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608 EL REINADO DE ISABEL II.


EL REINADO DE ISABEL II.

Isabel II, reina de España (1863)


Isabel II de España, llamada «la de los Tristes Destinos» o «la Reina Castiza»

Proclamada reina a los tres años de edad, bajo la tutela de su madre María Cristina, y obligada a contraer matrimonio a los dieciséis años,

Isabel II se convirtió en una mujer adelantada a su tiempo, que rompió con el estigma decimonónico de ser un ‘ángel del hogar’.

Oficialmente, Isabel II y Francisco de Asís fueron padres en doce ocasiones, aunque varios embarazos acabaron en abortos o los neonatos fallecieron al cabo de muy poco tiempo
Atrevido e irreverente es el retrato que hace Valle Inclán en “La corte de los milagros”:

“La Católica Majestad, vestida con una bata de ringorrangos, flamencota, herpética, rubiales, encendidos los ojos del sueño, pintados los labios como las boqueras del chocolate, tenía esa expresión, un poco manflota, de las peponas de ocho cuartos.”

Debido a su pequeña nariz el pueblo la apodó rápidamente "La Chata" y este sería el nombre por el que se la conocería en todo el país

Este retrato de Juan Pérez de Villamayor,
PARA SABER MÁS, VER:


1. REGENCIA DE MARÍA CRISTINA DE NÁPOLES 

María Cristina de Borbón

A la muerte de Fernando VII en 1833, su esposa, María Cristina de Borbón-Dos Sicilias accede al trono en calidad de Regente ante la minoría de edad de la futura reina Isabel II. Se encontrará enfrentada al hermano del Rey fallecido, Carlos María Isidro de Borbón, que no reconoció la derogación de la Ley Sálica que impedía a las mujeres acceder al trono de España hecha por Carlos IV y ratificada y promulgada por el propio Fernando VII y que llevaría al enfrentamiento bélico entre los pretendientes a la Corona conocido como la Primera Guerra Carlista.


Guerra carlista 

Desde 1833, los carlistas estaban en guerra contra los cristinos. Se habían hecho fuertes en el País Vasco, Navarra y Cataluña, fundamentalmente, con un apoyo inicial de unos 70.000 hombres, aunque los alzados en armas eran muchos menos.

El 14 de noviembre de 1833, las Juntas de Álava y Vizcaya nombraron a Tomás de Zumalacárregui jefe de sus ejércitos. El ejército cristino contaba en ese momento con unos 115.000 hombres, aunque sólo unos 50.000 se encontraban con capacidad de combatir. En el futuro se debió movilizar a cerca de medio millón para enfrentarse victorioso a las tropas carlistas. El Infante Don Carlos, fugado de su exilio inglés, se instaló entre Navarra y el País Vasco, y desde allí dirigió la contienda, fijando la capital en Estella. Tras los éxitos iniciales, Zumalacárregui perdió la Batalla de Mendaza el 12 de diciembre de 1834 y se retiró hasta una nueva incursión en la primavera de 1835 que obligó a los seguidores de la Regente a situarse más allá del río Ebro. Durante el sitio de Bilbao, el 15 de junio de ese año, Zumalacárregui sufrió heridas de combate que le provocaron la muerte días más tarde. En el verano de 1835, los isabelinos al mando del general Fernández de Córdova trataron de aislar a los carlistas en el norte pero sólo consiguieron mantener el control de las ciudades más importantes.

La muerte de Zumalacárregui provocó una estabilización de los frentes, salvo la incursión de 1837 hasta las puertas de Madrid. El general Baldomero Espartero fue el encargado de dirigir a las tropas fieles a la Regente y evitar la acometida de la Expedición Real que se aproximó a Madrid, hasta que el 29 de agosto de 1839, firmó la paz con el general carlista Rafael Maroto en lo que se conoce como el Abrazo de Vergara.

Estatuto Real

El fin del periodo absolutista de la Restauración animó a los liberales, defensores de la Regente, a que rigiera nuevamente la Constitución de 1812 elaborada por las Cortes de Cádiz.

La posición de la Regente no es clara respecto al restablecimiento de la Constitución, y encarga a Francisco Martínez de la Rosa, a la sazón Presidente del Consejo de Ministros la elaboración de una nueva norma. Junto a Javier de Burgos y no pocas dificultades, el 10 de abril de 1834 se promulga el Estatuto Real a modo de carta otorgada que pretende superar la anterior norma fundamental de 1812 y contentar a liberales y moderados.

 El intento de compromiso entre la corona y los liberales moderados, se plasma en el Estatuto Real del 10 de abril de 1834. Aún no siendo una constitución propiamente dicha, si es un pacto que establece una representatividad de abajo hacia arriba, pacto entre la soberanía popular y la monarquía, participando del espíritu de concesión de representatividad política. Así mismo, sin ser una Carta otorgada, disfruta de su espíritu, ya que Martínez de la Rosa, vivió la experiencia de la Carta de Francia. El Estatuto Real es un texto jurídico breve, solo cuenta con 50 artículos, que establecía dos cámaras: un estamento de Próceres, y otro de Procuradores. Este sistema bicameral, entroncaba con el espíritu de Jovellanos y el sistema británico, conjugando los intereses de los dos estamentos de la sociedad Aristocracia (Próceres) y Pueblo (Procuradores). El Estatuto Real fue una solución necesaria, pero a la vez breve debido a la falta de equilibrio en la sociedad española de 1834, y a su propia carencia de soluciones. Quizás el Estatuto Real, hubiera sido rentable en 1822, pero en 1834 no; la revuelta de Sargentos de la Granja el 13 de agosto de 1836, provocó su derogación, forzando la firma de la reina gobernadora, de la Constitución de 1812, y provocando la posterior elaboración de la Constitución de 1837. En el Estatuto se echa de menos una proclamación de derechos individuales, así como un pronunciamiento sobre la soberanía nacional, siendo estos dos puntos claves de la ideología liberal. El Estatuto enfrentará a los liberales moderados, que verán en él su carta política, con los liberales exaltados, que comenzarán a llamarse progresistas y rechazarán el Estatuto.
Desde junio de 1835, Martínez de la Rosa había tenido que abandonar el poder, asumiendo la presidencia del gobierno el conde de Toreno, que durará escasamente tres meses.


  • EL GOBIERNO DE MENDIZABAL Y LA CONSTITUCIÓN DE 1837
Mendizábal nació en Cádiz en 1790. Estuvo siete meses en el poder en los que volvió a poner en practica la legislación de la etapa de 1812 y fomentó importantes novedades, entre las que se encuentran una declaración ministerial según la cual se comprometía a hacer realidad las peticiones de las Juntas, la creación de las Diputaciones Provinciales y la promesa de una declaración de derechos y la responsabilidad del gobierno ante las Cortes.

Apoyado por el estamento de procuradores su gobierno fue una dictadura plebiscita y revolucionaria. Durante todo el gobierno existió un grave peligro carlista lo que explica que la antigua milicia, ahora llamada “Guardia Nacional” multiplicase sus efectivos hasta cambiar la situación militar.
En el tema hacendístico Mendizábal intentó resolver los problemas que había mediante los empréstitos, repartiendo por provincias unas ciertas cuotas de ingresos obligatorios, y mediante la desamortización. Mendizábal empezó a encontrar dificultades para gobernar a partir del año 1836 y en mayo de este año fue sustituido por Istúriz.

Las cortes pretendían adaptar la Constitución de 1812 pero, finalmente, se trabajó en la redacción de una nueva Constitución, la de 1837, que intentó superar la de 1812 y el Estatuto Real, que habían resultado de incierta aplicación.

El texto fue elaborado por una Comisión presidida por Argüelles, quien tuvo gran importancia en la redacción de la Constitución de 1812. En el texto de la Constitución del 37 se aprecia el influjo del llamado liberalismo doctrinario, por el cual se trató de conseguir el mantenimiento de una parte de los poderes que le correspondían a la Monarquía en el Antiguo Régimen.

- La Constitución de 1837

La Constitución de 1837 tiene tan sólo 13 títulos y 77 artículos y aunque en su preámbulo hace mención a la soberanía nacional se contempla en ella la existencia de una soberanía compartida entre el rey y las Cortes, ya que el poder legislativo corresponde a la Cortes con el rey, y éste tiene un veto absoluto sobre la legislación además de la capacidad de disolver las cámaras provocando así una nueva convocatoria electoral.

Esta Constitución constituye uno de los primeros prototipos europeos de texto fundamental basado en la Monarquía Constitucional. En ella se definen dos cámaras con las denominaciones actuales: Congreso de los Diputados y Senado. Además se hace alusión a la Milicia Nacional, contiene una declaración de Derechos entre los que está la libertad de imprenta y no declara el catolicismo como única religión verdadera, con lo cual no se prohiben otras religiones.

La Constitución de 1837 podía haber sido un campo común para las dos tendencias liberales, sin embargo la lucha partidista provocó que con cada cambio de gobierno se modificará el texto.

- La desamortización

A partir de 1833 el proceso desamortizador se precipitó por varias causas:

1.- La guerra obligaba al Estado a obtener recursos.
2.- Se difundió en el país un clima anticlerical.
3.- Los antiguos compradores de bienes desamortizados en el Trienio, expropiados en 1823, presionaban al gobierno para que les devolviera sus bienes.

Por eso no es extraño que los gobiernos liberales fueran poco a poco avanzando hacia la desamortización.

El resultado es que sólo subsistieron 300 de los 2.000 conventos existentes.

En esta situación se publicó la primera de las dos grandes leyes de desamortización de la revolución liberal, la de Mendizábal.

