Orive es un atractivo ejemplo de la arquitectura civil cordobesa del Renacimiento. Destaca por su portada y por la huerta. Actualmente, es sede de la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento, que organiza exposiciones temporales de autores contemporáneos.

El Palacio de los Villalones o Palacio del Orive es el más bello ejemplo de arquitectura civil cordobesa del Renacimiento. El autor del edificio fue Hernán Ruiz II en 1560, Este arquitecto renacentista español afincado en Andalucía fue uno de los más relevantes para la introducción del Renacimiento arquitectónico en España. Ha sido autor de una obra parangonable a la de cualquier profesional del Renacimiento italiano de primera fila. Realizó obras civiles y religiosas, públicas y privadas, trabajos de planificación urbana, comunicaciones e hidraúlica, mobiliario y arquitectura efímera, ingenios, escritos y dibujos y ejerció la docencia.

El Palacio de Orive posee en su interior la más bella huerta del Casco Histórico de la ciudad, actualmente conocida como los Jardines del Orive. El edificio es sede actual de la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Córdoba, que ha habilitado salas para exposiciones temporales de autores contemporáneos.

Adosada a la pared de lo que fue uno de los patios del Palacio de Orive y actualmente acceso a los Jardines de Orive desde la plazuela de Orive se encuentra la Fuente del Palacio de Orive. Está formada por un pilón rectangular adosado a la pared que separa la parte edificada de la zona ajardinada.


palacio de los Marqueses de Viana.



Otras de las construcciones palaciegas en la Córdoba del siglo XVI es el Palacio de los Marqueses de Viana. Su origen lo tenemos a finales de la Edad Media, en 1492, con la compra un conjunto de casas en la collación de Santa Marina por parte de Gómez Suárez de Figueroa, más conocido como el Inca Garcilaso de la Vega. La unión de esas casas, cada una de características distintas, será lo que se convierta en la vivienda principal del mayorazgo55 de la familia Fernández de Córdoba y Figueroa y que será conocido como Palacio de las Rejas de Don Gome, con la entrada principal por la Calle de la Reja. Sin embargo, el aspecto que tiene hoy es fruto de la intervención que sufrirá en el último cuarto del siglo XVI, cuando Luis Gómez de Figueroa y Córdoba, II Señor de Villaseca, decide cambiar el aspecto mudéjar de la casa por el renacentista propio de la época. Para empezar, se abrirá una nueva entrada en la fachada que da a la Plaza de Don Gome, lo cual implicó que hubiera que cambiar el diseño del patio por el que entonces se accedía a las casas principales, dando lugar al actual Patio de Recibo. Las remodelaciones y ampliaciones se sucederían de la mano de los Condes de Villanueva de Cárdenas y Marqueses de Villaseca, por ejemplo al anexar las casas de los Condes de Torres Cabreras.



Será en el siglo XX cuando el Palacio de las Rejas de Don Gome pase a denominarse Palacio de Viana. El nombre le vendrá de la mano de María del Carmen Pérez de Barranda, Marquesa de Villaseca, que al quedar viuda se volvió a casar con Don Teobaldo Saavedra Cueto, I Marqués de Viana. De la mano del II Marqués de Viana, Don José Saavedra y Salamanca, el palacio vuelve a remozarse debido, en parte, a la amistad que unía al marqués con el rey Alfonso XIII y las numerosas visitas del monarca a la casa. Así, las obras llevadas a cabo en 1918 harán que se tenga en cuenta un nuevo orden de las colecciones del palacio, exponiéndose de acuerdo a una serie de criterios historiográficos. También será significativo el cambio del escudo de la fachada, pasando de ser las armas de los Fernández de Córdoba a ser las de la familia Saavedra. En 1927, muere el marqués, sucediéndole su hijo Fausto Saavedra y Collado, quien estaba casado con Sofía de Lancaster y Bleck. A mediados del siglo XX, el palacio que la familia tenía en Madrid es vendido al Ministerio de Asuntos Exteriores, por lo que el patrimonio que tenían en él es trasladado al de Córdoba. Finalmente, en 1980, Sofía de Lancaster queda viuda sin descendencia, por lo que decidirá vender el palacio cordobés a la ya inexistente Caja Provincial de Ahorros de Córdoba, actual Cajasur.




En la actualidad y desde el 2 de julio de 1980, su interior acoge un museo privado en el que se puede hacer un recorrido histórico y artístico por todas y cada una de las habitaciones que conforman el Palacio de Viana. Además, se puede acceder a los doce magníficos patios de los que consta y al jardín, algo que le ha hecho tener el nombre de Museo de los Patios. El 27 de marzo de 1981, el palacio fue declarado Monumento Histórico Artístico Nacional, mientras que el 13 de abril de 1983, sus patios fueron declarados Jardín Artístico por la Dirección General de Bellas Artes, Archivos y Bibliotecas.




Palacio de los Páez de Castillejo,



El Museo Arqueológico y Etnológico de Córdoba tiene su sede en el antiguo Palacio de los Páez de Castillejo, edificado en el siglo XVI. En el edificio, podemos observar restos de la anterior casa mudéjar tras la reconstrucción de estilo renacentista efectuada por Hernán Ruiz II a mediados del siglo XVI, quien también fue autor de la magnífica portada principal de palacio.

En el lugar donde se encuentra el Museo había una casa perteneciente al alfaquí Ibrahin ben Nasar, que fue donada por el Rey al caballero Martín Ruiz de la Cerca y en tiempos de una nieta pasaría a depender del Cabildo. Ya a finales del siglo XIV dicha casa sería propiedad de una familia de la oligarquía cordobesa, los Páez de Castillejo, que a finales del XV y principios del XVI deciden su transformación en un palacio realizado en el estilo imperante en la época, el Renacimiento. Para ello encargan las reformas al arquitecto más famoso del momento en Córdoba, Hernán Ruiz II, a la sazón maestro de la Catedral.

En el 1.498 se había levantado la monumental escalera que une las dos plantas, encargándose Fernando Muñoz del artesonado que la cubre, por cierto, muy necesitado de una restauración. Su portada principal, de estilo plateresco y en lamentable estado, da ingreso a un primer patio, que es de carruajes. El patio principal consta de dos plantas con arcos carpaneles y respira un cierto aire de mudejarismo, pues hay unos elementos mudéjares expresamente dejados por Hernán Ruiz, como son las dos ventanas de la Sala V y el gran arco angrelado que da acceso a la Sala VI.

En el siglo XVII el Palacio pasaría a otra familia de la nobleza cordobesa, los Bañuelos, y después a la Casa de Alba. Aquí estuvo ubicado el primer centro telefónico de Córdoba, fue academia de enseñanza, y se encontraba en estado semirruinoso cuando lo compró el Estado en 1.942 para sede del Museo Arqueológico, iniciándose dos años después las obras de adaptación, que dirigió el arquitecto D. Félix Hernández.

Es en el siglo XIX cuando podemos situar los inicios del Museo Arqueológico y Etnológico, momento en que se guardan en el Museo Provincial de Bellas Artes un conjunto de diferentes restos arqueológicos obtenidos tras las diferentes desamortizaciones de dicho siglo. Con ellos, se creó primero la Colección de Antigüedades de dicho museo, elevada posteriormente a la entidad de Sección de Antigüedades. Esta sección acompañará al museo en sus varios traslados por las diferentes sedes que fue teniendo. Así, desde su primera ubicación en el Colegio de la Asunción, pasó a ocupar en 1849 la Diputación Provincial y en 1861, el Hospital de la Caridad. Es en 1868 cuando la Sección de Antigüedades se convierte en el Museo Arqueológico Provincial de Córdoba, permaneciendo hasta 1920 en el mismo edificio que ocupa el de Bellas Artes. En dicho año, el Museo Arqueológico estrena sede propia en de la Plaza de San Juan y poco después ocupa una casa mudéjar en la calle llamada entonces Velázquez Bosco y hoy Samuel de los Santos. La sede actual en el Palacio de los Páez de Castillejo la ocupará en 1959, siendo en esta ubicación donde comenzaría una floreciente etapa con la llegada de bastante material nuevo para su colección, la creación de una biblioteca técnica de temas arqueológicos y la edición de la revista "Corduba Archaelogica".
Dado que el citado Palacio, con el tiempo, presentaba serias carencias relativas a espacio, confort, y otras exigencias museísticas modernas, en el año 2.001 se iniciaron las obras del Edificio de Ampliación recientemente inaugurado,


