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998 ¿POR QUÉ ESTUDIAR LA GUERRA CIVIL ( 1936-39 )? CONTEXTO

¿POR QUÉ ESTUDIAR  LA GUERRA CIVIL ( 1936-39 )? CONTEXTO

                   
Un sangriento golpe de Estado del 18 de julio de 1936. Duró apenas tres años, pero fue, de todas las guerras de la época contemporánea, la que más pasiones despertó, algunas todavía en carne viva por la destrucción, las atrocidades y los sufrimientos causados, además de por los abusos de la larga dictadura a la que dio lugar
Contenidos básicos:

1.- Los inicios, con dos aspectos: el golpe militar y la configuración de ambos bandos ( geográfica, militar, económica, ideológica etc.)
2. – El desarrollo de la guerra: estudio de sus fases y hechos relevantes, de forma resumida.
3.- Las repercusiones internacionales de la guerra:
-          la ayuda a ambos bandos.
-          la repercusión mediática de la guerra
4.- La evolución política en ambos bandos.
5.- Las consecuencias:
-          Políticas, incluyendo en ellas la represión de  posguerra y el exilio.
-          Económicas
-          Demográficas y sociales.
-          Culturales y educativas.
  6. La Recuperación de la Memoria Histórica - tus ciencias sociales

El recuento de víctimas en la guerra y represaliados en la posguerra se va cerrando En las batallas murieron 95.000 soldados y la represión en la retaguardia suma 50.000 asesinatos en zona republicana y 94.669 fusilados por los golpistas durante la guerra y la postguerra.. Asociaciones para la recuperación de la memoria histórica completan el listado de asesinados por el franquismo a medida que abren nuevas fosas comunes (133.708 muertos ya). Hay que añadir los civiles fallecidos por los bombardeos (10.000), por hambre o enfermedad en campos de concentración y prisiones (50.000), o los españoles arrojados al exilio. Suman medio millón, sobre un censo que en 1931 ascendía a 23 millones de españoles.------------------------------------------------------------------------------------------------------
                                                               

730 LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA


El Gobierno de la República,

 Santiago Casares Quiroga, celebró su acostumbrada reunión el viernes, 10 de julio de 1936.


 El ministro de Comunicaciones y Marina Mercante, Bernardo Giner de los Ríos, entregó al presidente unas notas con abundante documentación sobre las conversaciones captadas por la policía entre los militares que conspiraban contra la República. La sublevación militar, dijo el presidente a los reunidos, puede ser inmediata, quizás mañana o pasado. Se quedaron todos perplejos ante la noticia, más aún cuando Casares les informó de las largas horas de meditación que el presidente de la República, Manuel Azaña, y él mismo habían dedicado al seguimiento de la conspiración. Azaña y Casares decidieron, ante esos informes, que solo existían dos opciones: abortar el movimiento ordenando la detención inmediata de todos los implicados o esperar que la conspiración estallase para yugularla y destrozar de una vez la amenaza constante que desde su nacimiento venía pesando sobre la República. Optaron por la segunda.


Había terminado la espera, los rebeldes habían salido a la calle y se habían hecho rápidamente con el control de la situación, pero el Gobierno, sin saber qué hacer, se limitó a publicar en la mañana del 18 un comunicado en el que daba ya la sedición por sofocada

El viernes, 17 de julio, Santiago Casares informó al Consejo de Ministros de que la rebelión, tan esperada por todos, había triunfado en Melilla y que era de temer su triunfo en el resto de las plazas de África. .

 Por la tarde, Casares convocó a consulta en consejillo a los ministros, al presidente de las Cortes, Diego Martínez Barrio, y a los dirigentes de las dos facciones en las que había quedado dividido y bloqueado el partido socialista, Francisco Largo Caballero e Indalecio Prieto. 

La rebelión, mientras tanto, se había extendido por la península, sin que los comunicados sobre su control ni el decreto licenciando a las tropas de las guarniciones sublevadas hubieran servido más que para confundir en unos casos y paralizar en otros a los gobernadores civiles, que trataban de contenerla por medio de las escasas fuerzas de orden público y de militares leales bajo sus órdenes.

El mismo 18 de julio, Casares Quiroga dimitió e inmediatamente se formó un nuevo Gobierno presidido por Martínez Barrio,

Manuel Azaña, ante la dimisión de Santiago Casares, trató de formar un Gobierno de “unidad nacional”, desde Miguel Maura por la derecha a Indalecio Prieto por la izquierda, presidido por Martínez Barrio, con suficiente autoridad para negociar con los cabecillas de la rebelión.

 Maura rechazó la oferta y Prieto consultó con su partido, que le volvió a negar su autorización. 
que intentó entablar negociaciones con Mola

Martínez Barrio siguió adelante, solo para recibir de los rebeldes la respuesta de que era tarde, muy tarde, y ser   acusado de traición por los leales en una multitudinaria manifestación que exigía su dimisión en la mañana del domingo 19.

 se opuso a entregar armas a los obreros, como pretendían socialistas y anarquistas, ante el temor de que se produjera una revolución proletaria desde el interior de la República.

Cuando Mola rechazó la negociación, las presiones socialistas aumentaron y el gobierno, que se había formado cuando se encendían los faroles de Madrid ese 18 de julio, dimitió

 Dimitió pues, a las seis horas de formar su Gobierno, dejando en manos de Manuel Azaña la dramática decisión de distribuir armas a grupos ya armados o renunciar a la máxima magistratura de la República.

El nuevo Gobierno de la República lo presidió José Giral, que fue quien realmente tomó las primeras medidas para transformar la labor ordinaria de gobierno y hacer frente a la guerra; las más importantes de estas medidas fueron la transformación de la Guardia Civil en Guardia Nacional Republicana y la incautación de las industrias y tierras abandonadas por sus dueños.

La marcha de la guerra fue muy negativa para la causa republicana; el avance de las tropas nacionales sobre Madrid hizo que Giral renunciara a sus poderes en septiembre.