En 1836 se declaraban en venta todos los bienes pertenecientes al clero regular, y se destinaban los fondos obtenidos a la amortización de la deuda pública.

Bajo la regencia de Espartero, se incluyeron los bienes del clero secular, igualmente desamortizados. Fue finalmente con la vuelta de los moderados, en 1844, cuando se suspendieron las subastas, aunque el gobierno del general Narváez garantizó las ventas ya realizadas.


PARA SABER MÁS, VER:


REGENCIA DE ESPARTERO
  • EL PROGRESISMO DE ESPARTERO
Después del a emigración de María Cristina hacia París la primera fórmula política que existió fue un ministerio regencia a cuyo frente estaba Espartero.

Espartero nació en 1793, su identificación con el progresismo fue muy tardía y su carácter autoritario, con lo que no tuvo la menor duda de su monarquismo. Combatió en primera línea en la Guerra de Independencia y en las sucesivas Guerras Carlistas. Fue herido en ocho ocasiones. Su carácter altivo y exigente lo llevó a cometer excesos, en ocasiones muy sangrientos, en la disciplina militar. Convencido de que su destino era gobernar a los españoles, llego a ser dos veces presidente del Consejo de Ministros y asumió la Jefatura del Estado como regente durante laminoría de edad de Isabel II. El general Baldomero Espartero,Príncipe de Vergara –entro otros muchos títulos– fue el único militar español con tratamiento de Alteza Real.

A pesar de todas sus contradicciones, supo pasar desapercibido los últimos veintiocho años. Rechazó la Corona de España y fue tratado como una leyenda desde bien joven. Joaquín Baldomero Fernández-Espartero Álvarez de Toro (Granátula de Calatrava, 27 de febrero de 1793 – Logroño, 8 de enero de 1879) fue una figura clave en la historia militar y política del siglo XIX. Este general curtido en batallas fue el protagonista, junto a Maroto, del Abrazo de Vergara de 1839. Un gesto con el que se se selló la paz en la Primera Guerra Carlista.

Tras la contienda se volcó en la política. María Cristina le nombró presidente del Consejo de Ministros. Después fue él mismo el que la exigió que abdicara para que le nombrara regente en 1841.

Dos años más tarde se vio obligado a disolver las Cortes. Desde entonces, se mantuvo retirado. En 1868, Prim le ofreció que las Cortes lo eligieran rey constitucional de España, pero él lo rechazó. Amadeo de Saboya fue quien finalmente lo nombró Príncipe de Vergara con tratamiento de Alteza Real.

Las elecciones de 1841 dieron la victoria a los progresistas debido al “retraimiento” de los moderados, es decir, la negativa de estos a considerar como posible el acceso al poder por procedimientos legales, lo que planteaba un pronunciamiento.

En septiembre de 1841 se produjo un pronunciamiento, producto de una conspiración dirigida por la ex-regente y apoyado en la oficialidad. La localización del pronunciamiento en las provincias vascas se debió al descontento de los oficiales del ejército carlista, ahora integrados en las filas del ejército regular.

El fusilamiento de quienes intentaron el pronunciamiento reveló el autoritarismo de Espartero.
A finales de 1841 se produjo la divergencia en el seno del progresismo, debido a la aparición del republicanismo en varios sectores políticos. Estos sectores presentaban un programa de izquierda con medidas sociales, como el reparto de la tierra desamortizada, la difusión generalizada de la enseñanza, o la disminución del presupuesto militar.
Estos sectores republicanos no supusieron un peligro para Espartero hasta que su oposición se vio multiplicada por el intento de introducir un arancel modestamente librecambista. Además los procedimientos autoritarios del regente le enfrentaron con la prensa liberal, en su mayor parte progresista.

Esto llevó a la sublevación de Barcelona. Debido a los temores a la política librecambista se produjo un movimiento de carácter popular en el que tomaron parte republicanos y obreros de la industria textil.

El movimiento fue espontaneo. En 1842 Barcelona fue bombardeada hasta su sometimiento y como castigo se le obligó a pagar una contribución extraordinaria.
En las elecciones de enero de 1843 los diputados progresistas electos contrarios a Espartero eran casi el doble que sus adictos. El regente cedió el gobierno a un dirigente progresista no dependiente de él. Los progresistas sublevados se sumaron a los generales moderados que habían formado una sociedad secreta: la Orden Militar Española.

En 1843 Narváez desembarcó en Valencia y Espartero abandonó el país.

REINADO DE ISABEL II

Isabel II de Borbón.
  • LA DÉCADA MODERADA
  • NARVÁEZ Y LA CONSTITUCIÓN DE 1845
El general Narváez subió al poder en mayo de 1844. Pertenecía a un grupo de militares que protagonizaron la vida política durante todo el reinado en el que también se incluían Serrano, Concha y O'Donnell.
Narváez había sido un liberal templado, durante muchos años pudo ser considerado el hombre fuerte, no sólo del partido moderado, sino de todo el régimen de Isabel II. Fue quien plantó las bases del régimen durante su primer gobierno, que duró hasta febrero de 1846. Contó con la colaboración de varios sectores del partido moderado, ya que éste se podía dividir en:
  • Derecha: Representado por el marqués de Viluma. Deseaban una vuelta a una fórmula semejante al Estatuto Real, la reconciliación con los carlistas, mediante el matrimonio de la reina y una representación corporativa en vez del parlamentarismo liberal.
  • Izquierda: También denominado puritano, estaba dirigido por Joaquín Pacheco. Deseaban la conciliación con los progresistas, y, para ello, estaban dispuestos a mantener la Constitución de 1837.
  • Centro: En este sector se sitúa Narváez, antiguos doceañistas: Francisco Martínez de la Rosa, ilustrados: Luis López Ballesteros, y burócratas que harían las reformas de la época moderada: Alejandro Pidal y Mon.
Narváez se comportaba con dureza y así se demostró cuando el levantamiento de Zurbano fue liquidado con su fusilamiento.
Las cortes de 1844 se inclinaron hacia la derecha. En 1845 se redactó una nueva Constitución. La mayoría de sus artículos son una transcripción literal de la Constitución de 1837, sin embargo, los cambios configuran su texto como una alternativa política un tanto distinta.
En su preámbulo se plantea desde el primer momento el carácter compartido del poder entre el pueblo y el rey.
En la Constitución de 1837 sólo constaba la condición católica del pueblo español, en la de 1845 se obligaba a mantener el culto.
En la nueva Constitución el Senado tiene un papel crucial. Su composición era de nombramiento real, el número de senadores ilimitado y el cargo vitalicio.
Al rey se le atribuía una amplia libertad en materia matrimonial, iniciativa legislativa y capacidad para nombrar y separar los ministros o para disolver las Cortes.
Además se dictaron otras disposiciones, como la Ley electoral, la Ley municipal o la legislación sobre imprenta.
La Ley electoral tenía tales exigencias de nivel económico que el censo electoral se redujo a menos de 100.000 personas, cuando antes superaba el medio millón.
La Ley municipal estableció un sistema muy centralista que permitía al gobierno nombrar directamente a los alcaldes en los municipios de más de 2.000 habitantes.
La legislación sobre imprenta exigía elevados depósitos previos a quienes quisieran editar un periódico y establecía un tribunal de jueces y no de jurados populares para determinar los posibles delitos de prensa.
El matrimonio de la reina Isabel II produjo la dimisión de Narváez, ya que doña María Cristina eligió un candidato demasiado a la derecha para el gusto del presidente.

  • EL MODERANTISMO Y SU CONSTRUCCIÓN DEL ESTADO LIBERAL: REFORMAS PARA UNA ADMINISTRACIÓN CENTRALIZADA Y REFORMAS TRIBUTARIAS DE MON
La obra más importante de los moderados fue la creación de las instituciones fundamentales de un Estado, que aunque contó con las características del moderantismo logró una perduración muy notable.
Las decisiones que tomaron fueron: el centralismo, carácter censitario y oligárquico y la consideración de la administración como la médula del Estado.
La actual organización ministerial data de esta época. Determinadas vertientes de la acción del Estado se fueron convirtiendo en ministerios (comercio, Instrucción Pública).
En estos tiempos se resolvió la cuestión relativa a las regiones forales que quedaron sometidas a la legislación del resto de España en ciertas materias.
Respecto a la organización judicial lo más importante fue la configuración del Tribunal Supremo. Los proyectos esbozados en estos tiempos fueron el germen de las fórmulas definitivas, como ocurrió con el Código Civil.
La acción de estos gobiernos tuvo varios objetivos:
  • Estabilizar la institución militar. Los procedimientos a los que recurrieron alternaban la represión, expulsión de 1.200 oficiales, con una elevación de los sueldos que hizo desaparecer el motivo más frecuente de la protesta.
  • Configurar una Administración funcionarial siguiendo el modelo francés. La situación de la Administración española rozaba lo catastrófico y el esfuerzo por arreglarla presidió toda la obra de los moderados, pero el momento más singular fue el intento de Bravo Murillo en 1852 que señaló las normas para acceder a la función publica.
  • Organizar la Administración provincial. Los gobernadores civiles quedaron perfilados como cabeza de la Administración provincial, representantes del gobierno y delegados del rey.
En estos años la acción del Estado cambió en varios sentidos entre los cuales el más destacable fue el referente al aspecto tributario.
Alejandro Pidal y Mon inspirado por la tradición francesa sustituyó el sistema fiscal heredado del Antiguo Régimen por unas fórmulas nuevas basadas en dos impuestos esenciales.
  • La contribución territorial, aplicada a cada persona de acuerdo con su propiedad, principalmente agraria.
  • Unos impuestos indirectos denominados “de consumos” que encarecían los productos de consumo diario y que, por ello, motivó importantes protestas entre los sectores más importantes.
Este sistema fiscal no cambió hasta bien entrado el siglo XX. Los orígenes del derecho presupuestario o incluso la peseta como moneda patrón datan también de este momento.