Palacio de los Venegas de Henestrosa,

De Juan de Ochoa, arquitecto que participó en la construcción de la Catedral, es el Palacio de los Venegas de Henestrosa, terminado de levantar en el año 1589. Ese mismo año, se cuenta que un gran vendaval arrancó los azulejos que adornaban los chapiteles de la fachada. A finales del XVII, Luis Venegas de Henestrosa, dueño del palacio, vende la casa a Don Luis Antonio Belluga y Moneada, Obispo de Almería, más adelante Cardenal y, finalmente, Obispo de Cartagena de Indias. Sería él quien instalaría en el palacio el Oratorio de San Felipe Neri, unas obras que fueron costeadas por el propio Cardenal. La Iglesia se inauguraría el 7 de septiembre de 1696, faltando sólo terminar y decorar la fachada principal. Más adelante, en 1720, se realizaría un templo más grande de la mano de Francisco Hurtado Izquierdo, que es el que hoy podemos ver y cuya advocación era a la Virgen de los Dolores.

En el año 1836, la desamortización hizo que el templo dejara de tener función religiosa, por lo que a partir de entonces se usó como cuartel y, más adelante, albergó el Gobierno Militar, llevándose las imágenes y objetos de la Iglesia al Convento de la Trinidad. Desde ese momento, el que fuera un palacio no ha dejado de estar relacionado con la institución militar, habiendo sido reformado en numerosas ocasiones. En julio de 2009, terminó de ser restaurado de nuevo para acoger un salón de actos y de uso cultural. En la actualidad, el llamado Palacio de los Venegas de Henestrosa forma parte de la Subdelegación de Defensa en la ciudad de Córdoba, siendo sede del Gobierno Militar.

Desde el punto de vista estructural, la parte de mayor interés es la de la fachada principal del palacio, original del siglo XVI. Tiene dos plantas separadas con un friso, estando flanqueada con sendos torreones de tres alturas rematados con tejados. En la planta baja, hay abiertas nueve ventanas con molduras y dos puertas de acceso, mientras que en la planta alta hay, también, nueve vanos, estando éstos rematados con frontones triangulares a excepción del central, en el que hay una cartela adornada con niños. Sobre los balcones de las puertas, los frontones son en forma de media esfera. Por encima de éstos, podemos ver el escudo de armas de la familia Venegas. En el interior, se han conservado algunos artesonados en las dependencias del antiguo palacio. Tras entrar por la puerta principal, hay un patio de forma cuadrada, contando el edificio con otro patio más pequeño, también cuadrado y con decoración barroca.



Palacio de los Villalones,

Otro ejemplo de arquitectura civil en esta época es la Casa oPalacio de los Villalones, también conocido como Palacio de Orive. Varios son los estilos que confluyen en el conjunto del edificio debido a las obras que hubo antes en el solar en el que se levanta. Así, quedan restos pertenecientes al que fuera el circo romano; además, también hay vestigios musulmanes, como unas antiguas casas situadas en el arrabal de la Axerquía; por último, hay presencia del siglo XIII en lo que hoy son los jardines del palacio y que en su día se construyeron sobre la huerta del antiguo Convento de San Pablo. En el jardín, podemos encontrar la Sacristía Mayor del convento y que no llegó a terminarse. Tiene planta rectangular con ábside en el centro y con dependencias a los lados.

El palacio en sí fue construido por Hernán Ruiz II en el siglo XVI. De él, podemos observar la magnífica portada construida en piedra por el arquitecto alrededor del año 1560. La casa está dividida en tres cuerpos. En el primero, tenemos la puerta principal de entrada, flanqueada por sendas columnas de capiteles de estilo dórico. En el dintel, hay un medallón con la representación de una mujer de medio cuerpo que tiene sujeta una cinta en la que hay una inscripción en latín, así como cartelas con leones a los dos lados del medallón. Sobre ella, hay una cornisa sujeta por siete ménsulas, así como un friso decorado y que separa el primer piso del segundo. En este segundo cuerpo, tenemos una ventana rematada con un frontón de forma triangular flanqueada con una columna a cada lado decorada con unas guirnaldas de flores y frutas. Por último, el tercer piso es una especie de mirador formado por arcos. Ya en el interior, perviven reminiscencias mudéjares, como la organización de algunas habitaciones alrededor de jardines. Tras el zaguán, accedemos a una galería porticada y al llamado “Patio de Recibo”, a continuación del cual está el patio principal. Éste tiene tres lados porticados con arcos de medio punto, siendo los de la planta alta en forma de herradura. También hay una escalera principal, formada ésta por dos tramos.



La portada del Palacio del Marqués de la Fuensanta del Valle,

 construida en 1551, así como la primera crujía del mismo, son los únicos restos que se han conservado de la que fuera casa de Don Rodrigo Méndez de Sotomayor. En dicha portada, se mezclan elementos de los estilos gótico, plateresco y mudéjar, algo típico en las portadas de la ciudad, considerándose ésta como el modelo más elaborado del Renacimiento plateresco en Córdoba.
Tiene una estructura de dos cuerpos, estando en el inferior la portada adintelada entre una celosía ciega cuadrangular conocida de forma común como galleta, la cual a su vez la enmarcan dos columnas góticas sobre las que se asienta un tejadillo con los escudos de la Casa Sotomayor. En el cuerpo superior, vemos la típica ventana de la época, flanqueada por dos columnas que sujetan un frotón curvo con forma de venera.
En la actualidad el edifico es sede del Conservatorio Superior de Música "Rafael Orozco".



Palacio de los Fernández de Mesa, o de las Quemadas


Portada del palacio

Al referirnos al Palacio de los Fernández de Mesa, o de las Quemadas, o más contemporáneo nuestro, la casa del Tío del Queso, si buscamos en las diferentes fuentes, es escueta la referencia. Figura como una casa palacio del siglo XVII, en la antigua calle Pedregosa, actual Blanco Belmonte, cuya portada destaca y que está articulada en dos cuerpos.
Si nos metemos en la Córdoba misteriosa dicen que el fantasma del Nono, deambula por sus pasillos. Esto último nada más lejos de la realidad, el Nono, que era zapatero, al que de vez en cuando le gustaba tomarse unos medios, que dicen se suicido, y que tenía su banco de remendón en lo que hoy es la Escuela de Danza, antes casa de vecinos, no se le hubiera ocurrido nunca subir a la casa del Tío del Queso a pasearse o asustar a los actores y actrices. Otra de las leyendas urbanas que perduran por nuestra ciudad.


Patio principal. GMU

  El Patio Barroco de la Diputación de Córdoba
 Palacio de la Merced


La Diputación Provincial tiene su sede desde 1967 en el antiguo convento de la Merced Calzada de Córdoba.

El Palacio Provincial conserva actualmente la estructura arquitectónica de la primera mitad del siglo XVIII (1716 - 1745).


El edificio es de planta rectangular y en su centro se alza la iglesia. A ambos lados se levantan 2 alas, inicialmente simétricas. A la izquierda se situa el claustro principal del convento y a la derecha el patio privado o de servicios. El elemento común a todo ello es la amplísima fachada principal que preside la actual plaza de Colón, antes llamado Campo de la Merced. Su exuberancia decorativa la determinan las placas recortadas y superpuestas y los perfiles que rodean las ventanas y, especialmente, la pintura que imita mármoles y jaspes taraceados, típicos del barroco cordobés. En el centro de la fachada, destaca la portada churrigueresca de la iglesia, cuyo mármol blanco contrasta con la pintura ornamental que decora el frontal del edificio.

El patio principal, exponente máximo del barroco de placas cordobés, es una composición clásica de arcos sobre columnas geminadas, combinados con la fantasía decorativa de las molduras que enmarcan los balcones.
De anteriores modificaciones, que datan de las siglos XVI y XVII, se conserva el llamado Patio Blanco, ejemplo clásico de arquitectura cordobesa por su proporción y austeridad.
En la fachada sur encontramos un reloj de sol, que indica además de la hora solar; el día, mes, fase zodiacal, estación de esa localización y la hora de los relojes convecionales.