Se formó un nuevo gabinete de concentración con mayoría socialista, al frente del cual se situó el líder socialista Largo Caballero, que transformó radicalmente el modo de llevar la guerra, lo que abrió una lucha interna en el bando republicano

Largo alimentó su fama de Lenin español con la decisión de levantar en muy corto espacio de tiempo un ejército republicano al estilo del Ejército Rojo, formado de la nada por los bolcheviques para defender la Revolución en la guerra civil contra los Ejércitos Blancos. Para ello, Largo pretendía basar la fuerza del ejército republicano en la alianza de los sindicatos UGT y CNT, como únicas fuerzas capaces de movilizar a las clases trabajadoras en favor de la República.

Frente a esta idea se encontraba buena parte del Partido Socialista y, sobre todo, el Partido Comunista, fuerza minúscula al comienzo de la guerra pero con una gran capacidad de dirección en la guerra y con la fuerza que le otorgaba ser el receptor directo de la ayuda en material militar que llegaba procedente de la URSS. Ambas fuerzas pretendían concentrar todo el poder en el estado -y los partidos políticos que lo sostenían-, arrebatando el control de la contienda a los sindicatos.

Le sustituyó al frente del Gobierno el también socialista Negrín, y tomó la cartera de Defensa Prieto; inmediatamente, no sólo se ilegalizó el POUM, sino también se exigió a la CNT que integrara en la disciplina militar a sus tropas. El gobierno Negrín trató de cambiar la dirección política y económica de la República beligerante, lo que se materializó en una disminución del peso de los sindicatos y su práctica revolucionaria y un aumento de la presencia de los partidos políticos, en especial del socialista, pero cada vez más del comunista.

Una mujer cuida a un bebé durante un discurso político cerca de Badajoz, Extremadura. Mayo de 1936. DAVID SEYMOUR/MAGNUM

ESQUEMA

Hubo varias y diferentes contiendas. En primer lugar, un conflicto militar, iniciado cuando el golpe de Estado enterró las soluciones políticas y puso en su lugar las armas.
Fue también una guerra de clases, entre diferentes concepciones del orden social, una guerra de religión, entre el catolicismo y el anticlericalismo, una guerra en torno a la idea de la patria y de la nación, y una guerra de ideas que estaban entonces en pugna en el escenario internacional. 


INTRODUCCIÓN Y CARACTERÍSTICAS GENERALES


· Polarización. Contexto prebélico.

· Fracaso del pronunciamiento: guerra civil y dictadura



1. SUBLEVACIÓN


· Causas: Triunfo frentepopulista: 
                Conspiración de la derecha y parte del ejército.


1.1. El pronunciamiento militar

· 17/7: insurrección en Melilla, Ceuta y Marruecos (Yagüe)

· 18: se sublevan Canarias (Franco, que vuela a Tetuan), Sevilla (Quiepo de Llano) y otras ciudades andaluzas

· 19: se subleva Pamplona (Mola), con apoyo carlista, y gran parte de Galicia y Castilla-León

· En Barcelona y Madrid fracasa la insurrección por la resistencia de los militares leales y los partidos y sindicatos de izq. Casares Quiroga dimite y Giral ordena la entrega de armas a la población. El poder pasa a la calle.


1.2. División de España en dos zonas

· 21: Ha triunfado la sublevación en Marruecos, Canarias, Baleares, Galicia, Oviedo, Álava, Navarra, W. de Aragón, Castilla- León, Cáceres, Sevilla, Cádiz, Córdoba y Granada. Ámbito rural. Muerto Sanjurjo, la Junta de Defensa Nacional dirige a los insurrectos, con un ejército profesional de unos 150.000 soldados (Regulares y la Legión)

· Bajo dominio republicano: Asturias, Santander, Vizcaya, Guipúzcoa, Cataluña, Levante, Badajoz, La Mancha, Andalucía oriental y Madrid. Grandes ciudades y zonas industriales y mineras. La Marina y la Aviación se mantienen fieles. El gobierno, que reacciona con lentitud, pierde el control en beneficio de las organizaciones obreras.

Factor decisivo para el triunfo o fracaso fue la posición del Ejército, la Guardia Civil y los sindicatos.


La represión se extendió en ambos bandos.

Ayuda alemana (6 mil soldados, Legión Cóndor), italiana (100 mil solados, aviones, submarinos, barcos, artillería) y portuguesa, pese al Comité de No Intervención.

Soldados republicanos, La Granjuela (Córdoba). Junio de 1937 gerda tardo

2. DESARROLLO DE LAS OPERACIONES MILITARES

2.1. La defensa de Madrid (julio 36/ marzo 37)
· Objetivo: ocupar Madrid. Guerra de columnas. Las columnas del N. son detenidas en la sierra por los milicianos: guerra de posiciones (trincheras)
· Puente aéreo. Avance hacia Extremadura (Yagüe); Toledo (Varela) cae en septiembre
· Madrid: cercada y bombardeada, protegida por la Junta de Defensa (general Miaja y tte. Cº. Rojo). Guerra de posiciones en la Ciudad Universitaria (Ejército Popular y Brigadas Internacionales). El frente queda estabilizado hasta el final de la guerra. Ataques nacionales sobre el Jarama y Guadalajara.
· Mola ocupa Guipúzcoa y aísla el N.
· Andalucía: avance hacia Córdoba y Jaén. Cae Málaga en febrero y el frente se estabiliza.

2.2. El frente Norte (abril/oct. 37)
· Tras el fracaso en Madrid, Mola ocupa el Norte. Guerra total (Guernica). Dominio de la ind. pesada y las minas.
· Ataques de distracción republicanos sobre Brunete y Belchite.

2.3. El frente Este (nov. 37/nov 38)
· Conquistado el N, Los franquistas pueden concentrarse en el E.
· Ataque de distracción republicano sobre Teruel (diciembre 37)
· Los franquistas avanzan por el v. del Ebro hacia el Mediterráneo; llega a Vinaroz en abril
· Cataluña aislada.
· Ofensiva republicana sobre el bajo Ebro. (julio/nov 38). Guerra de desgaste, frente estable.