  • EL BIENIO PROGRESISTA Y EL BIENIO MODERADO
  • REFORMAS PROGRESISTAS: LA CONSTITUCIÓN NON NATA DE 1856
El bienio progresista nació después del pronunciamiento del 54 con una colaboración de sectores políticos distintos y apenas si llegó verdaderamente a fraguar.
El triunfo del pronunciamiento provocó la necesidad de elaborar una nueva Constitución. En ella se impusieron los criterios del progresismo, aunque el escaso tiempo de duración del gobierno progresista impidió que la Constitución llegará a ver la luz.
El texto proclamaba la soberanía nacional y tenía una amplia declaración de derechos. Los dos puntos más originales eran la confesionalidad del Estado, al que se obligaba a mantener el culto, pero imponía la no-persecución de quienes profesaran otras doctrinas distintas del catolicismo; y el referente a lo legislativo, se introducía un Senado electivo con iguales poderes y responsabilidades que el Congreso. También se resucitaba la tradición de la Diputación Permanente de las Cortes imaginada en la Constitución de 1812.
  • LA VUELTA AL MODERANTISMO
En 1855 se empezó a producir una transición desde la situación política progresista hasta otra caracterizada por la vuelta a las soluciones moderadas.
La existencia de la Milicia Nacional provocaba una tensión hacia el partido demócrata y, a la vez, el elemento militar se oponía a cualquier intento subversivo y acababa decantándose hacia el orden impuesto desde arriba.
La llegada al poder de O'Donnell provocó la disolución de la Milicia Nacional y la vuelta a la Constitución de 1845 a la que se quiso añadir un “acta adicional” para darle mayor amplitud liberalizadora en materias como el juicio por jurados en los delitos de imprenta, la ampliación del sufragio, la determinación de la duración mínima del periodo de apertura de las Cortes, etc. Pero ese procedimiento de ampliación quedo en nada.
En octubre de 1856 los moderados volvieron al poder con Narváez a la cabeza, quien de nuevo modificó la Constitución.

  • LA ETAPA DE LA UNIÓN LIBERAL (1858-1863)
  • ENTRE MODERADOS Y PROGRESISTAS: LA POLÍTICA DE LA UNIÓN LIBERAL
En junio de 1858 O'Donnell recuperó el poder, y esto supuso un periodo de estabilidad.
Este gobierno no trató de elaborar una fórmula constitucional. Su política era menos represiva que la de los gobiernos moderados y las instituciones parlamentarias funcionaron, mientras que la legislación aprobada estuvo centrada principalmente en los aspectos económicos y administrativos.
José Posada Herrera organizó las elecciones de modo tal que los gobernadores con ayuda de los modernos medios de comunicación conseguían una mayoría electoral, pero, también cierta representación del adversario para que éste no se lanzase por el camino de la subversión.
Respecto a la legislación de estos años se aprobaron leyes importantes, como la de notariado y la hipotecaria. También se adoptó una política desamortizadora, pero intentando llegar a una acuerdo con la Santa Sede.
  • LA CRISIS DE LOS DOS ÚLTIMOS AÑOS DEL REINADO
  • LA DECADENCIA DE LOS GOBIERNOS MODERADOS Y LA OPOSICIÓN DE PROGRESISTAS Y DEMOCRATAS
Tras casi un lustro de estabilidad política se volvió a una sucesión de gobiernos poco duraderos. La causa del desplazamiento de la Unión Liberal fue la descomposición interna de una coalición de procedencia tan plural.
Durante estos años se produjo una amplia difusión de una ideología democrática y contraria a la reina, que indica la quiebra de esa mentalidad ideológica característica de la transición entre el Antiguo Régimen y el liberalismo que es el moderantismo o el liberalismo doctrinario.
O'Donnell abandonó el poder en marzo de 1863 y se produjo un retorno al moderantismo más cerrado. Hubo una serie de gobiernos moderados (Miraflores, Mon) que diagnosticaron el exceso de apertura como la razón causante de todos los males del régimen y acabaron por volver a la Constitución de 1845. Esto hizo que los progresistas pasaran al insurreccionismo.
En un posterior gobierno de Narváez, de tan sólo nueve meses en 1864-1865, apareció un nuevo tipo de conflicto político en el que los protagonistas eran los estudiantes. La existencia de un profesorado demócrata en la Universidad Central fue un motivo de seria preocupación para las autoridades.
El breve paréntesis del gobierno O'Donnell trató de enderezar la situación hacia una reedición de la Unión Liberal. Sin embargo en enero de 1866 se sublevó por vez primera Prim, ahora progresista, y en junio se produjo la sublevación de los sargentos del cuartel de San Gil, que no fue ya exclusivamente militar, sino que colaboraron con ella las clases populares del sur madrileño.
Cuando O'Donnell abandonó el gobierno la totalidad del unionismo se separó de la monarquía.
El sexto y último de los gobiernos de Narváez, verano 1866-abril 1868, presenció los graves efectos de la crisis económica. En esta época España pasó por una doble crisis. Una crisis de subsistencia, debida a las malas cosechas, y una crisis financiera que produjo la quiebra de la mitad de los bancos.
Mientras tanto la oposición se ponía de acuerdo en un programa unitario basado en la reunión de una Asamblea Constituyente elegida por sufragio universal (Pacto de Ostende).
La desaparición de Narváez hizo que el poder fuera entregado a González Bravo, quien desterró a generales e incluso a miembros de la familia real, sin que ello detuviera la conspiración.


PARA SABER MÁS, VER:
HIS-ESP-XIX-ISABEL II 
HIS-ESP-XIX-ECONOMÍA 

607 ISABEL II. POLÍTICA: IDEOLOGÍAS, PARTIDOS Y CONSTITUCIONES

 ISABEL II. POLÍTICA: IDEOLOGÍAS, PARTIDOS Y CONSTITUCIONES

1. LOS PARTIDOS LIBERALES:
· IDEOLOGÍA.
· SISTEMA POLÍTICO.
· SUFRAGIO.
· DIVISIÓN DE PODERES.
· LIBERTADES.
· BASE SOCIAL.
· LA ADMINISTRACIÓN.
· ORDEN PÚBLICO.
 
2. CONSTITUCIONES
- ESTATUTO REAL 1834
-CONSTITUCIÓN 1837
- CONSTITUCIÓN 1845
- CONSTITUCIÓN "NON NATA" 1856




 LOS PARTIDOS POLÍTICOS


Durante el S. XIX al ampara de la revolución las ideologías se irán desarrollando, para terminar concretandose en determinados partidos políticos y referentes constitucionales

Desde la época de José I con la correspondiente guerra de la independicia y el surgimiento de la Constitución de 1812, las ideologías políticas se van sucediendo.

- Afrencesados, josefinos

Se dice de los españoles que, en la Guerra de la Independencia, siguieron al partido de Napoleón. El término también se aplica a los responsables de la introducción de las ideas francesas en España.

- Fernandinso, Absolutistas, Realitas

Son los partidarios de una determinada forma de concebir la monarquía absoluta para la Corona de España:

Realistas españoles o realismo español puede referirse a: Partidas realistas, grupos guerrilleros de ideología absolutista para restituir el poder absoluto a Fernando VII. Voluntarios Realistas, milicias de Fernando


El liberalismo se concreta en un primer momento en nuevas ideologías surgidas al amparo de la Constitución de 1812

- Doceañistas: son los seguidores de la constitución de 1812. Quieren Aplicar una política liberal conservadora. Un tiempo, más adelante serán llamados Moderados.

- Exaltados: son los que quieren profundizar los principios de la constitución de 1812 y extenderlos. Quieren aplicar un liberalismo progresista. Con el paso del tiempos serán llamados Progresistas.

Durante el reinado de Fernando VII, con el fracaso del trienio liberal en 1823, de los doceañistas y veinteañistas, el absolustismo paraliza el liberalismo.

En la Regencia de María Cristina surge el carlismo

Carlistas. A la muerte de Fernando VII, el carlismo y la guerrascarlistas se conforman como nueva referencia. Se proclaman los continuadores del absolutismo. Dios, Tierra, Patri y Fueros marcan su ideología.

Isabelinos o cristinos: Liberales partidarios de Isabel II, que se enfrentaron en la guerra dinástica con los carlistas absolutistas, que eran partidarios de Don Carlos.

Con la llegada de Isabel II, la revolución liberal se afianza, y con ellos los partidos e ideologías liberales.

Las cortes, durante su gobierno son bicamerales, compuestas por dos cámaras, congreso que es elegido por un sufragio censitario directo y senado que sus componentes son elegidos por el rey excepto en el partido demócrata en la que las cortes son elegidas por el rey y tienen el poder de legislar las leyes, caso que ni en los moderados, ni en los progresistas las cortes tienen ningún poder.
Pretenden asegurar los mínimos del sistema liberal (división de poderes, derechos individuales…) pero pactando con la Corona, aunque esto significa moderar el carácter revolucionario del liberalismo y pactar con la Iglesia, Esto lo quieren hacer los moderados, mientras que los progresistas pretenden reducir al mínimo los poderes de la Corona y continuar la transformación total del A.R especialmente la desamortización eclesiástica.
Tienen una contribución territorial única y directa, contribución general, aquella persona que tiene una renta alta, más va a tener que pagar, esta ley no se llega a practicar porque el rey la veta e intentan reducir el valor de la moneda.