  

CASAS SEÑORIALES

Casa de las Bulas,

En la Plaza de Maimónides, en plena judería de Córdoba y muy cerca de la Capilla Mudéjar de San Bartolomé, encontraremos la llamada Casa de las Bulas, edificio construido en el siglo XVI. Del exterior, destaca su sencilla portada adintelada hecha en piedra y sobre la que hay un balcón enmarcado con el mismo material. Ya en el interior, su planta se distribuye a lo largo de varias galerías, constando además de un claustro y de varias salas, así como de dos patios. El primero de ellos ha cambiado mucho conforme a como era originalmente debido a las sucesivas reformas llevadas a cabo; sin embargo, se ha conservado una de las crujías, formada por dos plantas de arcos sobre columnas, además de alternar éstas con otros elementos de época romana, visigoda y árabe. El otro patio es el encargado de distribuir las distintas dependencias del edificio, estando formado igualmente por dos pisos de arquerías sobre columnas.

La Casa de los Luna

es una casa solariega con una altura de dos plantas y dos patios en su interior. Construida en 1544 por el arquitecto Hernán Ruiz "el Viejo", a mediados del siglo XX tuvo una reforma dirigida por Carlos Sáenz de Santamaría.
Construida en una época en que en Europa se daba el Renacimiento pleno y en España el Renacimiento Plateresco (1530-1560), podemos destacar de ella su portada principal de piedra, enmarcada entre molduras y coronada por un dibujo de guirnaldas. Sobre ella, vemos el escudo de los Luna y, por encima de él, se abre sobre la entrada principal la típica ventana de los edificios de la época. En la esquina Este de la casa, cuenta con dos balcones en ángulo superpuestos con una columna central cada uno y también enmarcados por molduras.
El piso superior que vemos en la imagen que acompaña a estas líneas es un añadido a la construcción original que se hizo para utilizarlo como secadero.
Localización: Plaza de San Andrés.



la Casa del Bailío.

Uno de los ejemplos más claros de casa solariega cordobesa lo tenemos en la Casa del Bailío. Sin embargo, su origen data de mucho antes. Cuando Fernando III conquista la ciudad en el año 1236, repartirá una serie de solares entre aquellos que le fueron fieles y le ayudaron en tal empresa. Así, toda esta manzana recayó en manos de Domingo Muñoz, Adalid del ejército del monarca. Posteriormente y según algunos historiadores, las casas que allí había se entregarían a la familia Cárcamo. Tras la muerte de sus propietarios Don Diego de Cárcamo y Gonzalo Fernández de Córdoba, más conocido este último como el Gran Capitán, la casa pasaría a manos de su hermano Don Alonso de Aguilar. Éste quería la vivienda para un hijo natural que había tenido en Montilla (Córdoba), Pedro Núñez de Herrera, a quien habían nombrado Bailío51 de la Orden de Malta para evitar que tuviera descendencia. Cuando este hijo murió, la casa fue adquirida por Doña Catalina Fernández de Córdoba, quien donó la mitad al anexo Convento de los Dolores. Ya en el siglo XIX, el palacio pasaría a manos de los Marqueses del Salar.

Estructuralmente, encontramos en el exterior tres portadas, siendo la principal y más bella de todas la que da a la Cuesta del Bailío. Su datación es de, aproximadamente, la primera mitad del siglo XVI, y aunque si bien algunas fuentes se la atribuyen a Hernán Ruiz I, o el Viejo, hay también donde se afirma que fue su hijo Hernán Ruiz II, o el Joven, quien la realizó. De las otras dos, una de ellas es la denominada Puerta de la Casa de Campo y está en la Calle de Ramírez de las Casas Deza; su decoración barroca es bastante típica en Córdoba. Finalmente, la tercera puerta es la de los Graneros, muy relacionada con el suceso acaecido en el siglo XVII que se conoce como Motín del Hambre, o también Motín del Pan. En el interior, las diferentes estancias se organizan alrededor de varios patios. Consta de dos plantas y algunos de los tejados han sido convertidos en azoteas. En el siglo XVIII, se llevó a cabo una reforma que se hace notable en la decoración de algunos de los salones que se pueden contemplar actualmente. Por otro lado, también hay dependencias que cumplen las funciones de cocheras, graneros, caballerizas, etc., inclusive un gran jardín. Pero merece la pena destacar su escalera, su salón principal, estando este último decorado con pinturas que representan al Gran Capitán y sus heroicas hazañas, y una sala neoárabe diseñada por Julio Romero de Torres y Agustín Vicente Inurria.

En la actualidad, la Casa del Bailío está dividida en dos, estando ocupada una parte por un hotel y albergando la otra la sede de la Biblioteca Viva de Al-Andalus. En marzo de 1982, fue declarada Monumento Histórico-Artístico Nacional.



HOSPITAL

Hospital Cardenal Salazar

El hospital fue fundado por el Cardenal Pedro de Salazar a comienzos del siglo XVIII y hasta mediados de la década de 1970 siguió con el mismo uso, hasta que se destinó a albergar las facultades universitarias de Derecho y Filosofía y Letras, quedando años después reservado para uso de esta última. En 1701 el cardenal Pedro de Salazar, compró el terreno que antaño fueron casas solariegas de Antonio Carlos del Corral, situadas enfrente del Convento de San Pedro Alcantara, pensando edificar un colegio para los niños que servian en el Coro de la Catedral.

Pocos años después de iniciarse la obras, Córdoba sufrió una fuerte epidemia de peste. Las autoridades suplicaron al prelado que cambiase el destino del nuevo edificio convirtiéndolo en hospital. El resultado fue uno de los más interesantes edificios civiles de la Córdoba barroca.

Las trazas de este conjunto se deben al arquitecto Francisco Hurtado Izquierdo, en tanto que la realización práctica de las obras se encargó al maestro Juan Camacho. La planta del edificio es casi rectangular y se dispone en torno a dos patios de desigual desarrollo. Las fachadas exteriores se articulan en dos pisos, con pilastras pareadas apoyadas sobre un gran zócalo corrido; las ventanas rematan con frontón triangular abajo y con semicircular arriba. La portada, de dos cuerpos, está realizada en mármol y luce columnas sobre grandes resaltos. El piso superior lo constituye un vano en medio punto con remate muy moldurado que se adorna con el escudo del cardenal. En el centro va un balcón flanqueado por segementos de frontón curvado. La cornisa de remate se decora con una serie de mascarones, siendo el más destacado el que coincide con la portada. Interiormente el edificio consta de tres zonas principales: la escalera y los dos patios, y en torno a ellas se distribuyen todas las dependencias. El patio principal, cerrado, repite un modelo habitual en la arquitectura cordobesa de estos años. Es de dos plantas y tiene una disposición similar a la de la fachada. La decoración se basa en los propios elementos arquitectónicos, pues las ventanas van rematadas con pequeños frontones triangulares y curvados que descansan en sencillas pilastras.

El otro patio es de menores proporciones, con la zona inferior abierta con arquerías sobre columnas y la superior cerrada, con ventanas adinteladas muy sencillas. La escalera principal, que se cubre con una bóveda de cañón, se ubica entre ambos patios y es de dos tramos con amplio descansillo.

En una de las crujías del patio principal, en las dos plantas, estuvieron las capillas, alta y baja, hoy convertidas en aulas. Ambas están cubiertas por bóveda de cañón rebajado en la nave, presentando la  de arriba cúpula en el presbiterio y la de abajo cubrición por arista. En la portada de ingreso a la capilla baja hay una talla de San Rafael. Al fondo del patio central existe otra escalera, de menores proporciones y también de dos tramos.