2.4. Cataluña cae en febrero (Dic 38/ abril 39)
· Madrid: golpe del coronel Casado (5 marzo). Rendición.
· Los franquistas entran en Alicante. El 1º de abril Franco declara terminada la guerra




3. EVOLUCIÓN POLÍTICA

3.1. La España republicana

3.1.1.Gobierno de J. Giral
o Tras la sublevación militar, Casares Quiroga dimite y Azaña nombra a Giral, aunque elgobierno pierde el control en beneficio de las organizaciones obreras (comités) y los gobiernos regionales (cataluña, Euskadi, Consejos de Asturias y León y de Aragón)
o Proceso de revolución social: colectivizaciones, sustitución del ejército (disuelto) por milicias obreras y represión practicada por grupos incontrolados.
o División de objetivos: ganar la guerra (republicanos, parte de los socialistas y cocmunistas) / hacer la revolución (anarquistas y trostkistas)

3.1.2.Gobierno de F. Largo caballero (sep. 36/mayo 37)
o Gobierno de concentración (republicanos, socialistas, comunistas y anarquistas)
o El gobierno de traslada a Valencia en noviembre
o Lenta recuperación del poder: disolución de comités y de milicias (integradas en el Ejército Popular, formado por brigadas mixtas, siguiendo el modelo del 5º Regimiento)
o Enfrentamiento en Barcelona (CNT y POUM) que hace caer al gobierno

3.1.3.Gobierno de Juan Negrín (mayo 37/ marzo 39)
o Frente antifascista, con apoyo de los comunistas y la URSS
o El gobierno se traslada a Barcelona y después se exilia en Francia
o División entre partidarios negociación y partidarios resistencia: golpe del coronel Casado (marzo 39) para negociar la paz, sin éxito.

3.2. La España “nacional”. De la Junta de Defensa Nacional a la concentración de poderes en Franco
o Muerto Sanjurjo, constitución de la Junta, presidida por Cabanillas.
o Sustitución del Estado republicano por otro totalitario: supresión de libertades y reformas republicanas. Poder militarizado
o Apoyo de la Iglesia (“Cruzada”), los partidos de derechas (que se disuelven, salvo Falange encargada de la represión en la retaguardia)
o Concentración de poderes en Franco: Jefe Estado y gobierno (1º octubre 36). Causas: necesidad de un mando único y mejor situación de Franco, por dirigir al ejército africano, tener el apoyo monárquico y de los aliados.
o Obediencia al “caudillo” y creación de un partido único, siguiendo el modelo fascista:
o Decreto de Unificación (abril 37): FET de las JONS (Movimiento Nacional)
o Legislación represiva que sienta las bases del nuevo Estado (Ley de Responsabilidades Políticas) y utiliza la represión como instrumento de terror dirigido desde el poder.



4. CONSECUENCIAS

Los militares sublevados en julio de 1936 ganaron la guerra porque tenían las tropas mejor entrenadas del ejército español, al poder económico, estaban más unidos que el bando republicano y los vientos internacionales soplaban a su favor. Después de la Primera Guerra Mundial y del triunfo de la revolución en Rusia, ninguna guerra civil podía ser ya sólo “interna”. Cuando empezó la Guerra Civil española, los poderes democráticos estaban intentando a toda costa “apaciguar” a los fascismos, sobre todo a la Alemania nazi, en vez de oponerse a quien realmente amenazaba el equilibrio de poder. La República se encontró, por lo tanto, con la tremenda adversidad de tener que hacer la guerra a unos militares sublevados que se beneficiaron desde el principio de esa situación internacional tan favorable a sus intereses.




Colas-cartilla-racionamiento.  SEVILLA 1940 . CECILIO SANCHEZ DEL PANDO

«Estábamos tan hambrientos que mi padre tenía que ir a robar uvas por la noche. Mis hermanos y yo íbamos a recoger hierbas del campo, tales como collejas, romanzas o cardos, que luego mi madre cocía para comérnoslas como verduras. No había otra cosa. Si encontrábamos una cáscara de naranja por la calle, nos la comíamos. Y yo no conocía el plátano», cuenta Bienvenida Verdú,

- Para hacer frente a esta situación, el Régimen estableció la famosa cartilla de racionamiento 

  • - Muertos y exiliados., 
    - Pérdidas materiales.
    - Paralización de la reconstrucción a causa de la II Guerra Mundial.
    -
    · Demográficas: 500 mil muertos durante la guerra; otros tantos exiliados, más ejecutados, prisioneros, heridos en la posguerra: total 1.3 MM.
    ·
  •    Consecuencias internas.

    - La situación internacional hizo que la vida política estuviese influida por los regímenes fascistas.
    - Configuración de un nuevo régimen Fuero de los Españoles (conjunto de derechos y deberes).
    - Poder supremo en manos de Franco.
    - Influencia de diversas tendencias en la configuración de la ideología.: falangistas, tradicionalistas, monárquicos, católicos.

      Consecuencias económicas.

    - Destrucción de gran parte de la riqueza.
    - Desaparición de las reservas de oro.
    - Autarquía.
    - Racionamiento.
    - Creación del INI para fomentar la industria.



    El buque Stanbrook, fondeado en el puerto de Orán en 1939. Legado Rodolfo Llopis. Fundación Caja Mediterráneo
    Alicante se convirtió en un gran presidio para las más de 15.000 personas venidas del frente. 


       Consecuencias externas/ implicaciones internacionales.

    - Difícil posición española en la II Guerra Mundial.
    - Interés alemán por contar con la participación española.
    - Aislamiento político tras la guerra.