Será a partir del año 1834 es cuando pasan a llamarse Moderados y Progresistas, respectivamente.

CARACTERÍSTICAS DE LOS PARTIDOS

PARTIDO MODERADO


Ideología: Liberalismo doctrinario (conservador)
Líder: General Narváez
Grupo heterogéneo formado por: -terratenientes -alta burguesía -aristócratas -altos cargos militares
Programa político:
-defensa de la propiedad individual
-sufragio censitario muy restringido
-soberanía compartida (Cortes y Rey)
- amplia participación política de la Corona
- limitación de algunos derechos individuales (reunión, asociación)
- influencia de la Iglesia
- Estado confesion

PARTIDO PROGRESISTA

Ideología: liberalismo radical.
Tiene su origen en los exaltados del Trienio Liberal
Líder: General Espartero
Formado por:
- mediana y pequeña burguesía industrial y financiera
- clases medias ( empleados, artesanos)
- profesiones liberales (abogados, médicos,…)
- oficiales del Ejército
Programa político:
- menor protagonismo de la monarquía en la vida política
- principio de soberanía nacional 
-predominio del poder de las Cortes
- fortalecimiento de los poderes locales
-defensa de los derechos individuales y colectivos
- confesionalidad del Estado, pero con tolerancia religiosa
-sufragio censitario más amplio 
-  reforma agraria -Desamortización
- se oponen a la influencia de la Iglesia -
-Defiende la Constitución progresitas de 1837

Las diferencias entre moderados y liberales son las siguientes:

Los moderados tienen sufragio censitario mientras que los progresistas tienen una ampliación del sufragio pero sin llegar a ser universal, pero se exige un nivel de renta más bajo y el partido demócrata tiene un sufragio universal masculino.

Los moderados tienen una soberanía compartida entre la Nación y el Rey mientras que los progresistas tienen una soberanía nacional y la Corona con limitación de poderes y el partido demócrata tiene una monarquía siempre que el rey sea únicamente el jefe del Estado.

Los moderados tienen división de poderes y los progresistas también.

Las libertades políticas son limitadas en el gobierno de los moderados, también suprimen la milicia nacional, los progresistas tienen libertades políticas y libertad de prensa y asociación y el partido demócrata, mientras gobiernan, hay amplitud de derechos y libertad de cultos y derecho a la educación pública, además de los individuales, libertad de expresión, imprenta y reunión..
La base social de los moderados es la nobleza, gran burguesía y grandes terratenientes, en el partido progresista, la base social está compuesta por las clases medias, profesionales liberales, pequeños artesanos y pequeños comerciantes y el partido demócrata la base social es de clase media y la burguesía.

Los moderados son centralistas, el gobierno no deja capacidad de decisión a Ayuntamientos y Diputaciones. Limitan la posibilidad de ser concejal o diputado provincial a los máximos contribuyentes, los alcaldes y presidentes de las diputaciones son designados por el rey y reducción de las funciones de Ayuntamiento y Diputación a favor de las del Alcalde y Gobernador civil. Los progresistas denuncian el centralismo, su alternativa son los Ayuntamientos y Diputaciones totalmente electivos.

Y el orden público durante el gobierno de los moderados es crear una institución de carácter permanente y vinculado al ejército, la Guardia Civil en 1844. De la defensa del orden y de la libertad por los propios ciudadanos se pasa a un cuerpo cerrado y controlado por el gobierno, que permite le represión de las libertades ciudadanas y los progresistas confían en el mantenimiento del orden a los alcaldes y a la Milicia Nacional.

La Política económica de estos partidos es la legislación de los progresistas impulsa la aparición de una economía capitalista, se realizan desamortizaciones en el año 1836 son desamortización de los bienes del clero secular, liberalización de la contratación de los arrendamientos y producción agraria, 1841 desamortización de Mendizábal bienes del clero secular y 1855 Se crea la ley general de desamortización de Madoz que desamortiza todo aquello que no ha sido desamortizado antes y lo nuevo, terminar la desamortización eclesiástica, desamortización de bienes del Estado y de los Municipios.  Se crean leyes de sociedades de crédito, también se origina la ley general de ferrocarriles en el año 1855 lo que hace diseñar el trazado de la Red Ferroviaria. El Estado se comprende a ayudar a las empresas ferroviarias: subvenciones, préstamos, exención de impuestos, pero también establecen el mecanismo para hacer las concesiones de construcción y en 1856 se crea la ley de sociedades de créditos en esta ley se crean las condiciones legales para la creación sobre Sociedades Anónimas por acciones.

UNIÓN LIBERAL

Ideología: liberalismo pragmático o centralista.
Líder: General O’Donnell
Partido de centro:
Aparece en 1854 como una escisión del liberalismo moderado.
Agrupa al sector más conservador de los progresistas y al más “izquierdista” de los moderados
Formado por “notables” de las dos tendencias.
Programa político:
- Defiende la Constitución moderada de 1845
- Partidario de la desamortización de las tierras de la Iglesia pero de acuerdo con Roma
Surge por la desunión del partido moderado en dos partidos, uno la Unión liberal dirigida por O’Donnel.El partido de la Unión Liberal está formado por militares y políticos de procedencia tanto moderada como progresista, los más conservadores de entre los progresistas y los más avanzados entre los moderados. No tiene un programa político definido gobierna con los progresistas en el Bienio y con los moderados de 1856 a 1868.

PARTIDO DEMÓCRATA

Ideología: liberalismo democrático
Creado en 1849 a partir de los sectores más radicales del partido progresista.
Aglutina varias tendencias políticas:
▪ progresistas radicales
▪ republicanos
▪ simpatizantes de un incipiente socialismo.
Formado por:
- clases medias
- clases populares
- intelectuales radicales
Programa político:
- soberanía nacional
- sufragio universal masculino
- Estado aconfesional -
enseñanza primaria obligatoria y gratuita
- garantizar el derecho a la igualdad entre los ciudadanos
- descentralización
- defensa del derecho de reunión y asociación. Papel destacado en la Revolución de 1868

Otro de los partidos políticos en el reinado de Isabel II es el partido demócrata con sufragio universal masculino, una serie de libertades como libertad de expresión, de imprenta, reunión, asociación, libertad de cultos, gran amplitud de derechos, como el derecho a la educación pública y con un gobierno responsable ante el parlamento y los ayuntamientos y diputaciones de carácter electivo. Aceptan la monarquía siempre que el rey sea únicamente el jefe del Estado, sin siquiera con poder ejecutivo. El partido demócrata no llega a gobernar durante en reinado de Isabel II. 

 

CONSTITUCIONES:

Durante el reinado de Isabel II (desde la regencia de Espartero, hasta la abdicación de la reina en 1868) se dan tres Constituciones.La que más tiempo se mantuvo fue la Constitución de 1845, ya que estuvo vigente durante toda la Década Moderada. Esta es de ideología moderada, y por tanto más conservadora que las otras dos. La Constitución de 1837 mezcla características progresistas y moderadas, no funcionó realmente, y la de 1856, que era progresista, no se llegó a promulgar por falta de tiempo.


1. Estatuto Real 1834´

Principales personajes:
Mendizábal, Calatrava.

Carta otorgada en 1834 por la regente María Cristina, bajo el ministerio de Martínez de la Rosa. Se fundamenta en las leyes tradicionales de la monarquía, imponiendo un régimen basado en la soberanía conjunta del rey y de las Cortes. Estas se dividían en dos cámaras: la de los próceres del reino, formada por arzobispos, grandes de España, propietarios y hombres de prestigio; la de procuradores estaba formada por elección censitaria durante tres años. El rey convoca y disuelve ambas cámaras y señala los asuntos sobre los que podían deliberar. Su carácter conservador provocó el rechaza de la mayor parte de los liberales y tampoco satisfizo a los absolutistas, que siguieron apoyando la causa carlista

2. Constitución de 1837:

1 Origen:
Redactada tras motín de la Granja.
Redactada para todos los liberales.
2 Características generales:
Ideología Progresista (con algo moderado).
3 Principales personajes:
Espartero. Calatrava.Mendizábal, Prim

La Constitución de 1837, cuyas características más importantes eran:

1. Ideología a caballo entre progresista y moderada (para conseguir contentar a ambas partes).
2. La soberanía residía en la nación.
3. En la persona del Rey se concentran el poder ejecutivo y gran parte del legislativo.
4. Las Cortes tenían una estructura bicameral: Senado (nombramiento real); Congreso de los Diputados (por sufragio).
5. En cuanto a los Derechos, no tienen una amplia declaración de estos, pero se reconocen los derechos individuales.
6. Un sufragio censitario restringido (aunque no tanto como algunas otras).
7. Respecto a la cuestión religiosa el Estado es confesional y sin libertad de cultos.

3. Constitución de 1845:

1 Origen:
Década moderada.
Con apoyo real (Isabel II).
2 Características generales:
Ideología Moderada.
3 Principales personajes:
Narváez. O´Donnell. Bravo Murillo. Martínez de la Rosa.