Hospital de la Caridad

que alberga el Museo de Bellas Artes y el Museo de Julio Romero de Torres, encontramos presidiendo la plaza la Fuente del Potro. En el año 1577, bajo el reinado de Felipe II, fue mandada construir por el entonces corregidor66 de Córdoba Don Garcí Suárez de Carvajal con el fin de mejorar el abastecimiento de agua de los vecinos de la zona. Ya en el siglo XVII, se le añadió el potro que le da nombre. Su ubicación fue en origen el lugar en la plaza en el que hoy vemos un Triunfo de San Rafael, siendo cambiada al sitio en el que hoy la encontramos en 1847.
En cuanto a su descripción, está formada por un pilón octogonal en cuyo centro se levanta un pilar con una taza circular. Asimismo, en el centro de ésta hay una piña rematada con un potro con las patas delanteras levantadas que sujetan el escudo de la ciudad de Córdoba. De este modo, el agua sale por cuatro pequeños caños que hay en la piña y que están adornados con cuatro cabezas; el agua, cae en la taza y de ahí, a través de otros cuatro surtidores, es vertida en el pilón inferior.



Frente a la Mezquita, tenemos otro interesante edificio en el que merece la pena detenernos. Se trata del antiguo Hospital de San Sebastián. Su construcción, por orden del Cabildo Catedralicio, se llevó a cabo entre los años 1512 y 1516 sobre las ruinas del primitivo alcázar omeya, siendo Hernán Ruiz I el arquitecto encargado de las obras y convirtiéndose en el mayor hospital de Córdoba hasta entrado el siglo XVIII. Ya a comienzos del XIX, en 1816, se instalará en el inmueble la Casa de Expósitos de San Jacinto. Desde el año 1980 y hasta el día de hoy, acoge el Palacio de Congresos y Exposiciones de Córdoba, además del Punto de Información Turística de la Junta de Andalucía. Además, en algunas de sus dependencias también está ubicada la sede de la Filmoteca de Andalucía, accediendo a ella por la Calle Medina y Corella.

El origen de la institución, sin embargo, lo tenemos siglos antes. En el año 1363, Córdoba sufrió una gran epidemia, siendo San Sebastián el santo al que más se le rogó para las curaciones y en cuyo honor se creó una cofradía. Por entonces, nos cuenta Teodomiro Ramírez de Arellano en su “Paseos por Córdoba” que no había hospitales en la ciudad, por lo que la hermandad solicitó al cabildo la construcción de un centro de asistencia a enfermos. Así, se les dejó instalar uno en el solar llamado de la Alcaicería y en las casas del Lavatorio, pero todo ello, tanto el terreno como el hospital, pasaría a manos del cabildo en caso de que la cofradía dejara de existir. En el año 1512, viendo que era imposible ampliar el hospital en el lugar en el que estaba, el cabildo lo trasladó al lugar en el que hoy lo conocemos y que entonces se denominaba Corral de Cárdenas, de propiedad eclesial.

El edificio se ordena en torno a un claustro porticado de estilo mudéjar con arcos de medio punto y en el que, en uno de sus laterales, aún se han conservado restos de la antigua muralla del Alcázar Califal. Desde la fachada principal, también se puede acceder a la capilla del Hospital a través de una preciosa portada de estilo gótico flamígero con ornamentación plateresca, obra igualmente de Hernán Ruiz I. Sobre la puerta, en el centro, podemos ver sendas esculturas que representan a San Sebastián, San Pedro y San Pablo. Ya en su interior, consta de una sola nave con tribunas que está cubierta con una bóveda de crucería, propia del gótico. Merece la pena destacar también la que actualmente es denominada Sala Julio Romero de Torres del Palacio de Congresos; está instalada en la que fuera el ala de maternidad del Hospital y aún conserva los frescos originales del siglo XVI en los que se observan varios pasajes de la vida de San Sebastián.



CATEDRAL, IGLESIAS Y CONVENTOS


CATEDRAL

En 1523, fue proyectada y comenzada la construcción de la Catedral de Córdoba, escogiéndose para su ubicación las intervenciones de Abderraman I y Almanzor.


A finales del siglo XV y donde estaba la ampliación que hizo al-Hakam II de la Mezquita, se levantó una nave de estilo gótico cubierta con una techumbre de madera. En el lado Este, se encuentra la Capilla Real, esta última fundada por el rey Enrique II en el año 1371. En ella estuvieron los restos de los monarcas Fernando IV y Alfonso XI hasta que se trasladaron a su ubicación actual: la Real Colegiata de San Hipólito.

Su singularidad artística y arquitectónica, sino también el carácter simbólico del edificio como ejemplo del paradigma en el que Córdoba siempre ha querido sentirse identificada: la concordia entre creencias y civilizaciones.

Consagrado como catedral, el templo se respetó durante siglos y sólo comenzó a tocarse bajo los reyes católicos. La mezquita vivió su primera gran transformación en el siglo XVI, cuando el obispo Alonso Manrique ordenó la construcción de una catedral en su interior. Esta decisión abrió un enfrentamiento con el corregidor Luis de la Cerda, que incluso llegó a condenar a muerte a cualquier artesano que tocase el edificio. Una de las calles que rodean la mezquita lleva su nombre. Tuvo que mediar el emperador Carlos V, quien autorizó las obras. La leyenda dice que, cuando visitó Córdoba posteriormente, afirmó: “Habéis tomado algo único y lo habéis convertido en mundano”.

 Será entonces cuando se levanten la Capilla Mayor actual, con planta de cruz latina, el crucero y el coro, en cuyo centro podemos contemplar una talla en marfil de la Virgen hecha por Alonso Cano. En las obras, que durarían todo el siglo XVI y principios del XVII, trabajarían cuatro importantes arquitectos: Hernán Ruiz I, que dejaría su impronta en las formas tardogóticas con reminiscencias renacentistas propias de la época; Hernán Ruiz II, a quien se debe la grandiosidad de la nueva nave y el inicio de la torre, que cubre el antiguo alminar; Juan de Ochoa, que incluirá claros elementos manieristas, como la cúpula del crucero; y Diego de Praves.

Altar mayor de la catedral de Córdoba.

Altar mayor mezquita-catedral de CórdobaEl retablo mayor es una imponente obra marmórea realizada entre 1618 y 1628 y fue realizada con mármol procedente de Carcabuey. Fue trazada por Alonso Matías, que la dirigió hasta 1625, encargándose luego de la misma Juan de Aranda Salazar; el templete central quedó inconcluso hasta 1653, año en que fue terminado por Sebastián Vidal de acuerdo con los diseños y bocetos de su predecesor. La parte escultórica, realizada en 1626, se debió fundamentalmente a Pedro Freile de Guevara, colaborando también Matías Conrado y Juan Porras entre otros. El frontal de plata del altar se hizo en 1816 en los talleres Martínez de Madrid, por encargo del obispo Pedro Antonio Alcántara Trevilla.

El retablo mayor consta de banco, cuerpo tripartito de columnas estriadas y ático; la calle central aloja el templete manifestador y las laterales acogen sendos lienzos realizados en 1713 por Antonio Palomino, y representan a San Acisclo y a Santa Victoria, surmontados por frontones partidos con figuras alegóricas de la Religión y la Abundancia. La cornisa de separación tiene un frontón con figuras recostadas de la Fe y la Esperanza. El centro del ático lo ocupa el lienzo de la Asunción de la Virgen, flanqueado éste por los lienzos de San Pelagio y Santa Flora, coronados por frontoncillos donde se representan la Justicia y la Templanza. A la altura de las columnas figuran las imágenes de San Pedro y San Pablo.

Más adelante, en 1747, Pedro Duque Cornejo realizaría la sillería del coro, hecha en caoba. También del siglo XVIII son los púlpitos que hay a los lados del arco toral, siendo una obra del escultor Miguel Verdiguer.

Entre los años 1931 y 1936, se realizaron una serie de excavaciones arqueológicas llevadas a cabo por el arquitecto Félix Hernández; así, bajo la parte más antigua de la Sala de la Oración, aparecieron los restos de la primitiva Basílica de San Vicente, sobre la cual se construyó la Mezquita. Parte de ellos pueden ser hoy vistos en el Museo de San Vicente, instalado en el interior de la Catedral. Además de a éste, también es de sumo interés la visita al Museo de San Clemente, en el que hay expuestas varias piezas arqueológicas, como un capitel procedente de la ampliación que hizo Almanzor de la Mezquita, o restos de la decoración original que tenían las portadas, entre otras. Por último, se puede ver el Tesoro Catedralicio, que guarda una importante colección de crucifijos de marfil, o cálices de oro, entre otros objetos. Pero sin duda, uno de los más importantes es la denominada Custodia de Arfe; se trata de una obra de Enrique de Arfe realizada a comienzos del siglo XVI cuya función es la de salir anualmente en procesión el día del Corpus Christi con la hostia consagrada que representa el Cuerpo de Cristo.