    En el escenario internacional desequilibrado por la crisis de las democracias y la irrupción del comunismo y de fascismo, España era, hasta julio de 1936, una país marginal, secundario. Todo cambió, sin embargo, a partir de la sublevación militar de ese mes. En unas pocas semanas, el conflicto español recién iniciado se situó en el centro de las preocupaciones de las principales potencias, dividió profundamente a la opinión pública, generó pasiones y España pasó a ser el símbolo de los combates entre fascismo, democracia y comunismo.
    Lo que era en su origen un conflicto entre ciudadanos de un mismo país derivó muy pronto en una guerra con actores internacionales. La situación internacional era en ese momento my poco propicia para la República, y para una paz negociada, y eso marcó de forma decisiva la duración, curso y desenlace de la guerra civil española. La Depresión había alimentado el extremismo y minado la fe en el liberalismo y la democracia. Además, la subida al poder de Hitler y los nazis en Alemania y la política de rearme emprendida por los principales países europeos desde comienzos de esa década crearon un clima de incertidumbre y crisis que redujo la seguridad internacional.
      El desequilibrio a favor de la causa franquista de suministros de material bélico, pero también de asistencia logística, diplomática y financiera. Al margen de las interpretaciones canónicas de un lado o de otro, esos historiadores subrayan la trascendencia de la intervención extranjera en el curso y desenlace de la guerra. La intervención de la Alemania nazi y de la Italia fascista y la retracción, en el mejor de los casos, de las democracias occidentales condicionaron de forma muy importante, si no decisiva, la evolución y duración del conflicto y su resultado final.
Pero a España no sólo llegaron armas y material de guerra. Llegaron también muchos voluntarios extranjeros, reclutados y organizados en las Brigadas Internacionales por la Internacional Comunista, que percibió muy claramente el impacto de la Guerra Civil española en el mundo y el deseo de muchos antifascistas de participar en esa lucha. Frente a la intervención soviética y a las Brigadas Internacionales, los nazis y fascistas [en la foto, una compañía del ejército fascista de marcha por España en 1937, retratados por el teniente italiano Guglielmo Sandri] incrementaron el apoyo material al ejército de Franco y enviaron asimismo miles de militares profesionales y combatientes voluntarios. La guerra no era sólo un asunto interno español. Se internacionalizó y con ello ganó en brutalidad y destrucción. Porque el territorio español se convirtió en campo de pruebas del nuevo armamento que estaba desarrollándose en esos años de rearme, previos a una gran guerra que se anunciaba. 

¿Por què ganaron los nacionales?

- Mejor organización política.
- Mejor ayuda exterior.
- Mejor organización militar y superioridad técnica.
- Aspectos económicos: mejor administración de los recursos.

Organización política.
- Franco reunió en su persona el mando militar, la jefatura del gobierno y del Estado.
- La población veía en él el salvador de la nación (imagen creada por la propaganda).
- Carisma de Franco ante el ejército.
- División en la zona republicana.
- Ambiguas relaciones entre las autoridades civiles y las militares.

Ayuda exterior.
- La ayuda alemana a los nacionales estuvo compuesta por el material más moderno de la época.
- Asimismo obtuvieron aprovisionamiento de materias primas del exterior (petróleo americano TEXACO).
- El apoyo a la república no fue de igual calidad que el proporcionado a los nacionales.
- Las potencias europeas apenas prestaron apoyo a la república (No intervención de Francia e Inglaterra).

La superioridad militar.
- Excelente organización del servicio secreto y estado mayor nacional.
- Rivalidad en la zona republicana entre militares de carrera (Rojo, Miaja, Casado) y los surgidos de las milicias (Líster, Modesto).

Administración de la economía.
- Control republicano de las reservas de oro, los puertos más importantes y las minas del norte.
- Bloqueo de los puertos por parte de los nacionales.
- Control nacional de las minas en la segunda mitad de la guerra.
- Ayuda a crédito por parte de los alemanes e italianos a los nacionales, Los republicanos debían pagar antes del envío de armamento. Se utilizó la mayor parte de las reservas de oro.

Un hombre lleva a un muchacho herido, Teruel. Diciembre de 1937. (ROBERT CAPA/MAGNUM)
Desde el estallido de la guerra en 1936, muchos artistas y profesionales internacionales de izquierdas se comprometieron con el bando republicano. Algunas de las fotografías de Capa, Taro y Seymour se publicaron en medios y revistas de todo el mundo, convirtiéndose en iconos de la lucha de los republicanos contra las tropas franquistas.

ECONOMÍA DE LA GUERRA CIVIL

¿Por eso perdió la República?

“No fue por eso, no perdieron por falta de dinero si no porque no supieron gastarlo”.

Dos pesetas, dos Bancos de España, dos procesos de inflación y dos maneras antagónicas de entender la sociedad.

 La peseta republicana cayó en picado gracias a una meditada operación de los sublevados, que les permitió  hacer circular su propia moneda (mediante el estampillado de billetes republicanos), desmarcarse del sistema monetario cuyo corazón no controlaron hasta 1939 y desmoralizar al enemigo. “Se diseñó con todo detalle una operación reservada, que se puso en marcha a partir de un llamado Fondo de papel moneda puesto en curso por el enemigo, en el que se iba recogiendo toda la moneda republicana que llegaba a manos del Gobierno de Burgos”, escribe Sánchez Asiaín. A través del fondo, la moneda republicana “se convirtió en una contundente arma contra su propio emisor”: se envió a las quintas columnas infiltradas en territorio republicano y se forzó la caída de la cotización internacional con envíos al exterior. En julio de 1937, la peseta republicana valía, en francos, tres veces menos que la emitida por los sublevados.

La guerra monetaria es uno de los aspectos más desconocidos de la contienda que se desarrolla en este libro. El otro es el papel de la banca, que desplegó una flexibilidad pasmosa para adaptarse a la inestabilidad de los tiempos bélicos con la creación de “comandos financieros”, que acompañaban a las tropas en sus avances. “Es paradigmático el caso del Banco Zaragozano, que llegó al extremo de enviar a su presidente a los frentes de batalla, para entrar en las ciudades junto ‘a los mandos militares’ y proceder directamente a la reorganización financiera de las sucursales”, detalla Sánchez Asiaín, que dispuso de un material excepcional para este capítulo: entrevistas grabadas a 150 responsables de sucursales durante la guerra. El economista recurrió, además, a los archivos del BBVA, la entidad que dirigió durante años, el Banco de España, el Ministerio de Economía, la Academia de Ciencias Morales y la Fundación Universitaria Española.

Sánchez Asiaín no proporciona cifras de lo que costó la guerra —está en ello aunque advierte que solo podrá aventurarse en términos comparativos respecto al PIB de 1935— pero sí una conclusión contundente: “La República pagó el coste de la guerra civil con cargo al ahorro del pasado (reservas de oro del Banco de España) y el Gobierno de Burgos lo financió con el ahorro futuro (endeudamiento exterior)”.