Esta Constitución se caracterizaba por: 

Ideología concretamente moderada, no aceptaba ninguna característica progresista.
La soberanía residía en el Rey y en las Cortes.
En la persona del Rey se concentraban más parte del poder legislativo y la totalidad del ejecutivo.
Las Cortes tenían una estructura bicameral: Senado (nombramiento real); Congreso de los Diputados (por sufragio).
En cuanto a los Derechos, se reconocen la mayoría pero con el tiempo se comienzan a limitar.
El sufragio es censitario y mucho más restringido que en la anterior Constitución.
Respecto a la relación de Iglesia-Estado, el Estado es confesional y no existe la libertad de cultos

4. Constitución de 1856 (non nata):

1 Origen:
Bienio progresista.
No se promulgó.
2 Características generales:
Progresista (concede más libertades que la de 1836).
3 Personajes principales:
Madoz.

La Constitución de 1856 se caracterizaba por:
Una ideología progresista, la cual se opone totalmente a la ideología de la Década Moderada.
La soberanía reside en la nación (al igual que en la Constitución de 1837).
Al Rey se le restringen gran parte de sus poderes, quedando la figura del monarca como simple representación.
Las Cortes tenían una estructura bicameral: Senado y Congreso de los Diputados (ambas eran cámaras que se formaban mediante sufragio).
Respecto a los derechos, se efectúan una amplia declaración de estos, se reconocen los derechos básicos, los individuales, y los colectivos (como el derecho de reunión, de asociación…, estos derechos son nuevos y nunca se habían reconocido en este país).
El sufragio era censitario, pero debido al aumento de derechos y libertades, se consigue aumentar el número de votantes a una cifra mayor.
Respecto a la relación Iglesia-Estado, el Estado es aconfesional (laico), por lo que el Estado permite y protege todos los cultos, y no favorece ninguno de ellos.

PARA SABER MAS:
HIS-ESP-XIX-constituciones

579 POLITICA EXTERIOR: CUADROS CON HISTORIA

POLÍTICA EXTERIOR 

1.Conflicto en Indochina
2. Conflicto México

3. La Campaña de África, 1859 - 1860


La batalla de Tetuán, obra de Mariano Fortuny (1838 - 1874).

FORTUNY

 






La Batalla de Tetuán o Expugnación del campamento marroquí por las tropas españolas el 4 de febrero de 1860, de Marià Fortuny i Marsal (Reus 1838-Roma 1874) es una obra inconclusa, que provocó más de un dolor de cabeza a su autor, que terminó incapaz de resolver el encargo. Después de 150 años, la enorme pintura de 9,72 por 3 metros sigue atrayendo al espectador con una extraña fascinación. El Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC),

El conflicto bélico desató el entusiasmo popular y el fervor hacia los líderes militares como Prim y O'Donnell, lo que sirvió de fuente de inspiración y surtió de encargos oficiales a muchos pintores. Mariano Fortuny, por encargo de la Diputación de Barcelona, acompañó a los Voluntarios Catalanes como "reportero gráfico" y plasmó en sus cuadros diferentes batallas de la contienda (Tetuán, Castillejos, Wad-Ras) así como retratos de los mandos militares y escenas de la vida en Marruecos.

La pintura describe el dilatado escenario del enfrentamiento en el mismo escenario donde ocurrió, pudiéndose reconocer los accidentes geográficos del escenario bélico. El general O'Donnell, dirige la batalla, junto al grupo de voluntarios catalanes encabezados por el héroe de la batalla, Victoriano Sugranyes que murió en la jornada, mientras que a galope, el general Prim, lucha, sable en mano, en una imagen convertida en tópica e icónica del general. En la parte inferior los enemigos vencidos, entre ellos el príncipe marroquí Mulay Abbas.



La batalla de Tetuán, obra de Dionisio Fierros Alvarez (1827 - 1894).
En el centro de la imagen aparece O'Donnell, rodeado de su estado mayor. Aparecen igualmente otras unidades del ejército como los húsares de Pavía, a la izquierda, la Guardia Civil y la Infantería, a la derecha, y un integrante de los Voluntarios Catalanes, muerto a los pies de los caballos.



La Campaña de África, 1859 - 1860
A raíz del enorme desarrollo industrial que vivió Europa durante el S. XIX, el mundo asistió a la expansión colonialista europea en busca de nuevos mercados y nuevos territorios donde explotar materias primas. España, que había perdido ya la mayor parte de los territorios de su antiguo imperio, vio en Marruecos una gran oportunidad, no sólo económica, sino también de recuperación de prestigio internacional. Así, a mediados de siglo España inicia su expansión colonial en África y en 1848 el general Serrano desembarca en las islas Chafarinas; en respuesta, Marruecos presiona sobre Ceuta y Melilla iniciándose una serie de hostilidades que parecían culminar con la firma del Convenio de Tetuán en agosto de 1859.

Si bien es cierto que los incidentes hostiles continuaron tras la firma del convenio, parece aceptado por los historiadores que la declaración de guerra del gobierno de Isabel II, a cuyo frente estaba D. Leopoldo O'Donnell, argumentando agravio e injurias contra el pabellón español estacionado en Ceuta, no fue sino un pretexto al calor de un fervor patriótico y nacionalista, dirigido por O'Donnell y la cúpula militar, que vieron en la posibilidad de una victoria fácil contra Marruecos una oportunidad para mitigar la crisis interna.

Tres cuerpos de Ejército, mandados por los generales Echagüe, Zabala y Ros de Olano, con otra división de reserva a las órdenes del general Prim y una de caballería a las órdenes del general Félix Alcalá Galiano, pasaron a Ceuta. D. Leopoldo O´Donnell se reservó el cargo de General en Jefe.

Mapa resumen de las operaciones de la Campaña de África.
(Plano: Las Novedades, 1860; Museo Nacional del Romanticismo)

Tras las victorias españolas en las batallas de Castillejos, Monte Negrón y la toma de Tetuán, la derrota en Wad-Ras movió al príncipe Muley-El-Abbas, califa del imperio de Marruecos y príncipe del Algarbe, a pedir la paz y el 26 de abril de 1860 (el 25 de abril según otras fuentes) se firmó el Tratado de Tetuán, por el que se ampliaban los límites de Ceuta y Melilla, se anexionaba Sidi-Ifni y se fijaba una indenmización monetaria al tiempo que España se comprometía a abandonar Tetuán. Por su parte, al final de la campaña D. Leopoldo O’Donnell fue recompensado con el título de Duque de Tetuán y el general Prim con el de Marqués de Castillejos.


Desde el punto de vista político, la opinión pública quedó un tanto decepcionada tras la firma de la paz. El resultado conseguido no estaba en proporción con las expectativas generadas por el montaje que se había organizado alrededor de la guerra. Sin embargo, en el orden militar el entusiasmo era unánime y la adhesión popular al ejército, multitudinaria y fervorosa. De hecho, el fin de la campaña fue celebrado como un triunfo resonante con grandes repiques de campanas y manifestaciones de entusiasmo en toda la nación con grandes recibimientos en Barcelona, Bilbao, Alicante, Sevilla, Granada, Córdoba, Vic, Reus... y, por lo que a nosotros concierne, Madrid, donde previamente a la entrada en la ciudad las tropas acamparon en la Dehesa de Amaniel los días 10 y 11 de mayo.

El Campamento de Amaniel 10-mayo-1860.
El Ayuntamiento nombró una Comisión especial para que se ocupase de proponer lo conveniente acerca de la manera de celebrar los faustos sucesos de la guerra de África. Aprobaron la cantidad de 435.000 reales de vellón para los festejos, entre los que se incluyó una función en el Teatro Real; corrida de toros en la plaza de extramuros de la Puerta de Alcalá; auxilio a las clases menesterosas; música en la Casa Consistorial de la Panadería y en la Plazuela de la Villa donde actuarían las bandas de música de Ingenieros, del Regimiento de Infantería de América; iluminación de edificios y plazas... e incluso se decretó fiesta en los centros de instrucción pública los días 11 y 12.

En un principio, se pensó levantar el campamento en la Dehesa de los Carabancheles, lo que creó cierta confusión e incluso en algún periódico de la época llegó a anunciarse que estaría "en la dehesa de Amaniel, término de los Carabancheles". Posteriormente fue corregido y se dio la ubicación exacta: "a cinco kilómetros de distancia en la dehesa de Amaniel, que está situada entre las tapias de la Moncloa y las obras del canal de Lozoya, a la izquierda del camino de Francia".

Plano del campamento de las tropas del ejército de África en la Dehesa de Amaniel.
Además de indicar la posición de los distintos Regimientos y Generales tiene un enorme interés porque permite ubicar los límites y situación de la Dehesa en la época, así como otros topónimos de la zona.
(Plano: Depósito de la Guerra, 1860; Biblioteca Nacional)

El día 10 de mayo, a las 11 de la mañana, quedó levantado el campamento. Durante los días anteriores e incluso durante el mismo día 10 fueron llegando por ferrocarril las tropas a Madrid, provenientes en su mayor parte de Valencia y Alicante.

"El público había leído descripciones de campamentos... y ya era hora de que pudiera formarse una idea exacta de esas ciudades ambulantes que el ingenio de la guerra levanta y abate en breves minutos; de esas calles tiradas a cordel con sus casas de lona...". Así pues, el campamento se montó a semejanza de los de campaña, aunque con alguna que otra licencia festiva (como curiosidad, el rancho se componía de "una libra de carne y un chorizo por individuo, pan, vino y cigarros", rancho que distaba mucho del que se repartía en tiempos de guerra), y se realizaban desfiles y simulacros de maniobras similares a los de campaña.