El Patio de los Naranjos. Aunque ya existía cuando solamente era Mezquita, su forma actual se corresponde a una remodelación hecha a principios del siglo XVI de la mano del arquitecto Hernán Ruiz I. Siglos antes, Abd al-Rahman III derribó el alminar de Hixem I y lo amplió hacia el Norte y, posteriormente, Almanzor lo hizo hacia el Este. En época islámica, el patio ya era porticado, si bien el claustro actual ya se corresponde con la reforma que se llevó a cabo a comienzos del siglo XVI y que ya comentábamos antes. En cuanto a los árboles que hay repartidos por todo el patio, se sabe que en el siglo XIII ya había palmeras y que desde el XV se plantaban los naranjos que le han dado el nombre. Más adelante, en el siglo XVIII, se incluyeron los olivos y cipreses que podemos ver hoy día.

 A finales del siglo XVI, como mencionábamos dos párrafos antes, el Cabildo Catedralicio decide arreglarla debido a que una tormenta la había dejado bastante dañada. Para ello, le encargará el trabajo a Hernán Ruiz II en el año 1593. Él derribará parte del antiguo alminar de la Mezquita, dejando lo que quedó de él en el interior de la torre, y terminará también el cuerpo de campanas. 

En el siglo XVII, continuarán las obras en la torre, esta vez de la mano de Juan Sequero Matilla, quien realizará el cuerpo del reloj, mientras que Gaspar de la Peña hará el campanario en 1664. Finalmente, el remate con la escultura de San Rafael pertenece a los artistas Pedro de la Paz y Bernabé Gómez del Río.

El conjunto de la Catedral-Mezquita fue declarado por la UNESCO Monumento Patrimonio de la Humanidad en el año 1984.


En la imagen podemos ver que lo que destaca en el centro de la mezquita es la catedral, construida entre 1523 y 1766

La planta, de cruz latina, alberga bóvedas góticas junto con otras protobarrocas y una cúpula renacentista. El retablo mayor realizado en mármol se concluye en el XVII. Del siglo XVIII son los púlpitos de mármol y caoba y la sillería del coro de caoba.




Capilla Real





PARA SABER MÁS, VER:
EL ARTE ISLÁMICO, LA MEZQUITA DE CÓRDOBA. ¿POR QUÉ VISITAR LA MEZQUITA-ALHAMA-CATEDRAL DE CÓRDOBA?



- Iglesias fernandinas o bajomedievales

Ver    

- Conventos: 

-Femeninos: Santa Clara 1262, Santa Marta 1469, Santa Cruz con su hospedería 1464, Santa Isabel de los Angeles 1491, Regina Coeli 1499, de la Encarnación 1503, de JesúsCrucificado, de Santa Ana y San José, del Corpus Cristi 1608, de San Rafael 1655, de la Purísima Concepción , de los Santos Martirés

-Masculinos: San Pablo, Trinidad 1241, la Merced, de San Pedro Real, de San Agustín, Convento del Carmen, San Roque, San Basilio, Madre de Dios 1602, Padres de Gracia 1608, San Cayetano 1638, Capuchinos, San Pedro Alcantara
Había más, pero están destruidos: dos cerca de San Nicolás, uno en los jardines de la Victoria...



CONVENTOS


El antiguo Convento de Jesús Crucificado tiene sus orígenes en un beaterio del que surge el Convento de Santa Catalina de Sena. Fue doña Beatriz de Sotomayor quien lo fundó en 1497 en las callejas de las Azonaicas, trasladándolo en 1508 hasta su actual emplazamiento. Doña Beatriz pertenecía a la familia de los señores de El Carpio y seleccionó esta zona para el traslado del cenobio al existir en el lugar una antigua casa señorial de su familia. Casa a la que, tras anexarle las viviendas circundantes, forma el nuevo convento, del que se construyó en dicho siglo tanto la Iglesia como el claustro principal, aún hoy existentes. Las dos plantas de dicho claustro son de diferentes estilos, mudéjar la inferior y barroca la superior, existiendo en él una fuente del siglo XVI.

La Iglesia, comenzada en 1546, tenía ”el artesonado más hermoso de la ciudad”, según nos cuenta Ramírez de Arellano en su “Paseos por Córdoba”. La fachada que nosotros mostramos aquí es la que da a la Calle Leiva Aguilar, la más antigua del conjunto que corresponde a un lateral de la Iglesia y a parte de la construcción original. En la portada del siglo XVII, tiene los escudos de los Haro y los Sotomayor. Otra de sus fachadas, la que da a la Calle del Buen Pastor, tiene otra portada de época mucho más moderna.

Las monjas eran muy respetadas en la ciudad de Córdoba y por la Inquisición, la cual llegó a utilizar el templo del convento para realizar algunos de sus autos de fe. En 1868, tras ser destronada la reina Isabel II, la Junta Revolucionaria decidió la supresión de cuatro conventos en la ciudad, siendo éste uno de los escogidos por el obispo de Córdoba, integrándose sus monjas junto a las del Convento de Santa María de Gracia al ser las dos comunidades de la misma congregación. Utilizadas las instalaciones en un primer momento como cuartel, hoy se han convertido en un asilo de ancianos bajo el noble y bondadoso cuidado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados.



El Convento de la Encarnación 

, de la Orden del Císter, tiene su origen, al igual que otros en Córdoba, en un beaterio fundado en el siglo XVI según las instrucciones testamentarias de Don Antón Ruiz de Morales, canónigo y chantede la Catedral cordobesa. Por ellas y tras su muerte, establecía la fundación de varias capellanías19 y dejaba parte de sus bienes a quien lo había estado cuidando hasta el momento de su muerte, su sobrina Doña Juana González de Morales. Además, la designaba como superiora de un beaterio que debía fundarse en las que fueron sus casas y al que dejó las rentas necesarias para su mantenimiento.

Aunque así se hizo en un primer momento (1503), posteriormente se creyó oportuno elevar el beaterio a la categoría de convento y, en particular, debía serlo de la Orden del Císter. Todo ello necesitaba autorización papal, ofreciendo Doña Juana la cesión de todos sus bienes para el futuro establecimiento si el Santo Padre daba su aprobación. El Papa accedió a ello mediante la bula del 11 de julio 1509, por la que encargaba dicha misión al prior del Monasterio de San Jerónimo. Así, el 3 de abril de 1510, se funda el Convento de la Encarnación, designando como abadesa a Doña Juana González, quien renunció en el mismo momento en favor de Doña Guiomar de Albornoz, religiosa del también cordobés y hoy desaparecido convento de Santa María de las Dueñas.

Para el beaterio original, estableció Don Antón Ruiz en su testamento que sólo se admitiese a mujeres de probada honradez. Posteriormente, el 1 de febrero de 1608, el Cabildoeservó la entrada a él a mujeres que pudieran atestiguar limpieza de sangre, vocación y una buena vida antes de entrar al convento. Algo para lo cual se necesitaron nuevos estatutos y la aprobación papal.

La Iglesia es de una sola nave con tres tramos de arcos fajones y cubierta por una bóveda de cañón apoyada en lunetos. Tras el edificio original del siglo XVI, se reconstruyó en estilo barroco a finales del siglo siguiente y principios del XVIII, misma fecha de la que es la portada principal. De las imágenes del interior, podemos destacar el Niño Jesús encontrado el 11 de diciembre de 1701 flotando en el río y donado por el obispado al convento el 8 de enero de 1702.

El edificio conserva de lo construido durante el siglo XVI el claustro, la espadaña y, en uno de sus varios patios, tiene la portada del compás, construida por Hernán Ruiz III.

Ha sido declarado Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento el 02 de abril de 1982.