Las condonaciones de Mussolini. Al finalizar la guerra, el Gobierno italiano fijó la deuda española en 5.000 millones de liras por suministro de material bélico y perdonó 1.926 millones de liras.

El coste de la Legión Cóndor. Alemania consideró que España debía pagar 372 millones de marcos, de los cuales 99 correspondían a la Legión Cóndor, mientras que el nuevo Gobierno entendía que este apoyo aéreo era una colaboración en el marco de "la lucha contra el comunismo".

Ambos, añade en una entrevista, también contaron con el esfuerzo de las generaciones que vivían aquellos días mediante aportaciones voluntarias (suscripciones) o involuntarias (confiscaciones). Al fin y al cabo, como decía el socialista Indalecio Prieto, “la guerra se gana con dinero, dinero, dinero”.

 Las reservas de oro del Banco de España fueron la principal fuente republicana —y uno de los mitos más agrandados durante la dictadura—, pero también la requisa de posesiones de partidarios de Franco. Según el primer inventario de bienes incautados almacenados en el castillo de Figueres, adonde se habían ido enviando conforme la República se replegaba, el valor excedía los 4.000 millones de pesetas. Una parte de los bienes que salieron del castillo antes de la llegada de las tropas franquistas, se trasladaron a México en el barco Vita para ayudar al exilio español.
Los sublevados pudieron recurrir a la financiación en el exterior y a una jurisdicción especial —la de responsabilidades políticas— que se prolongó más allá de abril de 1939. Sánchez Asiaín recuerda el caso de Ramón de la Sota, una de las principales fortunas del País Vasco, fiel a la República. A pesar de que falleció en 1938, los expedientes contra él y el resto de la familia siguieron adelante. Fueron sancionados con  más de 360 millones de pesetas, “las multas más abultadas que las autoridades franquistas impusieron a los perseguidos en toda España”.

Antes de la guerra, los militares golpistas contaron con generosos apoyos financieros ya conocidos: los dictadores Mussolini y Salazar, los adinerados Juan March y Francisco Cambó, y también la Diputación Foral de Navarra que destinó los impuestos de guerra a combatientes y “otros conceptos como una pensión de 1.840 pesetas para gastos educativos de las hijas de Mola”. Sin la financiación de Navarra, March y Portugal, “la sublevación no hubiera triunfado y se hubiera desmoronado en semanas”, según el autor.

March ofreció al general Mola, destinado en Pamplona, 600 millones de pesetas, que equivalían a los presupuestos de los Ministerios de Guerra y Marina de 1935, según compara el economista vasco. Con el apoyo del empresario balear a los golpistas se hizo verdad el vaticinio del ministro de Hacienda: “O la República le somete a él, o él somete a la República”.

José Ángel Sánchez Asiaín publica una ambiciosa obra sobre la financiación de la sublevación y la contienda civil:  La financiación de la guerra civil española, que acaba de publicar Crítica. (ELPAIS.COM, 8-6-2012)


  • Exilio

Soldados republicanos huyendo a Francia en 1939. AFP-GETTY IMAGES

704 Fases guerra Civil española

Fases guerra Civil española


El general Francisco Franco recaló en Santa Cruz de Tenerife el 15 de marzo de 1936 como comandante militar de Canarias, adonde había sido destinado por el Gobierno republicano. Hacia principios de junio ya estaba más o menos decidido a rebelarse.¿Cómo pasar a la acción, trasladándose a Marruecos para sublevar al ejército español en África? ¿Cómo asegurarse de que dejaba tras de sí unas islas donde se había eliminado toda posible resistencia?

El historiador Ángel Viñas publica un nuevo libro, La conspiración del general Franco (Editorial Crítica). Contesta la versión del vuelo del Dragon Rapide contada por la historiografía profranquista y afirma que la clave para los planes de Franco fue la muerte del gobernador militar de Gran Canaria, Amado Balmes, por un disparo de su propia pistola. No parece que este general estuviera en la conspiración y su presencia en el golpe inminente podría haber dificultado el apoyo de sus fuerzas -la guarnición más potente de las islas- a quien movía los hilos desde Tenerife.

 Franco pidió a los conspiradores en la Península que le buscaran un avión civil. El Dragon Rapide voló de Londres a Canarias con la cobertura de un viaje de vacaciones para un exmilitar británico, Hugh Pollard, su hija Diana y otra mujer, Dorothy Watson. Las escalas efectuadas por el aparato y su destino final tuvieron una importancia en verdad estratégica. En vez de ir directamente a Tenerife, donde se encontraba Franco, el piloto y el pasaje fueron desviados a Gando (Gran Canaria) por uno de los principales conspiradores, Juan Ignacio Luca de Tena, propietario del diario Abc.El aparato llegó el 14 de julio a Gando, justo cuando Franco, muy nervioso, más lo necesitaba, ya que sus planes preveían ir a Las Palmas. La ocasión de tomar el barco para Gran Canaria sin levantar sospechas se le presentó con la muerte del gobernador militar de esta isla. Franco obtuvo "una excusa para salir de la situación y asistir al entierro", explicó posteriormente Diana, una de las pasajeras en el vuelo de ida del Dragon Rapide.

La historiografía franquista sitúa la llegada del avión a Gando el 15 de julio. Pero Ángel Viñas, al igual que otro investigador, el coronel González Betes, ha encontrado nuevas evidencias de que aterrizó un día antes. Esas veinticuatro horas eran vitales para el golpe: los falsos turistas tuvieron tiempo de embarcarse para Tenerife a medianoche, arribar el 15 por la mañana y hacer llegar a Franco el mensaje en clave -a través de un médico militar- de que el avión esperado se encontraba en Las Palmas.