"El campamento era digno de verse. Los cuerpos estaban acampados como en África: la primera tienda era la del General Prim, como gefe (sic) de la vanguardia, cuyo cuerpo estaba a su alrededor; después seguía el campamento del segundo cuerpo, al mando del general Ros de Olano, y el centro lo ocupaba el cuartel general, corriéndose a su izquierda el campo de la artillería". El campamento estaba compuesto "por las tiendas de todas clases que han guarnecido a nuestros valientes en el territorio africano: los sacos-tiendas, que no dejan más espacio que el preciso para dormir, las marquesinas, cómodas y hasta elegantes algunas, las tiendas cónicas, las propias de los generales..." La histórica tienda donde se firmó la paz, cónica y de reducidas dimensiones, llamaba la atención en primer término y, cerca de ella, estaba dispuesta otra grande para el general en jefe que no era la que había usado en campaña sino una regalada por el ayuntamiento de la Corte para la ocasión.

El general O'Donnell, Duque de Tetuán, llegó hacia la una y cuarto de la tarde a Madrid, a la estación de Atocha, donde "una concurrencia de todas las clases de la sociedad llenaba los andenes y las avenidas de la estación, ansiosa de saludar al héroe de la gloriosa campaña de África". Apenas bajó del vagón, se dirigió al campamento montado a caballo.

Por la tarde, las principales autoridades, incluyendo todos los ministros, así como lo más distinguido de la sociedad madrileña visitaron el campamento. Es imposible calcular la cantidad de personas que durante el día 10 visitó el campamento de Amaniel. Según algunos periódicos, más de 40.000; según otros, más de 80.000 y según otros, "hasta la quinta parte de la capital, al menos". En lo que todos coinciden es que en Madrid no quedó medio de transporte alguno que no se ocupara en el traslado a la Dehesa y en que durante todo el día hubo un enorme trasiego de personas y carruajes, además de oficiales y soldados que iban a incorporarse con sus respectivos cuerpos.

Por la noche, se celebró un banquete en obsequio a los generales, en el que "más de 60 personas se sentaron a la mesa, que estaba espléndidamente adornada y que fue servida con una profusión esquisita (sic)"; como curiosidad, el banquete fue servido por "el fondista L'Hardy, el cubierto estaba ajustado a 250 reales".

La animación duró hasta bien entrada la noche; "los ecos de las bandas de música, la perspectiva de las fogatas y la inmensa muchedumbre que se dispone a pasar allí la noche formaron tan magnífico cuadro...que difícilmente se borrarán de la memoria".

Visita de la reina Isabel II al campamento de Amaniel y entrada de las tropas a Madrid, 11-mayo-1860.
El día 11 amaneció de nuevo con el campamento repleto de personas que asistieron al toque de diana. Hacia las nueve de la mañana, la reina Isabel II llegaba a la estación de Atocha procedente de Aranjuez y se dirigió al campamento en una carretela descubierta, acompañándola a caballo su S.M. el Rey, el infante D. Sebastián y un gran número de generales. Media hora después llegaba al campamento de Amaniel, donde fueron recibidos con gran entusiasmo, tanto por parte de la tropa como del pueblo.

Tras pasar revista a las tropas y visitar el campamento, la reina renunció al almuerzo que se le había preparado, "por no prolongar demasiado la fiesta y no molestar a las tropas que tenían que partir para entrar en Madrid".

Una vez retirada la reina y tras haberse repartido el rancho, un cañonazo indicó el momento de batir las tiendas y las tropas se dispusieron para hacer su entrada triunfal en Madrid.

La carrera que desde el campamento llevó al ejército para hacer su entrada en Madrid fue como sigue: "carretera de Francia, la Ronda, puerta de Atocha, salón del Prado, calle de Alcalá, Puerta del Sol, calle del Arenal, plaza de Palacio, de la Armería, calle Mayor, carrera de S. Gerónimo, a sus cantones".
A lo largo del recorrido, diferentes calles y edificios, tanto oficiales como de particulares (Congreso, Ministerio de Fomento, Casino, Casa de la Villa, Banco de España, etc.) se engalanaron con juegos de luces, trofeos militares...

En las calles, el gentío vitoreaba y arrojaba flores y coronas al paso del ejército.

Paso de las tropas de África por la calle de Alcalá.
(Foto: Museo de Historia de Madrid, 1860; Oronoz)

Hacia las tres de la tarde, llegaron al Palacio Real, donde los reyes presenciaron el desfile desde los balcones ante los ojos del público que abarrotaba la Plaza de Armas.

Desfile de los cuerpos del ejército de África por delante de SS. MM.
(Grabado: El Mundo Militar, 1860; Hemeroteca BNE)

Hacia las cinco de la tarde, al regreso del desfile, pasó el ejército por la Carrera de S. Jerónimo y allí tuvo lugar la ovación del Casino y la entrega al general Prim de dos coronas de plata, para él y para O'Donnell.

Al llegar al Prado, los cuerpos desfilaron por delante de sus generales y se retiraron a sus cantones. Las celebraciones populares, música, corridas de toros, continuaron durante el fin de semana.

De tan sonados acontecimientos ha quedado huella en Madrid, especialmente en el distrito de Tetuán. No en vano, su nacimiento como Tetuán de las Victorias se vincula al establecimiento del campamento de Amaniel y su callejero aún refleja numerosos topónimos de la campaña de África (calles de Castillejos, Sierra Bullones, Wad-Ras, Voluntarios Catalanes, Serrallo...).


LA CONCHICHINA


Durante el reinado de Isabel II, España tenía una presencia escasa en Asia, con excepción de Filipinas, colonia muy activa en la que los comerciantes españoles tenían puesto «el punto de mira» y la actividad misionera estaba en pleno auge. Esta activa vida en pro de la «cristianización» de los lugareños y expansión de la cultura , hizo que poco a poco estos se fueran desplazando hacia la Conchinchina, actual Vietnam.
El aislamiento de los misioneros y lo aventurado de su labor, canalizó en una serie de revueltas que poco a poco se convirtieron en el caldo de cultivo para el detonante de la misión española en la Conchinchina: el asesinato de monjes misioneros españoles y franceses. Iglesias quemadas, colegios destruídos y misiones saqueadas incendiaron el ardor patriótico natural de nuestros antepasados. Sentimiento desbordado con el asesinato del obispo español José María Díaz Sanjurjo. Le cortaron la cabeza.

Este derramamiento de sangre española puso en jaque al Ministro de Asuntos Exteriores español, que fugazmente se comunicó con su homólogo francés. Este le anunció que Napoleón III ya había dado órdenes a la escuadra francesa para dirigirse a la zona y solicitaba la participación de la flota española instalada en Filipinas, a lo que el gobierno accedió inmediatamente embriagados de pasión española y en defensa de la fe. Pero Francia, no tenía tan nobles intenciones, y viendo que no poseía territorio alguno en la zona, la situación se les antojó perfecta como legitimación para sus ansias expansionistas, que se vieron tremendamente favorecidas por esta posición golosa de España en Filipinas.
España envió desde Filipinas un contingente de 1.650 soldadosque se hicieron a la mar a las órdenes del Coronel Bernardo Ruiz de Lanzarote, uniéndose a las tropas francesas, lideradas por el Contraalmirante Rigault de Genouilly. Más tarde, en 1860, la misión española fue reforzada por un cuerpo de expedición al mando del Coronel Carlos Palanca. El ejército español incorporaba a la causa el vapor de Guerra Jorge Juan, a la que se unió más tarde la Corbeta Narváez y la Goleta Constancia en 1860. Un regimiento de Infantería, dos compañías de Cazadores, tres secciones de artillería y la fuerza auxiliar reforzaron el contingente y completaban la decidida y noble causa española.

A pesar de que el Coronel Palanca se encontró un cuadro dramático de la campaña militar franco-española, finalmente la acción punitiva conjunta venció

361 ISABEL II: CUÉNTAME QUÉ PASÓ

CUÉNTAME QUE PASÓ CON ISABEL II

Caricatura de Isabel IIIsabel Burdiel reconstruye el proceso que encumbra y derriba a Isabel II - Las biografías sobre monarcas triunfan entre los ensayos históricos.

Isabel Burdiel, catedrática de Historia Contemporánea de la Universidad de Valencia, Isabel II. Una biografía (1830-1904), publicado por Taurus (Grupo PRISA, editor de EL PAÍS), es el relato de una decepción
Caricatura de Isabel II publicada en Vanity Fair en 1869, en el aniversario de su expulsión del trono.

Isabel II empezó su reinado como una gran esperanza blanca y acabó huyendo como apestada. Cuando murió en París en 1904, su nieto, Alfonso XIII, mantuvo su agenda y evitó el roce con tan nefasto símbolo. El cadáver de la anciana se envió casi a hurtadillas al panteón de El Escorial. Los Borbones siguientes se alejaron de Isabel II como de un agente infeccioso. Quedó en la memoria colectiva con trazo grueso: La Chata, una casquivana. Incluso los hermanos Bécquer la satirizaron en pinturas pornográficas practicando sexo con confesor y ministros.


Isabel II fue el primer monarca constitucional de España.

A la heredera de Fernando VII, absolutista feroz que firmaba constituciones pensando en el modo de derogarlas, nadie la educó para ser reina por más que la abrazaran como el icono de la modernización. Menos que nadie, su madre, la regente María Cristina, "muy inteligente, hábil, capaz", a la que interesaba Isabel como mero "peón" del poder y que dirigió sus afectos a la segunda familia que formó de tapadillo tras la muerte de Fernando VII con el guardia de corps Fernando Muñoz y Funes. "Isabel fue una niña emocionalmente abandonada y políticamente secuestrada. Tiene una educación precaria en contenidos y moral, se la acostumbró a hacer lo que le daba la gana, sin escrúpulos, y sin importar la traición", expone Burdiel, que dedicó una década a investigar.
Isabel II dejó de estudiar a los 13 años, cuando fue declarada mayor de edad. Si hasta entonces había fallado su formación, a partir de ahí se suceden las maquinaciones, contubernios, calumnias e intrigas desde los círculos familiares y políticos para controlarla. Su vida sexual alimenta comidillas y devora su reputación. Luego vendrá la purga ultracatólica. Hay un cerco machista evidente. "Otros reyes han tenido una vida privada similar y no han tenido los mismo efectos políticos. La reina es deleznable, pero lo que me interesa es ver cómo se fabrica un monstruo, que es producto de la educación, del contexto y de los políticos que luego le achacan las culpas de lo que han fabricado", reflexiona la autora.