La fundación en 1499 del antiguo Convento de Regina Coeli,

 de la Orden de religiosas de Santo Domingo de Guzmán, se debe a Luis de Venegas y a su mujer, Mencia de los Ríos. En el testamento del primero, ya aparece la fundación del Monasterio de Regina Coeli y su deseo de ser enterrado en él. En el de su viuda, se establece la donación de las casas donde ella vivió, así como la de otras para su sostenimiento económico. Esta dama era hija del veinticuatro de Córdoba Don Diego Gutiérrez de los Ríos.

La Iglesia, de notables dimensiones (10 metros de ancho por 40 de largo y 15,50 de alto), se construyó en el siglo XVI. De ella, destacamos el coro y el artesonado que la cubre, ambos aún existentes, y la portada con arco carpanel y elementos renacentistas, que presenta un grave deterioro. El altar mayor y las pinturas de Antonio Vela que contenía se perdieron en un incendio, el 21 de abril de 1651. Tras sustituirse posteriormente el altar, lo volvió a perder al cerrarse en 1836, posiblemente para su utilización en algún otro templo al estar próxima la venta de éste.

Las ruinas del convento están adosadas al lateral Sur de la Iglesia. Entre ellas, se encuentran los restos de dos patios, existiendo galerías y arcos de medio punto en uno de ellos.

En 1804, tras la muerte de catorce monjas víctimas de la epidemia de fiebre amarilla que asolaba la ciudad de Córdoba, abandonan las religiosas el convento y se trasladan hasta el de Scala Coeli. Posteriormente, volvieron al suyo hasta la supresión de éste en una de las varias desamortizaciones del siglo XIX. No obstante, la Iglesia continuó con sus oficios religiosos durante un corto período de tiempo hasta que se vendió junto a todas las demás dependencias que habían formado parte del Convento de Regina Coeli, salvándose las imágenes de su posterior dispersión al guardarse en el Convento de San Pablo.

Después de su venta, los usos han variado, habiendo sido desde teatro de aficionados a fábrica de paños, pasando entre ambos por la ilícita actividad de fabricación de moneda falsa. Actualmente, es propiedad del Ayuntamiento, quien lo utiliza como almacén.



El antiguo Convento de San Roque

  es uno de los fundados por San Juan de la Cruz. En 1586, llega el santo a la ciudad con la intención de instalar en ella un establecimiento de frailes Carmelitas Descalzos, obteniendo del obispo de Córdoba, don Mauricio de Pazos, la autorización para realizarlo en lo que era la Ermita de San Roque. Después de comprar las casas limítrofes a la ermita necesarias para su ampliación como convento, el 18 de mayo de 1586, primer domingo de la Ascensión, comienza su existencia el Convento de San Roque.

En 1614, los Carmelitas Descalzos se trasladan hasta el nuevo Convento de San Cayetano, vendiendo San Roque a los Carmelitas Calzados por 6.000 ducados Los Calzados establecen en él un colegio de Teología para su provincia, actividad que realizaría durante los siguientes doscientos años hasta su desamortización en 1835. Anteriormente, en la desamortización de 1822, fue igualmente expropiado, subastándose y vendiéndose el Colegio de San Roque, con excepción de la Iglesia, la torre y la sacristía a don José Severo García. En 1823, es éste el expropiado, devolviéndose el colegio a la Orden hasta la desamortización ya mencionada de 1835, año en que es nuevamente expropiados y devueltos a los herederos de Don José Severo García los bienes que a él le fueron expropiados.

A finales del siglo XIX, en 1886, los religiosos Manuel Míguez y Benito Míguez, hermanos de Ricardo Míguez, Vicario General y Gobernador eclesiástico del Obispado de Córdoba, siguiendo las disposiciones testamentarias de éste, compran el edificio. Tras constituirse en la Fundación de los Hermanos Míguez, establecen en él la Casa asilo “Buen Pastor” para mujeres arrepentidas, encargando su dirección a las monjas Filipensas Hijas de María Dolorosa, una congregación fundada pocos años antes en Sevilla y volcadas en el acogimiento de jóvenes mujeres que quisieran abandonar la prostitución y aprender un oficio. En 1997, las Filipensas se trasladan al edificio vecino a éste y el Obispo de Córdoba cede el uso de las instalaciones, durante 50 años, a la Obra Pía “Santísima Trinidad”. Seis años después, el 16 de octubre de 2003, esta corporación inaugura la residencia de mayores “San Juan de la Cruz”.

La Iglesia y el claustro son del siglo XVII, teniendo el templo una sola nave cubierta por una bóveda de cañón con lunetos apoyados sobre arcos fajones. En la fachada, vemos la portada principal, compuesta por un arco de medio punto. El claustro está recorrido por una galería en todo su perímetro, destacando en él una escalera de tres tramos cubierta por una cúpula de formas poligonales e iluminada por una linterna. En la Calle del Buen Pastor, se pueden ver hoy los restos de la portada del siglo XVI que servía como entrada al convento.



El Convento de Santa Isabel de los Ángeles,

 de monjas Franciscanas Clarisas, fue fundado en 1489 por doña Marina de Villaseca. En un primer momento, fue un beaterio en el que se observaba la regla de San Francisco y en el que, voluntariamente, se recluyó a vivir la fundadora junto a otras devotas señoras. Para ello, utilizó las casas que tenía en la esquina donde hoy se unen las calles de Valderrama y del Sol y que forman parte del actual Convento de Santa Cruz. En 1491, el Papa Inocencio VIII, mediante la bula fechada en Roma el 6 de enero de 1491, les concedía la primera regla de Santa Clara y el traslado del monasterio hasta el actual emplazamiento, donde había una antigua Ermita de la Visitación de la Virgen. El convento ha sido lugar de entierro de nobles familias, como los marqueses de Villaseca, del Carpio, de Almunia y de Guadalcázar.

En 1576, se construye una nueva Iglesia, de una sola nave cubierta por bóveda de cañón y con portada adintelada. De ella, destacamos el altar mayor de yeso, separado del resto del templo por una verja. En su centro, un relieve de la Visitación, también de yeso, sustituye el cuadro de igual temática pintado en el siglo XVII por Antonio del Castillo y perdido durante la invasión francesa.

En la fachada del convento, vemos una portada del siglo XVII con los escudos de los Córdoba y los Figueroa por la que se accede hasta el Compás. A éste, dan las fachadas en piedra de la Iglesia y la sacristía.

En su interior, existe la imagen de San Pancracio, a la que son muy devotos los cordobeses, siendo los miércoles un lugar muy visitado en el que ruegan para conseguir un puesto de trabajo, bien para el mismo visitante o para alguien muy allegado.

Al otro lado del Puente Romano, en la margen izquierda del río, encontramos erigida en el Campo de la Verdad la Iglesia de San José y Espíritu Santo.

 Su origen lo tenemos que buscar en la Baja Edad Media, cuando existía en estos mismos terrenos, el Arrabal de Secunda, una ermita bajo la advocación de la Visitación de Nuestra Señora y Espíritu Santo. Algunas teorías apuntan la posibilidad de que ésta se construyera sobre las ruinas de la antigua Mezquita de Umayya, o del Sacrificio, levantada por Umayya ben Abd-Al-Malik. Sin embargo, la falta de pruebas arqueológicas no ha permitido demostrar esta teoría con fiabilidad. Cuando en la Baja Edad Media empieza a aumentar la población del Arrabal de Secunda, se hace necesario ampliar la vieja ermita, algo que se lleva a cabo en la segunda mitad del siglo XVI. En el año 1570, el templo adquiere la condición de iglesia parroquial, por lo que podría ya tener sacerdote propio y administrar los sacramentos, aunque seguía dependiendo de la Parroquia del Sagrario, en la actual Catedral. Cinco años más tarde, en 1575, Santa Teresa de Jesús visita la Iglesia a su paso por Córdoba camino de Sevilla, donde fundaría su convento carmelita.