Al día siguiente, 16 de julio, el general Balmes, jefe militar de Gran Canaria, acudió a probar unas pistolas al campo de tiro, sin más compañía que la de un chófer, según las versiones profranquistas. Una de las pistolas se encasquilló. Para desatascarla, Balmes "se apoyó el cañón en el vientre para, con la mano derecha, hacer más fuerza y dejar corriente el arma, con tan mala fortuna que se disparó esta, que era una Astra del 9 largo".
El herido fue trasladado por el chófer a una casa de socorro. El citado Pinto de la Rosa atribuye al general haber dicho: "¡Qué fatalidad!, ¡maldita pistola!, ¡Ay, mi hija!, ¡que no se entere Julia!" (su esposa). La locuacidad atribuida al moribundo fue utilizada por los partidarios de la tesis de un mero accidente. Para Viñas, "la idea de que Balmes proporcionara por sí mismo una explicación perfecta es risible. Quienes le rodeaban estaban metidos de lleno en la sublevación que iba a producirse pocas horas más tarde".

El caso es que al día siguiente, 17 de julio, Franco se presentó en Las Palmas para presidir el sepelio. Asegurado el control de Gran Canaria, el 18 de julio voló a Marruecos, se puso al frente del ejército de África y se lanzó a la Guerra Civil.


Justamente después de estallar el golpe, éste triunfó en algunas zonas, pero no en otras.
De esta manera, los insurrectos consiguieron sus objetivos básicamente en las zonas que se observan en el mapa . En ellas se deshizo todo lo que de revolucionario o reformista hicieron los gobiernos republicanos.

 En las zonas donde no triunfó, el poder, a nivel general, se fragmentó, ya que en algunas áreas las opciones políticas más radicales tuvieron la oportunidad de ensayar sus tesis (abolición del dinero, colectivizaciones de tierras en diferente grado y de diferente signo, cooperativas agrarias e industriales, nacionalizaciones, etc.). Es el caso de la creación del Consejo de Aragón, que con sede en Caspe, ensayó en ciertas zonas aragonesas el comunismo libertario gracias al apoyo de las milicias anarquistas que marcharon hacia Madrid para defenderla del avance nacionalista.

También en esta época se observa la ayuda internacional a los insurrectos. Esta ayuda tuvo lugar desde el inicio, por parte, prioritariamente, de Alemania, Italia y Portugal. Pero no sólo, ya que el avión que trasladó a Franco desde Canarias al Norte de África, el Dragon Rapide, estaba subvencionado por dinero británico, y la Texas Oil americana ofreció a los rebeldes combustible a crédito.

Después de embarcar hacia el norte de África, el general Franco, que era tan sólo uno más de los sublevados, contó con el apoyo de esos cuerpos de Ejército que tan bien conocía y que en parte había ayudado a crear, la Legión y los Regulares. Además, se trataba de la elite del ejército español, muy acostumbrada a la terrible guerra colonial. Por ello, tuvo muy fácil la conquista de muchas localidades del sur peninsular. Como consecuencia, el general Franco empezó a revelarse como un puntal de los sublevados. Su prestigio fue progresivamente aumentando y así sus compañeros tomaron la decisión de concentrar en él todos los poderes, tanto los militares (el título de Generalísimo) como civiles (jefe de la Junta Técnica del Estado, especie de embrión de gobierno en la zona controlada por los insurrectos), sobre todo teniendo en cuenta que el Jefe natural de la sublevación, el golpista general Sanjurjo, que estaba exiliado en Portugal, murió en un accidente de aviación al viajar a España para encabezar la revuelta.

Con la ayuda italiana y alemana, el general Franco consiguió traladar esas tropas de elite a la peníncula, hecho que condicionó considerablemente el desarrollo de la guerra. De esta forma, pudo avanzar con mucha facilidad por la parte occidental de Andalucía, y subir hacia el norte por Badajoz. Cáceres se había sumado antes a la insurrección militar, con lo que en poco tiempo había unificado gran parte del occidente peninsular.

El siguiente objetivo era Madrid, donde los insurrectos no habían conseguido imponerse (recuérdese lo que ocurrió en el tristemente célebre cuartel de la Montaña).

 No obstante, y esto se ha valorado de forma muy diversa por los diferentes historiadores, se desvió hacia Toledo, donde tampoco los insurrectos habían conseguido hacerse con la ciudad, y estaban aislados y sitiados en el Alcázar.

El asalto que, en julio de 1.936, tuvo como protagonista al Alcázar de Toledo. «El coronel Moscardó conocedor del levantamiento del Ejército de África y del confuso y violento ambiente que reinaba en Madrid, donde pudo ver por la calle civiles armados, acudió a su comandancia y ordenó el acuartelamiento de la escasa guarnición. Dentro de esta fortaleza, unos 1.300 defensores a las órdenes del coronel sublevado José Moscardó lograron resistir durante más de dos meses los constantes ataques del ejército gubernamental, el cual contaba con varios millares de soldados, multitud de piezas de artillería, y algún que otro carro de combate. Llegó a la una columna republicana formada por unos 1.600 soldados acompañados por varias piezas de artillería de 105 mm y algunos vehículos blindados. Al mando de la misma se encontraba el general José Riquelme. En un intento de empujar a los defensores a abandonar la fortaleza, el jefe de milicias de Toledo contactó por teléfono con Moscardó para informarle de que tenía preso a su hijo Luis e informarle de que, si no rendía el Alcázar en diez minutos, el joven sería fusilado. : «Si es cierto (que te van a fusilar) encomienda tu alma a Dios, da un viva a Cristo Rey y a España y serás un héroe que muere por ella. ¡Adiós, hijo mío, un beso muy fuerte!». Con todo, finalmente las tropas republicanas no materializaron sus amenazas y optaron por arrestar al joven.