 ELPAIS.COM, TEREIXA CONSTENLA - Madrid - 10/01/2011

Isabel II, tribulaciones prematrimoniales


Son los antecedente de los sinsabores que esperaban a la Reina Isabel II de lo que le esperaba del tálamo nupcial. Luego Valle Inclán, nos describiría, con su prosa grandilocuente, los consuelos que la real Señora encontró de un esposo que "la noche de bodas llevaba más puntillas que ella". Verdadera salsa rosa histórica, como pedía Canal 22. Va por ti.
n septiembre de 1845 la reina Victoria de Inglaterra y Alberto, su esposo y príncipe consorte, fueron a visitar al rey Luis Felipe en el castillo de Eu. Con Victoria iba el secretario de Asuntos Exteriores, el conde de Aberdeen, y con Luis Felipe estaba su ministro de Asuntos Exteriores, François Guizot. Este grupo tan ilustre comenzó a discutir, entre otras cosas, el matrimonio de la reina Isabel II de España. Un rasgo, no sólo de esta entente cordiale, sino de todo el asunto de las complicadas negociaciones que habrían de ser conocidas como los «Matrimonios Españoles», fue la total indiferencia demostrada por todas las partes hacia el personaje central del drama: la propia Isabel.Jamás, en ningún momento, la consultaron para nada, y, sin embargo, antes de que al fin fuera llevada al altar, Inglaterra, Francia, Austria, el reino de las Dos Sicilias, y, por supuesto, España se vieron metidas en uno de los mayores enredos diplomáticos del siglo. Si Europa hubiese olvidado por un momento sus propias necesidades y hubiera buscado para Isabel un esposo que de verdad le conviniese, es posible que la historia de la España del siglo XIX, incluso la de Europa, hubiera sido muy distinta. Pero aquellos eran todavía los tiempos de la alianza dinástica y del equilibrio de poderes, e Isabel tenía que ser sacrificada a tan poderosas consideraciones.

Retrato de Isabel II
Si Isabel no tenía nada que decir sobre el asunto, sí tendría que decir mucho, su madre. El trono de España, (porque el esposo de Isabel habría de ser rey consorte) no se encontraba en el mercado todos los días, y María Cristina no estaba dispuesta a darlo barato. Aquí había la posibilidad de una alianza espectacular, quizás un archiduque austriaco o un príncipe francés, y ella no iba a dejar que se le escapara de las manos. Pero, al menos en aquellas primeras etapas, iba a tener una desilusión.

A la caza de un rey consorte

Reinaba un espíritu de compromiso mientras Victoria y Luis paseaban por los jardines del castillo de Eu, llevando tras ellos a sus ministros de Asuntos Exteriores. Victoria, como había que esperar, se inclinaba por un príncipe de la casa de Coburgo (a ella le había ido muy bien con el suyo). Luis Felipe estaba dispuesto a conceder esto, pero con un Coburgo en Bruselas, un segundo en Londres y un tercero en Lisboa le parecía que debía oponerse a que hubiera otro en Madrid. Sus preferencias, innecesario es decirlo, iban hacía uno de sus hijos, quizá el duque de Montpensier, pero, claro, Inglaterra no quería acceder a ese proyecto. Una unión entre las coronas de Francia y España era algo a lo que siempre se opuso Inglaterra.
Todo era cuestión del «equilibrio de poderes», según dijo una vez lord Aberdeen, y Victoria, con más fervor declaró: «¡ Jamás permitiríamos eso!» Por lo tanto, se decidió que Inglaterra no insistiría en las pretensiones del primo del príncipe Alberto, el príncipe Leopoldo de Coburgo, y que Francia no insistiría en las pretensiones del hijo de Luis Felipe, el duque de Montpensier. En cambio, y a fin de mantener a los austriacos fuera del asunto, apoyarían a un príncipe de la casa de Borbón (siempre y cuando no fuera un Borbón francés), y convinieron en que Luisa, la hermana de Isabel, se casaría después de que Isabel se hubiera casado y tenido hijos. Concluido el regateo, franceses e ingleses se despidieron tan amigos, y se emprendió la caza de un príncipe Borbón conveniente.
Pero daba la casualidad de que aquella temporada había muy pocos príncipes Borbón elegibles. De hecho, no había más que cuatro: el conde de Montemolín (hijo de don Carlos, que llevaba su mismo nombre), Francisco de Asís y Enrique (hijos de Carlota y de Francisco de Paula) y el conde de Trapani (hermano de Fernando II de Nápoles, y por ende hermano también de María Cristina). Como Montemolín se negaba a llegar a un compromiso sobre sus derechos a la corona, él mismo se eliminó. Como María Cristina aborrecía a la familia de Carlota, no había que contar con Francisco de Asís y Enrique. Por lo tanto sólo le quedaba el campo libre a Trapani, un príncipe de dieciocho años que entonces iba a un colegio de jesuitas en Roma.

Ni austriaco, ni francés: italiano


Al negársele un príncipe francés o austriaco, María Cristina tuvo que escoger a Trapani. La casualidad de que fuese tío de Isabel no la hizo ni siquiera parpadear (si ella se había casado con un tío suyo, ¿por qué no lo había de hacer también Isabel?); el hecho de que fuera su hermano ponía las cosas más en su punto. Cierto que Trapani no era precisamente guapo. El embajador francés en la Santa Sede lo describía como feo, bajito y flacucho, con expresión de poco inteligente. «No puedo dejar de pensar que en el aspecto físico deberíamos escoger algo mejor para ella», escribió con raro discernimiento. Pero entonces resultó que Austria no estaba muy satisfecha ante aquella sugerencia.
Un príncipe napolitano en el trono de España aumentaría mucho el prestigio de Nápoles ante los italianos, y Austria consideraba a Italia como un coto particular. Austria, en realidad, favorecía la candidatura del conde de Montemolín, pero Aberdeen la rechazó. María Cristina, que aún iba tras un archiduque austriaco, se puso secretamente en contacto con Metternich, pero éste, que, según Charles Greville, «habría escuchado esto ávidamente de haberse atrevido..., tuvo que rogar a los españoles que se fueran, debido al miedo que tenía a la indignación de los rusos». Por lo visto, hasta Rusia se había inmiscuido en el asunto.

Sin embargo, por mucho que Austria desaprobara la candidatura de Trapani, no era ella quien podía disponer los casamientos de los príncipes napolitanos, y como ni Inglaterra ni Francia opusieron ninguna objeción, prosiguieron adelante las negociaciones. La corte de Nápoles, que obstinadamente se había negado durante tantos años a reconocer la ascensión de Isabel al trono, se apresuró ahora a hacerlo, y Trapani, de mala gana, y después de mucho llorar frente a la insistencia de su hermano, de su madre y del embajador francés, dio su consentimiento. Matando dos pájaros de un tiro, se envió una embajada a Madrid reconociendo tardíamente la ascensión de la reina al trono y pidiendo su mano.

Los españoles no quieren al napolitano

Pero España no quiso saber nada de eso. Desde el punto de vista de los españoles, era un casamiento muy poco conveniente. Los españoles odiaban a los napolitanos; ya había demasiados miembros de la familia de María Cristina en el país, y, lo peor de todo, se decía que Trapani estaba totalmente dominado por los jesuitas, entonces desterrados de España. «Si se va a casar con nuestra reina -gruñó Narváez-, será mejor que se quite la sotana y aprenda el oficio de soldado.» El marrullero Luis Felipe sugirió que se hiciera creer que el chico se había escapado del colegio y se dijera que había jurado que no tenía ninguna relación con los Jesuitas. «El director del colegio está de acuerdo», escribió G e o r g e Southern a lord Clarendon. Pero nadie estaba preparado para dar a Trapani una oportunidad. En las Cortes, cuarenta diputados firmaron una moción oponiéndose al matrimonio y la prensa se revolvió insultando. «¿Trapani rey no sería un trapo?» En vista de la creciente hostilidad del público, tuvo que desistirse de su candidatura, y Trapani, aliviado, volvió a los brazos de los jesuitas.

Así que hubo que volver a considerar a Francisco de Asís y a su hermano Enrique. María Cristina, tragándose su desaprobación (ahora que Carlota estaba muerta, no era en realidad tan difícil), dirigió hacía ellos su atención. Se decía que los hermanos habían hecho un pacto entre sí por el cual cualquiera de los dos rechazaría la mano de Isabel si el otro no se había de casar con su hermana Luisa.
Enrique contaba con el apoyo de Inglaterra, y aunque no fuese exactamente guapo, era un joven simpático, varonil e inteligente, que ponía en práctica el liberalismo algo teórico de sus padres. Esto, por supuesto, le había ganado la antipatía de María Cristina y de los moderados, y como en la primavera de 1846 tomó parte en una breve sublevación contra el Gobierno de Narváez, echó a perder sus posibilidades. Entonces servía en la Marina española, y redactó un manifiesto en favor del partido progresista, por lo que se le ordenó que subiera a un barco y marchara al desierto. Se trasladó a Bélgica, donde se estableció en Gante, y desde allí estuvo continuamente en contacto con Espartero, otro dirigente liberal exiliado y al que Inglaterra daba pleno apoyo.