Pocos son los datos que se conocen de esta Iglesia. En el siglo XVIII, concretamente en el año 1753, se lleva a cabo una de las más importantes reformas; será cuando se construya una falsa bóveda de yesería, típica del barroco. A finales del XIX, el templo se independiza totalmente de la Parroquia del Sagrario, mientras que en la primera mitad del siglo XX se destruye la falsa bóveda, devolviéndole a la Iglesia su altura original. En 1947, tiene lugar una desgraciada riada que dejará sin casa a cientos de familias que vivían en el arrabal. Será entonces cuando uno de los personajes más queridos de Córdoba, el obispo Fray Albino, cree el barrio que hoy conocemos con su nombre, donde se construirían viviendas para las familias cordobesas más desfavorecidas. Será entonces, con esas construcciones, cuando desaparezca el cementerio del templo. También se realizará la otra gran reforma que ha sufrido la Iglesia: se alargarán las naves con tres crujías nuevas, una antesala y un coro, y además se construirá una fachada neobarroca provista de espadaña, obra del arquitecto diocesano Carlos Sáenz de Santamaría.

En cuanto a su descripción, la Iglesia tiene planta basilical, constando de tres naves y siendo la del centro más ancha que las de los lados. A los pies está la antesala y, sobre ella, el coro, estando la escalera para subir a él y a la espadaña en el lado de la Epístola42. La capilla mayor, que alberga un retablo barroco realizado por Teodosio Sánchez Cañada en 1749, tiene delante un presbiterio43 y está comunicada con la nave central a través de un arco de medio punto de ladrillo. Las naves de los laterales se separan de la central mediante arcos del mismo estilo, estando éstos sustentados por columnas de dos tipos: por un lado, las que han perdurado del siglo XVI y que fueron traídas aquí desde la Mezquita cuando se instaló en ésta la Catedral; y por otro lado, las de la construcción nueva. En su interior, se pueden contemplar asimismo algunas obras de arte de entre los siglos XVII y XX. En el exterior, la Iglesia presenta un aspecto neobarroco, siendo su fachada principal, orientada al Noroeste, la que se realizó a mediados del siglo XX y estando pintada en blanco y toda la decoración que sobresale de ella en color ocre. La portada de acceso es un arco de medio punto con sendas pilastras a los lados sobre las que se apoya un frontón con una hornacina en el centro que guarda una imagen de San José con el Niño. A ambos lados de la puerta, hay dos altares hechos de azulejos y que representan a la Virgen del Rayo (izquierda) y el Descendimiento (derecha). En el lateral derecho, se encuentra la espadaña, formada por tres huecos con el mismo número de campanas. Bajo ella, hay un reloj y, más abajo, una ventana que deja entrar la luz en la escalera. Finalmente, en el muro de la nave del Evangelio, se abrió una puerta en el año 1994 denominada Puerta de los Reyes y a través de la cual salen los pasos procesionales de la Archicofradía de la Veracruz.



La Iglesia del Salvador y de Santo Domingo de Silos y el antiguo Colegio de Santa Catalina 
tienen su origen en una fundación del siglo XVI realizada por los Jesuitas gracias a la donación realizada en su favor de varias de sus casas-palacio por parte del Deán de la Catedral Don Juan Fernández de Córdoba. El donativo tenía como fin el que pudieran construir un colegio al que el mismo Deán ya le había puesto por nombre Santa Catalina.
El arquitecto fue, una vez más, Hernán Ruiz II, quien lo construyó entre 1555 y 1569, habiendo estado paralizadas las obras entre 1556 y 1565. Posteriormente a dicha parada, se terminó parcialmente en 1567 el colegio, continuando con su fábrica en 1589 hasta su terminación en 1599. A lo largo del siglo XVII, fue arruinándose el edificio hasta tener que ser totalmente reconstruido, en estilo barroco, a principios del siglo XVIII. En estas obras es cuando se construyeron el hoy patio principal y la Escalera Imperial. La fábrica de la Iglesia se reanudó en 1569 para finalizarse el 12 de enero de 1580, día de su inauguración.

La Iglesia de la Compañía, como es conocida en la ciudad por haber sido de la Compañía de Jesús, es de estilo manierista con una planta de cruz latina a la que cubre en su crucero una cúpula semiesférica encasetonada con linterna. La cubierta de la nave la forman bóvedas vaídas46separadas por arcos fajones y las de los brazos del crucero son bóvedas de cañón. En el lado del Evangelio, después del brazo del crucero, está la antigua capilla del colegio, del siglo XVIII, de forma rectangular y techada por una bóveda central y dos laterales. Durante un cierto periodo de tiempo, se utilizó como Capilla del Sagrario. Del mismo siglo y forma que ésta última capilla y con un techo formado por una bóveda de aristas es la antigua Sacristía, del arquitecto Francisco Hurtado Izquierdo.

A los pies de la Iglesia, está la portada principal, con el escudo de los Borbones en el frontón y fabricada en un estilo de transición del manierismo hacia el barroco.

Al ser expulsados los Jesuitas en 1767 y temiendo el obispo de Córdoba que pudiera perderse el templo, decidió sacrificar la vecina Iglesia de Santo Domingo de Silos, considerada de menor importancia, y unir las dos parroquias de San Salvador y de Santo Domingo de Silos en una única que tendría como sede la Iglesia jesuita, algo realizado el 16 de diciembre de 1782.


El Colegio de Santa Catalina, del siglo XVI, estaba construido alrededor de un patio porticado con una galería de arcos superior. En la zona Este, se situaban las aulas y al Sur, el convento. En la actualidad, el patio principal ocupa el centro de las escuelas y en la galería Este se sitúa la Escalera Imperial, una de las más apreciadas en su tipo y la más monumental de Córdoba. Esta institución de enseñanza jesuita llegó a estar situada entre las más importantes de Andalucía, habiendo estudiado en ella hasta los 14 años el poeta del Siglo de Oro español Don Luis de Góngora y Argote. Cuando se expulsó a la Compañía de Jesús, hubo de cerrarse el colegio, pasando su importante biblioteca a formar parte de la del Obispado.

En el presente y desde 1999, son los Padres Escolapios quienes dirigen el centro con el nombre de Reales Escuelas Pías de la Inmaculada Concepción y San Francisco Javier.
El conjunto arquitectónico formado por el Colegio de Santa Catalina y la Iglesia de San Salvador y Santo Domingo de Silos fue declarado Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento el día 09 de enero de 2001.



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De estructura cristiana y decoración árabe, se puede reconocer en su interior a primera vista esta singular fusión de culturas. De su decoración merece la pena destacar tanto su zócalo de alicatado, su decoración con motivos geométricos, su yesería y cómo no, su bóveda gótica.

Declarada en 1931 Bien de Interés Cultural, este monumento se encuentra anexo al antiguo Hospital del Cardenal Salazar. Fundado en el año 1704, el edificio alberga hoy la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Córdoba.

PUERTA DEL PUENTE

 Puerta del Puente, diseñada por el arquitecto Juan Herrera. Esta puerta, que es la más airosa de la ciudad, fue construída en el año 1571, con sillares almohadillados; sus columnas exentas, que imitan el orden dórico, sustentan una cornisa y un ático rematado por un frontón semicircular, en el cual se observa un relieve con el escudo de Castilla sostenido por dos guerreros de la época. En la parte superior del intercolumnio, hay dos relieves de Torrigiano y una cartela que recuerda su inaguración por el monarca Felipe II. Hoy no conserva toda su esbeltez, pues el basamento está hundido bajo el nivel de la calzada que lo circunda. Debido a la reforma que se realizó a principios del siglo XX, cambió su aspecto de puerta por el de un arco de triunfo.




La Puerta del Puente se construyó en 1575 en honor a la visita que Felipe II iba a realizar a la ciudad. Es una construcción de tres cuerpos realizada por Hernán Ruiz III con sillares de piedra arenisca. En el cuerpo central, sobre el vano con arco adintelado, hay una cartela en la que podemos leer “Reinando la Sacra Católica Majestad Don Felipe, nuestro señor, segundo de este nombre”. Sobre ésta y coronando el cuerpo, hay un arco semicircular inacabado en el que dos guerreros franquean el escudo situado entre ellos. Los dos cuerpos laterales cuentan cada uno en su lado frontal con dos columnas exentas de orden dórico apoyadas en basamentos de piedras almohadilladas y que sustentan la cornisa de la azotea. Detrás de ellas, cada intercolumnio está decorado con un relieve diferente. En los más cortos laterales exteriores, el lugar de las columnas está ocupado por pilastras.