Tras las intentonas republicanas de rendir el Alcázar sin combatir, empezó el sitio. Ya no había cabida para la paz y, como era de esperar, Riquelme ordenó el constante bombardeó de la fortaleza mediante la artillería de 105 mm y cuatro nuevas piezas de 155 mm.Vicente Rojo continuó. Lejos de desmoralizarse, los sublevados pronto renovaron sus ánimos, pues recibieron mediante un correo aéreo varias cartas de Francisco Franco informándoles de que pronto serían liberados. Las gestiones para lograr la rendición de los sitiados, o al menos la evacuación de mujeres y niños habían sido infructuosas, el Ejército Expedicionario de Varela avanzaba por el Tajo… Cuando Varela visitó las ruinas del edificio que había cobijado a los sublevados durante más de 70 días, Moscardó no lo dudó e informó a su superior de la siguiente forma: «Sin novedad en el Alcázar, mi general». Héroes para unos, villanos para otros, lo cierto es que este grupo de soldados consiguió resistir, contra todo pronóstico, el bombardeo constante de los cañones y aviones republicanos. Sin agua, sin comida y casi sin munición, los defensores realizaron una proeza

Con este desvío, el general Franco dio tiempo a los madrileños a organizar la defensa de la capital con garantías, y al Gobierno (ahora de Largo Caballero) a huir hacia Valencia, tras dejar una Junta de Defensa al mando del general Miaja. Además, varias divisiones de las Brigadas Internacionales y la columnda anarquista de Durruti (que a su paso por Aragón fue obligando a los camepsinos aragoneses a implantar colectividades anarquistas y a practicar el comunismo libertario) tuvieron tiempo de llegar a la capital.

Como resultado, los militares rebeldes no pudieron tomar la capital, aunque batallas posteriores como la del Jarama o Guadalajara, ya en marzo de 1937 ( a manos de los italianos), tuvieron como objetivo un nuevo intento de cercarla.

A principios de marzo de 1937 la zona nacionalista había aumentado con la toma de Málaga (por parte de los italianos del Corppo di Truppe Volontarie), y algunos enclaves más. En ese 1937, en mayo, los sucesos de Barcelona supusieron un grave revés en la política interna del bando republicano, ya que los enfrentamientos entre el POUM y demás opciones políticas revolucionarias, contra el gobierno de la Generalitat, conllevaron la dimisión de Largo Caballero, que se negó a ilegalizarlo pese a las presiones de los comunistas.

En julio del 37 la República tenía como terrenos propios, en primer lugar, toda Cataluña, Levante, buena parte de Andalucía, Castilla la Mancha y Madrid en lo que era llamado el Frente del Centro. Por otro lado, también disponía de la Cornisa Cantábrica, Santander y Asturias (el Frente del Norte)

El líder comunista «El Campesino» dirige las operaciones en Villanueva de la Cañada

Dolor, valentía, y una ingente cantidad de víctimas. Con estos términos se podría definir la batalla de Brunete, un choque de fuerzas en el que, desde el 6 julio de 1937, las tropas de la República se enfrentaron al ejército de Francisco Franco en las afueras de Madrid. Aquel caluroso verano, la actual capital española quedó consternada ante las casi 40.000 bajas que se produjeron, una cifra que, a la postre, convertiría este enfrentamiento en uno de los más cruentos de la Guerra Civil.

PARA SABER MÁS, VER:

Paralelamente, estaba teniendo lugar la Batalla del Norte. No obstante, en este punto debemos dejar claro que, aunque teóricamente en esta zona las fuerzas gubernamentales estaban dirigidas por un mando común, el general Llano de la Encomienda, en realidad la Asturias republiucana estaba gobernada, y dirigida, por el Consejo de Asturias y León, en Santander existía una Junta delegada, y en el País Vasco un Gobierno autonómico (desde la aprobación del Estatuto a finales del verano de 1936).


El general Mola inició las operaciones en la primavera de 1937 (31 de marzo) con el apoyo de la Legión Cóndor alemana, lo cual le reportó indudables beneficios, ya que los alemanes estaban empleando nuevas formas, muy modernas, de realizar la guerra aérea (como resultado, los bombardeos de Guernica y de Durango, por ejemplo).


Bombardeo de Gernika en abril de 1937. / Fundación Sabino Arana

Las operaciones duraron casi todo 1937, con el resultado de la caída del norte en manos de los rebeldes, como vemos en el siguiente mapa.


La consecuencia fue una importante reducción del territorio controlado por el gobierno legal, que, pese a tímidas ofensivas como la de Brunete y Belchite para aligerar la presión de los insurrectos en sus objetivos principales, en realidad no hizo otra cosa que retrasar la apisonadora nacionalista.

A finales de 1937, por ejemplo, tuvo lugar una tímida ofensiva republicana en Teruel, que produjo la toma provisional de la ciudad aragonesa por parte de las tropas gubernamentales. Pero duró poco, ya que enseguida los franquistas la recuperaron, aunque no fuera en sí un objetivo militar clave. Tras esta refriega, los militares insurrectos emprendieron la gran ofensiva hacia el Este, que les hizo tomar el resto de Aragón, además de cruzar el Ebro, partir la zona gubernamental en dos con la toma de Gandesa, y acometer la ofensiva sobre Cataluña.

El resultado, antes de la toma de Cataluña, es el que observamos en el siguiente mapa. Tras la toma de Aragón, los dirigentes militares gubernamentales decidieron emprendser una ofensiva a gran escala en la zona del Ebro. Para ello concentraron el grueso de las fuerzas militares y decidieron atacar en el verano de 1938. En principio consiguieron avanzar, pero tras tres meses de dura contienda, las tropas franquistas reconquistaron el terreno perdido y obligaron a las tropas gubernamentales a replegarse.

Inmediatamente después (entre el 23 de diciembre de 1938 y el 2 de febrero de 1939), los sublevados iniciaron la ofensiva sobre Cataluña. Las elites políticas e intelectuales abandonaron el país e incluso el grueso de las tropas republicanas, que se refugiaron en Francia. Incluso Azaña dimitió de su cargo de presidente de la República el 24 de febrero.

No obstante, la consigna del entonces presidente del Gobierno, Juan Negrín, continuaba siendo aguantar y aguantar. Sospechaba que la política exterior alemana, aliada de Franco, iba a provocar el estallido de una guerra general en Europa, al estilo de la Gran Guerra del 14 (la I Guerra Mundial), en la cual entrarían potencias democráticas que estaban atenazadas hasta ese momento por el pacto de No Intervención. Asaí, tendrían alguna oportunidad. No obstante, muchos no compartían este punto de vista. De hecho, el 5 de marzo estalló un golpe de Estado protagonizado por el coronel Casado, en Madrid.
El historiador Bahamonde descarta la supuesta inocencia bienintencionada de los mentores de la rendición: demuestra que, a demanda de Franco, Casado y los suyos, como el anarquista Cipriano Mera y el socialista Julián Besteiro, urdieran un golpe de Estado cruento –dos mil víctimas, con prisioneros entregados a Franco- contra el Gobierno del socialista Juan Negrín y sus aliados del PCE, ambos opuestos a la rendición y partidarios de proseguir la contienda hasta la inminente Segunda Guerra Mundial. Aquel golpe, como demuestra fehacientemente Bahamonde, fue aleccionado previamente por el espionaje y la “quinta columna” de Franco- y preludió la entrega de Madrid por obra del coronel Casado:

El 1 de abril de 1939 el general Franco emitía el último parte de guerra. Pero, pese a la propaganda franquista, con el final de la contienda no advino la paz, sino la Victoria, como muy bien sabemos. Y no es lo mismo. Ni fue lo mismo.