Sólo quedaba, pues, Francisco de Asís, pero por mucho que se quisiera considerar a éste, no resultaba un buen partido. En opinión de María Cristina el casamiento de Isabel con Francisco de Asís sería un asunto de muy poco brillo, un enlace de compromiso que no daría al trono español ninguna de las ventajas que ella anhelaba. Su única esperanza ahora era que el matrimonio proporcionase una alianza con Francia o Inglaterra.

Atentado contra Isabel II del cura Merino


Con este fin estaba dispuesta a enfrentar a un país con otro, a intrigar con Inglaterra contra Francia y con Francia contra Inglaterra, con tal de que ella acabara consiguiendo un príncipe más ilustre e influyente que Francisco de Asís, y apoyaran sus planes los representantes diplomáticos de ambas potencias, Henry Bulwer por Inglaterra y el conde de Bresson por Francia. Los dos hombres tenían la tendencia de excederse en las instrucciones recibidas de sus gobiernos respectivos, y el hecho de que estuvieran a matar entre sí favoreció mucho los proyectos de ella.

Se ofrece un Coburgo para obtener a Montpensier

Actuando con mucha diplomacia, María Cristina sacó a relucir de nuevo el nombre del príncipe Leopoldo de Coburgo. Bulwer, saliéndole al paso, le aseguró que el casamiento con un Coburgo no podía ser realmente considerado como un matrimonio inglés y que Francia no podría oponer objeciones.
Daba la casualidad de que el príncipe Leopoldo estaba entonces visitando a su hermano, el rey consorte de Portugal, y corrió el rumor de que también podría visitar Madrid, lo que alarmó a los franceses. Utilizando esta amenaza de un príncipe Coburgo, María Cristina puso su confianza en el embajador francés. Y el conde de Bresson no le falló. Este tenía una sugerencia mucho mejor que hacerle. Si Isabel se casaba con Francisco de Asís -dijo-, Francia concedería el hijo del rey Luis Felipe, el duque de Montpensier, a la infanta Luisa. De ese modo no se faltaría al acuerdo de Eu, y María Cristina conseguiría un príncipe francés. «¡Por amor de Dios -se dice que exclamó María Cristina al oír esta sugerencia-, no deje que este príncipe se nos escape!»

Pero Luis Felipe se mostró inquieto ante el plan, Al ofrecer a Montpensier, Bresson había actuado sin instrucciones. Cierto que Guizot advirtió una vez al Gobierno británico que si un casamiento entre Isabel y el príncipe Leopoldo de Coburgo pareciera «probable o inminente», el Gobierno francés se consideraría libre de pedir la mano de Isabel o de Luisa para el duque de Montpensier; pero al fin y al cabo Bulwer era el único que había abogado por la candidatura del príncipe Leopoldo, y el Gobierno británico no había vuelto a mencionarlo. Y hasta que no lo hiciera, les parecía a los franceses que por mucho que les gustara no podían insistir con su Montpensier.

Pero en el asunto había ya un cierto elemento de urgencia. Se sabía que Isabel era de naturaleza muy sensual, y su cariño por el joven general Serrano, «el general Bonito», como lo llamaban en los círculos cortesanos, preocupaba a Guizot. «Usted no conoce a estas princesas españolas y sicilianas», le refunfuñó a Charles Greville. Hasta ahora, Isabel II no había entrado en la pubertad, por lo que aún había tiempo; pero el 3 de abril de 1846 Bresson envió a Guizot un mensaje extraordinario: «La reine -informó por las buenas- est nubile depuis deux heures».

Isabel anuncia su consentimiento con los ojos enrojecidos

En estos momentos, con Isabel madura para el matrimonio, cayó el Gobierno conservador de Inglaterra, siendo sucedido por otro liberal. Para reemplazar al circunspecto lord Aberdeen en el Foreign Office fue nombrado el dinámico lord Palmerston. Aberdeen había tratado siempre el asunto de los «matrimonios españoles» con guante blanco; Palmerston habría de abordar el caso de modo muy diferente.
El único interés de Inglaterra, sostenía Aberdeen, era asegurarse de que Isabel no se casara con un príncipe francés y que el matrimonio de su hermana Luisa se retrasara hasta que Isabel tuviera hijos. Palmerston, por su parte, se interesó de modo mucho más activo en el asunto. Pocos días después de ocupar el cargo, escribió a Bulwer, en Madrid, proponiendo sin rodeos a Leopoldo de Coburgo como candidato más apropiado, o, en caso contrario, a Enrique. Para tratar las cosas sin tapujos, envió copia de su despacho al embajador francés en Londres, quien lo envió inmediatamente a París. La noticia confirmó las sospechas, que nuevamente abrigaban el rey Luis Felipe y Guizot. Estaba claro que Bulwer contaba con el apoyo de su Gobierno.

En este momento llegó a París un mensaje de María Cristina diciendo que el matrimonio no podía retrasarse. Isabel se negaba a casarse con Francisco de Asís o con Enrique; sin embargo, si no podía conseguir a Montpensier, aceptaría al príncipe Leopoldo de Coburgo. No se sabe con seguridad si Guizot creía o no de veras que Inglaterra intentaba forzar el matrimonio Coburgo; lo que sí se sabe seguro es que le convenía creerlo, pues él no podía romper el acuerdo de Eu hasta el punto de casar a Isabel con Montpensier; pero había otra solución. La sugerencia de Besson de un casamiento doble, Isabel con Francisco de Asís, y Luisa con Montpensier, se volvió a examinar, y María Cristina pidió que las dos bodas fueran simultáneas, a fin de que algo del brillo de la boda de la infanta se reflejara en la de la reina.

Tras haber aventado ese nido de avispas, Palmerston aconsejó a Bulwer que se olvidara del príncipe Leopoldo y que insistiera en favor de Enrique; pero el liberalismo turbulento de este joven lo hacía difícilmente más aceptable para Francia que el príncipe Leopoldo, y lo hacía completamente inaceptable para María Cristina, y cuanto más lo patrocinaba Palmerston, más se convertía en un juguete en manos de Guizoti pues éste, dándose cuenta de que estaba patinando sobre un hielo muy fino (los británicos jamás propusieron el matrimonio Coburgo, ni tampoco Francia quería esperar a que Isabel tuviera hijos para dar a España un príncipe francés), convino en el matrimonio doble. «Siga adelante sin vacilar -le dijo a Bresson- Arréglelo lo antes posible.»

Ahora, el único inconveniente procedía de la propia Isabel, la cual no quería casarse con Francisco de Asís, pero María Cristina y Muñoz se encerraron unas horas con ella y la convencieron. Alguien diría después que cuando alrededor de la medianoche del día 28 de agosto de 1846 Isabel salió de su habitación para dar su consentimiento a sus ministros, tenía los ojos enrojecidos, La doble boda se celebraría seis semanas más tarde. No cabía duda de que Inglaterra había sufrido una severa derrota diplomática.

La reina Victoria monta en cólera

Al enterarse de la noticia, la reina Victoria estalló en un chaparrón de signos de exclamación, de subrayados y de letras mayúsculas. «El arreglo del casamiento de la reina de España, junto con el de Montpensier es infame, y debemos Protestar -escribió al rey de los belgas- Guizot ha tenido el descaro de decir... que aunque originariamente ellos dijeron que Montpensier sólo se casaría con la infanta cuando la reina estuviera casada y tuviera hijos, el hecho de que Leopoldo fuera nombrado candidato lo había cambiado todo, y ellos debían arreglarlo, Esto es algo malvado, porque nosotros fuimos tan honrados como para casi impedir el matrimonio de Leo ... »

La conducta de Guizot, seguía diciendo ella, era «vergonzosa hasta un punto del todo increíble y suciamente deshonesto». ¿Cómo -se preguntaba- podremos confiar otra vez en Luis Felipe?

Bulwer, rotundamente derrotado por Bresson, su béte noire, se retiró a Aranjuez, echando pestes; Palmerston envió despachos a Rusia, a Prusia, y a Austria, insitiéndoles en que protestaran contra el matrimonio Montpensier, y sir Robert Peel hasta habló de una guerra.

Y ¿por qué estaban los británicos tan enfadados? Bien miradas las cosas, los franceses no se habían portado tan mal. Isabel, según el acuerdo de Eu, habría de casarse con un príncipe Borbón, y ellos sólo habían roto su promesa de no esperar a que Isabel tuviera hijos para casar a Luisa. ¿No serían exagerados los temores británicos de que Montpensier, o uno de sus hijos, se convirtiera en rey de España?

La clave de la controversia estaba en el modo de ser de Francisco de Asís, el futuro esposo de Isabel. Aunque él no había heredado nada de la agresiva personalidad de su madre, Carlota era la culpable de haber hecho de él lo que era. Bajito, delgado y vivaracho, con una vocecita aguda y modales melindrosos, Francisco era el blanco de muchos chistes subidos de tono en la Corte.
FUENTE: mundohistoria.org
PARA SABER MÁS, VER:
HIS-ESP-XIX-ISABEL II

BIBLIO/WEBGRAFIA:

mundohistoria.org
José Luis ComellasIsabel II. Una reina y un reinado, Ariel. Barcelona, 1999
Juan G. AtienzaIsabel II: la reina caprichosa, La esfera de los libros. Madrid, 2005