Inicialmente, sólo se construyeron las columnas y demás elementos descritos antes por su cara exterior (la que mira hacia el puente), no siendo hasta 1928 cuando en una remodelación se iguala la cara interior (la que mira hacia la ciudad), pasando a parecer más un arco del triunfo que una puerta. Parecido más acentuado aún por haber quedado aislada de cualquier otra construcción en 1912 tras la desaparición de los lienzos de la muralla que llegaba hasta ella.

La Puerta del Puente se realizó en la misma zona en la que siempre había existido una puerta desde época romana; y es que tenemos que recordar que Córdoba era una ciudad amurallada con sus diferentes accesos, siendo ésta la entrada por la que se entraba a la ciudad desde el Puente Romano. A lo largo de su historia, esta entrada ha tenido diversos nombres, por lo que la podemos encontrar bajo la dominación árabe llamándose Bab al-Sura (Puerta de la Estatua); quizás este nombre estuviera motivado por conservar aún entonces una antigua estatua de época romana. Otros nombres utilizados entonces fueron Bab al-Qantara (Puerta del Puente), Bab al-Wadi (Puerta del Río) o Bab al-Yazira (Puerta de Algeciras) ya que ésta era la entrada a Córdoba desde el Sur de la península.
Ha sido declarada Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento el 04 de junio de 1931.



TRIUNFOS  DE SAN RAFAEL

A la izquierda de la Puerta del Puente se encuentra el triunfo de San Rafael, el más notable de la ciudad. Al transitar por la ciudad podemos observar diferentes triunfos, en el puente romano, en el puente de San Rafael, en la antigua estación de ferrocarril, en Puerta Nueva, en la plaza del Potro. En dichos lugares y en otras plazas cordobesas, figura la estatua de San Rafael encaramado sobre el capitel de una columna votiva. Estas variadas y originales representaciones, que son conocidas con el nombre de triunfos, son conmemorativas de la promesa de salvaguardia ciudadana que los cordobeses, haciéndose eco de una piadosa tradición, atribuyen al benéfico arcángel.

  

De todos los triunfos existentes, éste que se contempla, situado junto a la puerta del Puente, en el interior de un recinto con verja que también es atalaya sobre el río, resulta el más fastuoso y monumental. Se comenzaron las obras en abril del año 1765, sobre un diseño de los presbíteros Esgrois y Martínez, con posterioridad reformado por el arquitecto francés Michel de Verdiguier, el mismo que realizó los dos púlpitos del crucero de la Mezquita-Catedral. En el pedestal hay un grupesco de palmeras y figuras alegóricas no muy conseguidas. La obra fue concluída en diciembre de 1871 y fue costeada por el cabildo catedralicio.San Rafael


 En contra de lo que creen muchos cordobeses y cordobesas, San Rafael no es nuestro patrón, los patronos de la ciudad son los Santos Mártires Acisclo y Victoria, San Rafael sólo tiene el título de "Custodio". Quizás muchos de vosotros y vosotras no sepáis de dónde viene esa tradición tan típica,
Een los siglos XVI y XVII fueron habituales las historias sobrenaturales referidas a apariciones, espectros, fenómenos extraños, etc. No siempre esas historias tenían un matiz fantasmal, en muchas ocasiones tenían una connotación religiosa, como la historia referida al Arcángel San Rafael y al padre Andrés de las Roelas. 


     Según la leyenda, el padre Roelas, que vivía en el barrio de San Lorenzo, estando muy enfermo se encomendó a los Santos Mártires para recobrar la salud. Durante cinco noches seguidas escuchó una voz que le decía: "Salte al campo y tendrás salud". De manera que eso hizo, salió por la puerta de Plasencia (hoy Plaza del Alpargate), y cuando estaba junto al arroyo del Camello, sentado en una cruz de piedra que allí había (hoy Calle Cinco Caballeros), se le aparecieron cinco caballeros vestidos de blanco que le comunicaron que los huesos hallados en 1575 en las obras de la iglesia de San Pedro eran de los Santos Mártires de Córdoba (Fausto, Januario, Marcial, Perfecto, Zoilo, Elías, Flora,...). Seguidamente, salieron al galope, intentó seguirlos, abandonó sus muletas y salió a la carrera, no los alcanzó pero recuperó la salud. 

    Como no le comunicaron su identidad, Roelas fue advertido por los teólogos para que les preguntara quiénes eran, en el caso de que este hecho se repitiera. Así fue, el 7 de mayo de 1578 se produjo la quinta aparición, el sacerdote Roelas preguntó y este ser le respondió: "Yo te juro, por Jesucristo crucificado, que soy Rafael, ángel a quien Dios tiene puesto por guarda de esta ciudad". Las epidemias que asolaban la ciudad cesaron, según la leyenda, gracias a la intervención divina de San Rafael.

     Tiempo después, gracias a los donativos y a la ayuda de la nobleza cordobesa se empezó a construir un templo en honor al Arcángel, se trata de la Iglesia del Juramento, finalizada en 1732 y alzada en el mismo lugar donde vivía el padre Roelas, de hecho, a este venerable sacerdote se le dedicó una calle en la misma zona. Al igual, en señal de agradecimiento se levantaron varios monumentos a San Rafael, conocidos como "triunfos" en distintas plazas y calles de Córdoba. Por otro lado, su nombre se hizo tremendamente popular, como todavía podéis comprobar.


CABALLERIZAS

Las Caballerizas Reales las fundó el rey Felipe II en 1567 con el fin de lograr una raza de caballos puramente española. Para ello, eligió como caballerizo mayor a Don Diego López de Haro, al que ya había nombrado anteriormente Marqués del Carpio. Las obras comenzaron en 1570 en terrenos del antiguo Alcázar de los Reyes Cristianos y en 1590 ya estaban finalizadas bajo la dirección de Juan de Mingares. La gran importancia histórica de las Caballerizas Reales es que en su interior es donde surgió el actual Caballo Andaluz o Pura Raza Español

Su larga trayectoria de casi quinientos años siempre ha estado relacionada con el mundo del caballo, habiendo tenido algún grave percance como el incendio ocurrido en el siglo XVIII, reinando Carlos III, y del que tuvo que ser casi totalmente reconstruida. En el interior del recinto, destacaremos lo que fue la antigua cuadra principal, un edificio de planta rectangular y tres naves cubiertas por bóvedas de aristas a las que sostienen columnas de piedra. Éstas últimas delimitan el espacio dedicado a las cuadras. Es en el siglo XIX cuando se le añade el actual picadero cubierto, fabricado en hierro.

Caballerizas desde el alcazar nuevo, x teodosio

LA VIDA EN LA CÓRDOBA MODERNA




Luis de Góngora y Argote 

Velázquez: 'Retrato de Luis de Góngora' (1622)


Un manuscrito inédito muestra las acusaciones del poeta contra un miembro del Santo Oficio que amancebaba a una mujer

Extracto del manuscrito de Góngora:

'Góngora La Estrella Inextinguible. Magnitud Estética Y Universo Contemporáneo
“Ýtem, e oýdo decir a Álualo de Vargas,paje que fue del dicho ynquisidor, como la dicha doña María era su amiga y entraba y salíade su casa muy de hordinario, y la tenía veinte y treinta días en un aposento alto que llaman de la Torre, donde la entraban por una escalera falsa que está en la principal, que sube a su quarto, y para tener correspondençia a su aposento hiço romper a costa del Rey la muralla de nueve pies en ancho,y el dicho Vargas la bio abrir y trabajar en ella como agora se puede ber por vista de ojos; y que quando el dicho ynquisidor dormía con la susodicha doña María lo echaba él de ver en quatro y seis camisas que había él mudado la noche y estaban tendidas a la mañana en el terrado para enjugallas del sudor, donde hallaba en las delanteras de las dichas camisas las inmundiçias y suciedades hordinarias de semejantes actos, como lo dirá el dicho Áluaro de Vargas”.


Góngora esculpido por Mateo Inurria;



PARA SABER MÁS:

--ITINERARIO POR LA CÓRDOBA MODERNA. CASAS SEÑORIALES, BARRIOS Y CALLES
-ITINERARIO POR LA CORDUVA CRISTIANA

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