La batalla en el mar

Tras algunos días de desconcierto, el recuento final dio la ventaja en el mar a la República, que pudo contar a sus órdenes 44 buques bien artillados (algunos todavía en dique seco) por los 23 del ejército sublevado -5 de ellos todavía por ensamblar-. No obstante, y a pesar de que su flota era significativamente menor, Franco guardaba un par de ases en la manga: dos nuevos y modernos navíos que, una vez fueran construidos, marcarían la diferencia en combate gracias a su polivalencia y a su ingente armamento. Estos no eran otros que los cruceros «Canarias» y «Baleares».

Tras el inicio oficial de las hostilidades navales entre la República y el bando sublevado, quedó claro que, a pesar de contar con más buques y submarinos, los gubernamentales carecían de oficiales y hombres lo suficientemente experimentados a nivel marítimo. Esto, unido alconstante envío de barcos a la flota franquista por parte de Italia y Alemania, provocó que la pequeña armada rebelde pudiera poner en aprietos a sus enemigos durante la guerra.

Por ello, en 1.938 la Armada gubernamental planeó una operación con la que elevar la moral de sus hombres y dar un golpe definitivo a la flota sublevada. Concretamente, el alto mando republicano pretendía atacar la bahía de Palma de Mallorca, lugar en el que, según diferentes informes, se encontraba una buena parte de la flota franquista.

La operación era, ya sobre el papel, dificultosa. En primer lugar, un pequeño grupo de lanchas torpederas rusas recién adquiridas (unos navíos de escaso tamaño y característicos por su velocidad, aunque también por su poca resistencia a los ataques) partiría desde su base en Portman (Cartagena) en dirección al puerto de Alicante. Allí, estos pequeños buques se encontrarían con la 1ª Flotilla de Destructores, la cual les abastecería de combustible y les escoltaría hasta la bahía de Palma, donde, finalmente, realizarían un ataque relámpago contra los buques franquistas allí fondeados.

Se ordenó al grueso de la flota republicana (7 navíos al mando del Almirante Luis González Ubieta) que cubriera el avance de la 1ª Flotilla de Destructores y de las lanchas torpederas navegando a 75 millas (unos 120 kilómetros) del Cabo de Palos. De esta forma, se pretendía proteger a los asaltantes de posibles maniobras llevadas a cabo por la flota franquista.

Frente a las costas de Cartagena, cuando una flota franquista y otra republicana se enfrentaron en la que -a la postre- sería conocida como la mayor batalla naval de la Guerra Civil.

«El “Baleares”, (…) el “Canarias” (…) y el “Cervera” (…), y en rumbo opuesto iba la escuadra enemiga»

Aquel 6 de marzo de 1.938, y tras la sucesión de una serie de complicadas maniobras navales, la marina gubernamental logró enviar al fondo del mar al orgullo de la Armada sublevada: el crucero «Baleares». Junto a este gigante metálico se hundieron además los cuerpos de casi 800 de sus tripulantes, un número que convirtió la tragedia de este buque en una de las más reseñables de la Historia española.
Con todo, y a pesar de que los combates navales durante la Guerra Civil han sido dejados de lado por parte de la Historia, lo cierto es que las aguas españolas acogieron multitud de contiendas en la que se enfrentaron, a base de sangre y torpedo, a republicanos y franquistas. Y es que, el control de determinadas rutas marítimas era de vital importancia, pues a través de ellas se podían hacer llegar hasta tierra firme cientos de soldados y toneladas de material bélico determinantes para la guerra.

 
ANDALUCÍA

Huida de civiles, en febrero de 1937, hacia Almería tras la caída de Málaga.

NORMAN BETHUNE. LA HUELLA SOLIDARIA (CENTRO ANDALUZ DE LA FOTOGRAFÍA)

Durante una semana, en alpargatas o sin ellas, hambrientos y aterrorizados, entre 60.000 y 100.000 civiles huyeron a pie con lo poco que podían transportar —y que iban abandonando por el camino— desde Málaga, tras su caída en manos de las tropas sublevadas, hacia Almería. Una escapada-encerrona porque, mientras serpenteaban a paso de caracol por los 200 kilómetros de la carretera de la costa, recibían cañonazos desde el mar, metralla alemana desde el cielo y el aliento de columnas italianas y mercenarios africanos en el cogote. Cada paso, en vilo. No sabían si sería el último.Los Heinkels alemanes y los caza italianos bajaban en picado hacia la carretera “con tanta indiferencia como si practicaran tiro al blanco, sus ametralladoras tejían intrincadas formas geométricas sobre los refugiados que huían”

En Córdoba también hubo trágicas consecuencias. Un ejemplo son  las operaciones aéreas exclusivamente de bombardeo a la ciudad por parte de la aviación republicana, con base, al principio de la contienda. 46 incursiones aéreas desde el 27 de julio de 1936 al 9 de diciembre de 1938, aportando el balance de víctimas (156 demostradas, de las que ha identificado a 127) y el daño en iglesias (Catedral, San Andrés, Santa Marina, etcétera), en edificios civiles y el pánico en la población, ofreciendo una nueva visión de la guerra.

PARA SABER MÁS, VER. :
--ITINERARIO POR LOS MOVIMIENTOS SOCIALES Y LOS ESPACIOS DE SOCIABILIDAD DE CÓRDOBA

PARA SABER MÁS, VER:
https://www.youtube.com/watch?v=PylJpIUKJGc